Viaje a la inhóspita Tierra de Hielo

L.L.Beltrán

Con estas líneas sólo pretendo compartir un viaje con nuestros asociados y simpatizantes. Un viaje poético, de sentimientos y emociones y al mismo tiempo un recorrido visual y plástico por los espacios reales de Islandia: sus calles,  sus árboles, sus volcanes, ríos, glaciares y géiseres, sus fiordos, fallas y desiertos, su vida y su muerte y sobre todo, su naturaleza y su poder en su más pura esencia que son la recompensa de este destino.

En los límites mismos del Círculo Polar, Islandia es un territorio único e irrepetible, elegido por Julio Verne para iniciar su alucinante “Viaje al centro de la tierra” y quizá no sea el acceso al centro de la tierra, pero si nos permita echar un vistazo en sus entrañas y evidenciar el corazón de un planeta latiendo sin parar.

Su gran atractivo es poder sentir la tierra viva latiendo sin cesar a nuestros pies; observar la separación, geológicamente hablando,  de dos mundos: las placas continentales americana y eurasiática. Fue precisamente en esa falla que lo manifiesta, donde se eligió, con gran sabiduría, por los primeros habitantes que habitaron la isla el primer parlamento del mundo, el Alping.

No sería imprudente subrayar que es uno de los pocos países de Europa donde el turismo de masas no ha desembarcado aún, por lo menos no en cantidad suficiente como para romper el encanto y la armonía del lugar.

Donde es posible conocer gentes sencillas y hospitalarias, aún no maleadas, para las que el forastero es un amigo que viene a pasar unos días en su casa y al que no pueden defraudar. Dotados de una sabiduría, agudeza y sensibilidad poco habituales, se muestran siempre dispuestos a una charla amistosa, espontánea e informal.

 Esta peculiar gente, descendientes de aquellos vikingos que se establecieron en esta tierra cuando corría el año 850 de nuestra era, han aprendido, entre otras muchas cosas, a mantener casi totalmente inalterada su incontrolable naturaleza; a aprovechar, y no a intentar subyugar, las energías provenientes de un subsuelo que ofrece, entre otras cosas, calefacción y agua a raudales con toda generosidad.

Cuando se intenta  relatar un circuito de esta índole, saturado de escenarios paisajísticos tan diversos y llenos de belleza, se pueda acabar  escribiendo un libro.

Me limitaré a esbozar, en clave de diario, lo que fue una travesía de circunvalación durante veintidós días por estos insospechados parajes, a veces bucólicos, a veces salvajes, pero siempre con el volcanismo, las fuerzas telúricas, las hadas, los elfos, los gnomos, los trolls,  el verde del musgo, las  inauditas piedras y el agua como protagonistas.
La tarde del 7 de agosto  el grueso del grupo se trasladó a Lanzarote con la finalidad de tomar un vuelo rumbo a Reykiavik. Allí se unieron algunos participantes provenientes de otras islas, quedando conformado un grupo de dieciocho personas.
Apuntando el alba del 8 de agosto ya estábamos en la cola de facturación del charter que nos transportaría al otro confín del mundo. Cinco ingratas horas de vuelo y por fin aterrizábamos en el aeropuerto internacional de Keflavík.

Al bajar la escalinata del avión nuestros huesos valoraron el frío vigente en esas latitudes. Culminados los acostumbrados trámites de recogida de equipajes y cambio de divisas, ya en las afueras del aeropuerto nos esperaba Mr Belki, nuestro guía, portando un rótulo en el que podía leerse “Grupo Viera y Clavijo”.

Después de una breve parrafada explicativa nos acompañó a una pequeña guagua donde nos acomodamos y  partimos a lo que sería nuestra andadura por el país. Nos encaminamos hacia la 'guesthouse' donde nos alojaríamos a dejar el remolque que portaba nuestros equipajes. Nos pertrechamos con ropa de abrigo bañador y toalla ya que en el camino y con el propósito de procurarnos un relajante y meritorio baño, efectuaríamos una parada en la exótica y cálida Bláa Lónid (Laguna Azul), formidable piscina geotermal de aguas celestes cargadas de barros de sílice y materiales orgánicos, ubicada entre enormes coladas de lava.

Una vez alcanzado el objetivo   partimos para hacer un recorrido por los núcleos urbanos de Njardvik, Grindavik, Reyjanestá y Hafnir en la península de Reykjanes. Hafnir  está emplazado en un maravilloso entorno rocoso en la costa suroeste de la península, colmado de fisuras y fallas. Llegamos cuando  comenzaba a caer la tarde y  las enérgicas y gélidas  brisas reinantes, sólo permitieron que hiciéramos un huidizo paseo por su costa. Nos fuimos a cenar y regresamos  a la guesthouse (casa de huéspedes). El sol se ocultó a las 23:40h.

