curso: “Gran Canaria Geología y Biodiversidad”
La Isla de Gran Canaria
Introducción
La isla redonda, Gran Canaria, es con mucho, la que ofrece una topografía más accidentada y más compleja de entre todas las Canarias. De silueta groseramente circular, alcanza los 1.949 metros de altura en su centro geométrico, y presenta una superficie de 1.560'10 kilómetros cuadrados y un diámetro máximo de 53'5 kilómetros de La Isleta a Puerto Rico y otro medio de 46 kilómetros más generalizado. Morfológicamente puede definirse como una isla de estructura cupuliforme, de edad media respecto a las demás (ya que con 14 millones de años es más joven que las orientales y más vieja que las occidentales), en la que predominan las formas del relieve ocasionadas por el modelado de la erosión.
La descripción más exacta de Gran Canaria es la que dio Domingo Doreste a principios del siglo XX: "continente en miniatura", debido a la enorme variedad de ambientes climáticos que presenta. Gran Canaria presenta una gran variedad de paisajes desde el desértico sur, hasta el frondoso y verde norte.
El medio físico
La isla ha sido construida por el volcanismo en tres grandes Ciclos Eruptivos separados por períodos de inactividad, durante los cuales los procesos erosivos se han encargado de desmantelar, parcialmente, las estructuras. Tanto los períodos de actividad volcánica como los de inactividad han tenido volúmenes y duraciones distintos.
El Primer Ciclo eruptivo puede subdividirse en tres momentos; en una primera fase, entre 14 y 13,5 millones de años, aparece la isla sobre el nivel del mar creciendo en altura y superficie a gran velocidad, hasta conformar un gran edificio en escudo. En una segunda fase, tras 600.000 años de intensas emisiones basálticas, acontece un cambio en la composición química de los magmas: rocas de tendencias más ácidas (traquitas y riolitas) hacen su brusca aparición. Tal es la cantidad de materiales y su velocidad de salida que las cámaras magmáticas que los contenían quedan vaciadas después de las primeras emisiones, produciéndose un gran colapso del edificio central de la isla. Se forma así la gran paleocaldera de Tejeda. La tercera fase comienza con la reanudación de la actividad eruptiva desde el interior de la caldera. Las erupciones son ahora más violentas. Las lavas y mantos de ignimbritas, rebosando la caldera ya rellenada, se deslizan sobre los antiguos basaltos cubriéndolos en todas las direcciones .
Al término de la actividad eruptiva comenzó un largo período (desarrollado entre 9,6 y 4,5 millones de años) en el que los agentes de la erosión unieron sus fuerzas para meteorizar las rocas. En la cúpula central, aprovechando la depresión estructural que quedó entre los domos, las aguas comenzaron a excavar una red de barrancos que, uniendo sus cabeceras, conformaron una gran depresión erosiva cuyas aguas inicialmente vertieron hacia el Nordeste, labrando el primer curso de lo que fuera el antiguo barranco de Guiniguada. Además, en todas las vertientes comenzarán a entallarse profundos barrancos sobre las rampas que serán cortadas de arriba a abajo, originándose la primitiva red de desagüe radial y por tanto la primera fragmentación del relieve. El Segundo Ciclo de actividad volcánica se desarrolló entre los 4,4 y los 3,7 millones de años y se denomina del Roque Nublo por ser las rocas que constituyen este monolito las más representativas de su litología. Los focos eruptivos se concentraron en el centro geométrico de la isla, construyéndose en poco tiempo un gran estratovolcán cuyo núcleo se situó en torno a Las Mesas. Las erupciones de esta fase fueron muy violentas, alternándose nubes ardientes de diferentes modalidades con coladas piroclásticas, que pusieron en peligro la vida sobre la isla. Parece que el gran estratovolcán del Roque Nublo fue víctima de sus propias manifestaciones violentas que originaron su colapso y total desaparición morfológica. El cuadrante Suroeste de la isla fue poco afectado por esta actividad del Roque Nublo y sus antiguos relieves continuaron evolucionando, trabajados por la erosión sin apenas interferencias volcánicas.
