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Al Sol se le llama Lorenzo:
Folklore tradicional sobre la influencia del sol en los seres vivos.
José Manuel González Rodríguez
Profesor titular de Economía Aplicada Universidad de La Laguna
Los movimientos del Sol.
Sin duda el Astro Rey es el objeto cósmico que más influencia ejerce en el desarrollo armonioso de la vida en nuestro Planeta. Sabemos que la Tierra se desplaza alrededor del Sol, describiendo una órbita elíptica estando unos de sus focos situado en él. Esta visión heliocéntrica del Sistema Tierra-Sol fue propuesta inicialmente por el astrónomo griego Anaximandro, refutada por todos los investigadores de la Antigüedad y del Medievo; y, retomada por Copérnico, quedó perfectamente confirmada tras los trabajos de Galileo, Kepler y Newton. Según esta disposición se dan de este modo al menos tres implicaciones planetarias del movimiento de la Tierra en torno al Sol.
En primer lugar, el movimiento de traslación y la inclinación del eje de rotación de la Tierra determina la sucesión de las estaciones y las variaciones climáticas. Por otro lado, los días y las noches ocurren por el movimiento de rotación de nuestro Planeta, variando de duración a lo largo del año según cambia su distancia del Sol y también acorde con la latitud de cada punto de observación terrestre. Por último, la fuerza que ejerce el Sol sobre todos los planetas del sistema solar ocasiona una intensa atracción gravitatoria y electromagnética en la Tierra, causa y explicación de muchos fenómenos asociados con los ciclos vitales de los seres vivos. Interesémonos en las implicaciones de todos estos movimientos y campos y en la forma en que han condicionado los saberes populares relativos al astro rey.
El Culto al Sol
El navegante portugués Diogo Gomes relataba:
<<... Tenerife y Palma, sus habitantes son de aquella gente que se llaman canarios, que es un gran pueblo. Adoran al Sol como a Dios>>
(Diogo Gomes, en B. Bonet, 1940:98)
En una bula del papa Urbano V de 2 de Septiembre de 1369, con ocasión de la presencia de misioneros catalanes en el Archipiélago se recoge:
<<... quod in Canariae el aliis eis adiacentibus insulis, quae Insulae Fottunatae nuncupatur, sunt personae utriusque sexus nullam legem tenentes nec aliquam sectam sequentes, sed dumtaxat Solem el lunam adorantes...>>
(J. Alvarez, 1945:12)
Según la información recogida por el P. Espinosa, relativa a la presencia de la “Virgen de Candelaria” en las playas del Menceyato de Güímar, Antón Guanche, que ya había sido cristianizado, fue quien
<<Dió noticia a los naturales guanches quién era la imagen que tenían consigo en Tenerife, de Nuestra Señora; que la sirviesen y honrasen, que era madre del que sustentaba la tierra y el cielo, y que por ella les haría el Dios que ellos tenían muchas mercedes>>
(Abreu Galindo, 1977:117)
E. P. Espinosa refiriéndose al mismo hecho dice que
<<...ésta es (diciéndole en su propio lenguaje): Achmayex, Guayaxerax, Achoron, Achaman, la madre del sustentador del cielo y tierra, y por tanto es reina de uno y otro>>
Y en Gran Canaria Gómez Escudero recogió la tradición
<<A Dios llamaban Alcorán, reverenciábanlo por solo y eterno y Omnipotente señor de cielo y tierra criador y hacedor de todo>>
(Gómez Escudero)
(textos extraídos de M. Martínez, 1992)
Este culto astral, que se reconoce común a muchos pueblos primitivos, debe ser revisado, pues como reconoce J. P. Verdet, p.68
<<El Sol ha sido venerado, y a veces deificado, casi por doquier pero los cultos solares son mucho más raros de cuanto se imagina. Sólo se encuentran en algunas regiones del globo.>>
y como bien explica este autor:
<<el culto del Sol no ha gozado de gran estima más que en las grandes civilizaciones de Egipto, de la antigua Europa y de Asia. Ahí se constata una de las principales funciones sociales de los mitos, la de justificar las estructuras políticas de la sociedad: El rey, o el emperador hijo del sol, rige el orden social como el sol rige el orden cósmico.>>
Parece que este no es el caso de las civilizaciones aborígenes canarias; y, en todo caso, habremos de mantener cierta prudente cautela cuando intentemos asignar ritos y costumbres guanches a la supuesta adoración al Sol. Justamente, mientras las civilizaciones egipcia, azteca, inca o nipona, quedaron caracterizadas por una organización social extremadamente jerarquizada, aparecen, a su vez, como las que con mejor y mayor precisión han estudiado y desarrollado calendarios solares y cómputo del tiempo ajenos a las lunaciones mensuales. Además, una característica que distingue a los ritos solares de egipcios o americanos de los antiguos canarios se refiere a la identificación del Astro Rey con atributos femeninos. Así, en las culturas bereberes africanas
<<el sol se asocia a un principio femenino, y en su mitología se le compara con una vieja, áspera de carácter, que todo lo quema y lo seca, aunque a veces se muestra bienhechora. Dicha vieja -el Sol- contrajo matrimonio con un pobre viejo que es la Luna, representante del sexo masculino. La asociación del sol a un principio femenino fue igualmente común en muchas poblaciones primitivas, mientras que la luna se asimilaba a un simbolismo masculino>>.(A. Tejera, 1988)
y son muchos los autores que asocian esta imagen femenina al culto solar de los guanches. Por contra, en las culturas egipcia, azteca o india el Sol aparece siempre relacionado con atributos masculinos.
