cursos: “Viaje científico al
Archipiélago de Cabo Verde”
Las aves endémicas
de las islas de Cabo Verde
Por Rubén Barone Tosco.
Revista El indiferente. Nº 17. Enero 2005
El archipiélago de Cabo Verde, situado a unos 500 km de África occidental (Senegal) y a unos 1.300 km al sur de Canarias, forma parte de lo que se ha dado en llamar la “Macaronesia”, aunque dicho término, como región biogeográfica, ha sido muy discutido y no es aceptado por la mayor parte de la comunidad científica en la actualidad. Por lo tanto, es más correcto hablar simplemente de una región geográfica, a pesar de que las conexiones florísticas y faunísticas son bastante estrechas entre algunos grupos de islas, como ocurre con Madeira, Salvajes y Canarias, que serían la “Macaronesia central”. Azores y Cabo Verde quedan más desgajados de ese núcleo, siendo el primer archipiélago el más húmedo de dicho ámbito, por su posición en el extremo norte de la Macaronesia, y Cabo Verde el más seco y de mayor influencia africana de todos, debido a su situación opuesta, a la altura de la región del Sahel continental.
Cabo Verde está compuesto por un total de diez islas, que, de norte a sur y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, son las siguientes: Santo Antáo, Sáo Vicente, Santa Luzia, Sáo Nicolau, Sal y Boavista, formando el grupo de “Barlovento”; y Maio, Santiago, Fogo y Brava, que constituyen el de “Sotavento”. Esta división no es meramente geográfica, sino también administrativa. La superficie total del archipiélago es de 4.033 km 2. La isla de mayor tamaño es Santiago, con 991 km 2, y la más pequeña Santa Luzia (actualmente despoblada), con 35 km 2, aunque la ínsula habitada de menores dimensiones es Brava, que tiene 64 km 2. A este conjunto de islas hay que sumar varios islotes, Branco y Raso en “Barlovento”, entre S. Vicente y Sta. Luzia, e Ilhéus Grande, Luiz Carneiro, Sapado, do Rei y de Cima (Ilhéus Rombos) en “Sotavento”, frente a Brava, así cono algunos roques costeros de pequeña superficie. Para una mayor información sobre la geografía y el medio natural de las islas, nos remitimos a nuestro anterior artículo en El Indiferente (Barone & García, 2001).
Generalidades de la avifauna caboverdiana
En cuanto a la zoogeografía, a pesar de la afinidad africana que se percibe en algunos elementos de la fauna invertebrada y vertebrada terrestre de Cabo Verde, estas islas han sido adscritas al Paleártico, constituyendo precisamente su límite meridional. Si nos centramos en la avifauna nidificante, vemos que en Cabo Verde se dan algunas circunstancias muy peculiares en el contexto de la Macaronesia: (a) existe una mezcla de especies afrotropicales, sahariano‑sahelianas, paleárticas, pantropicales, cosmopolitas y subcosmopolitas; (b) no hay formaciones boscosas naturales, lo que produce la ausencia de aves netamente forestales en estas islas; y (c) las especies endémicas caboverdianas son al menos cuatro, si bien algunos autores muy recientes (p. ej. Snow & Perrins, 1998a y b) las elevan a cinco, y si aplicamos el concepto de especie filogenética en vez del tradicional -especie biológica- estaríamos hablando de un número sensiblemente mayor (Hazevoet, 1995 y 1996b; ver apartado siguiente). Esto ha convertido a Cabo Verde en una de las regiones identificadas como EBA (“Endemic Bird Area”, o “Área de Endemismos de Aves”) por BirdLife Intemational, considerándose prioritaria la conservación de su ornitofauna endémica (Stattersfield et al., 1998).
La avifauna nidificante actual de estas islas está compuesta por 41 especies, incluyéndose en dicha cifra algunas que constituyen adiciones muy recientes, como es el caso de la garza real (Ardea cinerea) (Palacios & Barone, 2001; Hazevoet, 2003) y el avión común (Delichon urbica) (Geniez & López-Jurado, 1998), y obviando aquellas otras que no se reproducen desde hace varias décadas, por ejemplo, la gallineta común (Gallinula chloropus) y el jilguero (Carduelis carduelis) (Hazevoet, 1995).
