curso: Estudio geológico, botánico, faunístico y antropológico del Parque Rural de Teno
El Pijaral
Lucas Afonso Giménez
La Reserva Natural Integral de El Pijaral (T-2) fue declarada por la Ley de Espacios Naturales de Canarias (Ley 12/94, BOC 157 del 24/12/94). Las reservas naturales integrales tienen por objeto la preservación integral de todos sus elementos y procesos naturales, por lo sólo es compatible la ocupación humana con fines científicos. Está incluida en el Parque Rural de Anaga (T-12).
Geología
La reserva está situada en el Macizo de Anaga, que es una de las zonas más antiguas de Tenerife, y que durante un tiempo constituyó una isla aparte. Está formada en su mayor parte por coladas basálticas y piroclastos y algunos pitones sálicos (en nuestra ruta tenemos los de Chinobre y Anambro) de la Serie II, con algún episodio volcánico posterior de la Serie III. Entre ambos episodios se intercalaron fuertes procesos erosivos, consistentes en grandes deslizamientos gravitacionales parecidos a los que originaron los valles de Güímar, La Orotava e Icod, aunque de menor entidad, que junto con una importante erosión marina y pluvial configuraron el relieve actual.
Flora
En El Pijaral tenemos uno de los bosques de monteverde mejor conservados de Tenerife y de Canarias, donde podemos encontrar muchas de las especies vegetales propias de este piso de vegetación. Mención especial merecen los barranquillos con agua permanente y las laderas casi permanentemente húmedas al norte del Pico Limante, muy ricas en helechos y especies y los pitones ya mencionados, con interesantes endemismos.
El Monteverde (“Laurisilva”)
El monteverde se caracteriza por unas condiciones climáticas de humedad casi constante, debida a las lluvias invernales y primaverales (precipitación media anual de 400-800 mm.) y a la influencia de los vientos alisios cargados de humedad, que al condensarse en las hojas de los árboles origina la precipitación horizontal (hasta tres veces más agua que la lluvia). Estos vientos alisios húmedos (la “panza de burro”, el mar de nubes) provienen del norte y actúan a lo largo de todo el año, pero adquieren mayor relevancia en verano -cuando no llueve- y así, el suministro de agua para el bosque, y también para nuestras galerías, es casi constante. La temperatura media anual es inferior a la del piso termófilo, entre 15 y 18 Cº, y también lo es la insolación, debido a la nubosidad.
Nuestro monteverde es, en sentido amplio, un tipo de laurisilva, nombre este último que significa selva de laurel y alude a la importancia que los árboles de la familia del laurel (lauráceas) tienen en su composición, y a que del resto de los árboles, muchos poseen hojas y aspecto parecido al laurel. Hay laurisilvas en otras zonas templadas del mundo, como California, Florida, Macaronesia (Azores, Madeira y Canarias) y partes de China, Japón, Argentina, Chile, Suráfrica, Australia y Nueva Zelanda. Estos bosques se parecen entre sí por sus características y por el aspecto de las plantas (hojas anchas perennes), pero las especies son diferentes, aunque algunas están emparentadas.
El monteverde tiene alguna similitud con las selvas húmedas tropicales. Los bosques tropicales se caracterizan por tener muchas especies de árboles (hasta más de 500), mientras que los bosques de las zonas templadas y frías tienen una o muy pocas. El monteverde canario tiene aproximadamente 20 especies de árboles, varios de ellos muy emparentados con especies tropicales. Ejemplos son el viñátigo (Persea indica), el til (Ocotea foetens), el mocán (Visnea mocanera), el delfino (Pleiomeris canariensis), el aderno (Heberdenia excelsa) y el marmolán (Sideroxylon marmulano) . A semejanza de los bosques tropicales, existen varios estratos (niveles) de vegetación, aunque no siempre puedan verse juntos. Empezando por el suelo, sobre una gran cantidad de mantillo y materia orgánica, tenemos un primer estrato herbáceo formado por distintas especies de helechos como Diplazium caudatum, Dryopteris oligodonta, la píjara (Woodwardia radicans) –que da nombre al espacio protegido-, el helecho de monte (Blechnum spicant), la hierba candil (Asplenium hemionitis), hierbas como el bicácaro (Canarina canariensis), flores de mayo (Pericallis sp.), morgallana (Ranunculus cortusifolius) y musgos; un segundo estrato de arbustos de uno a dos metros, con la palomera (Pericallis appendiculata), la malfurada (Hypericum grandifolium), las crestas de gallo (Isoplexis sp.), la hierba capitana (Phyllis nobla), la reina de monte (Ixanthus viscosus), etc. Hay otro estrato de arbolillos o arbustos altos, como el follado (Viburnum tinus ssp. rigidum), el saúco (Sambucus palmensis) y la tabaiba de monte (Euphorbia mellifera) –éstos dos últimos muy escasos-, y existe un último estrato arbóreo con árboles de entre 15 y 25 metros de altura, de los que citaremos el laurel (Laurus novocanariensis), el acebiño (Ilex canariensis), el naranjero salvaje (Ilex perado ssp. platyphylla), el brezo (Erica arborea) y la faya (Myrica faya). Otra coincidencia con las selvas tropicales se debe a que casi todos los árboles, como adaptación a un ambiente húmedo y sombrío, tienen hojas anchas y perennes. También nos encontramos con algunas lianas ––gibalbera (Semele sp.), correhuelón (Convolvulus canariensis), zarzaparrilla (Smilax canariensis), hiedra canaria (Hedera helix ssp. canariensis)- y en las ramas de los árboles crecen helechos, musgos y líquenes epifitos.