En todo caso el culto astral aborigen, al igual que el resto de culturas occidentales, se vio contaminado por la mitología judeo-cristiana que, en un proceso de aculturación clara, se apropió de antiguas tradiciones paganas, incorporándolas a sus propias creencias religiosas. Justamente en este sentido deben entenderse las celebraciones que se dan en nuestros pueblos por el día de San Juan, 24 de junio, coincidiendo con el solsticio de verano (“cuando el sol está más alto y el día es más grande”); celebraciones que aúnan ritos antiguos de fecundación con nuevos motivos religiosos católicos (recuérdese que en los evangelios, Juan el Bautista al hablar de Jesús comentaba: “Es necesario que él crezca para que yo disminuya”, al igual que la duración de los días). En todo caso, interesados tan sólo en la parte del culto al Sol que afecta a las influencias de nuestra estrella en la vida de los hombres, animales y plantas, se destacan los rituales que se realizan el “día de las brujas”, el 23 de Junio; por cuanto esta característica se imbrica en la primitiva tradición de auscultar los astros para así determinar el destino de los humanos.
Ritmos biológicos y el Sol.
La explicación de los ritmos o relojes biológicos ha preocupado intensamente a los científicos de nuestro siglo (ver bibliografía) y éstos deben ser entendidos de forma rigurosa como nos lo propones el catedrático de Física de la Universidad de Windsor, Ontario, Greza Szanosi:
<<Todos los seres vivientes del planeta experimentan cambios de su medio ambiente con patrones cíclicos, periódicos; estos patrones se deben a la mecánica interna del sistema solar. Todos los componentes del sistema solar se mueven periódicamente, esto es, en ciclos repetitivos. Rotan sobre un eje, giran en órbitas o, casi siempre, hacen ambas cosas; estos procesos se manifiestan a los seres vivientes como secuencias ordenadas sin fin: el día sigue siempre a la noche, la luna repite incesantemente su ciclo mensual, las estaciones repiten sus ciclos, pleamar y bajamar se suceden sin cesar. Estos cambios tienen una profunda influencia en el medio ambiente y, por consiguiente, todos los seres vivos los experimentan y deben adaptarse a ellos para sobrevivir.

La estrategia adaptativa a estos patrones es básicamente la misma para todas las formas de vida, y consiste en la aparición por evolución de algún mecanismo fisiológico interno que regule el comportamiento temporal del organismo. Se suelen denominar “relojes biológicos” o “internos” y existen prácticamente en todas las formas de vida y en cualquier nivel de organización.
La existencia de relojes internos fue descubierta por el astrónomo francés De Marian ya en 1729, al darse cuenta que el movimiento de las hojas de algunas plantas para dirigirse hacia el sol continuaba ininterrumpidamente al colocarlas en una habitación oscura.>>
Mas, los primeros avances serios en la teoría de los ciclos o relojes biológicos los realizaron dos botánicos norteamericanos, W. W. Grardner y A. A. Allard en 1920.
Existen tres tipos de relojes biológicos. A saber: los relojes de consulta continua; los circadianos y el fotoperiodismo. Los ritmos circadianos (de “circa”, aproximadamente y “dies”, día) rigen el ritmo de vida de los seres vivos en presencia de “pistas medioambientales” como el día y la noche. Somos conscientes de la existencia de estos ritmos cuando alteramos nuestros hábitos diarios al cambiar el trabajo de día por el de noche o en los largos viajes transoceánicos que nos conducen a sufrir los conocidos trastornos asociados con el “jet-lag”.
Tales ritmos han sido explicados de forma distinta, más todas las teorías coinciden otorgarle una naturaleza interna, asociada con segregaciones hormonales, e incluso íntimamente ligados a la estructura genética (ver revista Science de 19 de Abril de 1996). Por contra no encuentra fundamento científico la extendida explicación que propusiera el doctor Brown sobre la incidencia de factores externos, ambientales y astrológicos.
La evidencia de la interiorización de estos ritmos puede constatarse de muchos modos, mas, sirva de ejemplo el experimento realizado por el biólogo J. D. Carthy, P. 153 :
<<La investigación en los ritmos de actividad de las cucarachas ha demostrado que una transfusión de sangre puede producir la transmisión de un ritmo. Si se toma sangre de una cucaracha dotada de ritmo regular y se inyecta a una que haya sido criada en la oscuridad y carezca por tanto de ritmo, la segunda presentará después el mismo ritmo que la primera. Esto indica que al menos algún papel en el control rítmico lo desempeñan hormonas que circulan en la sangre del insecto. Estas hormonas, procedentes de células nerviosas del cerebro del animal, se descargan en la sangre a intervalos regulares y la descarga coincide con el comienzo de los períodos de actividad del insecto. Cuando las células, y sólo las células, se enfrían suficientemente para detener la secreción de hormonas, el ritmo de actividad también se detiene; la actividad empezará seis horas más tarde de lo normal>>.