A los ojos de un ornitólogo o naturalista foráneo, en Cabo Verde resaltan especialmente tres grupos “artificiales” de especies: las aves endémicas -tanto a nivel específico como subespecífico-, las aves marinas pantropicales (distribuidas de forma más o menos amplia por los mares y océanos tropicales) y las aves esteparias, ligadas a los ambientes de tipo semidesértico. Además, son dignas de mención algunas especies terrestres afrotropicales, entre las que destaca el alción cabeciblanco (Halcyon leucocephala), que tiene en este archipiélago su única población en el seno del Paleártico occidental y es uno de los elementos más conspicuos, de la avifauna caboverdiana.
Los estudios sobre las aves de Cabo Verde han sido por lo general escasos, pudiendo destacarse las obras de síntesis de Murphy (1924), Bannerman & Bannerman (1968), Naurois (1994) y Hazevoet (1995), así como los trabajos generales de autores como Alexander (1898), Bourne (1955), Naurois (1964, 1965 y 1969) y Hartog (1990). En los últimos años, sobre todo a partir de la publicación del libro The Birds of the Cape Verde lslands (Hazevoet, 1995), se ha incrementado el número de ornitólogos y birdwatchers que visitan el archipiélago, aunque la mayoría de las veces se trata de estancias breves, de 2-3 semanas a lo sumo. Desgraciadamente, aún no hay observadores locales de aves, o al menos no con la formación suficiente como para acometer estudios ornitológicos in situ. Sin embargo, sí parece asistirse a un interés creciente hacia este tema por parte de algunos geógrafos, ingenieros agrónomos y biólogos caboverdianos, y con la creación de los estudios universitarios en las islas cabe esperar mayores posibilidades en este sentido.
A partir de 1995, las principales novedades en el panorama ornitológico caboverdiano han aparecido regularmente en los trabajos tipo “anuarios” de Hazevoet (1997, 1998, 1999 y 2003) y Hazevoet et al. (1996), que constituyen la principal puesta al día de la avifauna local. Por otra parte, en los últimos doce años se han estado llevando a cabo distintos estudios sobre especies concretas, como es el caso de la garza imperial de Cabo Verde (Ardea purpurea bournei) (Hazevoet, 1992a; Barone, en preparación), el milano real de Cabo Verde (Milvusmilvus fasciicauda) (Hille, 1998, 2001a y b; Hille & Thiollay, 2000; Watson, 2001), el águila pescadora (Pandion haliaetus) (Palma et al., 2000, 2004; Ontiveros, 2003), los cernícalos vulgares (Falco tinnunculus alexandri y Falco tinnunculus neglectus) (Hille & Winkler, 2000), el halcón peregrino de Cabo Verde (Falco peregrinus madens) (Anderson & White, 2000), la lechuza común de Cabo Verde (Tytoalba detorta) (Siverio et al., 2004), la alondra de Raso (Alauda razae) (Castell, 1999b; Ratcliffc et al., 1999; Donald et al., 2003a; Donald et al., enviado) y el carricero de Cabo Verde (Acrocephalus brevipennis) (Hazevoet et al., 1999; Castell, 1999a; Donald et al., 2003b). La mayoría de estas especies se encuentran amenazadas, algunas incluso al borde mismo de la extinción (Hazevoet, 1992b y 1996a; observaciones personales). De ahí la importancia de estudiar en detalle su distribución y población, su ecología, los factores de amenaza que les afectan y otros aspectos relevantes para poder adoptar medidas de conservación in situ, tan necesarias en estos momentos.
El presente artículo se centra en las especies endémicas de Cabo Verde, ya que se dispone de un trabajo previo de carácter general sobre el conjunto de la avifauna nidificante de estas islas, publicado hace unos pocos años (Barone et al., 2000), que está bastante actualizado en cuanto a los conocimientos sobre la distribución y población de las aves caboverdianas, salvo contadas adiciones muy recientes. Aun así, como complemento de la información ofrecida sobre las especies endémicas, se adjunta una tabla en la que aparece una lista completa de las aves nidificantes en el archipiélago, con su distribución interinsular actual.
