curso: “Gran Canaria Geología y Biodiversidad”
La isla de Canaria
y el falso topónimo de "Tamarán"
Rubén Naranjo Rodríguez Revista Aguayro. La Caja de Canarias
Hasta que en el año 1844, Manuel Osuna Saviñón publica su Resumen de la Geografía física y política y de la historia natural y civil de las Islas Canarias en la capital santacrucera, como parte de la sección recreativa del periódico "El propagador de los conocimientos útiles", no existe referencia escrita del nombre de "Tamarán", o más exactamente, "Tamerán", aplicado a la isla de Gran Canaria. Así, Osuna señala en la página 49 de su trabajo, en relación a Juan de Bethencourt, que arribó éste "por vez primera a la tierra de tantas esperanzas: reconoció las costas y los campos que halló bellísimos, pues estaban cultivados en gran parte. Los habitantes eran benévolos y afables, como los ya conocidos, altos de cuerpo y bien formados, y más blancos que los de las otras islas conquistadas. De ellos se supo que la isla se llamaba Tamerán, que quiere decir país de los valientes".
En una nota de pie de página, Osuna desarrolla las diferentes opiniones acerca del nombre de Canaria, pero no vuelve a ocuparse de "Tamerán".
Sin embargo, en ninguna de las versiones de Le Canarien aparece por parte alguna que los canarios llamasen a su isla de dicha forma. Es más, tampoco, como es conocido, se recoge que el normando Bethencourt añadiera el calificativo de "Grande" a la Isla de Canaria, pues en la crónica francesa se hace alusión a dicha isla como la "Grant Canare". Abreu Galindo, que por otra parte no tuvo acceso a Le Canarien, es el que por su cuenta atribuye a Bethencourt la calificación de "Grande" a Canaria, en el año de 1405, tras la derrota sufrida en Arguineguín: "Por la resistencia que en sus naturales halló y la mucha sangre que derramó de su gente, que la habían herido y la de los naturales".
Entre 1860 y 1861, Agustín Millares Torres publica su Historia General de la Gran Canaria. Aquí, Millares Torres señala "que los primitivos habitantes de la isla daban el nombre de Tamarán, que en su dialecto significaba país de los hombres valientes", sin apuntar de qué fuente se vale para llegar a tal afirmación.
Posteriormente, en 1876, será Gregorio Chil y Naranjo en sus Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las Islas Canarias, en el capítulo dedicado a "Palabras pertenecientes al dialecto de Gran Canaria", el que refiera el término "Tamerán, nombre de la Gran Canaria Abreu Galindo", sin añadir más datos, con toda probabilidad tomando como referencia al señalado Osuna, pero incluyendo la procedencia de Abreu Galindo.
En Abreu, lo más parecido a "Tamarán" que encontramos, y sin que tenga nada que ver con el supuesto nombre de la Isla, es el reconocimiento que hace en un par de ocasiones de su "maestro de gramática en Cádiz", Francisco Támara.
En la Historia General de las Islas Canarias (1893), Agustín Millares Torres sí que señala el lugar de donde tomó el nombre de su "Tamarán". De esta forma aparece reflejado en la página 85 del Libro Cuarto: "La isla de Canaria era apellidada por sus primitivos habitantes Tamarán o Tamerán, lo que parece significar en su idioma "país de valientes". Sigue diciendo: "Desde las primeras entradas de Bethencourt, y aún antes, se la designaba también con el calificativo de Grande, que en la crónica francesa va unido siempre al de Canaria, tal vez para no confundirla con las demás islas, a las cuales desde entonces prestaba ella su nombre". Añade una nota de pie de página en la que especifica lo siguiente: "Osuna: "Comp. de la Hist. de Canarias", pág. 49. La palabra Tamerán nos recuerda el Tamahou, voz con que los egipcios designaban a los habitantes de Libia".
Es posible afirmar que este comentario, en una obra de tanto prestigio como la de Millares, sirvió para dar carta de autenticidad a la originaria invención de Osuna, de la que no existe ninguna referencia anterior. En todo caso, cabe señalar que Osuna señala "Tamerán", y luego Millares es el que utiliza "Tamerán" y "Tamarán", indistintamente. De esta forma, en el vocabulario del antiguo dialecto isleño, que publica Millares en su Historia General, presenta "Tamarán 'nombre de Gran Canaria'".
