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El Sol y la agricultura
Muchas labores agrarias y un buen número de conocimientos tradicionales relativos a la Agricultura se determinan y explican acordes con la influencia del Sol. No sólo el calor, sino también la luminosidad que aporta nuestra estrella, determinan la duración y la explosión de los procesos botánicos. Esta incidencia de las radiaciones solares ha sido correctamente reflejada por un buen número de “dichos” y refranes populares, aunque no siempre explican acertadamente la realidad. Así, es común conocimiento asociar el endurecimiento de la papa y la coloración verdosa de la “cáscara” por influencia de la Luna. Hemos encontrado esta referencia en toda la tradición ibérica (ver Casas Gaspar o J. M. Anglés) y, con mayor abundancia, en la galaico-potuguesa. Mas ocurre que estas papas “alunadas” se deben a la acción de la luz; que provoca la aparición de los alcaloides: solanidina y solanina en el tubérculo y la imposibilidad de aprovechar éste en la alimentación diaria. (ver J. Anglés Farrerons).
Mayor rigor científico podemos asignarle a la influencia real de los movimientos aparentes del Sol: sale por el Este y se oculta por el Oeste, describiendo un semicírculo en la bóveda celeste, cuya máxima altura, el cenit, varía a lo largo del año, en función de la latitud del punto geográfico en que nos encontremos, y desplazando su orto y ocaso en la línea del horizonte, a medida que se suceden las estaciones Según esto, los seres vivos que dependen en gran medida de la insolación diaria y de la orientación y duración en que se produce han desarrollado esos sofisticados mecanismos que autoregulan sus actividades fisiológicas, que son los “relojes biológicos”. Fácilmente reconocibles en plantas de girasol o el azafrán, también se aprecian en otras plantas de mayor envergadura y tallo.
Así ocurre con la palmera canaria que debe conservar la orientación primitiva dirigida hacia el Sol en el momento de ser trasplantada. Dicha circunstancia es bien conocida por los técnicos agrónomos que prestan buen cuidado en respetar este “convenio tácito”, no estrictamente científico, más respetado siempre. Así nos lo confirman los jardineros del Ayuntamiento de Candelaria, que han visto secar numerosos ejemplares de palmera canaria por no respetar los consejos de la sabiduría popular. Por otra parte, sabemos que estos consejos ya fueron recogidos por los antiguos tratados de agronomía; y, en particular, así lo recoge Virgilio en referencia con el cultivo de la vid:
Ahora bien, aquellos hombres a los que no se les escapa detalle alguno, buscan con antelación un lugar donde preparar la plantera de vides semejante a aquel donde serán llevadas después para ponerlas en hilera… Y todavía más: señalan en la corteza la orientación que tenían, de modo a restituirles la manera como estaba cada planta, el lado por el que recibían el calor del sur y por donde daban la espalda al polo Norte.
Versos 259-273 de las Geórgicas
Resulta muy difícil explicar la razón por la cual las palmeras se secan cuando se les orienta en forma distinta a la de su posición original. En opinión de los profesores del Centro de Capacitación Agraria de Tacoronte no existe fundamento científico alguno que explique esta circunstancia, y, aunque reconocen que se sigue respetando esta costumbre, la consideran práctica supersticiosa o, cuando menos, acientífica. Para conseguir que la palmera trasplantada vuelva a crecer y dar frutos si se tiene en cuenta que debe ser arrancada con suficiente manto de tierra para impedir el daño de sus raíces.