El monteverde dista de ser un bosque uniforme. Las diferentes especies que lo componen tienen diversas necesidades ecológicas, y de esta manera, las especies con una alta tolerancia se encontrarán presentes en mayor número de ambientes y las plantas más exigentes estarán sólo en aquellas zonas que les sean favorables. Dependiendo de la altitud, inclinación, orientación, suelo, etc., tendremos distintos tipos de monteverde. El fayal-brezal ocupa las zonas altas más secas o las que están en proceso de regeneración, con especies resistentes como la faya, el brezo y el acebiño. En lo alto de lomos y crestas sujetas al influjo de abundantes nieblas y vientos húmedos está el brezal de crestería, hiperhúmedo, aunque cuando cambia el tiempo también soporta fuertes sequías, con el tejo (Erica scoparia ssp. platycodon) como especie fundamental. En las zonas intermedias que tengan bastante humedad y buen suelo puede crecer un monteverde de cuenca, donde aparecen, entre otros, el til, el viñátigo y el naranjero salvaje. Los dos primeros llegan a formar bosques de galería a lo largo de los riachuelos y vaguadas, y en condiciones óptimas de suelo y humedad llegan a alcanzar más de 35 metros de altura. Y en la parte inferior, con temperaturas medias más elevadas y menor humedad, vive un monteverde termófilo, caracterizada por el mocán, el delfino, el palo blanco (Picconia excelsa), el sanguino (Rhamnus glandulosa) y el barbusano (Apollonias barbujana). En las zonas de contacto con la vegetación del piso termófilo se forman ecotonos con especies de ambos pisos.
El actual monteverde macaronésico, y concretamente el canario, representa los restos de antiguos bosques mediterráneos del Terciario, que se extinguieron al producirse las glaciaciones al norte del Mediterráneo y la formación del desierto del Sahara en el sur durante el Cuaternario. De toda esta vegetación desaparecida en el continente, se estima que sobrevivieron en Canarias un 10% de las especies. Después de la conquista del archipiélago, el monteverde experimentó un continuo retroceso hasta llegar a un 11%, aproximadamente, de su extensión original. Su estado actual es el de una lenta recuperación del bosque en extensión y calidad, debido al declive de la explotación del monte, a la colonización de terrenos de cultivo abandonados, a las repoblaciones forestales y a la protección legal existente.
Fauna
Aunque menos evidente que la vegetación, no por ello debemos olvidar la importante fauna que alberga. La avifauna cuenta con dos de los mayores tesoros faunísticos de Canarias, las palomas endémicas rabiche y turqué , y también con numerosas especies de aves como el gavilán, el mosquitero canario, el herrerillo, el pinzón, la chocha perdiz, el petirrojo, etc. La fauna invertebrada suele pasar inadvertida, pero es mucho más numerosa, y desempeña un papel fundamental en el ecosistema, como consumidores primarios, depredadores y descomponedores, y sirven a su vez de alimento a muchas aves. Cuentan con un elevado porcentaje de endemismos, con coleópteros primitivos, moscas, mariposas -Gonepteryx cleobule- y varios moluscos: Hemicycla, Insulivitrina y otros géneros.