Durante poco menos de 1.000.000 de años de nueva inactividad de los volcanes, la erosión modela el paisaje provocando un nuevo vaciado de los materiales y evacuación hacia el mar. Se origina una segunda generación de superficies amesetadas o de aplanamiento, especialmente sobre las planchas del Roque Nublo, que son intensamente arrasadas y una segunda generación de valles de perfiles transversales poco acentuados como el de Chira, que son contemporáneos con un nivel marino al menos 60 metros más alto que el actual.
Hacia 2,7 millones de años comienza el último de los tres grandes ciclos volcánicos que han construido Gran Canaria, cuya actividad se prolonga casi hasta el presente. Las erupciones de este Tercer Ciclo se concentraron casi exclusivamente en la mitad septentrional de la isla, interfiriendo sobre los paleorelieves anteriores de manera generalizada. Fue un volcanismo basáltico de tipo estromboliano, caracterizado por la aparición de innumerables conos volcánicos que originaron elevaciones puntuales del relieve tales como la Montaña de Ajodar (Gáldar). La Isleta surgió a lo largo de este período. Aunque las cronologías absolutas están poco elaboradas, el grueso de este ciclo se produjo probablemente en el primer millón de años tras su comienzo. Ello quiere decir que volcanismo y erosión han venido yuxtaponiéndose desde entonces creando formas típicas de interferencia como las rampas de valle que caracterizan a las vegas del Guiniguada, coladas, que discurriendo sobre los lechos de los barrancos, originan pequeños represamientos acabando por convertirse en terrazas lávicas sobre los cauces, morfologías alomadas como consecuencia de los muchos conos y mantos piroclásticos.
Los rasgos climáticos
La isla de Gran Canaria posee una notable variedad climática ya que se encuentra sometida, como el resto del Archipiélago, a la influencia de los vientos alisios, cuyos caracteres determinan durante más del 90 por ciento de los días, el tipo de tiempo dominante. También se ve afectada por las menos frecuentes influencias de las perturbaciones templadas que originan lluvias desde los cuadrantes Sur y Suroeste y por las invasiones de aire seco sahariano, conocido aquí como tiempo sur, ésta se manifiesta en el contraste entre fachada expuesta a los vientos dominantes o barlovento, la mitad Nordeste o alisiocanaria, y la mitad Suroeste o xerocanaria, a sotavento; al componente altitudinal que origina un descenso pronunciado de las temperaturas y a la complejidad orográfica que procura diferentes orientaciones a los vientos y al sol en cortas distancias, creando ambientes microclimáticos diferenciados. No obstante, todo ello ocurre dentro de los parámetros definidos por un ritmo estacional de tipo mediterráneo, con inviernos frescos, cortos y húmedos y veranos largos, cálidos y secos. Las isoyetas muestran un reparto de las precipitaciones relativamente concéntrico en torno a los dos puntos culminantes de la Cumbre, sólo modificadas en su trazado por la presencia de los macizos montañosos de Tamadaba-Altavista, más lluvioso por su exposición al Noroeste, y de Pajonales-Inagua a sotavento, más seco que el anterior. El reparto de las precipitaciones no sólo tiene un fuerte componente de fachada (en totales llueve más en la alisiocanaria que en la xerocanaria), sino también orográfico (llueve más a más altura). Por si fuera poco, otra de las características de las lluvias es su tremenda irregularidad interanual. En efecto, en el análisis de una serie de 37 años, entre 1951-52 y 1987-88, se pone de manifiesto la existencia de años muy húmedos (1955-56 con 733 mm) con años de gran sequía (1974-75 con 108 mm).