Las especies endémicas
Si adoptamos el criterio taxonómico de Snow & Perrins (1998a y b), expuesto en su obra The Birds of the Western Palearctic. Concise Edition, las especies endémicas de Cabo Verde ascienden a cinco: pardela cenicienta de Edwards (Calonectris edwardsii), vencejo de Cabo Verde (Apus alexandri), alondra de Raso (Alauda razae), carricero de Cabo Verde (Acrocephalus brevipennis) y gorrión grande o de Cabo Verde (Passer iagoensis). Sin embargo, para Hazevoet (1995 y 1996b) serían muchos más los endemismos a nivel específico, ya que, mediante la aplicación del concepto filogenético de especie, llega a la conclusión de que hay 13 (añadiendo a las ya citadas Puffinus (assimilis) boydi, Ardea (purpurea) bournei, Milvus (milvus) fasciicauda, Buteo (buteo) bannermani, Falco (tinnunculus) alexandri, Falco (tinnunculus) neglectus, Falco (peregrinus) madens y Tyto (alba) detorta). En este artículo consideraremos tan solo la existencia de cinco especies endémicas (las ya mencionadas más arriba), que son básicamente aquellas aceptadas de forma tradicional por la gran mayoría de los ornitólogos. De cualquier forma, no es descartable que nuevos estudios de tipo morfológico, genético y etológico conduzcan a la segregación como buenas especies biológicas de otras aves endémicas a nivel subespecífico, en especial de la garza imperial de Cabo Verde, la cual presenta un notable grado de diferenciación (tanto en el plumaje como en el comportamiento) con respecto al resto de las garzas imperiales del mundo.
La pardela cenicienta de Edwards es un procelariforme de menor tamaño que C. diomedea diomedea y C. d. borealis, con el pico sensiblemente más fino y de color grisáceo, las partes superiores más oscuras y las supracoberteras caudales con un color más blanco que en estas dos subespecies, aparte de otros caracteres diferenciales que son diagnósticos para su distinción, como por ejemplo la voz (Porter et al., 1997). En la actualidad, sus colonias reproductoras se localizan en las islas de Sto. Antáo, S. Nicolau, Sal, Boavista, Santiago y Brava, así como en los islotes de Branco y Raso y probablemente en Rombos (Hazevoet, 1994, 1995; Hazevoet et al., 1996). Las principales colonias se sitúan en Brava, Branco y Raso (Hazevoet, 1994, 1995), aunque es probable que existan núcleos reproductores de cierta importancia, aún no descubiertos, en algunos sectores de las islas restantes, sobre todo en los acantilados costeros más inaccesibles. La población total de esta pardela ha sido evaluada en unas 10.000 parejas en el período 1988-1993 (Hazevoet, 1994, 1995), si bien dicha cifra ha sido considerada con posterioridad como “posiblemente demasiado optimista” (Hazevoet et al., 1996). En los últimos años se han producido diversas observaciones y recuperaciones de aves muertas en las costas de Brasil y en el mar cercano a dicho país (Petry et al., 2000; Olmos, 2002), que amplían lo conocido sobre los movimientos dispersivos de esta especie (cf. Hazevoet, 1995). Además, en las aguas frente a Senegal se concentra en cantidades considerables durante el mes de octubre (Porter et al., 1997). En la actualidad, debido a las frecuentes colectas de que -con fines alimenticios- es objeto por parte de la población local, esta ave marina se encuentra bastante amenazada.
El vencejo de Cabo Verde es cl equivalente al vencejo unicolor (Apus unicolor), endémico de Madeira y Canarias, en este archipiélago. Habita las islas más montañosas (Sto.Antáo, S. Nicolau, Santiago, Fogo y Brava), aunque también es avistado con mayor o menor frecuencia en el resto de las islas, excepto Santa Luzia (Hazevoet, 1995; Hazevoet et al., 1996; Barone & Delgado, 1999; Hazevoet, 1999, 2003). Frecuenta sobre todo los acantilados costeros, barrancos y riscos interiores, donde forma pequeñas colonias de cría (Hazevoet, 1995; observaciones personales). De este apódido hay muy pocos datos concretos sobre la reproducción y otros aspectos de su biología (cf. Naurois, 1986 y Hazevoet, 1995), por lo que se trata de una de las especies menos conocidas de la avifauna caboverdiana.