09/08/06: Salida de Njardvik hacia Reykiavik. Vagabundeo y curioseo por la ciudad y hospedaje en guesthouse Dunas

10/08/06:Acompañados por una ligera llovizna, nos encaminamos hacia Pingvellir (Llanuras del Parlamento), enclave de gran importancia histórica de Islandia, ya que, como se ha dicho, fue aquí donde los antiguos pobladores concibieron su primera asamblea popular y fraguaron las normas y condiciones que les permitiera respetarse a sí mismos como personas. Es impresionante observar la fantástica falla de Almannagjá y percibir “in situ”  la parsimoniosa separación de los dos continentes. Hicimos un recorrido por el lago Pingvallavatn, el más grande del país, en cuyo centro emergen dos islotes, en realidad dos cráteres volcánicos. Para terminar la jornada realizamos una visita a la Central Geotermal de Nesjavellir.

11/08/06: En esta tierra debe ser frecuente que el forastero madrugue ya que en la temporada estival el sol se anticipa a tus pretensiones. Como el día era de libre disposición, un nutrido grupo  decidimos  hacer un recorrido turístico-pedagógico por el casco antiguo de Reykiavik.

Visitamos Perlan, moderno edificio en la pequeña colina de Öskjulið que posee una serie de depósitos acumuladores de agua caliente para uso de los vecinos de Reikjavik, aunque lo más interesante de esta singular construcción es su espectacular cúpula giratoria que brinda al visitante una hermosa panorámica de la ciudad y el Museo de las Sagas que alberga en su interior.

También subimos al campanario de la gigantesca torre de Hallgriskirja y visitamos el Museo de Arte Moderno,  el Ayuntamiento, el lago o estanque Tjörn, la “Barca del sol” y la estatua de Leifur Eriksson, también conocido por Leif el Afortunado, hijo de Eric el Rojo quien descubrió Groenlandia alrededor del año 1000.
La brisa dominante refrescaba el ambiente considerablemente. A la hora y en el lugar acordado se reunió el grupo y llegó nuestro nuevo guía: un joven y atractivo islandés,  muy agradable en el trato, de cuyo nombre no quiero acordarme, nos invitó a “levantar velas” Cargamos los equipajes en el remolque y nos trasladamos a Hella.

12/08/06: De nuestro nuevo guía supimos que era un acreditado fotógrafo islandés ya que presentó al grupo un magnífico libro de fotografías a todo color, publicado por él, con paisajes e instantáneas sobre Islandia. Fue tan fugaz su compañía que no hubo tiempo siquiera a un mínimo trato  afectuoso.

Nos llevó de excursión al  Hekla (Monte Encapuchado) que con sus 1.491m de altitud es el mayor exponente del vulcanismo islandés, ya que su actividad volcánica nunca ha cesado por completo, la última un día de febrero del año 2000. Su solemne pico aún dormía detrás de las nubes matutinas. No llueve ni ha salido el sol. La atmósfera está suave y sopla una leve brisa fresca.  Pasamos por algunos ríos, haciendo una pequeña parada en el  Tröllkonuhlaup (paso de la troll), el torrente le sugirió una fábula y nos la relató. El ave que sobrevolaba en lo alto en aquellos instantes, transmitía telegráficamente con su graznido la veracidad de la  mítica alegoría.

Tomamos un tentempié en Pjooverdisbaer , réplica de una antigua granja vikinga, y efectuamos una pequeña peregrinación hasta la preciosa cascada de Stongfoss. De regreso pasamos por Hellfoss, otra bonita cascada de doble garganta. Más tarde y con el propósito de relajarnos, nos bañamos en una piscina termal. Cuando la Luna se hizo notar, mostraba toda su plenitud.

Esa noche los vecinos de Hella habían preparado una pequeña fiesta para despedir el verano y nos brindaron una gran hoguera y fuegos artificiales.

13/08/06: Salimos de Hella acompañados por Carlos, nuestro nuevo guía, y en el recorrido realizamos una serie de paradas cortas para acercarnos a las hermosas cascadas de Seljalandsfoss, Gljúfurárfoss y Skogafoss. Un apacible espectáculo, como agua que brota del manantial del alma. La llovizna reinante  lo favorecía envolviéndolo en una áurea luz invernal.
Subimos a los acantilados de Dyrhólaey donde, por vez primera, pudimos ver desde muy  cerca revolotear al seductor frailecillo (Lundi). Bajamos hacia la costa: Reynir y Gardar cuyos acantilados forman una majestuosa disyunción columnar.

El continuo ajetreo que producían los jugos gástricos en el estómago a esa hora del día  hizo que optáramos por ir a almorzar y lo hicimos en una gasolinera de Vik. Proseguimos la ruta por la costa tapizada de esponjosos musgos de unos 50cm de altura, la curiosidad forzó la parada y bajarnos. Eran tan esponjosos y mullidos que invitaban no solo transitar por ellos, sino a acomodarnos sobre  ellos como si de un gigantesco colchón se tratara.

Carlos nos sorprendió esa tarde, pues echándose fuera de la ruta programada, nos acercó al cañón de Fjadrárgljúfur, un raro nombre para tan extraordinario y sorprendente lugar.

Llegamos a Klaustur y dimos un paseo para ver una curiosa formación de piedras que se  conocen por “La catedral”. A dormir fuimos a una bonita y confortable granja que dejaba ver, por su apariencia, haber sido restaurada y rehabilitada recientemente para albergar viajeros. Ubicada en un apacible valle colmado de vacas y dedicado exclusivamente a la agricultura para forraje en el que se asentaban un par de granjas más.

