cursos: Itinerarios naturales de Tenerife
La Fortaleza de Masca
Juan Moreno Corvo, Domingo García Palmero
Óscar Díaz Sánchez , Juan José Hernández Rodríguez
Extraído del libro:
Itinerarios en la naturales. Paraísos olvidados
CEP La Orotava. 2002
Dentro del Macizo de Teno, en una de las achadas limitadas por profundos barrancos se encuentra el sendero que proponemos para iniciar este segundo curso de Itinerarios en la Naturaleza.
Esta zona era frontera entre los menceyatos de Daute y Adeje.

Foto: Cristina González
Con una edad aproximada de entre 5 y 7 millones de años y situado en el extremo noroeste de la isla de Tenerife, el macizo de Teno es un espectacular complejo volcánico, uno de los vértices que dio origen al nacimiento de la isla.
Encierra en sí la belleza de sus volcanes desgastados y la obra de la mano del hombre que ha ido cincelando en sus cumbres geometrías imposibles sobre los diques exfoliados y el duro basalto. El suelo vegetal se ordena en bancales que se adaptan a las curvas de nivel, subiendo desde el fondo del barranco hasta lo más alto.
El rojo bermellón de los almagres y el blanco mate de los mosaicos de caliche se hacen más presentes al atardecer, cuando el verde de las retamas y las tabaibas se satura y parece querer hacer la competencia al azul cobalto del cielo mechado de jirones de rojizas nubes.
Los diques, siempre presentes, y las distintas coladas basálticas, elementos constructores del paisaje dibujado por los volcanes, se complementan con los fenómenos erosivos autores de las formas caprichosas que podemos percibir.
Oír los sonidos del viento pasar entre las afiladas terminaciones de las cumbres es una sensación sólo comparable al ruido del mar que el barranco trasmite hasta su origen.
Iniciamos el recorrido en la Cruz de Gilda (780 metros) donde una degollada nos lleva hasta la enorme pared del pico de Yeje, que cae sobre el valle de Masca desde una altura de más de 400 metros en vertical. Desde ahí, a vista de pájaro, contemplamos los caseríos de Masca, rodeados del espectacular risco de Tarucho y, una vez dentro del camino, los cauces de los barrancos del Retamar y Masca.
Ya desde el principio de nuestro caminar nos impresiona la solidez pétrea de una vereda muy usada en tiempos relativamente recientes, pero también llama nuestra atención este lugar por la intuición de que aquí, sobre estas piedras, los antepasados aborígenes escribieron sus historias y sus leyendas. Los muros de piedra seca, la toponimia y la esperanza de encontrar algunos grabados, así como la inaccesibilidad de estos parajes con sus riscos de testigos, es suficiente para activar la imaginación que nos permite recrear ese ambiente.
Si alguien duda de la existencia de paraísos y cree que conoce toda esta Isla, una vez realizado el sendero, tal vez no piense lo mismo.
Este camino era frecuentado por los habitantes de Masca y Valle Santiago, citados en la Historia de Canarias de Viera y Clavijo en su apartado dedicado a la población de Tenerife.
Adaptado a las pendientes y recorriendo laderas, el camino por el que se accede a La Fortaleza es un ejemplo de la integración en el medio y del dominio innato sobre las curvas de nivel de quienes lo diseñaron. Aún podemos ver horadados en la roca los gongos para los regatones de las lanzas
El sendero era utilizado para acceder a las tierras de cultivo (cereales y legumbres de secano) y como lugar de paso del ganado caprino que aprovechaba las gramíneas de los pastizales que cubrían las fértiles tierras que La Fortaleza derrama, como si de un manto se tratara, sobre la peta de los acantilados.
Entre los 600 y 800 metros abunda el pasto fresco, de ahí la práctica del pastoreo. No obstante, los pastores de Teno debían moverse porque el herbazal se agotaba fácilmente, de tal manera que en los primeros años de la colonización los acuerdos del Cabildo recogieron una reclamación del regidor y alguacil J. Benítez para que no se dejara entrar puercos en Teno ya que el pasto era muy poco. (DIEGO.CUSCOY, L.: Los Guanches).