La alondra de Raso está confinada a un islote deshabitado de tan sólo siete km 2, Raso, como su propio nombre indica. La situación taxonómica de este aláudido es bastante controvertida, ya que ha sido incluida en géneros muy distintos (Spizocorys, Razocorys, Calandrella) (Hall, 1963; Naurois, 1994; Hazevoet, 1995). Presenta un dimorfismo sexual bastante acusado, patente en la notoria diferencia de tamaño entre el pico del macho (más grueso, alargado y robusto) y el de la hembra (más corto y fino) (cf: Hazevoet, 1995). Ello se debe, al parecer, al distinto tipo de actividad alimentaria llevado a cabo por los dos sexos, de forma que los machos excavan a menudo huecos en la tierra en busca de los bulbos de una ciperácea, Cyperus bulbosus, mientras que las hembras lo hacen con mucha menos frecuencia (Donald et al., 2003a). Habita las llanuras terrosas y terroso-pedregosas situadas en distintos puntos del islote, donde encuentran una mayor cobertura vegetal, la adecuada para alimentarse y nidificar (Hazevoet, 1995; Castell, 1999b; Ratcliffe et al., 1999; Donald et al., 2003a). Su población presenta notables variaciones interanuales, puesto que se rige por el régimen de precipitaciones. Entre los años 1965 y 2001, los conteos de diferentes observadores han oscilado entre un mínimo de 20 ejemplares en junio de 1981 y un máximo de 250 aves en octubre de 1988, marzo de 1990 y marzo de 1992 (Hazevoet, 1995; Ratcliffe et al., 1999; Donald et al., 2003a). El censo más reciente, que es a su vez el más exhaustivo publicado hasta ahora, fue llevado a cabo por Donald et al. (2003a) en octubre de 2001, estimándose una población de 128-138 individuos. Con estas cifras, y teniendo en cuenta las amenazas que le afectan (alta tasa de depredación natural, eventual introducción de gatos y perros, visitas incontroladas al islote, etc.), obvia decir que se trata de una especie en peligro de extinción. En este sentido, datos aún más recientes, obtenidos en enero y noviembre de 2003, han confirmado una notable reducción de efectivos en comparación al anterior recuento (Donald et al., enviado).
E1 carricero de Cabo Verde es una de las especies orníticas más interesantes de la Macaronesia, ya que representa uno de los contados elementos afrotropicales de la avifauna caboverdiana, y por ende del conjunto de los archipiélagos atlánticos (Hazevoet, 1995). Está estrechamente emparentado con Acrocephalus rufescens, propio del África occidental, tanto en la vocalización como en el ADN mitocondrial, aunque desde el punto de vista morfológico presenta una mayor similitud con A sechellensis, endémico de las islas Seychelles (Leisler et al., 1997). Esto último, que contradice los resultados del análisis genético, es explicado como un resultado de la convergencia adaptativa a ambientes no acuáticos, ya que ambas especies frecuentan hábitats de tipo arbustivo y/o boscoso y han evolucionado en islas (Leisler et al., 1997). Debido a estas afinidades, el grupo de carriceros afrotropicales ha sido emplazado habitualmente en el género Calamocichla (Hazevoet, 1995), aunque la tendencia actual es considerarlo como un grupo de especies o un subgénero (Leisler et al., 1997). La distribución actual de A. brevipennis queda relegada a las islas de Santiago y Sáo Nicolau, si bien sólo en la primera de ellas es relativamente común y se encuentra ampliamente distribuido, estimándose una población de unas 500 parejas (Hazevoet, 1995; Hazevoet et al., 1999). En Sáo Nicolau, donde no se tenían datos desde octubre de 1970 (fecha en que fue capturado un ejemplar), esta especie fue redescubierta en febrero de 1998, concretamente en tres localidades (Hazevoet et al., 1999), las mismas en las que fue observado en septiembre-octubre de 2001 y en enero de 2003 (Donald et al., 2003b). Estos últimos autores detectan un total de 910 aves (con 4 parejas confirmadas) en 2001 y 8-9 (con 5 parejas confirmadas) en 2003. Al menos hasta finales de la década de 1960 habitó también la isla de Brava, ya que fue colectado un macho en octubre de 1969; sin embargo, en las prospecciones hechas recientemente no ha podido localizarse ejemplar alguno en ella (Hazevoet, 1995). El hábitat de esta especie está constituido sobre todo por cañaverales de Arundo donax, cultivos de frutales tropicales (p. ej. de mangos Mangifera indica) y zonas arboladas en general, sobre todo en barrancos y valles con mayor grado de cobertura vegetal (Hazevoet, 1995; Hazevoet et al., 1999; Castell, 1999a; Donald et al., 2003b). Por su distribución limitada y población baja moderada (baja en Sáo Nicolau y moderada en Santiago), esta especie se considera amenazada. Entre los factores que inciden negativamente en su conservación figuran la tala de los cañaverales donde habita y la desertificación, que afectan sobre todo a una población pequeña como la de Sáo Nicolau.