14/08/06: Con una mañana espléndida de sol, salimos rumbo al Parque Nacional de Skaftafell. Paramos en una típica granja islandesa para una corta visita. La particularidad de ésta, nos contaron, era que el granjero tenía algo más de cien años. Ya en ruta, cruzamos por un estrecho y largo puente de hierro un espacioso río que fluye arrastrando gran cantidad de derrubios del gran glaciar Vatnajokull desde donde pudimos avivar los sentidos con la observación de una de las admirables lenguas de éste.

   Ya en el Parque y a través de un pequeño bosque de abedules subimos a la admirable cascada de Svartifoss. Pasado el mediodía, en un carromato tirado  por un tractor y conducido por Matilda, cruzamos un vasto desierto de arenas negras, más bien un gran depósito sedimentario de cieno, arena y grava llamado Skeidararsandur (Sandur)  entrelazado por numerosos riachuelos resultantes del deshielo del Vatnajökull, para dirigirnos a avistar aves al islote de Ingólfshofi. En el camino nos sorprendió una fuerte tormenta de arena. Matilde nos trajo a la guagua pasadas las 15h y proseguimos nuestra ruta circundando el glaciar, acercándonos a unas colinas desde donde pudimos visualizarlo muy cerca.

A las últimas horas de la tarde llegamos al lago glaciar de Jökulsárlón originado a causa del sosegado retroceso del Breiõamerkurjökull, uno de los casquetes menores del Vatnajökul y que es parada obligatoria de los viajeros en su tránsito de Skaftafel a Höfn. Ya desde sus orillas nos concede un espectacular escenario, pero lo verdaderamente impresionante es navegar a bordo de unos coches anfibios entre los imponentes icebergs que flotan majestuosamente en sus reposadas aguas. Estos grandes bloques de hielo tienen una media de edad de entre 1000 a 1200 años. Cuentan que este lugar sirvió de escenario para rodar una de las escenas en una de las películas de la saga de James Bond “Panorama para matar”.  Comenzaba a oscurecer cuando llegamos a Nesjahverti, donde nos acomodamos en un hotel y nos brindaron para cenar un  nutritivo bufett de pescados.

15/08/06: Nos pusimos en marcha con la intención de acercarnos y caminar sobre una de las lenguas del Vatnajokul, empresa imposible por la escabrosa orografía, por lo que, con el propósito de desentumecer un poco las piernas, hicimos una pequeña caminata por los alrededores.

Al mediodía partimos hacia Höfn (puerto en islandés) pequeña ciudad de 2000 habitantes ubicada en una estrecha península que irrumpe en la laguna marítima de Homafjörður. Su principal y casi única actividad es la pesca. El Regional Folk Museum es una de las pocas cosas a visitar.

Después de tomar un tentempié seguimos el recorrido por la costa de Lónsvik  donde  las  cuantiosas ocas que sobrenadan en las orillas cautivaban nuestra curiosidad. Hicimos una parada en el faro de Stokknest (base americana). Un poco más tarde, ya en ruta y debido a una pequeña indolencia del chófer, fue casualidad que no nos incrustáramos contra un enorme camión que circulaba en sentido contrario. Nos salvó el enérgico grito de ¡cuidado! ¡cuidado! emitido por Loli que valió para alertar al chófer y corregir la dirección de un volantazo.  Mudos, con miradas aturdidas y un lúgubre silencio, fue la respuesta del grupo; envueltos en ese mutismo, respirando con el pecho agitado, asumimos la sensación colectiva  de haber vuelto a nacer.
Cenamos y soñamos en Djupivogur, pequeña y acogedora ciudad  de los fiordos orientales y un poco alejada de las rutas turísticas.

16/08/06: Recorrido por los fiordos orientales. La primera parada para tomar café y visitar el museo de piedras se hizo en Breiödalsvik y proseguimos, siempre costeando, hacia Stöðvarfjðrdur y Faskrúosfjörōur lugar donde se ubica una de las mayores plantas de Islandia, si no la mayor, en transformar la bauxita en aluminio. Atravesando un monumental túnel llegamos a Reybrfjörbur.

Circunvalamos Egilsstadir en dirección a Seydisfjördur. Esta localidad es la más importante del este islandés ya que además de ser un excelente refugio natural para embarcaciones debido a la gran longitud del fiordo que da nombre a la ciudad, posee el principal muelle de arribo de todos los barcos procedentes de Europa y es el destino final del ferry que une la isla con Dinamarca. Otra anécdota a relatar es que en el fondo de su bahía  se encuentra el único barco hundido por la aviación alemana en la Segunda Guerra Mundial.

Un ligero almuerzo, un par de horas paseando y continuamos la ruta con rumbo a Borgarfjördur. En el trayecto y cuando transitábamos por las extensas  y deshabitadas planicies  de Hjaltastabdapingá donde no te encuentras con ningún ser humano en muchos kilómetros a la redonda, nos topamos, para asombro de todos,  en medio de la nada, con una arcaica y curiosa máquina expendedora de golosinas y refrescos, sostenida con un pequeño panel solar y que actuaba a modo de self-service. En Borgarfjördur cenamos y nos dieron aposento.