A pesar de ser accidentada, la zona está muy bien comunicada por veredas y caminos de cabras (antiguas sendas de pastoreo). Sólo transitarlos constituye un riesgo y su trazado parece milagroso.
Teno en cuanto a la práctica pastoril presenta las siguientes características: ganado abundante en gran parte del año, ruta de trashumancia descendente y habitación estable en cotas altas. La fama de los quesos de Teno perdura en la actualidad.
Geografía de la zona
La Fortaleza de Masca es un risco espectacular situado entre el barranco de Masca y la confluencia del barranco del Retamar con el de Juan López. El lomo del Luchadero queda al este y la impresionante fuga de los acantilados de los Gigantes, al oeste. Limita al sur con la playa de Masca y al norte con la de Juan López, playa donde el azul turquesa pinta los claros fondos de este calmado mar. Y como testigo, pudiendo casi tocarla, La Gomera.
Los hondos barrancos del Carrizal, Retamar, Masca, Natero y Juan López discurren en dirección oeste, rompiendo la continuidad de los acantilados y terminando en playas poco extensas.
El macizo de Teno está formado por basaltos envejecidos. Junto con Anaga es la zona más antigua de la isla. Su relieve muy erosionado, está marcado por profundos cortes.
Debido a la accidentada topografía, la zona de cultivo es muy limitada y se aprovecha al máximo mediante la práctica de terrazas. Se complementaba con el pastoreo que encontraba en los pastizales su sustento.
Visitadas en los primeros meses del año, las cumbres de La Fortaleza son un paraíso que no envidian para nada los verdes colores de las praderas de La hija de Ryan. Podríamos imaginarnos un paseo por Escocia, Gales, Irlanda o Bretaña.
Geomorfología
En este aspecto el macizo de Teno, con forma triangular, nos ofrece gran número de alicientes. Es un edificio formado por un apilamiento de coladas basálticas delgadas que en algunos lugares alcanzan potencias de 500-600 metros.

foto: Cristina González
La acción marina ha hecho retroceder al paquete de coladas formando acantilados verticales de varios centenares de metros de altura. Una densa red de diques y pitones ácidos se encuentra presente en todo el paisaje.
La actividad, que debió ser paroxística a juzgar por el enorme volumen de material expulsado en un tiempo relativamente corto, se detuvo hace mucho. Las cumbres, muy desmanteladas por la erosión, provienen de emisiones fisurales. Su posición central en el edificio se pone de manifiesto por la elevada concentración de diques. (Carracedo, J. C.: Paleomagnetismo e historia volcánica de Tenerife).
La tafonización, originada por la humedad del aire y la maresía, es un proceso generador de formas espectaculares que se hacen visibles en los riscos. El término taffoni define en geomorfología a una cavidad de proporciones variables, en cuya génesis interviene directamente la disgregación de la roca. (RODRÍGUEZ, L. et al: Geografía de Canarias).
Las playas que observamos: Juan López y Masca, están ubicadas en la desembocadura de los barrancos que les dan nombre. Su formación se debe tanto a la remodelación de que es objeto la desembocadura, cuyos cantos son trabajados por el oleaje, como al retroceso de los acantilados.
Clima de la zona
En las alturas se puede considerar como estepario, de cálido a templado con verano seco. Las vertientes orientadas al norte son más húmedas, debido a los vientos del nordeste, mientras que al sur, a sotavento, hay grandes periodos de calma. Así, en Los Gigantes, cerca del mar, predominan los días despejados y la cantidad anual de horas de sol es notablemente superior a la media.
Masca: Un poco de historia y economía
Al valle de Masca se accedía desde la época aborigen principalmente por la degollada de Cherfe, desde el actual Valle de Santiago, aunque no era el único camino. Todo el macizo de Teno se encontraba surcado por numerosas sendas que se ramificaban por la comarca. Su objeto principal era la posibilidad de recorrer las laderas en todas las direcciones, alcanzar cimas y descender hasta el fondo de los barrancos, ganando con ello extensión para el pastoreo.
La práctica pastoril por parte de los guanches era muy intensa (era su principal actividad económica). La ganadería practicada en Masca por los aborígenes, al igual que la del resto del macizo de Teno, era trashumante, con aprovechamiento estacional del cauce del barranco, laderas y cimas.
