El Campo Volcánico de Bandama

D. Telesforo Bravo Expósito
Catedrático de Geología Universidad de La Laguna

La situación del “Campo volcánico de Bandama” es el resultado de una compleja actividad efusiva, cuya frecuencia presenta varias soluciones. No hay testigos y no podemos fundarnos en documentos históricos. Este aparato doble, efusivo-explosivo, pertenece al sistema de erupciones recientes y sub-recientes, con sus piroclastos que afectan a la mitad NE de Gran Canaria, que es curiosamente “permeable” a los magmas basálticos, ankaramíticos, tefríticos, basaníticos y de otro rasgo, como las tahititas y ordanchitas, mientras que en la mitad insular del SW carece de estas recientes emisiones. Esta actividad forma la llamada neo-Gran Canaria, separada de la otra mitad por una línea bastante recta entre Agaete y Arinaga. Este comportamiento de volcanismo reciente ha facilitado que algunos autores piensen en la existencia de una línea tectónica con desplazamiento de bloques. No obstante debajo de los materiales recientes hay series fonolíticas y traquíticas formando un núcleo sálico.

En todo caso el desplazamiento tectónico sería en sentido positivo ya que la presión magmática en conjunto afecta al bloque NE mientras que el bloque SW permanece pasivo. Lo lógico es que no se suponga hundimiento de la corteza oceánica en el área del Archipiélago y sí un levantamiento general —la misma presencia de los bloques insulares, con mecanismos efusivos que alcanzan alturas considerables, así lo atestiguan— al no haber subducción en la margen continental africana, le mantienen presiones tangenciales tanto a nivel de corteza como del Manto, procedentes y ejercidos desde la línea Meso-Atlántica. Con esto, la deriva del Manto aumenta y las redes atómicas de los minerales buscan mejor acomodo para esta situación. Por esta razón la faja Atlántica de Canarias y el borde continental africano al ser más ligero, tiende a flotar y se elevan. Las presiones han “cuarteado” la corteza oceánica y em­pujado los bloques en sentido positivo. Hay un “up welling” de los materiales del Manto con una elevada temperatura que facilita la formación de rocas de fusión a diferentes niveles Manto-Corteza. Las zonas más frías del manto corresponden a procesos de subducción. Pero esto parece deducirse de los resultados de las últimas “tomografías” (Shearware tomography) en interferencias de ondas sísmicas (véanse artículos en la Revista «Nature»).

El campo volcánico de Bandama está localizado en el extremo Este de un amplio e irregular “Lomo” situado entre la cuenca del Valle de Telde por el Sur y la cuenca de Guiniguada por el Norte. La divisoria de este “Lomo” —que tiene su origen en la cúpula insular— está “decapitada” por el barranco de Las Goteras, de no muy largo recorrido, pero hay otros barranquillos que cortan el “lomo” a uno y otro lado de sus laderas. El Barranco de Las Goteras es relativamente profundo, y limita con el complejo efusivo-explosivo de Bandama.

La cuenca del Barranco Guiniguada en su tercio inferior presenta anomalías, ya que fue obligado a abandonar su primitivo cauce —el Barranco de Gonzalo— cuando tuvo lugar la erupción del Volcán de Tafira que lo taponó. El nuevo recorrido lo desvió hacia la actual área urbana de Las Palmas. También este barranco fue obstruido —aguas arriba— por la erupción —muy reciente y casi histórica— situada entre Monte Lentiscal y Siete Puertas. Los materiales emitidos formaron un “Dique” originándose un embalse natural, hasta que una vez relleno de sedimentos, cortó y corrió por sobre una colada de 70 metros de espesor con grandes “peñones” a la deriva en su superficie. En un pozo de investigación de aguas subterráneas, se hallaron maderas y huesos de cabra.

Algo semejante pasó en la cuenca de Telde, en el Valle de Los Nueve, donde coladas basálticas derivadas de los volcanes de Lomo Magullo, invadieron un cauce de fondo plano con grandes “peñones” a la deriva. Nuevos barrancos se han formado a uno y otro lado de la colada basáltica.

Ya en 1815, Leopoldo von Buch se ocupó de Bandama y sus alrededores, citándola en su «Descripción Física de la Islas Canarias» en 1825, y describiéndola en una sección vertical con los elementos que él pensó eran los constituyentes litológicos de la Caldera. Posiblemente el esquema fue trazado de “memoria”. Más tarde, en 1880, Salvador Calderón y Arana se ocupó de ella, así como en 1925, Lucas Fernández Navarro, y en 1937, J. Burcast. H. Hausen, en su “Monografía sobre Gran Canaria”, describe esta zona y sus aledaños en 1962. Otros estudiosos como Simón Benítez Padilla operaron sobre estos volcanes.

El sistema está formado por el “Pico” y “La Caldera” de Bandama alineados de NNO a SSE. En las cercanías se advierten algunos montículos, posiblemente preludios efusivos, pero la topografía original de los llanos ha sido modificada por el hombre con cultivos y edificaciones.