17/08/06: Mañana libre en Borgarfjördur. Unos optaron por la caminata, otros se quedaron merodeando por el pequeño caserío. A las 15h partimos rumbo a Egilsstadir haciendo una breve parada en el muelle con la finalidad de recibir  a las pequeñas embarcaciones que llegaban cargadas de bacalao.

Aproximadamente a las 18h llegamos a nuestro hotel, nos acomodamos y fuimos a darnos un baño termal en una piscina cercana. En la cena se presentó nuestro nuevo guía, Bragy. Un islandés sexagenario, elegante,  alto y enjuto, de afable talante con negra vestidura y que a primera vista personificaba la viva estampa de Max Von Sydow.

Después de cenar lo pasamos viendo fotos y tomando unas copas en un pequeño descansillo del hotel. Mientras todos dormíamos, el amigo Félix  que no quita ojos del firmamento, obtiene el privilegio de percibir y fotografiar una, tan espectacular como discrepada, aurora boreal.

18/08/06: Con Bragy al volante partimos hacia Möðrudalsöraefi, paramos en Seanautasell, curiosa granja regentada por una familia que nos invitaron a degustar carne conservada en suero de leche, jamón de cordero,  aguardiente y un reparador desayuno. Proseguimos la ruta divisando la emblemática montaña de Herðubreiõ que es un típico ejemplo de lo que en Islandia se denomina móberg o montaña de cima plana. Ha sido elegida en una encuesta realizada a los islandeses como la más atractiva y estandarte nacional.  Prosiguiendo nuestra ruta nos acercamos a la caldera “Castillo de los caballos” (anillo freatomagmático) y tras un breve recorrido a pie, coronamos su cima

Ya entrada la tarde llegamos al lago Myvatn. Recorriendo sus alrededores,  reconoces que constituye un enclave natural de obligado paso para los visitantes de esta isla. Sus imponentes afloramientos volcánicos,  nos obliga a subrayar de nuevo que la latente actividad magmática imperante, logran hacerte sentir la inestabilidad del terreno que pisamos.

19/08/06: Nos encaminamos hacia la región volcánica de Krafla, dimos una vuelta por la planta de energía  geotermal de Kröflustöd y  comenzamos una ruta a pie remontando el cono explosivo del Viti. Circunvalamos su cráter de unos 300m de diámetro que alberga un oscuro lago en su interior y  partimos hacia el campo de lavas del Leirhnjúkur. A un lado la llanura, negra como la nada. Al otro, una arqueología de pseudo cráteres, riolitas, escorias, materiales piroclásticos, mantos de diferentes lavas, etc decidían una surrealista litografía.

Más tarde transitamos entre las fumarolas, solfataras y pozas de lodos hirvientes de Hverir. Seguimos la ruta en guagua hacia el Parque Nacional de Jökulsárgljúfur, prodigioso entorno natural surcado por la descomunal  catarata de Dettifoss y la de Selfoss. Para reponer fuerzas engullimos un piscolabis y continuamos  la travesía hasta el valle de Vesturdalur, portento geológico y paisajístico, donde el misterio y el poder de la naturaleza alcanzan un grado tan espectacular como poético. Un sinfín de atractivas y caprichosas formas en el basalto: fustes, rosetones, representaciones arquitectónicas (la iglesia) y representaciones de animales o personas colmaban el lugar de prodigioso ensueño.

Absorbidos, saturados y deslumbrados de tanta hermosura, regresamos, y ya cerca de Myvatn y para más relajación nos dimos un baño termal. Cuando se mostró la negrura y  la noche se hizo patente, el cielo, no queriendo ser menos, nos brindó una seductora y deseada proyección de auroras boreales.

20/08/06: La jornada que nos esperaba se anunciaba fatigosa, ya que teníamos el propósito de llegar a la caldera de Askja, un éxodo de doce horas de recorrido a través de un desolado paraje por pistas y trochas en no muy buen estado y surcadas por infinidad de riachuelos.

Nos ensamblaron en un arcaico carromato 4x4 de colosales ruedas cuyo interior era tan restringido que si pasabas de 1,50m de estatura tenías que encajarte inclinado para no acariciar el techo; muy práctico para danzar por aquellos surcos y cruzar ríos  pero incómodo  para tan riguroso recorrido. Efectuamos la primera parada en Herdurbreidarlindir, lugar idóneo para contemplar desde muy cerca la montaña Herðubreiõ que se alza radiante al sureste con sus 1.682m de altitud, en mitad de aquel gigantesco desierto.

Dicen que cuando se cubre de nieve, y en medio de aquel vacío colindante, su preponderancia es aún mayor. Cuando estas aquí, sientes la sensación de haber llegado a un oasis en medio del desierto, debido al verdor provocado por la cantidad de arbustos y herbáceas que afloran. Esta zona está ocupada por una pequeña franja de acampada, una oficina de información y un refugio y está ubicada en el cruce de afluentes del río Jókulsá  Fjöllum.

