Volcanismo histórico Canario.

J. Bravo B.
Geólogo.  Dpto. de Geología de la ULL.   

Esta es la primera entrega de una serie de artículos que dedicaremos al volcanismo histórico del Archipiélago de Las Islas Canarias.

En el pasado siglo XX, en Canarias, se produjeron tres erupciones: la del “Chinyero” (1909) en la isla de Tenerife y las de “San Juan” (1949) y   “Teneguía” (1971) en la isla de La Palma.
Creemos de capital importancia difundir entre nuestros asociados,   y los canarios en  su conjunto,  el conocimiento del fenómeno volcánico, arquitecto y constructor de los edificios insulares donde transcurre nuestra vida.

La obra del volcanismo en Canarias no ha finalizado. Debemos estar lo mejor informados y preparados  para asumir esta realidad.

Canarias es hija del volcanismo. Esta afirmación  nos evoca las palabras del Carl Sagan, cuando nos recordaba que la Humanidad era hija de las estrellas.

Desde que Canarias entró en la historia reciente, apenas hace quinientos años, en ella se han registrado de catorce a dieciocho erupciones.

Nuestro propósito es dar cuenta de la historia volcánica reciente del archipiélago canario y desarrollar unos apuntes que faciliten la comprensión del fenómeno volcánico.

Hemos elegido como protagonista de esta primera entrega a la erupción del CHINYERO en Tenerife, al cumplirse un siglo de su corta “vida” (9 días).


Volcán de Chinyero

¡ Juye, Miguel !  ¡ Juya, Padre !

Se cumple un siglo de la última erupción
volcánica histórica de Tenerife:
18 de noviembre de 1909.
18 de noviembre de 2009.

1ª parte:

El 18 de Noviembre de 1909, aproximadamente a las 14 h. y 30 minutos, comenzó la erupción del Chinyero.

A continuación transcribimos literalmente parte del contenido del tercer capítulo, “Las explosiones”, del informe del catedrático de la Universidad de Madrid y presidente de la Real Sociedad de Historia Natural, Dr. Don Lucas Fernández Navarro, con el título de “Erupción Volcánica del Chinyero (Tenerife), en  Noviembre de 1909”, publicado en los ANALES (Tomo V– Memoria 1ª) de la Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas. (JAE). (98 pp.) MADRID. 1911.

Transcripción:

“Como á todos los naturalistas que acudimos á estudiar la erupción del Chinyero, me es imposible describir de visu la serie de fenómenos que la han constituído. La escasa duración del periodo emisivo hizo que todos llegáramos tarde para presenciar la fase activa del grandioso fenómeno. Sin embargo, reuniendo las noticias de unos y otros, que procuré acopiar en el mayor número posible y tuve cuidado de anotar minuciosamente, puedo componer un relato de la misma, bastante detallado y absolutamente veraz.

Para esta labor, además de las noticias de una porción de personas que no puedo enumerar, me han servido, sobre todo, los datos de mi compañero de excursión Sr. Cabrera, único naturalista que visitó el volcán en su periodo activo, los días 20 y 25.

Del primer momento de la erupción hubo dos testigos presenciales: el anciano José Hernández Lorenzo, vecino de Los Llanos, jurisdicción de El Tanque, y su hijo Miguel Hernández Grillo. En cuanto lo supe hice venir á mi presencia al primero y le insté á que me refiriera con todo detalle lo que presenció el día 18 de Noviembre. Su relato, que procuré escribir casi al pie de la letra, tiene un gran valor, por ser quizá el único testigo que puede describir de visu el principio de una erupción en lugar en que no hubo tal fenómeno dentro de la época histórica. He aquí su relación:

Relato de D. José Hernández Lorenzo:

“El volcán Chinyero reventó por la parte de arriba de las calderas. Nosotros estábamos a 300 metros de donde reventó, y las arenas nos caían encima. Eran las dos y media y yo estaba haciendo un trillo, y sentía temblar la tierra bajo mis pies. Dio una vez un berrido, que yo miré hacia el cielo porque me pareció como si pasaran por encima muchas palomas revolando.

Cuando fui, ya tranquilo, á buscar una cuerda para atar las maderas, sentí al volcán dar otro berrido que parecía pasaba por debajo, como si bajara de hacia el Teide; sentí un redoble y ví que era que el hacha repicaba sola contra el trillo, que yo me volví a ver de qué dimanaba aquello. Y después siempre siguió temblando la tierra.

Entonces llegaron, asustados, unos pastores de Las Manchas y todos dijimos: Vamos á marcharnos, que esto da temor y tiene que dimanar   algo malo. Yo me decía á mismo: Si yo no fuera tan cochino (animoso, valiente) no me estaría aquí, porque esto es muy temeroso; pero como soy cochino y espero á mi hijo, me aguantaré.

Primero reventó en el mismo morro de la montaña Chinyero, donde había un hoyito de volcán. La otra boca que hay separada se formó á la tardecita.

Dio un berrido muy grande, y los escobones (Cytisus proliferus. L., arbusto) saltaron al aire entre el humo y la tierra. Pero no se veía nada de fuego. Los escobones, dando vueltas, subían como tres pinos de los altos, revueltos con tierra negra y colorada. También salían piedras grandes, y todo, al llegar arriba, se extendía y nos caían arenillas encima, tan calientes, que no se podían aguantar en la mano.

Cuando reventó, y aun algunos días después, se vió salir humo del por el barranco de Abeque, que desemboca en el mismo volcán, es decir, que el volcán venía corriendo desde el Teide hacia abajo. A los tres días hubo hasta nueve bocas; pero después las entulló el volcán.
En el momento de reventar teníamos unos burritos cargándolos de pinillo (ramas secas de los pinos), y escaparon á correr como locos, sin que los volviéramos á ver hasta tres días después, que los encontraron en la montaña de las Flores, y la carga estaba toda llena de arena negra, de la que habría como tres almudes.

Nosotros echamos también á correr, sin volver la cabeza ni saber adónde íbamos. Yo corría delante y decía: “Juye, Miguel” y Miguel corría detrás, y decía: “Juya, padre”; pero nunca me alcanzó, porque yo iba sin zapatos y él tuvo que acabar por tirarlos. Sin saber por dónde ni en cuánto tiempo, nos encontramos en la fuente de la Vega (unos seis kilómetros al NNE. del volcán), dónde nos paramos y contamos á la gente lo que había dimanado del volcán”.

Hasta aquí el texto del relato de las impresiones de D. José Hernández Lorenzo, testigo presencial, del comienzo de la erupción del Chinyero el 18 de Noviembre de 1909, recogidas por el profesor Dr. Don Lucas Fernández Navarro, catedrático de Geología de la Universidad de Madrid, en su informe sobre el Chinyero de 1911.

En la transcripción hemos sido fidedignos, excepto en la eliminación de las comillas que separaban las frases del testigo y en pasar a negrita las palabras en cursiva que aparecen en el texto.