La red fluvial de la isla se reduce a numerosos barrancos de estructura radial (dada la morfología circular de la isla) que recogen las aguas estacionales de la lluvia. No existe ningún curso de agua permanente debido a la escasez de precipitaciones y a la porosidad del terreno. Los barrancos más importantes son: al N, los de Moya y La Virgen; al NE, los de Tenoya y Guiniguada; al E, los de Telde y Guayadeque; al SE, los de Tirajama; al S, los de Maspalomas y Arguineguin; al SO, los de Mogán, Tasarte y Tasartico; al O, los de La Aldea y Risco; al NO, los de Agaete y Gáldar. Los más importantes son los del S y O.
Flora y Fauna
Tras cuatrocientos años de ocupación y uso intensivo del territorio, Gran Canaria quedó deforestada hacia finales del siglo XIX. En esa época, los usos humanos terminaron por extinguir las masas forestales que caracterizaron las agrestes montañas y la isla adquirió un aspecto desolador que se prolongó hasta que, en la década de los cincuenta del siglo XX, comenzaron las repoblaciones de pinares y el abandono de grandes superficies, que habían sido cultivadas en los tiempos en que apretaba el hambre, así como una disminución de la actividad pastoril. El proceso de deforestación tras la Conquista de la isla y su integración en la Corona de Castilla en 1487, se cebó en los bosques termófilos, que ocupaban las franjas altitudinales entre 200 y 600 metros, cercanos a los principales núcleos de poblamiento. Tampoco los matorrales escaparon a este proceso: el piso basal de plantas crasas fue roturado para establecer sobre él los cultivos de exportación o por necesidades de horneo y calor doméstico. Las necesarias tareas agrícolas para el mantenimiento de una población creciente motivaron por su parte una ocupación intensísima del territorio.
La situación actual de la cubierta vegetal dista mucho de aquella romántica imagen prehispánica, pero sin embargo hay que decir que, al tiempo que se consolidan y ensanchan las superficies de los pinares gracias a las intensas repoblaciones y pese a los incendios, se observa una dinámica expansiva en la mayoría de las formaciones vegetales. Así, los pinares de Pinus Canariensis vuelven a ocupar el sector de Las Cumbres, presentando en el sotobosque un cortejo compuesto por matorrales de leguminosas como la retama amarilla (Teline microphyla), el codeso (Adenocarpus floliolosus) y el escobón (Chamaecytisus proliferus). Desde esta cúpula central enlazan con los históricos pinares mencionados: en Tamadaba la dinámica es expansiva y, dada su orientación al Noroeste, es un pinar húmedo; los pinares más secos son los de Pajonales-Inagua y Ayagaures en la vertiente Suroeste.
El monteverde es la formación vegetal menos representada en Gran Canaria. De la amplia superficie que ocupaba en las medianías del Nordeste insular sólo quedan pequeños manchones en los fondos y laderas abruptas de algunos barrancos como los Tilos de Moya, Barranco Oscuro ... No obstante, en estos lugares la dinámica también es expansiva, encontrándose Los Tilos protegidos y sometidos a tareas de repoblación forestal. También las formaciones termoesclerófilas, especialmente de acebuches, palmeras y almácigos, se encuentran en una sorprendente dinámica expansiva. Los acebuchales (Olea europaea ssp. cerasiformis) combinados en algunos sectores con los lenticos (Pistalea lentiscus), crecen sobre campos abandonados y sus laderas aledañas. Los almacigares (Pistalea atlantica) se reproducen en pequeños rodales del Noroeste y el Oeste insular, y los palmerales siempre muy unidos a la actividad humana, se encuentran fuertemente impulsados además por las tareas de embellecimiento de carreteras y espacios públicos.
