Carta Abierta a los asociados,
de Jésus Bravo Bethencourt
La Laguna, a 31 de Enero de 2005.
La patria es una peña,
la patria es una roca,
la patria es una fuente,
la patria es una senda y una choza.
Mi patria no es el mundo;
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca e inolvidable sombra.
Mi patria es una isla,
mi patria es una roca,
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora.
Nicolás Estévanez (Fragmentos de su poema “CANARIAS”)
Estimados amigos:
Nos dirigimos a todos ustedes (o a vosotros, como gustéis), como los hippies de los gloriosos años 60, ofreciéndoles una flor entre las manos en son de paz. Esta flor no es otra que una rosa, una rosa que nos ha indicado los caminos a seguir desde el primer año de la fundación de la ACEC. Es, desde luego, una rosa muy especial. Es un ejemplar único. Posee todos los colores del espectro solar y exhala una gama de perfumes inigualables, embriagantes y el aliento terso y dulce de la ternura y, comparte con todos los asociados de la ACEC, un apego inmarcesible por el espíritu de aventura, por la intrepidez y el coraje con que afrontamos los “cursos” a los que asistimos. Este enigmático e iridiscente ejemplar botánico no es otro que la “rosa de los vientos”.
Ella nos ha inspirado y nos ha abierto infinitas singladuras en los profundos mares del conocimiento, de la madre naturaleza y de la esencia de la camaradería y el compañerismo.
Estamos convencidos de que en el país del futuro hallaremos un tesoro que nos enriquezca en una parcela de nuestras vidas de las que todos pensamos siempre ser deficitarios: ser más felices o simplemente sentirnos bien con nosotros mismos. Las “actividades” de la ACEC son oportunidades únicas e inapreciables para conseguir ese fragmento de bienestar que nos es imprescindible para seguir en la brecha.
Somos miembros de una asociación “sin ánimo de lucro” que en los dos o tres años últimos, hemos sabido capear los “tsunamis” de la incomprensión y nos hemos mantenido a flote y seguir navegando, impulsados por las refrescantes brisas de los “alisios” en nuestras velas, buscando recalar en puertos de abrigo serenos y acogedores. Creemos que lo hemos conseguido (con la ayuda de todos y cada uno de nosotros) y les animamos a seguir bogando por la ACEC y por el respeto que nos debemos unos a otros como miembros de la misma.
En las anteriores “cartas abiertas” o “circulares informativas” hemos abogado por conseguir algunos propósitos básicos para el buen funcionamiento de la ACEC. Hemos solventados todas aquellas deudas de las que tuvimos conocimiento. Hemos organizado las “actividades” de los cursos con el mayor afán posible en nuestras manos. Hemos mantenido un riguroso control de las finanzas de la asociación. Se han actualizado los Estatutos según nos marcan las nuevas normas sobre Asociaciones. Se ha mantenido y creemos que se ha acrecentado el espíritu del acta fundacional. Aún nos faltan algunos aspectos a desarrollar, pero en ello estamos.
En los últimos meses se ha “colgado” en la “red” - un viejo proyecto - la página web de la ACEC, teniendo como “maestro de ceremonias” a Iain Jacobs, el cual está realizando un extraordinario trabajo de actualización y enriquecimiento de la misma. Estimamos que nuestra página web es uno de los proyectos que nos puede hacer crecer más en los próximos meses y años. Puede convertirse en una página modélica. Una magnifica vía de transmisión de conocimientos sobre la Naturaleza. Un cauce privilegiado para mantenernos en contacto con los asociados e informarles de todas las actividades que se vayan programando en “tiempo real”. Les invitamos a participar con las aportaciones que crean necesarias y oportunas. Esta página, cuya dirección es la siguiente:http://acecvierayclavijo.org está abierta a todos nuestros asociados y a aquellos, que sin serlo, deseen contribuir a la redacción de la misma. Desearíamos que se convirtiera en un “foro abierto” en el que debatir y plasmar las inquietudes de cualquier tema relacionado con nuestras funciones esencialmente científicas y pedagógicas. Les invitamos a “visitarla” y a “asomarse” a ella con asiduidad pues así cumplirá, con creces, los objetivos para la que ha sido creada.
No queremos dejar pasar sin comentario, la dedicación plena y la impecable labor llevada a cabo en la ACEC por el actual “Coordinador de Actividades” D. Luis Carlos López Beltrán, poseedor de unas innatas condiciones organizativas puestas, sin reservas, al servicio de la consecución de los cursos realizados.