Bethencourt Alfonso, por su parte, que también mantuvo cordiales relaciones de colaboración con Millares y Chil, ofrece en su Historia del pueblo guanche, concluida en 1912, en el Capítulo IX dedicado al "Vocabulario guanche", los términos "Tamarán" y "Tamerán", como el "nombre que los indígenas de Canaria daban a su isla", citándose primeramente él mismo como referencia. Posteriormente, en el Capítulo XI, "Vocabulario guanche: nombres propios de lugares", cita "Tamerán: Nombre de la isla de Canaria", señalando en esta ocasión a Abreu Galindo como la fuente de la que procede el dato. Es decir, que perfectamente pudo tomar la referencia de Chil y Naranjo.
El personaje
De "ilustrado" califica Millares Torres en su Historia General de las Islas Canarias a Manuel Osuna y Saviñón (1809-1846), personaje "nacido en medio de una familia entusiasta por las glorias de su país". Conviene mencionar la trayectoria política de Manuel Osuna, pues a pesar de ser tinerfeño, era ferviente partidario de la división de la provincia única de Canarias, con capitales respectivas en La Laguna y Las Palmas. Sirva este apunte de la postura favorable a los planteamientos grancanarios, como aspecto a tener en cuenta en la consideración que Millares Torres, declarado divisionista, le tenía a Manuel Osuna, no dudando en ningún momento de sus afirmaciones.
Indicar que Sabino Berthelot señala en los preliminares de sus Antigüedades Canarias (1897) que "estamos en deuda con nuestro inteligente y estudioso amigo don Agustín Millares, que nos comunicó un gran fragmento de esta obra", en referencia al Resumen de Osuna, al que considera "un trabajo importante bajo el modesto título de Compendio de la Historia de Canarias". Se demuestra así, una vez más, el reconocimiento de Millares hacia dicho autor, al hacerle llegar a Berthelot lo publicado de su obra, refiriendo incluso este último algunos aspectos de la misma a lo largo de sus Antigüedades.
Se prodigó Osuna en trabajos sobre botánica, geología y geografía, no descuidando tampoco la vertiente literaria, encuadrada dentro del movimiento romántico isleño. No obstante, pasado ya el tiempo de las diatribas políticas de su época, el elemento que más ha ocupado a los investigadores sobre la obra de Osuna ha sido la vertiente histórica, concretamente la supuesta expedición del árabe Ben-Farroukh al Archipiélago, en el año 999 d.C. La misma aparece en la ya señalada obra del Resumen de la geografía física y política, y de la historia natural y civil de las islas Canarias, y según Osuna tales datos estaban contenidos en unos supuestos manuscritos del historiador cordobés Ibn-el-Qouthia, encontrados en la Biblioteca de París por el orientalista francés M. Etienne, el cual también los traduciría y publicaría. Los intentos realizados para acceder a tales manuscritos o a la pretendida traducción original siempre fueron infructuosos. Así, Gregorio Chil y Naranjo lo intentó por todos los medios sin éxito, llegando a dudar de su autenticidad, y si bien nadie más que Osuna pudo en su momento dar cuenta de la existencia de dicha fuente histórica, ello no significó que se desestimara, sino más bien todo lo contrario, tal y como reflejan el propio Millares o Sabin Berthelot, entre otros.
El propio hijo de Osuna, Manuel Osuna y Van den Heede, intentó por todos los medios hacerse con el manuscrito, buscando fundamentalmente recuperar la credibilidad hacia la producción científica de su padre, que era seriamente cuestionada por este asunto.
El trabajo publicado en la Revista de Historia de Canarias en 1944 por Buenaventura Bonnet parece dejar el tema definitivamente zanjado, dando cuenta del fraude cometido por Osuna, afirmando que "por los errores que contiene, la burda mixtificación de fechas y nombres, y los pasajes que copia servilmente de Viera, es inútil buscar el original de este viaje en ningún escritor árabe ni en sus traductores. El verdadero autor del manuscrito falsificado no es otro que el propio D. Manuel Osuna Saviñón". Más contundente, unos años antes, el Dr. Serra Ráfols, en el discurso de apertura del curso académico 1926-27 de la Universidad de La Laguna, se expresaba de la siguiente forma: "Por una excesiva prudencia de lenguaje en los historiadores canarios, aun poniendo en evidencia la falta de fundamento del viaje relatado por Osuna, no han sido pronunciadas, que yo recuerde, las palabras de superchería y "frescura incalificable" que son las únicas que corresponden al proceder del mencionado pseudo-historiador...".