La población prehispánica de Masca tenía una condición relativamente estable, tal y como indican los yacimientos arqueológicos del área, con cuevas de habitación relacionadas con cuevas sepulcrales. Se trataba de una población agrupada, que vivía en las tierras altas gran parte del año, gracias a la abundancia de agua y al manto herbáceo existente durante el invierno y la primavera. (DIEGO CUSCOY, L.: Los guanches).
Como elemento aborigen a destacar cabe reseñar la consideración de santuario del cercano roque de Tarucho (ver anexo), donde se ha encontrado material arqueológico e incluso grabados rupestres.
Tras la conquista de la isla, el barranco de Masca pasó a pertenecer al último rey de Adeje, pues Alonso Fernández de Lugo se lo concede casi en su totalidad. (ALEMÁN DE ARMAS, A.: El caserío de Masca).
Don Diego de Adexe, cuyo nombre aborigen según algunos autores correspondía al de Pelinor fue, de entre los menceyes de los llamados bandos de paces, el más fiel al pacto con los castellanos. Es el único del que se sabe que siguió viviendo en la isla y no fue trasladado a la península como el resto de los reyes aborígenes. Fue incluso beneficiario de repartimientos de tierras, aguas y ganados, como se observa en la data anteriormente citada.
Por otros documentos de la época se sabe que don Diego tuvo sus casas en Masca y que falleció en 1505. A su muerte, los bienes que dejó en Masca y en el Valle de Santiago pasaron a algunos de sus descendientes, pero su hijo Alonso Díaz vendió su parte.
Los Masqueros
El desarrollo de una economía de autoconsumo es la consecuencia directa del aislamiento. El sistema de vías de comunicación, a través de veredas y caminos de herradura, por una difícil topografía implica un contacto espaciado con el exterior del valle. Y es que los enormes murallones montañosos que rodean Masca, que sólo se interrumpen por la estrecha depresión del barranco, acentúan este natural aislamiento del habitante del lugar; a través de él sólo se puede ver algo del mar y la isla de La Gomera.
Todas estas difíciles condiciones de vida: incomunicación y dependencia de una economía autárquica (autosuficiente), hicieron que la mayoría de los jóvenes abandonara el caserío, quedando sólo la gente mayor, dedicaba a la crianza de algunas cabras y al cultivo en pequeñas parcelas de terreno.
Hubo una emigración masiva transoceánica, a Cuba y Venezuela, y a otras partes de la isla, en busca de mejores condiciones de vida, puesto que aquí las posibilidades de conseguirlas eran escasas. Actualmente, sin embargo, tras la construcción y asfaltado de la carretera, Masca se ha convertido en un objetivo turístico primordial: diariamente llegan guaguas y coches de alquiler con numerosos visitantes.
Agricultura y Ganadería
La actividad agrícola y ganadera ha sido desde siempre la principal fuente de ingresos en el valle de Masca, hasta la reciente incorporación del turismo como recurso económico del caserío.
Debido a la accidentada topografía, apenas hay terrenos llanos, la tierra cultivable se aprovecha al máximo, con un sistema de bancales. Las casas se asientan en los lugares pedregosos.
La agricultura ha sido de autoconsumo, realizándose históricamente pequeños intercambios con Santiago del Teide, El Palmar o Buenavista, pero éstos han sido muy limitados ya que la producción sólo permite el mantenimiento familiar.
Junto a los cultivos tradicionales de papas y trigo se plantan batatas, cebollas y algunas cepas aisladas de viñas. Como cultivo curioso citaremos el del ñame, raíz comestible de gran raigambre en la zona. Su excelente calidad es debida a la abundancia de agua y elevado grado de humedad, que permite conseguir abundantes cosechas. La elaboración que precisa desde su recogida hasta el momento de su consumo es lenta y trabajosa, unas 15 horas de cocción a fuego vivo.
Junto con la agricultura, el masquero posee una pequeña cabaña ganadera, compuesta por cabras principalmente, que en algunas épocas pastan sueltas por las laderas del barranco, donde existen pastos comunes. Los animales se reúnen en la época de gestación y cría en los corrales. Como producto principal de las cabras destaca el queso, muy sabroso debido a la abundancia de hierba en este lugar. (ALEMÁN DE ARMAS, A.: El caserío de Masca).
