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Archeoastronomía Canaria y El Reloj astral de Masca
Cuando hablamos de arqueoastronomía rapidamente acuden a nuestra mente imágenes que nos trasladan a los sorprendentes y siempre enigmáticos conjuntos arquitectónicos del Antiguo Egipto o de la América Precolombina. La milimétrica precisión de sus trazados convertía estas edificaciones en auténticos calendarios, capaces de registrar los acontecimientos astronómicos que marcaban tanto las celebraciones religiosas como los puntos álgidos de los ciclos económicos. Difícilmente se podría entender las características de estos lugares si no fuera por su doble utilidad como templos y calendarios, incluso triple si consideramos la condición de tumbas de muchos de ellos.
Las pirámides de Gizeh en Egipto, a la que de unos años a esta parte se le han encontrado nuevos alineamientos astrales, la boliviana Puerta del Sol de Tiahuanaco, o las pirámides y templos mexicanos de Palenque y Teotihuacan, son apenas un ejemplo entre el amplio muestrario de monumentos arqueológicos que reflejan el saber astronómico antiguo. En Europa, los ejemplos más notables los encontramos en los majestuosos conjuntos megalíticos de Stonehenge Avebury en Inglaterra, o el de Carnac en la Bretaña francesa. Sin embargo, es muy probable que apenas unos pocos lectores tengan conocimiento de la presencia en nuestro país de vestigios arqueoastronómicos, si no tan espectaculares, al menos igual de interesantes desde el punto de vista científico que los anteriormente reseñados.
Los movimientos del Sol y la Luna, los eclipses y el trazado de las constelaciones en la cúpula celeste, son algunos de los fenómenos estelares que nuestros antepasados más directos pudieron registrar y predecir.
En palabras de Juan Antonio Belmonte, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias y ex director del Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife, la arqueoastronomía “es una ciencia interdisciplinaria, a caballo entre la investigación astronómica y la investigación arqueológica, cuyo objetivo es estudiar las prácticas astronómicas de las civilizaciones antiguas, relacionadas con su visión del Cosmos y su ciclo cultural y/o económico”. Para alcanzar este objetivo, los investigadores pueden recurrir no solo a los vestigios arqueológicos del tipo de los grabados rupestres o los monumentales, sino también a los archivos escritos y orales existentes sobre la cultura objeto de estudio. De esta combinación de técnicas de investigación nace una disciplina con menos de treinta años de existencia en el mundo, y que en España a despertado el interés desde hace años de media docena de científicos. Hasta el momento se han elaborado varios ensayos sobre investigaciones arqueoastronómicas llevadas a cabo en Galicia, Cantabria, Andalucía, Levante, Canarias y Baleares, aunque el material de estudio potencial se extiende a la práctica totalidad del territorio nacional, dado que nos encontramos en un campo de investigación prácticamente virgen. Las taulas menorquinas, las pinturas rupestres de la santanderina cueva de Altamira, las tumbas megalíticas de Granada o Almería, o los ídolos-placa gallegos encierran, por poner tan solo unos ejemplos, un importante potencial arqueoastronómico. En cualquier caso, y una vez centrado el tema, pasemos ahora a analizar algunos de los emplazamientos canarios. Y precisamente tenemos la suerte de contar en Canarias con varios de los mejores especialistas en esta disciplina, como es el caso del ya citado J. A. Belmonte y su colega César Esteban, también del Instituto de Astrofísica de Canarias.
El misterio celeste de Canarias
Canarias es con toda probabilidad la región española en la que los estudios arqueoastronómicos están más avanzados, entre otras razones por brindar a los especialistas una tierra rica en yacimientos arqueológicos, que fue habitada hasta hace tan solo quinientos años por un enigmático pueblo del que las fuentes etnohistóricas nos cuentan que reverenció a los astros.
Los interesantes y sorprendentes frutos que han comenzado a dar las investigaciones arqueoastronómicas en Canarias, han despertado el interés de especialistas en la materia de todo el mundo, lo que ha propiciado la celebración de congresos y jornadas internacionales en las Islas, o bien la exposición de las investigaciones canarias en el extranjero.