Con estos datos, ¿acaso resulta muy aventurado afirmar que "Tamerán", luego "Tamarán" en Millares, es una "creación" de Osuna? Cabe entender que todo lo contrario, pues, por una lado, no existe dicha referencia en ninguna otra fuente escrita hasta el año 1844; por otra parte, conocida la afición de Osuna a "reescribir" la historia, no tiene nada de extraño que realizara dicha invención, apoyada en su visión romántica del mundo aborigen, y tal vez recurriendo a algunas palabras indígenas consignadas por Berthelot, tanto canarias como del norte del continente africano, y con las que guardaría cierto parecido.
La referencia de Berthelot
En 1842 se publica en París la Ethnographie et el Annales de la Conquête de Sabino Berthelot, la cual, traducida al castellano saldría a la calle en 1849, en Santa Cruz de Tenerife. Como se ha señalado, Osuna comenzó a publicar su Resumen ... en 1844, pero sin duda tuvo acceso a la obra original de Berthelot, pues de hecho, como el mismo Sabino comenta en su Recuerdos y epistolario (1820-1880), les unía una gran amistad, entablada durante los diez años de estancia, de 1820 a 1830, que pasó en las Islas.
En el Catálogo de los diferentes dialectos de los antiguos habitantes de las Canarias que elabora Berthelot, no aparece por parte alguna el término "Tamerán". Sí, en cambio, el de "TAMARASAITE", por Tamaraceite, del que indica que es un "pueblo de la Isla de Gran Canaria, cuyos alrededores cubiertos antiguamente de olivos salvajes y en donde se ven muchas palmeras". Añade en la explicación que "pueden encontrarse a la vez varias etimologías para este nombre canario, a saber: 1º BENI-TAMARAH, tribu berberisca que cosechaba muchos dátiles. 2º TAMARAK (dátiles) y EZZEITOUN (aceituna) en árabe (aceituna y aceite en castellano). 3º TAMARIRGHT, los libres o los nobles, en bereber."
Pudiera ser que Osuna se "inspirara" en alguna de estas referencias apuntadas, con el añadido de su posible significación. Para ello acudiría al nombre actual de la Isla, Gran Canaria, y a la falsa atribución del mismo a Bethencourt, según se desprende de lo escrito también por Viera y Clavijo, de quien Osuna copiara repetidamente, en relación a la ya comentada victoria canaria sobre los franceses en Arguineguín. Como ya se ha escrito, tampoco en ningún momento hace referencia Viera a otro nombre para esta Isla. Que Osuna uniera la palabra inventada, con alusión a proliferación de palmeras, hecho que en definitiva da nombre a la capital insular, y la valentía de los isleños ante los intentos de conquista de la Isla, es una simple conjetura. En cualquier caso, el hecho cierto es que "Tamerán" sólo existió en la desbordante imaginación del "ilustrado" tinerfeño.
La "fortuna" de "Tamarán"
En el Lenguaje de los Antiguos Isleños (elaborado "en las décadas centrales del siglo XIX"), José A. Álvarez Rixo se ocupa de la obra de Osuna, en concreto de lo dicho por este último acerca de que "la lengua de los canarios era también el árabe". Señala que se le podría parecer "porque las raíces del idioma son las mismas", si bien disiente de que los naturales de Canaria la nombraran como "Tamerán", "lo cual quería decir "país" o "tierra de los valientes", lo creo construcción equivocada o estaría mal formando alguno de los caracteres del citado MS., porque "tamar" es "palma" en las lenguas árabe, fenicia y hebrea, vid. N. 17, y "Aan", según las uniformes explicaciones de los A.A. acerca de las lenguas de la antigua Palestina, significa "tierra" o "país". Concluyendo por tanto que "luego, produciendo tantísima palma la isla de Canaria, que estaba llena de ellas, está visto que "Tamerán" es "país de las palmas", lo cual concuerda perfectamente en el hecho y en la analogía. El Génesis, cap. XIV, 7 nos presenta un dato asaz confirmatorio; dice "Asasonthamar = Ciudad de las Palmas". Lo que le lleva con ésta y otro antropónimo, "Ysaco", semejante a "Yssac", a "confirmar que nuestros canarios procedían en parte de la antigua Palestina". Por contra, refiere que el nombre de Canaria, "debe provenir de los pueblos que Plinio colocaba no lejos del Atlas".
John Abercromby, en su monografía Estudio de la antigua lengua de las Islas Canarias, trabajo publicado en 1917 en el primer volumen de Harvard African Studies y considerado "el estudio más concienzudo y mejor documentado sobre las lenguas aborígenes hasta la publicación de Monumenta Linguae Canariae de Wölfel", recoge la voz "Tamerán (Gal.?, Chil), el nombre aborigen de Gran Canaria". Es decir, apunta lo mismo que Chil y Naranjo, señalando la duda de la aparición de dicho topónimo en la obra de Abreu Galindo, lo que queda absolutamente descartado.