Respecto a las formaciones del piso basal, siguen una dinámica parecida, mucho más acentuada en los espacios del Sur y Suroeste donde al abandono poblacional del interior, ha habido que añadir el abandono de muchas superficies dedicadas al cultivo del tomate. Los cardonales están espacialmente extendidos en todo el sector Suroccidental comprendido entre el Andén Verde y las rampas de Amurga, compartiendo su espacio con los matorrales de tabaibas (Euphorbia Obtusipholia, E. balsamifera) y otras muchas plantas xéricas y crasas. Finalmente, en los sectores litorales cabe mencionar la presencia de innumerables manchones de toldos en la costa Norte y Oeste, el bosquete abierto pero magnífico de Tarajales (Tamarix canariensis) y la clara expansión de los matorrales arborescentes de balos (Plocama pendula) en los cauces de los barrancos de la banda Sur. En definitiva, gracias a los notables cambios en la actividad económica y en la distribución de la población ocurridos en los últimos treinta y tres años se ha llegado a esta dinámica de expansión en la recuperación del paisaje vegetal de esta isla.
En el litoral, sobre la vegetación xerófila, aparece el bosque de laurel y el fayal-brezal a barlovento (en la actualidad escasamente representados), como en Los Tilos (cerca de Moya) y, más arriba, los pinares como el de Tamadaba en el NO.
Los lugares de interés paisajístico de la isla, entre otros, son los siguientes:
Reserva Natural Integral de Inagua: comprende 3.920,3 hectáreas en los términos municipales de Tejeda, Mogán y La Aldea de San Nicolás.
Reserva Natural Integral de Barranco Oscuro: se extiende a lo largo de 35,2 hectáreas en los términos municipales de Moya y Valleseco.
Reserva Natural Especial del Brezal: abarca 107 hectáreas en el término municipal de Santa María de Guía; su objetivo es la protección del hábitat de laurisilva y fayal-brezal, y la integridad de su fauna y flora asociada, así como el paisaje en general.
Reserva Especial Natural de Azuaje: comprende 61,1 hectáreas en los términos municipales de Firgas y Moya; con ella se trata de proteger los hábitats de laurisilva y fayal-brezal y rupícola, y la integridad de su fauna y flora asociada, así como el paisaje en general.
Reserva Natural Especial de Los Tilos de Moya : comprende 91,5 hectáreas en los términos municipales de Moya y Santa María de Guía.
Reserva Natural Especial de los Marteles: comprende 3.568,7 hectáreas en los términos municipales de Valsequillo, San Bartolomé de Tirajana, Agüimes, Santa Lucía de Tirajana, Telde, Ingenio, San Mateo y Tejeda; busca proteger los hábitats rupícolas y acuícolas, así como los restos de los bosques termófilos y el paisaje en general.
Reserva Natural Especial de Las Dunas de Maspalomas: comprende 403,9 hectáreas en el término municipal de San Bartolomé de Tirajana.
Reserva Natural Especial de Güi-güi: comprende 2.920,9 hectáreas en el término municipal de La Aldea de San Nicolás; su finalidad de protección es el hábitat rupícola y el paisaje forestal y abrupto de barrancos, así como la flora y fauna endémica amenazada y la estructura geomorfológica del macizo.
Parque Natural de Tamadaba: comprende 7.538,6 hectáreas en los términos municipales de Agaete y La Aldea de San Nicolás.
Parque Natural de Pilancones : comprende 5.794,4 hectáreas en el término municipal de San Bartolomé de Tirajana.
Parque Rural del Nublo: comprende 26.307,4 hectáreas en los términos municipales de Tejeda, La Aldea de San Nicolás, Mogán, San Bartolomé de Tirajana, Artenara, San Mateo, Valleseco, y Moya.
Parque Rural de Doramas : comprende 3.586 hectáreas en los términos municipales de Moya, Valleseco, Firgas, Santa María de Guía, Arucas y Teror.
Monumento Natural de Amagro: comprende 407,7 hectáreas en el término municipal de Gáldar.
Monumento Natural de Bandama : comprende 325,7 hectáreas en los términos municipales de Las Palmas de Gran Canaria, Santa Brígida y Telde.