Después de varias horas de camino, por fin llegamos al final de la pista y comenzamos la andadura por el interior de la colosal caldera de Askja, donde rápidamente se olvida el duro trayecto de la ruta al contemplar esta formidable manifestación de la naturaleza. Llegamos a una de las orillas del inmenso lago que aloja en su interior, el Öskjuvatn, donde se alza un pequeño y profundo cono volcánico, el Viti de Askja, también relleno de aguas azul turquesa, templadas y cargadas de sílice. El lugar resultaba idóneo para, a modo de celebración por haber culminado tan implacable ruta, darse una reconfortante zambullida termal.

De regreso paramos en las gargantas de Drekagil( Quebrada del Dragón) para realizar un corto recorrido. El camino de vuelta fue un zarandeo de huesos y médulas y, ya anocheciendo, nuestros maltratados cuerpos llegaron a Myvatn..

21/08/06: Esa mañana, la prensa islandesa notificaba que el día anterior en la bahía de Husavik se había llegado a observar 20 ó 30 saltos de ballenas y otros grandes cetáceos, visto lo cual se tomó la decisión de reservar una excursión en barco para el grupo y sin perder tiempo nos encaminamos hacia allí.

Tras dos largas horas recorriendo todos y cada uno de los lugares idóneos del fiordo de Skalfandi, acariciando los límites del Océano Ártico con la intención de lograr tan deseada empresa, se disiparon los sueños de poder cincelar en nuestras retinas ni siquiera un salto del tan deseado animal. No obstante disfrutamos paseando por la ciudad, segunda en importancia en el norte de Islandia con 2.500 habitantes.

Pasadas las 15,00h partimos rumbo a Akureyri. Hicimos una parada en la majestuosa cascada de Godafoss (Catarata de los dioses) bautizada así debido a que fue en este lugar, hace unos mil años, donde un portavoz de la ley llamado Porgeir y en un gesto ratificador de una decisión tomada en Pingvellir por el parlamento vikingo, arrojó todos los ídolos de los dioses nórdicos como muestra de que el pueblo islandés abrazaba el cristianismo, desde aquel momento quedó desterrado, de forma drástica, el paganismo en la isla.

Es uno de los saltos de agua más vistosos de Islandia no sólo por la magnitud de las aguas que recoge del caudaloso y turbulento río Skajálfandafjót sino también por la altura y espectacularidad que ofrecen sus aguas precipitándose al vacío.

No eran las seis de la tarde cuando cruzábamos el fiordo de Eyjafjördur por un largo puente que te lleva a Akureyri ( Prado del banco de arena), capital del norte islandés. Ciudad de ambiente idílico y sosegado con su viejo puerto cargado de embarcaciones de pesca, bonitas calles lindadas con acicalados parterres, bellos jardines y sus  casas antiguas restauradas con un gusto exquisito.

22/08/06: Desayunando Mr Bragy advirtió que nos esperaba una dura jornada para llegar a nuestro destino: “el triángulo de oro” cuyos vértices son: Geysir, Gullfoss y Pingvellir.

Salimos de Akureyri con la suficiente puntualidad que en un grupo de estas características se puede reclamar. Cuando llevábamos una hora de trayecto, abandonamos el asfalto en Bolstadarhlio para incorporarnos a una angosta pista. A los pocos kilómetros de tomarla empezamos a percibir las primeras estribaciones del glaciar Langjökull. La gélida brisa nos cortejaba en toda la travesía por aquel desangelado e inhóspito páramo. No existe ni un mínimo vestigio de vegetación, parece que los antiguos pobladores se pelearon por las últimas ramas del último árbol convertido en leña.  

Pasadas las 14,00h, efectuamos una parada para almorzar en Kjölur un bello lugar dentro de aquel monótono y desguarnecido paisaje en el que existía un pequeño refugio y estaba cargado de fumarolas, solfataras y pozas de lodos hirvientes,. Proseguimos la ruta en dirección sur. Después de recorrer  varios kilómetros de una carretera sin asfalto, polvorienta y llena de considerables baches se llega por fin a la primera y no menos deseada parada, en la admirable catarata de Gullfoss (Catarata dorada) en uno de los vértices del aludido triángulo. Se exhibió más impresionante aún de lo que habías imaginado.

Acumula las aguas de río Hvitá y las vierte al vacío desde una altura de 32m. La fuerza y el murmullo del agua son descomunales y al caer desde lo alto origina un arco iris permanente que adorna aún más este bello enclave natural.

Después de un paseo por su entorno continuamos el trayecto para llegar al admirable y portentoso surtidor de agua hirviente de Geysir (surtidor).
Bragy nos había comentado que en la actualidad era muy difícil ver reventar el surtidor del Gran Geysir, que llegaba a expeler  el agua hasta los 60m de altura, ya que en estos tiempos lo realizaba muy eventualmente.

No obstante, nos saturamos de contemplar  el espectáculo que cada cinco minutos nos brindaba otro geiser menor, el Strokkur con aquella columna de agua que en algunas de las ocasiones llegaba a alcanzar los 20m.

Después de una bienhechora cena y por hacer un poco la digestión,  unos pocos fuimos a pasear por los alrededores de la zona de géiseres. Como recompensa y organizándonos un lindo homenaje el Gran Geysir floreció con una tremenda descarga de aguas hirvientes para nosotros. La piel se nos quedó de gallina. 

