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La Caldera de Bandama:
Breve historia de su vegetación

D.Lázaro Sánchez-Pinto Pérez Andreu
Conservador de Botánica del Museo de Ciencias Naturales
del Excmo. Cabildo Insular de Tenerife

La Caldera de Bandama es una gran depresión semielíptica, de aproximadamente 200 metros de profundidad, formada por abruptas paredes de rocas fonolitas coronadas por aglomerados del ciclo Roque Nublo. El diámetro del borde superior es de unos 1.100 metros y su perímetro supera los 3 kilómetros. Tiene las características de una caldera de explosión tipo maar (freato-magmática), y su origen parece que es relativamente reciente, ya que a poca profundidad del fondo aún se mantienen temperaturas elevadas.

En el borde superior se levanta un cono de cínder, el Pico de Bandama, de 200 metros de altura, cuyo cráter tiene forma de herradura abierta hacia el NO. Muy cerca se encuentra el volcán del Monte Lentiscal, contemporáneo suyo; las erupciones de ambos dieron lugar a la mayor superficie de picones de Gran Canaria..

  • lentisco
    Lentisco (Pistacia lentiscus)

El nombre Bandama no es de origen prehispánico, sino que procede de Daniel Van Dam, uno de los colonos flamencos que poblaron esta comarca en el siglo XVI, y que se dedicó a plantar viñas en su interior Es muy probable que antes de la conquista de la isla, los antiguos canarios ya cultivaran el fondo, pues a media altura de la pared norte existe un interesante yacimiento arqueológico, con cuevas de habitación y silos para guardar grano.

La Caldera y los terrenos adyacentes estaban entonces cubiertos por densas arboledas de acebuches, palmeras, lentiscos y otras especies termófilas. Precisamente, la abundancia de lentiscos es la que dio nombre al famoso Monte Lentiscal. La explotación de este bosque para obtener carbón, leña y maderas (aperos de labranza, construcción, canales de agua, etc.), comenzó a raíz de la conquista y se prolongó hasta que prácticamente se quedó sin árboles, a mediados del siglo XIX. A lo largo de todo ese tiempo, los vecinos de Las Palmas y Telde se abastecieron de leña procedente del Lentiscal, al igual que los productores de cal de los Hornos del Rey y los alfareros de la Atalaya, que fabricaban toda la loza que usaban «las cocinas de esta isla y parte de las otras». Lo que no llegaron a destruir los vecinos lo hizo el ganado que pastaba libremente por toda la zona..

  • acebuche
    Acebuche (Olea europea ssp.cerasiformis)

Así, en 1851, un guarda forestal se quejaba de que Juan José Navarro, uno de los principales ganaderos de Tirajana, le tenía amenazado de muerte si impedía que sus rebaños se alimentaran en los terrenos del monte que, por aquel entonces, aún eran propiedad del estado. Unos años antes se había intentado realizar una repoblación forestal, pero no se llevó a cabo porque los caciques de los pueblos cercanos se negaron en rotundo, ya que consideraban que esos terrenos debían privatizarse para plantar vides, que eran más rentables.

Efectivamente, eso fue lo que ocurrió; las tierras del monte se repartieron entre los grandes propietarios de la comarca y se destinaron al cultivo de la viña. El vino del Lentiscal pronto adquirió fama por su calidad, y aún hoy en día se pueden degustar los magníficos caldos que producen esas uvas criadas sobre negros picones.

En 1975, el Cabildo Insular adquirió la Caldera de Bandama, que quedó como Reserva Natural y, posteriormente, fue declarada Monumento Natural por el Gobierno Canario (Ley de Espacios Naturales Protegidos de la Comunidad Autónoma Canaria).

Desde entonces, la vegetación natural de su interior ha experimentado una cierta recuperación, sobre todo en las partes bajas y medias de las laderas del sur, donde existen bosquetes de lentiscos, acebuches y palmeras. Los escarpes de los riscos circundantes también son muy interesantes, ya que en ellos se desarrollan muchos endemismos canarios, como guaydiles, orobales, tajinastes, malvas de risco, etc., aparte de una rica y variada flora liquénica.