Rasgos característicos de la población
Son varias las peculiaridades poblacionales que conviene destacar respecto a Gran Canaria. En primer lugar, que este territorio alberga actualmente el 45 por ciento de los habitantes de Canarias, es decir, la isla soporta el mayor peso demográfico del Archipiélago así como la mayor densidad (unos 434 habitantes por kilómetro cuadrado). En segundo lugar, que ha tenido una evolución poblacional progresiva, de carácter histórico, muy semejante a la de la isla de Tenerife, si bien con unos índices de expansión más elevados y con una desaceleración en su crecimiento más tardía. Finalmente, debemos considerar que en ella se produce un desequilibrio notorio en el reparto de la población, a consecuencia de la extremada polarización, en una serie de focos, de los que sin duda no tiene parangón en el Archipiélago el municipio de Las Palmas de Gran Canaria.
El mayor crecimiento de la población insular se produce entre 1950 y 1986, período durante el cual la población de la isla se duplica. Explican este crecimiento: la continuidad de unos altos índices de fecundidad y de natalidad y de unas reducidas tasas de mortalidad, es decir, la propia dinámica natural, y, por otra parte, la atracción inmigratoria que ejerce la isla respecto a otros espacios: Lanzarote, Fuerteventura y la Península, fundamentalmente. Este comportamiento obedece a distintas circunstancias económicas: la expansión de la actividad portuaria y comercial, el espectacular desarrollo turístico, la generalización de servicios de muy variado tipo, etc. La crisis económica de los primeros años ochenta, la que aventuramos en los primeros noventa, así como la ya manifiesta transición demográfica determinan una reducción en las tasas de incremento de estos últimos años. Sin embargo, la huella de aquella etapa de expansión desmesurada pervive en una sociedad desvertebrada y en un territorio deteriorado en el que la presión demográfica obliga en la actualidad, de forma paradójica, a su ordenación y rehabilitación.
En los últimos años, se han modificado las tendencias en la movilidad interna de la población. Los trasvases del campo a la ciudad son mínimos en relación a la etapa anterior. El área más dinámica desde el punto de vista poblacional es, actualmente, la fachada oriental de la isla. En el resto del territorio la situación es aproximadamente estacionaria.
Estas tendencias determinan una estructura de asentamientos desarticulada: una multitud de pequeños caseríos, aldeas o barrios dispersos por toda la isla, en fase regresiva; un conjunto de núcleos de más de 2000 habitantes que incluyen capitales municipales más pequeñas y a otras entidades situadas en las zonas bajas, en fase expansiva o estacionaria, y, finalmente, el núcleo director de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que concentra a más de la mitad de la población insular. Este sistema da lugar a migraciones diarias de una gran dimensión, derivadas de la concentración de funciones en los polos de desarrollo económico.
Economía
La agricultura es uno de los pilares más importantes de la economía insular. Según la altitud se distinguen tres zonas agrícolas diferentes: La zona baja o costera (de 0 a 200 m de altitud), que representa algo más de la tercera parte de la superficie total de la isla. Los cultivos principales son el plátano y el tomate (de alta rentabilidad, ya que son productos tempranos), además de otros productos tropicales como la papaya, el naranjo, el cafeto, etc. (de importancia tan solo local). La costa septentrional es la más fértil de la zona costera debido a la mayor fertilidad de los suelos lávicos y al mayor índice de precipitaciones que aquí se registran. La zona media (de 200 a 1000 m), que ocupa el 52% de la superficie insular. Se cultivan sobre todo los frutales y cereales de secano. La zona alta (más de 1000 m), que ocupa el 14,5% de la superficie insular. Los cultivos más importantes son la patata y los cereales, ambos de escasa rentabilidad, ya que las acusadas pendientes de la zona reducen bastante la extensión de los campos de cultivo, así como su número. La ganadería está en progresiva regresión, especialmente los rebaños de ovejas y cabras trashumantes de las montañas al interior. La zonas más productoras son las cuencas de Moya y Azuaje.