Nos alojaron en unos confortables  bungalows de madera donde te recreas con ese anhelado celestial descanso.  

23/08/06: Un gozoso desayuno y rumbo hacia el poniente. Una pequeña parada en los alrededores de Pingvallavatn, para que Lázaro tuviera la ocasión de dar una corta parrafada sobre la flora y vegetación del entorno. Continuamos la travesía por la nacional 52 hasta el cruce con la 50 para dirigirnos a Reykholt un enclave muy admirado por los islandeses por su trascendencia histórica ya que fue aquí donde vivió y escribió su obra el más grande y reconocido autor, sabio y político islandés: Snorri Sturluson. Una estatua en la plaza recrea la figura y el recuerdo de este autor de las Sagas que son leídas y veneradas por todo el pueblo islandés y las consideran unas reliquias literarias que encarnan su identidad e idiosincrasia.

Contemplando la referida estatua se acercó un pastor luterano que por el aspecto de sus facciones, sus gafas y el estilo de barba nos recordó , a los pocos que allí quedábamos, al mismísimo Trotsky, Se presentó y nos presentamos y tras sacar su bolsita de rape e inhalar un diminuto lingotazo, comenzó a charlar repasando una sinopsis histórica sobre la Era de la Adversidad, etapa en la que Islandia estuvo sumida en la más profunda negrura social bajo el yugo de la corona noruega y sus drásticas imposiciones religiosas. 

Ya en camino visitamos unos invernaderos de hortalizas sustentados con energía geotermal donde saboreamos unos gustosos tomates. Un trecho más adelante hicimos un recorrido a pie por unos senderos que circunvalan las cascadas de Barnafoss y proseguimos la ruta hacia Borgarnes y meternos de lleno en la península de Snæfellsnes por donde íbamos a peregrinar durante los tres próximos días.

Pusimos rumbo al norte de la misma y con la intención de probar agua gasificada de un manantial paramos en Geröuberg. Pero se truncó la  pretensión ya que la fuente se había secado por lo que  nos dirigimos hacia Stykkisholmur  pequeña aldea pesquera con un abrigado muelle donde atraca el ferry procedente de Brjánslækur. Cenamos y pasamos la noche en un pequeño hotel familiar.

24/08/06: Desayunamos e instalamos nuestros equipajes en el remolque. Como preámbulo ,antes de partir, Mr Bragy ,en clave de fábula, expresó la trascendencia histórica que ostentaba la colina de Helgafell (montaña sagrada) lugar al que nos encaminaríamos y lo formuló como sigue :

La motivación que nos lleva a visitar esta colina tiene un carácter doble, en primer termino conocer la montaña mágica en la que un día se manifestó el Walhalla o paraíso vikingo ya que fue en ese lugar donde el primer inmigrante escandinavo Pórólfu poco después de iniciarse la colonización de la isla trajo un templo de madera dedicado a Thor y consagrado en su país de origen, y en segundo, probar suerte siguiendo la tradición local según la cual toda aquella persona que ascienda a la colina.por vez primera, verá cumplido un deseo que manifestará desde lo más alto. S i se quiere que el deseo se cumpla es necesario respetar tres requisitos: el primero, no mirar nunca hacia atrás mientras se asciende la colina; el segundo mirar hacia el este mientras se piensa lo que se quiere conseguir, y por último, no reveler a nadie el deseo solicitado.

Mr Bragy, al igual que ocurre con otros guías islandeses, ha añadido ciertos elementos a la tradición envolviéndola en un halo mágico-fantasioso con la finalidad de aumentar el interés de los viajeros. Uno de los nuevos añadidos y por el que pasamos fue hacer un alto en una tumba ubicada al píe de la colina en la que moran los restos de Gudrun Ósvifursdóttir, heroína de la Saga de Laxdaela.

De una forma o de otraHelgafell es una suave colina que se alza a 75 m sobre el nivel del mar y desde la que se contempla una recompensada panorámica de Stykkisholmur y del fiordo Breiõarfjörõur invadido por multitud de pequeños islotes.

Partimos para comenzar la travesía por la estrecha y alargada península de Snæfellsnes  que incluso estando un poco retirada de las rutas que se suelen transitar en esta isla, ostenta una gran belleza en cada uno de los rincones que la conforman Si además le añadimos la popularidad que le otorgó la imaginación de Julio Verne ya que es aquí donde se encuentra ubicado el volcán Snæfells o más concretamente el grandioso glaciar Snæfellsjōkull, lugar elegido por el profesor Otto Lidenbook, su sobrino Axel y su guía islandés Hans  para iniciar la odisea de llegar al centro de la tierra, ya justifica por sí misma un viaje a Islandia.

La primera parada para un café se hizo en Grundarfjördur localidad que vive de la pesca y de las factorías que procesan estos productos .Encajada entre el fiordo de homónimo nombre y una gran cordillera que la envuelve, goza de unos bonitos contornos pero el mayor impacto visual se lo concede el escarpado y no menos bello monte de Kirkjufell, que desde la misma orilla de la bahía se alza hasta los 465 m expresando suficiencia, arrogancia y esbeltez.

