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El Archipiélago de Cabo Verde

José María Semedo.
Director en Cabo Verde del P.F.I.F (Programme pour la Formation et l'Information sur l'Environnement) Entre las profundidades de la cuenca del Atlántico oriental y el extremo oriental del continente africano, a cerca de medio millar de kilómetros del promontorio de Cabo Verde (en el Senegal ), 10 islas y 5 islotes forman el archipiélago de Cabo Verde.

Ambiente natural, el Atlántico y el Sahel

Este conjunto de islas e islotes cubre u área emergida de 4.033 Km2, abierta hacia occidente en dos alineaciones divergentes. El vulcanismo está en el origen del archipiélago.

El grupo se inscribe en un área triangular de cerca de 270 kilómetros de lado, delimitada en los paralelos 148º 48’ y 17º 12’ oeste.

Dos factores geográficos marcan profundamente las características naturales de las islas: la localización marítima en el Atlántico y su localización en el Sahel africano.

drago

Ejemplo de drago en Aguada de Janela,
Isla de San Antao.

La localización en el Atlántico en la región de circulación de los vientos alisios, su origen volcánico y los elementos comunes en la flora y la fauna primitivas llevaron a algunos naturalistas a incluir el archipiélago de Cabo Verde en un conjunto más vasto, La Macaronesia. Este conjunto insular incluye los archipiélagos de Azores, Madeira, Salvajes y Canarias, también llamadas islas Atlántidas por el hecho de estar localizadas al poniente de las Columnas de Hércules, donde Platón localizó su Atlántida.

En este orden de ideas, La Macaronesia sería un conjunto de islas volcánicas que se encuentran distribuidas entre los paralelos 15º y 40º norte, abarcando una diversidad de climas, parajes y culturas, cuyos elementos comunes son su origen volcánico, la fuerte influencia marítima y la diversidad de pisos microclimáticos impuesta por el relieve de las islas. Hoy apenas algunos elementos de la antigua flora, representados por auténticas reliquias botánicas, algunas aves y reptiles son comunes a Canarias y Cabo Verde.

Tanto la evolución climática como la acción del hombre durante más de cinco siglos, han contribuido a una profunda diferenciación del paisaje natural y artificial entre estos archipiélagos.

Algunos estudiosos han cuestionado incluso la inclusión de Cabo Verde en La Macaronesia, que, desde el punto de vista Bio-Geográfico, pertenece a la región holártica. La leyenda de la Atlántida de Platón no dejó de tener cierta influencia en la creación de este agrupamiento, ya que estos archipiélagos, además de su localización al poniente de las Columnas de Hércules, serían, en la lógica de la leyenda, picos elevados que habrían escapado al cataclismo de la inmersión.

niña

Niña en Porto Novo
Isla de Santo Antao.

A la luz de los conocimientos actuales la hipótesis de una continuidad remota entre los archipiélagos para explicar la semejanza en la flora primitiva, fue descartada por los estudios geológicos. Todas las islas macaronésicas son de origen marino, asentadas en el fondo marino, por lo que se excluye que sean picos altos de un continente hundido (véase, a este respecto, la introducción del profesor Orlando Ribeiro a su libro “La isla de Fogo y sus erupciones”).

A pesar de que sean volcánicos todos estos archipiélagos, sus características litológicas son diferentes (asunto que sobrepasa el tema de este trabajo, pero que puede ser profundizado en la bibliografía existente). Así, los vientos, las corrientes marinas, las aves y, más tarde, el hombre serían responsables de la propagación de las especies vegetales entre los archipiélagos.

Sin embargo, además de la flora y de la fauna, existen otros elementos comunes a las islas macaronésicas, como la insularidad, la dispersión del territorio, el relieve volcánico y todos los condicionamientos típicos del universo insular, como la carencia de recursos minerales, la presión demográfica, la asimetría en la ocupación del espacio, así como la importancia de las islas como escala de navegación durante la expansión ibérica y el proceso de poblamiento como recurso de importación de gentes, animales y plantas de otros parajes.

El espacio natural de Cabo Verde está profundamente marcado por la insularidad, por el predominio de un relieve volcánico con altitudes elevadas y declives acentuados (principalmente en las islas occidentales), por la existencia de una diferenciación en las características microclimáticas y en la vegetación, resultado de variaciones de altitud y de posición frente a los vientos alisios, viento predominante en Cabo Verde, nordeste generalmente. El paisaje de las islas presenta una gran variedad en relieve, formas de costa, cobertura vegetal y ocupación humana del espacio.