Juan Álvarez Delgado, en su Miscelánea Guanche, refiere que "en cuanto a Las Palmas, jamás he creído en la interpretación "Tamarán"="país de valientes", que debió inventar Marín, Millares o algún otro cronista". Expresa a su vez la sospechosa interpretación ante la abundancia de formas toponímicas con tal raíz, como "Tamaragáldar" o "Tamaraceite". Concluye indicando la coincidencia que los indígenas llamasen "Tamarán" a su isla, en referencia a la palmera canaria, a la que ellos llamaban "támara", "y que los españoles pusiesen "Real de Las Palmas" al castillo erigido a orillas del Guiniguada, que dio nombre a la actual ciudad. Posterior-mente, en su artículo" ¿Semitismos en el guanche de Canarias?", vuelve sobre este punto, insistiendo en que "Tamarán" es el plural de "támara" y por tanto se traduce por Las Palmas, "el simple nombre indígena de lo que en la conquista se llamó "Real de Las Palmas". Es preciso señalar de forma concluyente, como recoge la Crónica Lacunense, que ese lugar tenía para los antiguos canarios otra denominación bien distinta: "..., y en el Real, adonde es aora la siudad que antes se llamaba en lengua canaria Geniguada, y fueron cristianos los canarios, ...".
En definitiva, Álvarez Delgado asume equivocadamente, como se demostrará a continuación, que "támara" es un vocablo de la lengua aborigen y a partir de ahí, y considerando una "fantasía de historiador" la traducción por "tierra de valientes", realiza su propia traducción que se correspondería con "Las Palmas", lo que para los aborígenes era Guiniguada. Es decir, sin quererlo, convierte el nombre de la capital grancanaria en el de toda la Isla, como desgraciadamente de forma descuidada o intencionada se produce en la actualidad, de tal manera que la isla parece llamarse "Las Palmas" y no Canaria, y luego Gran Canaria, como siempre se ha denominado.
Precisamente en Gran Canaria y sus obras hidráulicas, Simón Benítez Padilla asume que el nombre de la Gran Canaria "fue "Tamarán", cuya verdadera acentuación ignoramos" aduciendo para explicarlo, las mismas razones expuestas por Álvarez Delgado. Señala que "todavía se designan los dátiles de la palmera de estas islas (Phoenix canariensis) con la palabra támara, lo que induce a creer que la denominación primitiva de la Gran Canaria significaba Las Palmas, que hoy se aplica en castellano a su capital y que el vocablo original fuese esdrújulo". Tales suposiciones, como ya se ha expuesto, carecen totalmente de fundamento.
Domingio J. Wölfel en su Monumenta Linguae Canariae se pregunta de dónde pudieron tomar Chil, Millares, Rixo y Álvarez Delgado esta palabra, señalando que en ninguna de las fuentes antiguas que pudo analizar aparece. Se refiere a la traducción también apuntada por Álvarez Delgado como "país de los valientes", como la "versión más usual", aunque considera que "estamos ante un verdadero enigma". Descarta su relación con támara, la cual analiza más adelante, no encontrando una conexión tan evidente como la que supone Álvarez Delgado. Apunta no obstante un paralelismo evidente con "tamâra", relacionado y traducido en el diccionario de Foucauld como "force, puissance d'action, personne considerable", indicando además que no se ha encontrado una derivación del vocablo, que se indica de forma totalmente aislada. Para terminar apuntando que "el significado que se da al nombre de la isla cuenta con un considerable respaldo".
Al referirse a la palabra támara, después de una serie de reflexiones termina afirmando que este vocablo vino a las Islas de la Península Ibérica, "y la cuestión de cómo entró en el español es irrelevante para nuestro objetivo", insistiendo en que "hemos de borrarla del vocabulario que nos queda de la lengua aborigen".
Para dar por concluido este punto, de posibles derivaciones de un vocablo "támara" de falsa pertenencia aborigen, en el Tesoro lexicográfico del español de Canarias se recogen las diferentes interpretaciones dadas a la palabra, así como la incorrecta definición que registra el Diccionario de la Academia de la Lengua, pues támara o támbara es simplemente el fruto de la palma o palmera canaria, Phoenix canariensis. Francisco Navarro Artiles, en su Teberite, se decanta por su procedencia árabe, siendo de uso frecuente en el portugués y en Canarias, aspecto éste, el de su derivación del portugués, en el que coinciden, entre otros, José Pérez Vidal o Marcial Morera.