La actividad pesquera tiene en Las Palmas al único puerto pesquero importante, el primero de todo el archipiélago. De interés local son los puertos de Sardina, Tasante y Tasartico. Especial mención merece la pesca deportiva en Gran Canaria, ya que se han batido más de 75 récords mundiales y, también en varias ocasiones, ha sido subcampeona de la Marlin World Cup, que se celebra al unísono en el mundo entero en todos los mares en que habita este pez. Las especies de pico (marlines blancos, azules, negros, peces vela y pez espada), a pesar de que en términos generales tienen escaso valor comercial o gastronómico, poseen un alto poder de reclamo turístico y de promoción industrial.
El sector industrial está representado por las industrias alimentarias, textil, de piel y confección, muebles, papel, química, siderurgia y construcción. Se concentra en la aglomeración de Las Palmas, sobre todo en los municipios de Arucas y Telde. Las restantes instalaciones industriales son de menor interés: Gáldar y Moya en el N, Ingenio en el E y Santa Lucía en la cuenca de Tirajana.
El turismo es, sin duda, la primera fuente de ingresos de la isla. Las principales instalaciones turísticas se localizan en las costas oriental (playa de Melenara, Gando, Carrizal, Ingeniero y playa de Arinaga) y meridional (Juan Grande, Maspalomas y playa de Puerto Rico). Gran Canaria, además de su riqueza natural y buen clima, tiene infraestructuras hoteleras de gran nivel que ofrecen un ocio inagotable. A la posibilidad de practicar la pesca deportiva se suma la práctica del deporte del golf durante todo el año (Real Club de Golf de Las Palmas y el Club de Golf de Maspalomas) y la de deportes náuticos (windsurf, submarinismo, etc.).
Administración y Gobierno
La isla de Gran Canaria es uno de los siete territorios insulares que integran la Comunidad Autónoma de Canarias. Pertenecen a la isla los municipios de Agaete, Agüimes, Artenara, Arucas, Firgas, Gáldar, Ingenio, Mogán, Moya, San Bartolomé de Tirajana, La Aldea de San Nicolás, Santa Brígida, Santa Lucía de Tirajana, Santa María de Guía de Gran Canaria, Tejeda, Telde, Teror, Valleseco y Valsequillo de Gran Canaria. La capital es Las Palmas de Gran Canaria.
El órgano de Gobierno y administración insular es el Cabildo, que tiene autonomía plena en los términos que establece la Constitución (REC 1978/2836) y su legislación específica conforme al artículo 32 del Estatuto de Autonomía de Canarias aprobado por Ley Orgánica de 10 de agosto de 1982, que es su norma institucional básica.
Historia
Los primeros pobladores de la isla eran de raza Cro-Magnon y protomediterránea. Se mantuvieron en un estadio de civilización neolítica, y no llegaron a conocer ni a utilizar metales hasta la llegada de los conquistadores.
Tamarán , nombre con que se conocía a esta isla, estaba dividida en dos reinos: el de Telde al E. y el de Gáldar al O. La sociedad estaba dirigida por un guanarteme o rey, que representaba el poder civil junto con el consejo de los nobles, y por el faycán o sacerdote, que podía sustituir al guanarteme en el plano social, político y económico. Además, había un órgano colectivo de carácter militar, el sabor, integrado por los guayres o capitanes. La religión de este pueblo era compleja: adoraban al Sol y rendían culto a sus antepasados, así como a la diosa de la fecundidad (simbolizada por el ídolo de Tara). Existían centros religiosos, en montañas y riscos, cuyas cimas servían de santuario inviolable y donde los perseguidos tenían derecho al asilo, entre ellos el Roque Bentayga.