Hechos historicos
La construcción de la ermita de Nuestra Señora de La Concepción comenzó a finales del siglo XVIII, según documento expedido en el Puerto de la Orotava el 28 de marzo de 1789.
La puesta en servicio de la carretera en la década de los años setenta es el hecho histórico más relevante para la comunidad masquera. La primitiva pista que hicieran los vecinos de Masca con los bolívares que mandaban los masqueros emigrantes en Venezuela, se vio ampliada y acondicionada por la posterior aportación del Cabildo Insular de Tenerife. Conecta Masca con el Valle de Santiago y Buenavista. Su ejecución costó unos veinte millones de pesetas.
La arquitectura
Debido al aislamiento de Masca, su comunidad mantuvo una serie de manifestaciones culturales tradicionales, de las que, por ser la más evidente, destaca su arquitectura. Es extremadamente sencilla y, como utiliza los materiales que ofrece el medio, se integra perfectamente en el paisaje. Constituye uno de los conjuntos arquitectónicos más armoniosos y de mayor interés plástico.
Una característica importante en Masca es la dispersión de sus construcciones. Los edificios están en función del terreno donde se ubican, atendiendo a la abrupta topografía. Se busca la protección, el abrigo climático y la proximidad a los cultivos. Antes de la llegada de la carretera se contaba con unas 59 casas para todo el conjunto, en el que vivían unas 187 personas según el censo de 1970.
Estas edificaciones son relativamente recientes, pues en su mayoría no llegan a ser centenarias. Destacan las casas construidas hace unos treinta y cinco años siguiendo el mismo esquema que las del siglo pasado. (ALEMÁN DE ARMAS, A.: El caserío de Masca).
Vegetación
El Macizo de Teno contiene una flora muy rica e interesante con endemismos locales, algunos de ellos en peligro de extinción y otros muy vulnerables.
Desde el sendero que transitamos podemos observar como las crasuláceas (bejeques, verodes, etc.) trepan por las escarpadas paredes de los riscos.
Retamas, jaras, avena, gamonas, cañahejas, salvias, tabaibas amargas, cerrillos, tuneras y tabaibas majoreras, bordean el camino y aprovechan el suelo vegetal que se incrusta entre las grietas de los basaltos.

foto: Iain Jacobs
En el entorno del pueblo de Masca es posible reconocer algunos grupos de palmeras canarias o palmas (Phoenix canariensis), los cuales tienen identidad propia y llegan a definir el paisaje local. Se emplean para labores de artesanía.
La retama blanca (Retama raetam) constituye una unidad de vegetación típica de la vertiente meridional del Macizo de Teno y de las laderas del suroeste de la isla.
Las comunidades rupícolas son las que dominan la mayor parte del paisaje vegetal de la zona. La diversidad florística de las mismas es enorme, pudiendo contabilizarse numerosos endemismos canarios, tinerfeños e incluso locales, entre los que destacan los siguientes: bejeques o pasteles de risco, cruzadilla, cabezón y cerraja.
Los tabaibales-cardonales de laderas y acantilados ocupan distintos medios en la zona. En las partes más altas se hallan ligados a los roques o espigones antiguos, con alta dominancia del cardón (Euphorbia canariensis), mientras que barranco abajo pasan a ocupar un papel secundario, con presencia esporádica de grupos de tabaiba majorera y tabaiba dulce.
Junto a los cultivos y en los bordes del sendero, aparecen algunas agrupaciones de plantas ruderal-nitrófilas, entre las que se encuentran especies como la avena, la tedera y el tártago (Ricinus communis).
Especies singulares
DESCRIPCIONES (según KUNKEL, 1977, BAÑARES y BARQUÍN, 1982, BRAMWELL y BRAMWELL, 1990, parc. modific., SÁNCHEZ-PINTO, no fech., y PÉREZ MARTÍN, 1993 y 1994):
Bejeque (Aeonium canariense).
Planta herbácea, suculenta, de tallo corto y hojas dispuestas en una amplia roseta basal, que en algunos casos alcanza los 50 centímetros de diámetro. Dispone de un largo y espectacular tallo florífero de hasta 80 centímetros de alto.