En todo caso, sabiendo que el girasol siempre dirige su tallo hacia donde esté situado el Sol, podemos aventurar la existencia de alguna disposición interna que controle a su vez el ciclo vital de la Palmera. Mas, el orto solar no siempre tiene lugar en el mismo punto del horizonte; y su altura en la Bóveda celeste varía con el cambio de estaciones. Estos dos movimientos aparentes de nuestra estrella se recoge en la figura 2; y para una latitud como la de Canarias, similar a la de América Central, supone un desplazamiento anual de los puntos donde se dan el orto y el ocaso en torno a los 50º de amplitud angular. Según esto, toda palmera situada en el lugar del observador se ve afectada en su orientación hacia el Sol en torno a la séptima parte de un círculo; y de otro modo, cuando sea trasplantada, sus condiciones no variarán de forma apreciable si se sitúa con un ángulo de orientación inferior a 25º. Esto es, si se modifica la orientación inicial de la planta en un ángulo inferior a 25º (una cuarta parte de un cuadrante) no van a cambiar de forma substancial las condiciones en que contempla diariamente al Sol. Vemos pues así que dicha orientación primitiva puede ser trastocada considerablemente sin modificar los horizontes angulares primitivos.
El movimiento de la Tierra en su desplazamiento en torno al Sol determina asimismo la sucesión de los ciclos climáticos. Sabemos que los años buenos, de buen tiempo y con buenas cosechas se suceden intercalados entre años secos y, en consecuencia, malos. Esta sucesión de años buenos y malos se explica con la ayuda de los ciclos climáticos, y su estudio permite pronosticar las temperaturas y las precipitaciones. Existe incluso un arcaico método de predicción, conocido como “avero”, que Francisco Navarro Artiles recogiera en Tiscamanita, Fuerteventura y que posibilita adelantar pronósticos sobre el nivel de precipitaciones de distintos años. Según este método, cada 19 años se repite una sucesión cíclica, donde se intercalan años buenos y malos en el orden que el profesor grancanario observara en la serie que va desde 1.862 a 1.880.
“Regla para saber la fertilidad del año por el avero
1. 1.862: Bueno, regularmente.
2. 1.863: Malo, pésimo.
3. 1.864: Mediano, tanto a lo bueno como a lo malo.
4. 1.865: Bueno hasta ser de lo sumo.
5. 1.866: Muy malo, pero menos que el núm. 2.
6. 1.867: Bueno, algo menos que el núm. 3.
7. 1.868: Bueno hasta ser de lo sumo.
8. 1.869: El menor de los malos.
9. 1.870: Bueno como el del núm. 4.
10. 1.871: Malísimo.
11. 1.872: Malo, no del todo.
12. 1.873: Bueno, algo más que el del núm.1.
13. 1.874: Malo del todo.
14. 1.875: Llegará hasta algo bueno.
15. 1.876: Muy bueno: más que el núm. 4.
16. 1.877: Malísimo.
17. 1.878: De los buenos, el menor.
18. 1.879: Bueno.
19. 1.880: Malo como el núm. 8.
REGLA: Cada diez y nueve se acaba, y se vuelve a principiar con el núm. 1.
D. Francisco Navarro dice desconocer el significado del término avero y no aventura ninguna hipótesis sobre el origen de tan curioso método de pronóstico. Nosotros sabemos que el ciclo de 19 años coincide con el ciclo lunar de Metón, y, transcurrido este lapso de tiempo, las lunaciones se repiten en fechas exactamente iguales a como se dieron en el primer año. Este cómputo se identifica con el Número Áureo (avero sería una corrupción de tal nombre) y, así, las predicciones del avero están relativizadas a las distintas épocas de plenilunio, esto es, al ciclo de las fases lunares. Más, en todo caso; no existe evidencia científica alguna que otorgue certificado de veracidad a tales prácticas.
