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A propósito del Carnaval

El Carnaval es una de las fiestas más populares de Canarias, pero también es una de las de origen más complejo y discutido. Algunos historiadores creen que datan del siglo IX, de las fiestas romanas: Saturnalia, Lupercalia y Matronalia.

Caro Baroja sitúa su origen en la época del imperio Romano, concretamente en las “Saturnales” o las fiestas en honor al Dios Saturno, ya que se dan varios rasgos coincidentes con nuestros carnavales, tales como; como la inversión de papeles sociales, o la muy probable inmolación de seres humanos en el altar del Dios Saturno, hecho que fue posteriormente prohibida por los propios romanos y se sustituyó por un muñeco o pelele que también tiene presencia en algunas tradiciones carnavaleras de nuestra región.

Otros autores vinculan estas fiestas a las “bacanales” o fiestas que celebraban los gentiles en honor al Dios Baco y que finalizaban en grandes orgías. Se celebraban cultos orgiásticos en el que participaban mujeres vestidas con pieles de cervatillo, se bebía abundantemente y se danzaba; tuvieron que ser prohibidos por el Senado romano por su gran desenfreno.

El historiador Franco Cardini nos habla de las Lupercalias Romanas, fiestas que se celebraban en Febrero en la antigua Roma: "A mediados de Febrero, los romanos celebraban las Lupercalias: desnudos, los jóvenes llamados luperci corrían alocadamente azotando con la piel del macho cabrío a las mujeres estériles.”

Los Buches

Según otros historiadores, los orígenes de las fiestas de Carnaval se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años. Las divinidades egipcias, representadas sobre los muros de templos y tumbas con la cabeza del animal que representaba el tótem del nomo pero con cuerpo de hombre, pueden considerarse un antecedente de la transformación que sufre el hombre con una máscara y un disfraz. Celebraciones similares tenían lugar en la época del Imperio Romano, desde donde se difundió la costumbre por Europa, siendo llevada a América por los navegantes españoles y portugueses que les colonizaron a partir del siglo XV.

Sin embargo, el origen del carnaval tal como se vive actualmente hay que situarlo en la Edad Media, época en la que existe una clara contraposición entre Don Carnal y Doña Cuaresma. En esta época, la importancia del carnaval era muy grande, destacando los ataques y parodias de las clases sociales no privilegiadas hacia los señores feudales. Ataques en los que denunciaban las duras condiciones de vida únicamente aprovechando la época de carnaval, una época que se extendía bastante más en el tiempo que lo que dura actualmente.

La Iglesia católica en la dificultad de borrar del calendario fechas o celebraciones profanas fue incorporando y transformando al nuevo orden costumbres y modos ancestrales, buscando un nuevo significado que lo hiciera posible. Los días del carnaval tradicional comienzan después de dos fechas estrechamente relacionadas con la purificación: San Antonio Abad, el 17 de enero, y la Virgen de la Candelaria, el 2 de febrero. En estas fiestas se purifican los animales a través de su bendición y se ofrecen en promesa la luminaria de las candelas y los exvotos de cera. El período de carnaval suele asociarse a los días que anteceden a la Cuaresma, pero las fechas de comienzo y finalización son variables y no siempre acaba los miércoles de ceniza, ya que en muchas ocasiones se prolonga algo más.

diabletes

Estas celebraciones coinciden con el solsticio de invierno, época triste y oscura pero también periodo que precede a la primavera, estación que aporta el nacimiento de los brotes que se convertirán en la nueva cosecha. Las fiestas de invierno simbolizan siempre la muerte de la sociedad y su resurrección. El frío y la oscuridad se ritualiza en Canarias con determinados símbolos que permiten la trastocación de jerarquías y valores sociales: se provocan ruidos producidos con cacharros, latas y tablas, se quema al Judas y aparece la máscara. Con todo ello se intenta expulsar las tinieblas y las situaciones marginales. D. Alberto Galván Tudela en su libro Las Fiestas Populares Canarias describe : “El rito del carnaval implica desencadenar los impulsos soterrados a través de la máscara. La máscara es, más que un objeto, un rito de comportamiento. No es algo que se lleva simplemente sobre el rostro. Es el signo de la verdadera máscara que llevamos dentro. Ocultar el rostro es un medio de expresar las tensiones que portamos”.

Así mismo, el dato de los luperci, citados anteriormente, tiene mucho que ver con tradiciones que se mantienen en algunas de las islas de nuestro archipiélago. No se trata de hechos aislados, sino que se relacionan unos con otros e incluso aparecen manifestaciones parecidas en otras partes del mundo. Aparecen también varios personajes vestidos de diablo en nuestro carnaval tradicional, a parte de las cabras y los machos cabríos.

Entre las tradiciones más representativas encontramos : los Indianos de La Palma, las Libreas de El Palmar (Buenavista) , Matar la Culebra (Pto de la Cruz), los Carneros de Tigaday ( El Hierro) y en referencia a la isla de Lanzarote, : los Buches de Arrecife y los Diabletes de Teguise. Todas ellas de marcado carácter simbólico y contenido ritual han perdurado hasta nuestros días como fiel ejemplo de nuestro rico acervo popular.