Recoger por último lo apuntado por Sebastián Jiménez Sánchez, el cual no aporta nada nuevo, limitándose a repetir que "Tamarán es nombre antiguo dado a la isla de Gran Canaria: se le ha traducido por "país de valientes", añadiendo que "como tal lo recogen varios cronistas e historiadores". Asume también que el calificativo de "Grande" fue dado a la Isla a partir de la victoria indígena frente a Bethencourt, afirmando que "tal epíteto está acorde con el significado del topónimo TAMARÁN, "país de valientes". Disparatando a continuación al considerar que "Los "tamaranianos" son, pues, los habitantes de TAMARÁN". Para reafirmar sus consideraciones, indica que "Tamarán" ofrece cambios de grafías y de fonética, haciendo derivar de ésta la palabra támara o tamaragua; y localidades como Tamaraceite (Las Palmas de Gran Canaria) y Tamaragáldar (en Guía de Gran Canaria), o Tamariche y Tamaretilla, en Fuerteventura.
El "Tamarán" "científico"
El reconocimiento y asunción del falso nombre dado a la isla de Canaria quedaría certificado definitivamente cuando en 1937 el profesor de la Sorbona, J. Boucart, en unión de la petróloga E. Jéremine, editaron un estudio monográfico sobre la evolución geológica de Gran Canaria. En este trabajo, a la hora de denominar los dos sectores geológicos en que es posible dividir la Isla, en razón de su antigüedad, recurre al término "Tamarán" para designar la "isla vieja", situada al suroeste, con una mayor antigüedad geológica, frente a la Neocanaria, o "isla nueva", cubierta por los materiales más recientes y que correspondería al noreste insular. Es probable que Boucart conociera el nombre por Simón Benítez Padilla, que a su vez lo cita en el capítulo dedicado a la Geografía Física de su Gran Canaria y sus obras hidráulicas.
También, "Tamarán" ha servido para dar el nombre a distintas especies animales o vegetales, caso del fósil de múrido (roedor) gigante localizado en La Aldea de San Nicolás, llamado Canariomys tamarani. En el mundo de los insectos se encuentra un cigarrón, endémico de Gran Canaria, y que lleva por nombre Acrostira tamarani. Asimismo, uno de los hallazgos botánicos más interesantes de los últimos años, la nueva especie de drago citada para Gran Canaria y localizada en el suroeste de la Isla, ha sido clasificada como Dracaena tamaranae.
También encontramos calles rotuladas con este nombre, e incluso existe un centro escolar del sur grancanario que recibe dicha denominación. Por otra parte, de forma mimética, numerosas son las marcas comerciales y empresas del más variado signo que se encuentran registradas como "Tamarán", apareciendo incluso dentro de actividades tan dispares como el deporte o el folklore musical.
Es más, si se busca en Internet, resulta fácil comprobar la existencia de centenares de referencias a "Tamarán", tanto del Archipiélago Canario como sobre todo de fuera de él, al tratarse en definitiva de un nombre ajeno a la realidad insular y de ámbito universal.
A modo de conclusión
- La palabra "Tamarán" es una invención de Manuel de Osuna Saviñón, recogida en su Resumen de la geografía física y política y de la historia natural y civil de las Islas Canarias publicado en 1844.
- Anteriormente a dicha fecha y publicación, no existe referencia alguna en ningún tipo de fuente documental a que los habitantes de Canaria, los canarios, denominaran a la Isla de otra forma, siendo conocida así desde la descripción que Plinio hiciera del Archipiélago.
- La aparición del dicho término en un autor de tanto prestigio como Millares Torres, así como la romántica referencia a un "país de valientes" hizo que el topónimo prosperara, aceptándose sin más.
- Sólo muy tardíamente, algunos autores han dudado de la certeza de la afirmación de Osuna y luego Millares, planteando la necesidad de revisar dicha denominación, mientras que por el contrario, todavía se sigue haciendo alusión en publicaciones científicas, divulgativas o didácticas al falso topónimo de "Tamarán".
- Es preciso desterrar definitivamente el uso de dicha palabra en cualquier tipo de publicación, información o rotulación que haga referencia al pasado insular, así como del campo científico en general, recuperando el nombre que históricamente corresponde, que no es otro que el de Canaria.
Nota: (El presente artículo resume los aspectos más significativos de la comunicación presentada al 'XIII Coloquio de Historia Canario-Americana').