Una teoría de esta naturaleza también permite justificar el método de predicción del clima que mayor arraigo tiene en el Archipiélago y que, por su evidente localización, es netamente de origen isleño. Este método es reconocible en todas las islas y cuenta con tan antigua tradición que ya fue recogido por los viajeros ilustrados de los siglos XVIII y XIX. Según este principio, cuando se produce una gran floración de todos los dragos, el año que sigue será bueno y lluvioso. En otros pronósticos se conviene en admitir que si la floración está orientada hacia el norte el año venidero será de lluvias de cumbre y si fuera orientada hacia el sur, de tiempo de costa (Leoncio Rodríguez, p.53). Así se recoge en la siguiente cita extraída del libro de Murray, p.79-80:
Sólo era necesario ver en qué lado del árbol aparecía la floración. Con el fin de hacer esta observación los agricultores solían venir cada año de todos los lugares de la isla, y de acuerdo con las señales, según ellos las interpretaban, solían orientar su cosecha. Creían que las indicaciones dadas por el árbol eran infalibles, y que todo lo que tenían que hacer era seguirlas correctamente. Las apariciones, marcaban invariablemente el estado del tiempo, y por consiguiente sería una locura no confiar en lo que era aprobado por la sabiduría y santificado por la fe de sus antepasados. Si, por ejemplo, sucedía que el lado sur del drago presentaba flores, eso era una señal evidente de que los vientos del siguiente invierno soplarían del mismo lugar, y por tanto la estación sería seca. Sin embargo, si el lado norte de las ramas era el que ofrecía una mayor profusión de flores, la estación sería seguramente lluviosa. Así, por medio de estas indicaciones ellos orientaban sus trabajos agrícolas.
Señalemos ante todo que los expertos (botánicos y técnicos de medio ambiente) coinciden en no otorgar rigor alguno a estas predicciones. Por cuanto se sabe que la floración de los dragos es bastante irregular y “caprichosa”, de modo que algunos florecen con cierta periodicidad mientras otros deben ser despampanados para conseguir que reviente la flor (información extraída de los profesores del centro de Capacitación Agraria de Tacoronte).
En todo caso, la predicción de épocas de “vacas gordas” que se suceden de otras “vacas flacas”, además de presentar connotaciones bíblicas ha sido preocupación constante de la invención (o, quizá, ciencia) campesina. J.M. Anglés Farrerons nos propone otra explicación que, en mi opinión, no deja de ser arriesgada y especulativa. Según este ingeniero agrónomo la sucesión de años secos y húmedos tiene que ver con la actividad de las manchas solares. Y así, los 7 años de vacas gordas seguidos de 7 de vacas flacas que José pronosticara al faraón se corresponde con la tradición popular que establece: “siempre que el primero de octubre coincida en domingo, habrá buena cosecha de trigo”. Este hecho ocurre cada 11 años, y como quiera que:
La duración de la pausa o actividad de las manchas solares, protuberancias y corona solar, experimentan un ciclo de 11,1 años, de tal modo que el paso de la mínima a la máxima dura 4,6 años, mientras que la transición de actividad máxima a mínima es de 6,5 años,
Afirma el autor:
“se nota pues una similitud entre las etapas egipcias de 7 años, con las indicadas por la creencia popular de 6 años y su relación con la fase máxima-mínima de las manchas del Sol, de 6,5 años. También es cierto que el primer domingo de octubre se presenta en etapas de 11 años, y el ciclo de las manchas solares es de 11,1 años.Por último, asociado con la variación climática propia de la primavera, se encuentra el frecuente fenómeno de los “pollitos mayeros”; que, “nacen, una cosa, abobados, como momios” (Aurora Quintero) y que mueren en la mitad de los nacimientos “si dan doce se aguarecerán seis”. No existe argumentación empírica que explique esta circunstancia y no en todos los lugares ocurre algo similar. Así, en Valsequillo, Gran Canaria, “la mejor echadura que se echa es en la luna de mayo, …los pollos se vuelven locos, eso no es cierto” y la posible interpretación popular del fenómeno nos la aporta Doña Nieves Acosta de Tazacorte, para la cual: “el pollo mayero no es muy “eficaz”, …será que el Sol de mayo siempre es el más fuerte”.
Sirvan estos ejemplos de la cultura popular isleña como refrendo de la sabiduría de nuestros mayores, que, en no pocas ocasiones, reconocen con precisión la trascendencia de los movimientos diario y anual de la Tierra en el ordenamiento de sus faenas cotidianas.