Cuando atravesamos Ólafsvik la eludimos ya que teníamos el propósito de retroceder para almorzar.  Prolongamos la ruta hacia el oeste para llegar a Rif,  localidad más occidental de la península desde donde iniciamos una caminata que nos acercaría a Hellissandur contorneando los acantilados de la costa. Después de comer y por decreto unánime compramos dos botellas de un buen vino reserva español como obsequio a Bragy. Por la tarde nos acercamos a la bahía de Skarõvik con el propósito de avistar al charrán ártico. Paseamos por una tranquila playa de arena blanca saturada de estas aves. Fue aquí y a unos veinte metros de la orilla donde, por vez primera y como cortesía de agasajo a los visitantes procedentes del otro confín, hizo su aparición una juguetona foca gris.

Transportados a la zona  de Lonbjarg bajamos a la playa de Djupalon, un pedregal negro tan erosionado y pulido que la mayoría de sus piedras  se han transformado en perfectas y seductoras esferas. Todos confiscamos algunos ejemplares como recuerdo.

Con el sol hundiéndose en la lejanía  llegamos a Hof donde nos tenían dispuesto el alojamiento y la cena en una típica y solitaria granja que sus dueños, lejos de renunciar a sus actividades agrícolas y ganaderas y con la finalidad de obtener unos ingresos extras, alquilan a los viajeros sobre todo en la época estival. Las pequeñas casas de madera compartidas por ocho personas, incluían un relajante jacuzzi. y estaban ubicadas a la orilla de una tranquila, amplia y despejada playa . Después de cenar paseo a la orilla del mar y de nuevo visita de focas.

25/08/06: Por la mañana la placidez que mostraban algunos rostros revelaba que nos aproximaríamos a uno de los glaciares volcánicos más hermosos del mundo el Sneafellsjokull, y protagonista geológico como lugar emblemático para escritores, escuelas filosóficas y grupos de meditación por considerarlo uno de los siete grandes puntos energéticos del planeta.

El grueso casquete de hielo que conforma este glaciar, cubre el antiguo volcán de Sneafells y se eleva hasta los 1.446 m.

El ascenso lo iniciamos por una pista que bordea la base de la montaña de Stapafell y comienza a ascender por la ladera del noreste. Apenas recorridos unos cuantos kilómetros se alcanza un lugar de inexcusable parada,  la cueva de Sönghellir, con misteriosas inscripciones en sus paredes que los lugareños, tan apegados al mundo mágico, atribuyen a los elfos y duendes que habitan en la montaña.

La resonancia acústica en su interior es asombrosa, por lo que Bragy nos invitó a entonar un sencillo cántico islandés que reverberó como si de un recinto de conciertos se tratara.

Continuamos ascendiendo hasta que la pista se puso  un tanto arisca para nuestro vehículo y no quedó más remedio que continuar la subida por nuestros propios medios. El repecho que tuvimos que salvar fue severo y fatigoso,  circunstancias originadas  por la altura y la brisa glacial que regía. A marcha lenta y segura coronamos el primer desnivel que te acerca a los límites del hielo, desde donde ya te parece acariciar el gran Sneafellsjokull.

Bragy nos incitó a descender por un atrevido y resbaladizo atajo que conducía a una de las lenguas del glaciar. Una vez allí al mismo tiempo que lo transitábamos y nos deslizábamos en su perdurable hielo pudimos evidenciar como está disminuyendo considerablemente de tamaño la masa glaciar como resultado del paulatino calentamiento del planeta.

El almuerzo lo zanjamos en Arnastapy, idílico rinconcito en la península de Snæfellsnes, con una escasa población y apenas un puñado de casas. La perspectiva con la que  se puede observar desde aquí la montaña Stapafell es admirable. A modo de postre Bragy nos brindó un paseo por la costa hasta Hellnar. Partimos desde una escultura de piedra del semidiós vikingo Bardur Snæfellsás, divinidad protectora que según una leyenda ancestral vela por la seguridad de los habitantes.

El paseo discurre bordeando unos grandiosos acantilados basálticos, que tanto la erosión  marina como la eólica han modelado mostrando al visitante los antojos que pueden fraguar los ímpetus de la naturaleza. Algunos, para definir el lugar, utilizaron la célebre   expresión de D. Miguel de Unamuno  “Sinfonía petrificada”
Atrapado el momento y el lugar en el tragaluz de nuestros ojos regresamos a la granja. Un placentero baño de jacuzzi y hechizados por el complot del crepúsculo nos fuimos a la cama.

26/08/06: A estas alturas del viaje, la cabeza corre más aprisa que el calendario y se  empieza a advertir como la nostalgia se asocia al regocijo. Recogimos bártulos y orientamos el rumbo hacia el sureste de la península. En la lejanía, a mitad de un manto de lava, emerge  a más de 80 m de altura el cráter de Eldborg, un cono explosivo que para aproximarse a él hay que hacer una andadura de casi dos horas de recorrido.