La alineación tiene una longitud de 2 000 metros, correspondiendo la mitad a cada uno. El punto dominante es un magnifico “mirador” a 574 metros de altura, 364 metros sobre el fondo de la Caldera y desde allí se puede admirar el paisaje y estudiar las diversas formaciones. Casi todo el suelo está cubierto de lapilli. pero también afloran aglomerados de la serie de Roque Nublo. Desde el “Pico” —un cono de lapilli y escorias con un cráter de desgasificación muy inclinado en la ladera NE, se puede analizar el fondo y gran parte de sus paredes casi verticales. El fondo es plano y relleno de materiales precipitados desde sus paredes y borde. La pared sur se apoya sobre un pequeño afloramiento de fonolita y encima, una doble capa de alfombrado de la serie de Roque Nublo de unos 200 metros de espesor. Una parte de esta pared, al SW, está arruinada y empuja hacia el Bco. de Las Goteras durante las fases violentas de los procesos volcánicos.

El borde superior está ocupado por numerosas y delgadas capas de lapilli mezclado con granos y fragmentos pequeños del aglomerado, que fue pulverizado por las explosiones originales y posteriormente en el curso normal de la erupción. Algunas capas de lapilli aparecen muy claras cuando los elementos arrancados superan en volumen a los piroclastos. Todo este material del borde está en delgadas capas buscando hacia el exterior periclinalmente. La erosión eólica y el agua de lluvia han eliminado gran parte de estos depósitos. Estos materiales, en la ladera exterior, han sido explotados con destino a construcciones de bloques. La pared NE de La Caldera, con acceso desde el Llano de la Atalaya (campo de golf) fue utilizada para “abrir” viviendas, práctica utilizada por los aborígenes en rocas blandas.

La fisura eruptiva con emisión de magma basáltico (ankaramítico) que “escogió” esta área, se iniciaría, como la mayor parte de los volcanes canarios recientes, como una alineación de pequeños “focos”, con expulsión de gases a alta velocidad. A medida que se intensifica la emisión los diferentes focos van siendo absorbidos por uno o dos principales. Debió existir doble “pico” en los estadios iniciales. Las lavas emitidas no se observan. Los dos “picos” debieran actuar simultáneamente hasta que el pico sur intensificó su violencia, con expansión gaseosa en el inmediato subsuelo, con voladura de la cima.

El magma basáltico que llegaba a la superficie encontró dificultades para salir libremente. Las dobles capas de aglomerado Roque Nublo, compactas, flexibles y poco dadas a romperse o fracturarse, se “abombarían” y se levantarían sin agrietarse al inyectarse el magma bajo ellas, por lo que la acumulación alcanzó o irrumpió en depósitos de agua subterránea, gasificándose, aumentando la presión agresivamente y respondiendo con la voladura del cono y apertura de La Caldera. En este caso, el “pico” con su relativamente pequeño cráter, cerró parcialmente su actividad ya que desde el fondo de La Caldera, libre de obstáculos continuó la erupción. Cesaría bruscamente como la mayor parte de las erupciones canarias, que en el término de pocas horas finaliza al cerrarse y obstruirse la comunicación con los centros profundos de emersión aliviada la presión magmática.

Esta situación se ha observado también en La Palma, en Fuencaliente durante la erupción de 1677. La fisura de emisión tropezó con sendos conos de antiguas escorias volcánicas, como la desaparecida Mª de las Cabras y otros, compactas, flexibles y resistente a la rotura. Al acumularse debajo el magma basáltico y gases a alta presión, alcanzaron agua subterránea, originándose explosiones freatomagmáticas. En las paredes del cráter de este volcán palmero, aparecen los conos anteriores completamente “cepillados” y pulidos por las explosiones. En su coronación, igual que en Bandama están los lapilli en capas dispuestas periclinalmente.

En Bandama, tuvo el inmediato subsuelo del campo de golf (es de aglomerado), prolongación o continuación en el que aparece en las paredes de La Caldera. Y por otro lado el Barranco de Las Goteras donde el cauce está al mismo nivel del fondo de La Caldera, cortó las capas de aglomerado, aguas arriba, en todo su espesor, apoyándose éstas en tobas fonolíticas (puzolanas) de forma que aquí las series basálticas pre-Roque Nublo, no invadieron los antiguos valles que irradiaban de la cúpula central, pero sí las series basálticas pos-R.N. que cubre los aglomerados.

H. Hausen piensa que La Caldera es un “maar” y seguramente tiene razón, pero también supone que la erupción del “Pico” es mucho más moderna que La Caldera. Esto es muy dudoso, puesto que durante la erupción del “Pico” había viento del NE y habría llenado La Caldera. Las interpretaciones de los procesos Bandama siguen su curso aunque la solución “hundimiento” es difícilmente aceptable. Las características explosivas son tan evidentes que parece ser la solución más adecuada.