Descripción geográfica del archipiélago de Cabo Verde.

Las islas del grupo oriental

(Sal, Boavista, y Maio)

Presentan una topografía predominantemente plana. Las mayores elevaciones no superan los 500 metros y el contorno litoral está marcado por extensas playas. También son las más áridas, dado que, en las condiciones regionales de aridez, la altitud es un importante factor de humedad, favoreciendo la existencia de pisos microclimáticos beneficiados por las neblinas de altitud.

 

niña

Palmeral cerca de Santa María.
Isla de Sal.

La topografía plana y su aridez (activada por la mayor proximidad al continente), se traducen en una escasa cobertura vegetal y en la formación de extensas acumulaciones de arenas. Los vientos regulares durante la mayor parte del año transportan arenas de las playas, que son acumuladas en la superficie de las islas. Las acumulaciones de arenas registran mayor extensión en Boavista y Maio y presentan la dirección de los vientos dominantes del archipiélago (NE-SW).

Este grupo oriental corresponde también a las islas salinas, donde los factores topográficos favorecen la existencia de salinas naturales, que, en el pasado desempeñaron un papel relevante en la economía del archipiélago, y colocaron este grupo, particularmente a Boavista, a la cabeza de la administración archipielágica.

Actualmente apenas la isla de Sal saca partido de su relieve plano, debido a la instalación del aeropuerto internacional y a la explotación turística de sus extensas playas.

La extrema aridez constituye un factor inhibidor de la actividad agrícola. Apenas algunos valles, donde la capa freática está más cerca de la superficie, permiten la existencia de pozos y la práctica de cultivos de regadío.

Incluso así, esta actividad se limita a Maio y Boavista. En contrapartida la ganadería sobre todo la capricultura, está muy extendida. Paralelamente, la mayor extensión de la plataforma insular, y la poca profundidad del mar costero, permite una mayor abundancia de pesca.

El predominio de estas actividades (cría de ganado y pesca) se reflejan en el tipo de poblamiento; en estas islas las aldeas son núcleos concentrados, dejando espacio libre para los pastos, contrariamente a las islas agrícolas (donde el individualismo agrario impone la marca de un poblamiento disperso).

Las islas occidentales de sotavento.

(Santiago, Fogo y Brava)

Presentan un relieve muy complejo, con marcadas diferencias entre islas.

Dentro del universo árido del archipiélago, este grupo meridional presenta relativa ventaja en lo que concierne a pluviometría. Su localización al sur del archipiélago aumenta la frecuencia de las lluvias relacionadas con la aproximación de la convergencia intertropical (perturbación atmosférica responsable de la mayoría de las precipitaciones registradas en la estación más caliente).

Santiago, la mayor isla del archipiélago, con una superficie de 991 Km2, es una de las más montañosas. Su punto culminante, pico de António (pico de Antónia en la versión portuguesa), llega a los 1394 metros. Otros macizos montañosos son la Sierra de Malagueta y el Monte Graciosa.

Estas elevaciones contrastan con las extensas llanuras litorales (las Achadas) que tienen mayores extensiones al sur y al sudeste.

La combinación del relieve montañoso con valles profundos, altiplanos en el litoral y en el centro, hicieron de esta isla una de las más favorables a la fijación de los primeros colonos, en un archipiélago donde la sequía y las dificultades de circulación hacen a la naturaleza hostil.

pitón, Isla de Santiago

Pitón dejado al descubierto por la erosión.
San Franciso, Isla de Santiago.

Las montañas favorecen las caídas pluviométricas, las precipitaciones ocultas (principalmente la neblina de altitud) y la existencia de aguas corrientes en los valles; las “achadas” facilitan la circulación.

Incluso hoy, Santiago es una isla única, que combina simultáneamente las condiciones microclimáticas y topográficas y las formas litorales, para favorecer la existencia de valles irrigados, vías de circulación, la instalación del puerto y del aeropuerto.

La antigüedad del poblamiento de la isla, la importancia del puerto de Ribeira Grande, hoy Cidadevelha, en la ruta del comercio de esclavos, y el peso del contingente de esclavos en esta isla en relación con las restantes, hacen que los elementos de la cultura negro-africana estén presentes de forma mucho más expresiva en Santiago.

La isla de Fogo, correspondiente a un majestuoso aparato volcánico, es una isla cónica con una inmensa caldera abierta hacia el Este. En el interior de esta depresión, un segundo cono volcánico constituye el punto más alto del archipiélago (2.829 metros). Su gran altitud crea una asimetría en las características microclimáticas y en la vegetación, además de una notable diferenciación en pisos, La vertiente norte se beneficia de la casi permanente presencia de nubes de relieve, que a su vez favorecen una vegetación con relativa abundancia de especies macaronésicas.