En 1402 comienzan los intentos de conquista de la isla por Juan de Bethencourt. Pero es en 1478 cuando Isabel la Católica encarga a Juan Rejón, militar experto, la empresa de conquistar estas islas situadas en un punto tan estratégico. El 24 de junio de 1478 se construyó el Real de las Palmas, que dio lugar a la fundación de Las Palmas de Gran Canaria, en la ribera del Guiniguada, lugar rodeado de árboles y palmeras. La guerra de guerrillas es la forma de lucha que adoptan los aborígenes grancanarios ante los tropas extranjeras, un sistema que alarga la conquista. Pedro de Vera no puede darla por concluida hasta la primavera de 1483 (29 de abril) y aún entonces determinados grupos de indígenas continuaron alzados en las cumbres. Sin luchar, pervivieron en ellas aislados durante siglos, por lo menos hasta el XVIII, aunque poco a poco se fueron integrando con el resto de la población.
En el siglo XVI la reina Juana otorga el título de ciudad al Real de las Palmas. Es en este siglo cuando se repuebla la isla, produciéndose un intenso mestizaje. Se inicia entonces una etapa de gran esplendor, debido principalmente a la floreciente agricultura, a la autonomía política a través de los concejos insulares y al hecho de constituir escala obligada en el paso de las naves hacia América. Parte de los terrenos se destinan al cultivo de la caña de azúcar, que da lugar a poblaciones y se convierte en propulsora de la economía insular, propiciando una actividad mercantil de primer orden en las principales plazas europeas. Desde allí, se importan manufacturas y obras de arte que cubren los retablos de múltiples iglesias de la Isla.
Primero el azúcar y luego el vino dieron a Gran Canaria un relativo esplendor económico y social a lo largo del XVI y parte del XVII, situación que se verá truncada en la segunda mitad del siglo por la ruptura de las relaciones de la Corona con Inglaterra y los gravámenes sobre el comercio.
A partir del siglo XVIII se consolida la cultura autóctona y se produce un desarrollo económico. En el XIX, la vida social y política grancanaria va a estar marcada por los conflictos del pleito insular y la lucha por la capitalidad del Archipiélago con Tenerife. Estos enfrentamientos vecinales, que se abrieron en 1808, no acaban hasta que el Estatuto de Autonomía promulga en 1982 la doble capitalidad. La división provincial de 1927, consecuencia del pleito insular, fue capitaneada por Gran Canaria y sus políticos. Querían dos provincias frente a Tenerife que defendía una sola y gobiernos en cada isla, algo que se consiguió en 1912 con la Ley de Cabildos.
A mediados del XIX se instauran los puertos francos, lo que abre una puerta al comercio y a las exportaciones de productos locales, sobre todo tomates, papas y plátanos, que hacen que se instalen en Gran Canaria compañías y bancos ingleses.
A partir de 1912, con la ley de Cabildos y tras la consolidación del Cabildo de Gran Canaria, se realizan obras sociales como institutos, hospitales, obras de infraestructura como el aeropuerto, presas y carreteras de relevante importancia. El puerto sigue siendo escala de mercantes que se dirigen a Sudamérica y Sudáfrica, y comienzan a llegar los primeros cruceros turísticos y las flotas pesqueras. A partir de los años 60, el turista ya viaja en vuelo chárter, y esto origina un gran auge de las construcciones e inversiones extranjeras. En 1972 se estructura el método de recaudación y gestión económica diferente a la Península y se aprueba el Régimen Económico y Fiscal (REF).
En 1973, tras la muerte de Franco, se produce un desplazamiento de más de 15.000 personas del Aaiún (Sáhara Occidental) a Gran Canaria, lo que origina un repentino incremento de la población de Las Palmas de Gran Canaria que incidió negativamente sobre la infraestructura de servicios.
En 1982 es aprobado el Estatuto de Economía de Canarias, por lo que se empiezan a gestionar gran cantidad de recursos desde el archipiélago.
En 1989 se crea la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En 1990, Canarias se incorpora plenamente a la Comunidad Europea, hecho que provoca el fin de los puertos francos.