Cabezón, cabezuela (Cheirolophus canariensis).
Arbusto de hasta 1,5 metros de altura. Flores de color malva pálido. Brácteas (falsas flores) con un apéndice ancho y largo, franjeado. Propia de la zona acantilada de la parte norte del macizo de Teno.
Malva risco (Lavatera acerifolia)
Arbusto leñoso, caduco o subpersistente, ramificado desde la base. Hojas grandes, simples, alternas, de forma palmeada e irregularmente aserradas en los bordes. Tienen textura suavemente rugosa, con coloración variable entre el verde pálido y el amarillo verdoso. Las flores, solitarias o en pequeños grupos, son grandes, axilares o terminales, de color rosa pálido y manchadas de púrpura en la base. Endemismo canario.
Palmera canaria, palma (Phoenix canariensis).
Árbol de 10-15 metros de altura, aunque cultivado puede crecer mucho más. Tronco recto y uniforme. Hojas muy abundantes, formando una copa redonda y de color verde intenso. Flores masculinas de color amarillento, protegidas por una especie de vaina; las femeninas están agrupadas en tallos anaranjados, ramificados. Frutos como dátiles, pero con menos pulpa. Suele crecer en grupos, a veces de numerosos individuos. Época de floración (según SÁNCHEZ-PINTO, no fech.): primavera-verano. Endemismo canario.
Pastel de risco, góngano (Aeonium tabuliforme).
Planta herbácea, perenne y suculenta, cuyo tamaño ronda los 10-20 centímetros, aunque a veces se encuentran ejemplares de hasta 40 centímetros de diámetro. Hojas lisas, espatuladas, con cilios en los bordes, dispuestas radialmente a modo de tejas; su color es verde pálido, enrojeciéndose en los bordes en situaciones de aridez. Los tallos floríferos surgen del centro de la roseta basal y al final de los mismos se concentran numerosas flores estrelladas, de pequeño tamaño y color amarillo. Endémico de Tenerife.
Retama, retama blanca (Retama raetam)
Arbusto denso de copa ancha y ramas flexibles y colgantes, que puede alcanzar los 4 metros de altura. Hojas presentes sólo durante el invierno, lanceoladas y muy cortas. Flores blancas y olorosas. Frutos (legumbres) cortos, duros y pardos, generalmente con una sola semilla. Época de floración: primavera. Especie de distribución mediterránea.
FAUNA:
La fauna del macizo de Teno, se caracteriza por su relativo aislamiento con respecto a la que puebla el resto de la isla. Las barreras impuestas por la propia configuración del terreno (barrancos, acantilados, roques, diques,…) hacen que algunas especies que han desaparecido o son raras en otras áreas, puedan sobrevivir aquí y en el conjunto de barrancos próximos. Un enclave como éste favorece los procesos evolutivos, dando lugar a la formación de especies netamente diferenciadas de sus congéneres, como ocurre con los moluscos terrestres (ver trabajo de ALONSO et al., 1990).
Entre los vertebrados terrestres encontramos:
Rapaces como el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus canariensis), el ratonero común o aguililla, el búho chico o coruja. Este último es el único representante nocturno conocido en la zona.
Aves marinas con abundante presencia de la pardela cenicienta, que se reproduce en los acantilados próximos a la desembocadura del barranco, y de la gaviota patiamarilla. Pequeños pájaros presentes en el entorno del camino. Hay que citar a la curruca capirotada o capirote (especialmente ligada a los cultivos y zonas arboladas) y el mosquitero común, chivita o chivito.
Invertebrados :
Hemos de comenzar por citar a los lepidópteros, entre los que puede observarse una serie de mariposas diurnas tales como la blanquiverdosa (Pontia daplidice), la blanquita de la col (Pieris rapae) y la loba (Maniola jurtina fortunata).
Cada planta alberga una numerosa fauna invertebrada que aprovecha las condiciones que le brinda el vegetal cuando vive y aún cuando muere. El cardón es un ejemplo de riqueza faunística en su entorno, al igual que la tabaiba. Ambas euforbias no ofrecen posibilidad de alimento cuando están vivas, debido al látex cáustico que hay en sus tejidos. La excepción son sus flores, a las que acuden muchos insectos: dípteros, coleópteros o las bellísimas Chrysolina que se refugian frecuentemente en las espinas.