Durante los primeros días de la semana pasada, hemos enviado información sobre el próximo curso a realizar en Lanzarote y el Archipiélago Chinijo del 7 al 12 de Febrero. Así mismo, adjuntamos un adelanto de la programación de actividades para el año en curso. En este apartado destacamos un curso, durante el verano de 2005, al Archipiélago macaronésico de la República de Cabo Verde. Además, se han programado salidas de un día (especialmente los sábados) en Tenerife. Algunas de las que hemos pensado son (sin confirmar): 1ª.- Visita al Observatorio Astronómico del IAC en Izaña, 2ª.- El tramo de la costa norte comprendido entre la desembocadura del Barranco Ruiz (Barrio del Rosario) y la localidad de Las Aguas en el término municipal de San Juan de la Rambla (transcurre por un Camino Real que vale la pena conocer), 3ª.- Expedición a la playa de La Garañona situada en el término municipal de Tacoronte, 4ª.- Invitación especial de la ACEC a sus asociados, para observar, desde el mar cercano al Acantilado de Los Gigantes, la vida de los cetáceos, 5ª.- Salida para el estudio de una galería de captación de aguas subterráneas, con la posibilidad de conocer la unidad geológica del “mortalón”, 6ª.- Nueva incursión al Barranco de Cuevas Negras, en el Macizo de Teno, durante la época de floración, etc. Deseamos que nos hagan llegar, por el medio de comunicación que deseen, sugerencias sobre otros lugares que crean ser dignos de ser conocidos y estudiados. El propósito de estos mini cursos sabatinos, no es otro que el de mantenernos en contacto y fomentar la participación. De estas actividades tendrán cumplida información, especialmente a través de la página web y del correo electrónico.
Otra de las informaciones que incluimos, es la convocatoria de una Asamblea General para el sábado 26 de Febrero. En el “orden del día” se destaca la elección de la nuevaJunta Directiva. Este punto nos parece fundamental, pues es una ocasión clara para participar en directo en los destinos de la ACEC. Sigue abierta la posibilidad de presentar “planchas”. Tenemos que “mojarnos” y comprometernos. Este es un llamamiento sincero y sin tapujos a la participación electoral y sobre todo a la etapa post electoral.
Durante la “transición” transcurrida desde la dimisión del anterior presidente y la Junta Directiva que presidía, algunos de los asociados se han dado de baja o nos han retirado su confianza. Este es un hecho doloroso para todos. Entre ellos había miembros muy queridos y valiosos. Todos lo eran, todos lo son. Nos gustaría recuperarlos. Los queremos a nuestro lado. Los que asumimos la entonces “maltrecha” ACEC hemos trabajado con honradez y hemos implantado usos y costumbres de actuación y trabajo desconocidos hasta entonces. Creemos, sin falsa modestia, mejores que los anteriores. Se han dado muchos pasos hacia delante y se ha demostrado que el trabajo desinteresado y apasionado fructifica. Nos gustaría, que el hecho de pertenecer como asociado a la “Viera y Clavijo”, se convirtiera en un símbolo, un rasgo y un timbre de “distinción” de calidad humana y que nos consideraran adalides en la defensa del medio ambiente y de la tierra que nos ha dado la vida, y como dijo Nicolás Estévanez “de los riscos desde donde vimos la aurora”.
Otro de los proyectos que acariciamos, es el de conseguir incorporar a la ACEC a nuevos miembros, que se acerquen a ella (p.j. durante la realización de alguno de los cursos) y que nos conozcan desde dentro, de primera mano. En el transcurso del último curso, en la isla de La Palma, tuvimos la gratificante experiencia de contar con la asistencia al mismo de cuatro alumnos, una chica y tres chicos, de los institutos de Fuerteventura. Creemos que se sintieron felices de estar entre nosotros y a su vez el grupo disfrutó de su compañía.
El último curso, el realizado entre las frondas de la isla de La Palma, sin duda la isla mejor conservada del Archipiélago Canario, durante el “puente” de la Constitución y de la Concepción, constituyó una experiencia extraordinaria por la alta participación y por el agradable ambiente reinante durante el transcurso del mismo.
Uno de los anhelos más perseguidos y soñados por nosotros, es sin duda, la obtención, esperamos que en un futuro cercano, de una Sede más amplia, en la que pudiéramos tener una sala de Juntas y comenzar a crear una biblioteca en la que apoyar nuestras funciones. Ya saben, soñar no cuesta eurodinero.
