curso: “Gran Canaria Geología y Biodiversidad”
El Nublo, símbolo de Gran Canaria
Hace 5,3 y 3,4 millones de años dio comienza el segundo de los tres ciclos eruptivos que construyeron la Isla. Durante ese tiempo, en el mismo epicentro insular, se fue alzando un gigantesco estratovolcán que llegó a tener una altura mínima estimada en 2.500 m. sobre el nivel del mar. Complejas secuencias de cataclismos y fenómenos geológicos desmontaron dicho volcán, del que permanecieron sus materiales más sólidos Un continuado período erosivo, que aún perdura, moldeo en la roca las más diversas formas. De ellas las más abundantes y de forma más o menos puntiaguda, reciben en canarias el nombre de Roque, término que define una “morfología residual en forma de torre".
El Nublo, que da su nombre al conglomerado basáltico que lo compone así como al ciclo eruptivo que lo generó, debió ser referencia importante de la cultura aborigen. Si bien no quedan vestigios de importancia en sus alrededores, como ocurre con el Roque Bentayga, sí parece haber sido hito de alineaciones astronómicas, que determinarían su calendario agrícola o cultural.
Para los actuales grancanarios posee una dimensión que excede sus escasos 67 metros de altura. Su silueta, enhiesta y orgullosa en pleno corazón de la isla identifica a sus habitantes. Uno de ellos, D. Néstor Álamo interpretó ese sentimiento de altar de la tierra amada en su “Sombra del Nublo”. Letra y música que, sin pretenderlo, sería con el tiempo himno de Grana Canaria.
El Roque Nublo no es La Meca, pero hay que ir, al menos, una vez.
Escalada en el Nublo
El Roque Nublo, que continúa siendo testigo de diversos ritos, es también la roca emblemática de montañeros y escala grancanarios, desde que tres hombres H. Ranschert, G. Wolffsmitt y H. Langenbacher, por entonces empleados en la construcción del Pto. de la Luz, alpinistas en su patria y fascinados por la Gran Piedra, lo escalaron por vez primera. Tras meses de preparación y muchos intentos, un 20 de junio de 1932 pisaron por su cima virgen.
Volvió a su soledad hasta que en el año cuarenta conoció otros hombres de camisa azul y brazo en alto, también venidos de fuera. Por fin, en 1950 tendría lugar la primera ascensión isleña, asimismo primero en solitario, efectuada por Juan Suárez.
Días después repetiría acompañado de Emilio Padrón y Rafael Marrero. Eran los comienzos grancanaria.
Desde entonces, el Roque fue motivo de peregrinaciones y ceremonias religiosas (hubo una Virgen de El Nublo en un hueco de La Rana) y fiestas de escaladores (la “Integral” de cada año). En sus paredes se han dirimido amores y vanidades que lo han llenado de difíciles “vías” que lo surcan por todas sus caras, experimentando en roca propia la evolución técnica y materiales.
El Nublo seguirá imperturbable, batido por el viento, erecto y orgulloso, como bastión de la canariedad en el extremo de su plataforma.
Fuente: Canarias 7.