No ocurre lo mismo con el fotoperiodismo, comportamiento regido por relojes que se ajustan a los sutiles cambios de las longitudes del día y la noche. El descubrimiento del fotoperiodismo fue totalmente inesperado, pues hasta entonces nadie había sospechado que el control del comportamiento periódico de los animales y las plantas se debía a la relación entre los períodos de día y noche. Pero cuando se registran las variaciones de esta relación se pueden predecir los cambios estacionales. Así, el grado de luminosidad y la intensidad de la radiación solar determina el ritmo de crecimiento de los vegetales y, justamente, la combinación del movimiento diario del Sol y las variaciones que éste experimenta a lo largo del año condiciona y regula sus ciclos vegetativos. En el caso de los animales la imbricación de los tipos de relojes biológicos resulta mucho más complejo, a la vez que perfecta. Éstos saben reconocer incluso el lugar en que se encuentra el Sol a cada hora del día; y, esto es así para todos y cada uno de los días del año. En concreto, las abejas son capaces, no sólo de recordar la posición del sol, sino de corregir el movimiento producido. Si una abeja encuentra comida por la mañana volando con un rumbo 30º Oeste con respecto al sol, a las cuatro de la tarde debería hacerlo con otro de 40º Este para llegar a la misma fuente de alimentos. Las abejas son capaces de estas correcciones y, además, pueden hacerlas si entre la mañana y la tarde, quedan encerradas en un lugar a oscuras.
Por otra parte, con las hormigas sucede algo similar según investigó en la década de los años veinte el biólogo suizo Rudolf Brun. Este investigador colocó una caja sobre una hormiga que volvía a su hormiguero y la tuvo encerrada durante dos horas y media. Cuando dejó al insecto en libertad, éste se dirigió hacia una dirección distinta de la que había estado siguiendo antes. Brun advirtió que la nueva dirección difería de la anterior en un ángulo de unos 37º; también comprobó que el sol, que efectúa un movimiento aparente describiendo un semicírculo completo (180º) durante las horas que se halla sobre el horizonte, había recorrido un arco de 37º durante las dos horas y media que la hormiga había estado encerrada.
Como podemos comprobar, el cómputo perfecto de los relojes internos, sincronizados con las variaciones que son detectables en el exterior permite que los insectos, y, en consecuencia otros animales más complejos como las palomas mensajeras o los salmones rosados, controlen su actividad vital diaria y anual; y, así pueden ser considerados como precisos medidores de nuestro propio tiempo. Como veremos, algunos dichos populares reconocen a la perfección esta extraordinaria adaptación de la vida animal a las condiciones cambiantes de nuestro entorno geofísico y climático. Condiciones que varían día a día, mes a mes y año a año; que han sido escudriñadas por nuestros hombres de campo y de mar, y que les ha propuesto a nuestra gentes algunas pautas de regularidad con las cuales se ayudan en sus prácticas diarias. Anotemos algunas relativas al Sol y a la tradición oral canaria.
El Sol se llama Lorenzo
Como quiera que en el verano boreal el hemisferio Norte recibe el mayor número de horas de insolación, es en esta estación cuando hace más calor. Además, sucede que en el solsticio estival, en torno a la fiesta de San Juan, la duración del día es máxima y deberá coincidir esta fecha con el momento de más calor. Sin embargo ocurre que, al recibir la radiación solar, el suelo se calienta en tal medida que no consigue desprender la suficiente energía calorífera en las cortas noches estivales. De esta manera, el calor proveniente del Sol se suma con el que desprende por convección la corteza terrestre, incrementando el bochorno de verano, hasta que la duración del día disminuya lo suficiente y neutraliza así la conjunción de ambos fenómenos. Esto ocurre en nuestras latitudes en torno al 10 de Agosto, cuando el santoral celebra la fiesta de San Lorenzo; y de ahí el dicho tan conocido de que “El día de San Lorenzo es el de más calor del año”.
“El Sol pica”
A pesar de que en el verano boreal el Sol “calienta” más la superficie terrestre; su perigeo instante en que se encuentra más cerca de la Tierra se da en torno al 2 o 4 de Enero, esto es en invierno. Según esto, los rayos solares inciden más pronto en la Tierra en Enero que en Julio (por contra la duración diaria de la radiación es considerablemente menor). Quizá este hecho justifique la cotidiana apreciación que solemos repetir en los meses invernales: “El sol hoy “pica” mucho”. De esta forma, las consideraciones geométricas de la órbita terrestre y la transparencia diáfana de los días de Enero y Febrero nos confirman la exactitud de esta aseveración.