La verdadera fauna del cardón es la que aparece en el interior de los tallos y raíces cuando éstos se pudren. Muchas hembras de insectos aprovechan para poner ahí sus huevos y empiezan a desarrollarse larvas que se alimentan de estos tejidos. Posteriormente aparecerán los insectos saprófagos.
Las tabaibas albergan también una numerosa fauna con elementos comunes con los cardones y otros propios, como el longicornio (Stenidea albida).
Además, hay animales no directamente ligados a estas plantas, como los escarabajos, mariposas, hormigas diversas, tijeretas o ciempiés. Casi toda la fauna de invertebrados son artrópodos, no obstante podemos también encontrar caracoles del género Hemicycla, endémico del Archipiélago, que son capaces de resistir la dureza de las condiciones climáticas aislándose del exterior mediante una gruesa capa de baba solidificada que cierra su epistoma, en espera de condiciones más favorables ( ALONSO et al., 1990).
Los himenópteros cuentan con representantes tan comunes como la abeja de la miel y el abejón o abejorro.
DESCRIPCIÓN DEL SENDERO de La Fortaleza
Nuestro itinerario comienza en La Orotava. Nos dirigimos hasta Buenavista del Norte, de allí al valle del Palmar y, a través de la siempre ventosa degollada de la cumbre del Carrizal, dejamos los caseríos del mismo nombre y llegamos a la Cruz de Gilda, punto de partida del sendero.
Una vez en la degollada de la Cruz de Gilda, entramos en una pista de tierra que atraviesa el lomo del Luchadero. En ese lugar encontramos un pequeño bosque de retamas blancas, tabaibas amargas, tartagueros (ricino), piteras, jara blanca, avenas, cerrillos y, aprovechando toda esta vegetación, los mosquiteros comunes, aves de pequeño tamaño pero muy activas.
Continuamos por un estrecho camino de basalto degradado en el que los cristales de olivino se han oxidado convirtiéndose en una masa ocre que rellena los huecos de la piedra.
Aquí, con un impresionante dique a nuestros pies, tenemos una espectacular vista del valle de Masca presidido por el roque Tarucho, lugar sagrado para los guanches. En sus alrededores se encuentran petroglifos con forma de pez, símbolo de la sexualidad, unas cazoletas y un círculo de nueve radios que representa a Magec.
Siguiendo el camino observamos unas plantas de gamona y una de las variedades de salvia, sobre un dique sálico.
Mirando hacia Masca destacan los bancales y numerosas palmeras, que se aprovechan para la confección de cestos, sombreros, abanadores y en la construcción de techos, junto con los cañizos.
Durante esta parte del camino encontramos cabezotes, verodes enanos y líquenes, que colonizan las paredes del norte de los riscos.
Atravesamos el primer tramo con precaución, especialmente las personas que tengan algo de vértigo. En el suelo vemos los gongos horadaros por el regatón de las lanzas de los pastores.
La tedera, la cañaeja, la capitana, y el milpiés, bicho friero o rosquita negra contrastan con el color bermellón de una capa muy vistosa de almagre.
Serpentea el camino sobre un dique de fonolitas y, más abajo, aparece la tosca, un material sálico, ácido, de color claro (característica ésta que la diferencia del basalto).
Ahora al borde de la vereda encontramos una cruzadilla (Hipericum canariensis) que desafía al vértigo un poco antes de llegar al roque de la Fuente, donde podemos ver los restos de un manantial ya seco.
Siguiendo nuestro andar llegamos a la hoya de las Tabaibas, donde ejemplares de esta planta con porte arbóreo, muy antiguas, comparten talla y belleza con los cardones que observamos en las crestas del barranco del Retamar.
Bajo las faldas de La Fortaleza llegamos hasta la cueva de Las Sacas. Desde allí iniciamos una ascensión por una rampa con revueltas que suavizan un poco el desnivel.
Nos encontramos a continuación con La Hendedura, que recibe este nombre por la existencia una grieta en la pared. Seguimos ascendiendo por una escalera con altos muros de piedra seca. Las curvas se ven casi superpuestas, para poder salvar la pendiente. En una de ellas está la cueva Negra, espacio abierto construido con piedra seca para cobijo del ganado.