No en vano, han sido numerosa las campañas desarrolladas a lo largo y ancho de todas y cada una de las islas, campañas que han puesto de manifiesto los acertados conocimientos astronómicos que quedaron reflejados tanto en yacimientos arqueológicos como en otros elementos de la cultura aborigen. Una cultura que idolatró a los astros, estudió sus movimientos con el fin de predecirlos incluso reflejó aquellos fenómenos astronómicos que llamaron poderosamente su atención, como parece haber sido el caso de los eclipses, uno de los cuales parece haber que dado plasmado, según una sugerente propuesta del arqueólogo José Juan Jiménez, en la colección de una pieza de cerámica de la colección del Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria. Se trata de uno de los objetos mejor conservado de la alfarería de los antiguos aborígenes del Archipiélago y fue encontrada en un importante yacimiento arqueológico del municipio grancanario de Agüimes. Pintado con almagre, se descubren fácilmente en el vaso cerámico cinco elementos circulares asociados por los expertos del Sol, que responderían a una secuencia que supuestamente estaría representando un eclipse anular de Sol.
Adoraban a los Astros
La investigación arqueológica ha terminado por confirmar lo que desde hace cinco siglos reflejaban las fuentes etnohistóricas. Ya en septiembre del año 1369 el papa Urbano V hizo publica una bula en la que alentaba la llegada de religiosos a Canarias con e fin de convertir la fe de Cristo a los adoradores del Sol y la Luna. Las reseñas en este sentido son numerosas, como la de P. Gómez Escudero, quien en 1474 narraba las fiestas que loa aborígenes de Lanzarote y Fuerteventura celebraban en torno al solsticio de verano: “Los días mayores de el año, cuando hacían grandes fiestas (...) y veíanlos a la madrugada el día del maior aparatamiento de el Sol en el signo de Cáncer, que a nosotros corresponde el día de San Juan Bautista”. Este y otros autores comentan así mismo la naturaleza de su calendario lunar, sobre lo que el cronista Abreu Galindo escribía: “tenían gran cuenta con losdías por las Lunas, a quien tenían en gran veneración, y con el sol...”.
Las mismas fuentes han servido para conocer la celebración de rituales a los astros en lo alto de montañas y riscos, donde se erigieron santuarios astrales, que hoy en día pueden ser estudiados, o montículos artificiales en forma piramidal, reseñados claramente para la isla de La Palma ya en 1632 por Abreu Galindo. En este sentido, el estudio arqueoastronómico más conocido por el gran público en Canarias ha sido el efectuado en 1991 por Belmonte, Esteban y Antonio Aparicio, descrito en el volumen Pirámides en Canarias, quienes descubrieron que el conjunto piramidal de Chacona se levantaba como un autentico calendario solar, al marcar a través de sus ejes y alineaciones la puesta del Sol en el solsticio de verano y la salida en el de invierno. Se pueden encontrar algunos ejemplos de esas investigaciones ampliadas y detalladas con muchos emplazamientos en obras como, Las Leyes del Cielo de Juan Antonio Belmonte, o su más reciente obra, Reflejo del Cosmos, elaborada en colaboración con Michael Hoskin.
El Reloj astral de Masca

Retomando el camino de los astros marcado en el pasado por los antiguos, nos encontramos con que uno de los mejores ejemplos se encuentra en Tenerife, conocido como el petroglifo o reloj solar de Masca, localizado en el yacimiento de la Degollada o Pico de Yeje, en el Roque de Tarucho. El conjunto esta compuesto por un petroglifo circular con ejes radiales, junto al cual se encuentran tres pocetas excavadas en la roca y unidas entre sí, varios grabados con forma de pez y un importante número de cazoletas de pequeño tamaño igualmente excavadas en la roca. El yacimiento se completa con una cueva funeraria. Para expertos como Tejera Gaspar, la utilidad del lugar es similar a la de los almogarenes en Gran Canaria, realizándose libaciones con leche y manteca que se hacía correr por los canalillos y cazoletas, ligados en este caso a la fertilidad al presentar el yacimiento al disco solar (femenino) y un pez en relieve asociado a una cazoleta (fálico-masculino).
Lo más interesante del yacimiento es precisamente el disco solar radiado, que divide el círculo en ocho partes como si de una tarta se tratara. Según los arqueoastrónomos, varios de los radios de esta “rueda celeste” parecen señalar la salida y la puesta del Sol en el solsticio de verano, y la puesta del astro rey en el solsticio de invierno. Sorprendentemente, los especialistas descubrieron que desde el yacimiento los guanches podían contemplar como el Sol se ocultaba en el solsticio detrás del pico más alto de La Gomera, el Garajonay, donde por cierto se han realizado recientemente interesantes hallazgos que apuntan a estructuras y objetos de uso ritual, mientras que en el solsticio de invierno lo hacía detrás del Roque de Los Muchachos, la cima de la isla de La Palma, lugar en el que también existen los restos de un santuario lunar.