Fisula eruptiva, Isla de Fogo

Fisura eruptiva de la erupción de 1995.
Isla de Fogo

Fue una de las primeras en ser pobladas, probablemente la segunda (la primera es Santiago). La inexistencia de ríos o cursos de agua perennes y de tierras de regadío limitaron seriamente su desarrollo, debido a la dura influencia de los años de sequía.

La isla de Brava, con una superficie de 64 km2 es la más pequeña isla habitada. A pesar de su pequeña extensión es muy montañosa , alcanzando los 976 metros (pico de Fontainas); es pues, una isla de declives acentuados. La isla presenta un relieve de magníficos cráteres y una costa completamente acantilada, con ausencia de playas.

A partir de 500 metros de altitud la isla está casi siempre envuelta en neblinas de altitud, que benefician principalmente a las vertientes norte y nordeste, donde la abundancia de cobertura vegetal llevó a calificarla de “jardín de Cabo Verde”.

La combinación de una arquitectura típica de la isla, pero influenciada por los recursos de los emigrantes a América, creó un paisaje deslumbrante que hace a esta isla inconfundible en el archipiélago.

Las islas occidentales de Barlovento

(San Nicolau, Santa Luzia, Sao Vicente, Santo Antao, y los islotes Branco y Raso.)

Comparado con las islas occidentales de Sotavento, este grupo presenta una estación húmeda más corta y mayores posibilidades de sequías. En contrapartida, se registran con mayor frecuencia chubascos en los meses de invierno, relacionados con la invasión de aire polar.

En rigor, son islas montañosas; esta característica es más acentuada en Santo Antao, donde predominan valles encajados. El punto más alto es el Topo da Coroa, de 1979 metros.

En esta isla la altitud y la permeabilidad de las rocas volcánicas favorecen la existencia de importantes nacientes y cursos fluviales, que a su vez favorecen cultivos de regadío en los valles más verdes del archipiélago.

En la vertiente oriental de la isla, donde son frecuentes las neblinas, la cobertura vegetal es más abundante. Actualmente este paisaje la sido mejorado con la introducción de especies forestales.

El relieve volcánico imponente, los valles de escorrentías permanentes y la existencia de varias decenas de especies vegetales endémicas hacen de Santo Antao un cuadro natural donde la belleza paisajística supera las terribles limitaciones impuestas por la extrema dificultad de circulación interna.

Un fertil valle, Isla de San Antao

Un fertil valle de Passagem.
Isla de San Antao.

Sao Vicente, corresponde a un aparato volcánico muy erosionado, donde un antiguo cráter invadido por el mar originó el mejor puerto natural de las islas macaronésicas.

Los restos de los flancos del antiguo volcán forman un arco montañoso abierto al norte y al sudoeste. El punto más alto, Monte Verde (725 metros), es la única zona de la isla que escapa al paisaje agreste, desprovista de vegetación. Es una de las islas más áridas del archipiélago. Casi toda la razón del poblamiento gravita en torno a Porto Grande

Bahia, Mindelo, Isla de San Vicente.

Vista parcial de la bahia y la ciudad de Mindelo.
Isla de San Vicente.

El desarrollo de Porto Grande, entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, hace de la ciudad de Mindelo un importante polo de desarrollo económico y cultural de Cabo Verde, principalmente después de la creación del Liceu, en 1917.

Santa Luzia

Es la isla más pequeña (35 Km2), pero a pesar de ello alcanza una altura de 337 metros. No tiene habitantes permanentes, a pesar de las tentativas de poblamiento del pasado. La inexistencia de agua y su sequedad extrema justifican el aparente abandono. Esta isla y los vecinos islotes Branco y Raso constituyen importantes reservas ecológicas, debido a la existencia de aves y reptiles endémicos, que en estos parajes aislados apenas sobreviven a la degradación ecológica impuesta por la acción antrópica.

Sao Nicolau

Se extiende sobre todo de oeste a este y es una de las islas más montañosas. Su pico culminante es el Monte Gordo, es una de tierra orientada de oeste a este.

Su posición central frente a las otras islas, y sus características microclimáticas están en la base de su antigua ocupación, y el haber sido escogida para residencia del Obispado, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX.

La creación del Seminário-Liceu de Ribeira Brava, que fue el centro de formación más importante en el archipiélago hasta 1917, hizo de esta isla un gran polo de producción intelectual en Cabo Verde.