Terminada la ascensión aparecen los antiguos bancales de las tierras de labor de La Fortaleza. Entre retamas y tabaibas, llegamos a la era principal de esta zona, bien conservada y desde la que podemos contemplar una panorámica de la abrupta geografía que nos rodea, destacando al noroeste el morro de La Galera. Si descendemos, salvando los muros de las terrazas, llegamos a las estribaciones del morro, con una caída hasta el mar de quinientos metros de altitud y desde donde se divisa la playa de Juan López.
ANEXO
Masca
En lo alto del roque de Tarucho se localiza un conjunto arqueológico que, en razón de los elementos que lo integran, ha sido interpretado como un centro de culto de los guanches.
Junto a una cueva de enterramiento ya saqueada, aparecen dos áreas donde se localiza un buen número de cazoletas excavadas en la roca. Sin embargo, los elementos más destacados son dos representaciones de figuras de peces de unos 125 centímetros de longitud y, particularmente, un grabado circuliforme, acompañado de tres cazoletas, de forma oval, que se comunican.
Este petroglifo circular, con un diámetro de 35 centímetros, queda dividido por varios radios, considerándose que podría ser una representación del sol. En otras localidades de Tenerife, caso del Roque de la Abejera, en Arona, se localiza también este tipo de representaciones esteliformes.
En cuanto a los peces, dentro del mundo bereber y en el área que corresponde al Túnez actual, eran un símbolo fálico y se creía que eliminaban el mal de ojo.
Aceptando la simbolización del Sol como elemento femenino y el pez como masculino, se consideraría este centro como un lugar donde se llevaban a cabo rituales relacionados con la fecundación.
En todo caso, las referencias de los cronistas hacen alusión al culto astral entre los aborígenes canarios, aspecto que se confirma por las representaciones existentes en elementos como la cerámica. Así, la decoración de numerosas vasijas, repite los motivos esteliformes que se presentan en los grabados rupestres.
Además, la asociación de numerosas cazoletas, hecho común en otros lugares de culto de los indígenas isleños, parece confirmar el carácter de lugar sagrado o de uso ritual. Ello encontraría su semejanza más próxima en los abundantes almogarenes encontrados en Gran Canaria; lugares en los que, señalan los cronistas, los antiguos canarios realizaban sus cultos.
Una serie de cruces talladas en algunas de las cazoletas y en uno de los peces, podrían estar confirmando la posterior cristianización de un lugar de culto aborigen.
Desde el roque Tarucho se divisan las islas de La Gomera y La Palma y se ha observado que:
- Se inicia el invierno cuando el sol se pone sobre Garajonay.
- Se inicia el verano cuando el sol se pone sobre el roque de los Muchachos.
- Se inicia el Beñesmén (fiesta de la recogida de la cosecha) cuando la luna llena sale por el Teide.
TEJERA, A. (1988): La religión de los guanches. Ritos, cultos y leyendas.
Gastronomía
Potaje de berros:
Ingredientes:
- Un manojo grande de berros frescos.
- 100 gr. de judías blancas.
- 200 gr. de costilla salada.
- Una pizca de cominos.
- 1 cabeza de ajos.
- Un vasito de aceite de oliva.
- 1 kg. de papas.
- 2 piñas de millo tiernas.
- 1 manojo de cilantro.
- Sal al gusto.
- 1 cebolla.
Elaboración:
Se cortan los berros por la mitad y se desecha la parte del tallo y la raíz. El resto se pone en agua fresca durante 15 o 20 minutos para eliminar impurezas.
Las papas se pelan y se cortan en dados gruesos, las piñas se pelan y se lavan. Las costillas se ponen en trozos de 25 a 30 gramos aproximadamente.
Se pone el agua al fuego. Con el aceite se fríen las cebollas y posteriormente se añaden al agua. Se introducen también las costillas, las papas, las judías y las piñas y los berros picados finamente.
Se deja hervir durante dos horas aproximadamente. Se machacan los ajos, el cilantro y los cominos para añadirlos al potaje cinco minutos antes de que esté terminado. Se sazona con sal al gusto pero siempre al final.