Se nos antojó comer en las inmediaciones de Borganes y optamos por un área comercial donde te sirven comida rápida. Ya en ruta reparamos que habíamos dejado atrás al amigo Joaquín pero rápidamente se enmendó el error.

Atravesamos el fiordo de Hvalfjöröur por un túnel submarino de 6 Km y avanzada la tarde arribamos a Hveragerđ (ciudad florida) a 60 km de Reykiavik, instalándonos en el hotel Örk..Bragy se marchó a dormir a su casa en Reykiavik no sin antes advertirnos que a la mañana siguiente nos vendría a recoger con vehículos apropiados para realizar la excursión del día.

Esta ciudad, tal y como su apelativo indica, está saturada de invernaderos debido a la enorme actividad geotermal que subyace en el subsuelo. Según nos contaron, produce el 40%  del excedente agrícola de los cultivos de la isla. Ese día se preparaba una gran fiesta para despedir al verano con exposiciones de flores y plantas, actuación de grupos musicales, competiciones deportivas, etc.

Ya entrada la noche se organizó una gran fogata en torno a la que se congregaron todos los vecinos de Hveragerđ y algunos visitantes para verla arder y ardió animada con los sones de un guitarrista country. 

27/08/06: En la puerta del hotel nos esperaban Bragy y Carlos con dos colosales todo terrenos para conducirnos hacia las altas tierras del interior: la reserva natural de Fjallabak.

Una ingrata travesía permitida sólo a vehículos muy específicos, serpenteando la cara oeste del enorme glaciar Vatnjökull. Salvando riachuelos y pedregales remontamos una altura de 600 m para llegar al mismísimo corazón de la reserva: Landmannalaugar, sorprendente campo geotermal saturado de coloridas montañas con matices ocres, azules, rojos, negros y blancos  y puerta de entrada a las agrestes tierras altas de Islandia.

Realizamos una parada en la zona de acampada donde también se ubica un agradable refugio. Nuestros guías nos estimularon con té y pastas antes de emprender un pequeño trekking de tres horas de duración sorteando infinidad de atractivos naturales y paisajísticos con una gran actividad telúrica.

Al regreso, en la zona de acampada tomamos un baño en la confluencia de dos riachuelos uno de aguas hirvientes y el otro frío. La mezcla era tan sublime como reconfortante.
Continuamos la travesía por espectaculares valles hasta llegar a la cascada de Ofaerufoss donde paramos para ejecutar una visita a pie, corta y rápida ,se hacía tarde. Otra corta parada para acercarnos a unas madrigueras donde habitaba una reducida y subyugada  familia de zorros árticos.

De vuelta al asfalto nos llevaron a un hotel de Vik. Esa madrugada fue jubilosa, ya que, bien entrada la noche, nos sorprendió de nuevo  la aparición de la tan anhelada  aurora boreal. El vaho de su hechizo quedó prendido en nuestras retinas cual hiedra trepadora.

28/08/06: Ubicados en aquellos dos carromatos partimos hacia Pórsmörk espacio encajado entre los glaciares Tindfjallajökull, Eyjafjallajökull y Mýrdalsjökull.

Penetramos por un valle surcado por multitud de arroyos hacia el bosque de Thor, recompensa que viene a acrecentar la fastuosidad paisajística de esta isla con abundante flora. Es una reserva botánica controlada y protegida por el Departamento Forestal islandés. Nos detuvimos en una de las lenguas del Eyjafjallajökull y continuamos hasta el refugio emplazado en el acceso al bosque para efectuar un corta caminata hasta la hora de comer.

De regreso y ante el comentario de lo admirable que resultaba el paisaje, el guía comentó que este había sido el contexto donde Tolkien se inspiró para desarrollar su magnifica obra “El señor de los anillos”. Llegamos a las puertas de Stakkholtsgja , vasto cañón de impresionantes murallones y empezamos la andadura hasta su mismísimo fondo que se cerraba en “u” cueva o tajo tapizado por verdes musgos y abierto al cielo por un pequeño orificio del que brotaba una preciosa cascada. A esa hora de la tarde y saciados de tantas hermosuras paisajísticas nos encaminamos hacia Reykiavik.

Nos alojaron en una casa de huéspedes (gistiheimliđ) en el casco antiguo de la ciudad. Isalford Travell, agencia encomendada para la organización de este  circuito islandés, nos obsequió una cena en un bonito y nombrado restaurante. Finalizada ésta el repentino viento y frío polar que se apoderó de las calles de  Reykiavik nos hizo renunciar a tomar unas copas nocturnas.

29/08/06: La jornada transcurrió  con una visita histórico-cultural por la ciudad y compras para malgastar las últimas krónas. En estos momentos próximos a la partida, los contrafuertes del alma se van desmoronando, todo lo bueno y maravilloso se inventa efímero.

30/08/06:Mientras espero en la pequeña sala del aeropuerto de Keflavík a que los altavoces exterioricen la salida del vuelo, sentado y acompañado por la nostalgia y tristeza que siempre  queda cuando una vivencia tan maravillosa se acaba, las retinas talladas de magníficas fotos e instantes, el equipaje colmado de ilusiones y ensueños, en mi cabeza persiste la esperanza y el anhelo de algún día regresar  a esta inesperada tierra.