Acabamos de llegar desde los altos pastizales de La Laguna y nos encontramos a la cálida vera del mar, en el Puerto de la Cruz. Mientras recorríamos los treinta kilómetros que separan a ambas ciudades, teníamos sintonizado el canal clásico de RNE, y escuchábamos sobrecogidos, por su extraordinaria pasión y belleza, una de las cumbres del intelecto humano: “La novena sinfonía” de Beethoven, con el grandioso (y glorioso) final del “Himno a la alegría”. Conmovedora y apoteósica orquestación “A la divina alegría” de un poema de Schiller. En esos momentos pensamos que debemos invitar a Ludwig a uno o dos cursos de los nuestros y que aprovechando su estancia entre nosotros, le acorralemos en un “agujero negro” (black hole, ajugero negro en inglés por más señas) y le hagamos prometer que nos compondrá un himno para la asociación que deje chiquito al de la “novena.” El insigne y nunca bien ponderado Miguel Ángel Palarea le dirá, a Ludwig, que el se encargará de redactar la letra.
Esta es una larga y dilatada “declaración de intenciones y anhelos” y no es simplemente un acto de voluntarismo, porque estamos completamente convencidos, de que la “Viera y Clavijo” es una organización cargada de futuro. Pero también es la “sinfonía del adiós”. Nosotros comenzamos a conocer a la “Viera y Clavijo”, por dentro, en el curso del verano del año 2000 en las Azores, ya como asociados. No exageramos si afirmamos que nuestra vida cambió. La extraordinaria belleza del Archipiélago de las Azores; la docta, entrañable y querida presencia de D. Tele; el variopinto y abigarrado “ejercito” invasor de asociados con la “adarga en ristre”; la precisa organización “beltraniana”; el cálido ambiente humano que se respiraba entre los aventureros asociados; las inesperadas sorpresas que afloraban y surgían cada día; las visitas clandestinas a los “black holes portuguesiños”; las llamadas por móvil a nuestra madre desde el centro de la caldera y lagoa de “Sete Cidades”, contándole las maravillas que veían nuestros ojos; el inenarrable descubrimiento del “Esconderijo”; las fumarolas de Las Furnas; los miradouros, en especial el de la Madrugada... Podríamos estar rememorando mil y una vivencias relacionadas con la “Viera y Clavijo”. Nos enamoramos y nos convertimos en adictos de esta formula mágica de aprender y viajar, de viajar y descubrir nuevas gentes y de cultivar y ganar amigos tan diversos y queridos como los de la ACEC “Viera y Clavijo”.
Pensamos que somos unos privilegiados. Desde Las Azores 2000 no hemos dejado de participar apasionadamente en las actividades de la ACEC, pero ahora lo seguiremos haciendo como uno más de los asociados de a pie. Tenemos que dar las gracias más sinceras desde lo más profundo de nuestro corazón, por los numerosos y hermosos dones recibidos de los integrantes de la ACEC “Viera y Clavijo”. Pedimos perdón por aquellos errores, que estamos seguros y convencidos, de haber cometido, pero también queremos recordar, que el saber perdonar es una de las más excelsas cualidades de los seres humanos.
En un párrafo anterior les afirmábamos que el contacto con la ACEC “Viera y Clavijo” había cambiado nuestra vida. Nos quedamos cortos en esta afirmación. Verdaderamente no somos los mismos, somos a nuestra manera de sentir, mejores personas y hemos ganado madurez y seguridad en nosotros. Y se lo debemos de manera palmaria al hechizo de un extraordinario grupo humano: La ACEC “Viera y Clavijo”, que Dios guarde muchos años.
Desde la atalaya del adiós les deseamos a todos los asociados en su conjunto y a la “Viera y Clavijo” en particular, el más brillante de los futuros. En sus manos está el acto de participar responsablemente, el de presentarse para regir los destinos de la ACEC, el de votar a la mejor de las “planchas” y el de demandar a los elegidos el cumplimiento de los compromisos adquiridos. Tenemos que ser sensatamente revolucionarios y no aceptar aquello con lo que no estamos de acuerdo.
Nos vemos en el Mirador del Río y en La Graciosa y durante la Asamblea General. Les esperamos.
Reciban un afectuoso y entrañable abrazo.
Fdo.: Jesús Bravo B.