Por su parte, el gorrión grande o de Cabo Verde es el ave endémica más común y ampliamente distribuida, puesto que ocupa la totalidad del archipiélago y algunos de los islotes. Aunque Hazevoet (1995) comenta su ausencia en Fogo, en julio de 1997 fue detectado por primera vez en esta isla (Geniez & López-Jurado, 1998). Forma parte de un grupo de “gorriones rojizos” de distribución principalmente africana al sur del Sáhara, presente a ambos lados del continente, distando unos 5.000 km de las poblaciones más cercanas de otra especie emparentada, Passer motitensis (Summers-Smith, 1989). Es un ave con una amplia valencia ecológica, ya que ocupa una gran variedad de hábitats: acantilados costeros, llanuras semidesérticas, campos de lava, barrancos, zonas arboladas, cultivos, núcleos de población, etc. (Summers-Smith, 1989; Hazevoet, 1995; Barone & Delgado, 1999), convirtiéndose así en el gorrión más común de los tres presentes en Cabo Verde (las otras especies son P. domesticus y P. hisparniolensis). Tan sólo escasea en islas como Sal o Fogo, donde se encuentra bastante localizado (Geniez & López Jurado, 1998; Barone & Delgado, 1999). Debido a que se trata de un ave omnipresente y con buenas poblaciones, no presenta, aparentemente, ningún problema de conservación.
Como hemos visto, la mayoría de las aves endémicas de Cabo Verde se encuentran gravemente amenazadas, al igual que otras tantas especies que componen la ornitofauna de este archipiélago. Por tanto, urge tomar las medidas necesarias para evitar su extinción, que supondría una pérdida irreparable para la biodiversidad macaronésica y mundial. La formación de ornitólogos y naturalistas en estas islas, junto a la creación de un cuerpo de agentes medioambientales que realicen tareas de vigilancia en los parques y las reservas naturales declaradas hasta ahora (sobre todo, en los islotes de Branco, Raso y Rombos), es algo fundamental. Asimismo, deben reforzarse las labores de educación ambiental dirigidas a los centros escolares y la población en general, que ya se han iniciado pero precisan de una continuidad. De cualquier forma, sólo un decidido apoyo técnico y económico al gobierno de Cabo Verde, a través de proyectos de cooperación internacional, podrá salvaguardar la importante biodiversidad que atesora el país, teniendo en cuenta la precaria situación económica que padecen muchos de sus habitantes.
Agradecimientos
En primer lugar, debo agradecer la gran ayuda prestada por el Dr. Juan José Batallado en mis viajes a Cabo Verde, y especialmente durante la expedición de septiembre-octubre de 1998, que estuvo enmarcada en el proyecto “MACARONESIA 2000”, organizado por el Museo de Ciencias Naturales de Tenerife. La colaboración in situ del Prof. Jose Maria Semedo y de Ana Cabrera fue crucial, así como de nuestros compañeros de viaje, en especial de Guillermo Delgado, Guillermo García y Miguel Fernández del Castillo. Igualmente, expreso mi gratitud al Dr. Cornelis J. Hazevoet, al personal del Museo de Historia Natural de Viena (a través de mi amigo el Dr. Peter Sziemer), al Dr. Jacobus C. den Hartog (tristemente fallecido hace unos pocos años), al Dr. Luis Palma, al Dr. Paul F. Donald y a todas las demás personas que me han facilitado bibliografía sobre las aves de Cabo Verde durante los últimos 12 años. Por último, a Felipe Siverio, que realizó una lectura crítica del manuscrito, y a Nicolás Martín, por invitarme a escribir este artículo.
Nota: debido a su extensión, la bibliografía del artículo se ha retirado. Ésta se encuentra en el artículo original que puede ser consultado en la Biblioteca Municipal de La Orotava.
Tabla I. Relación de las aves nidificantes actuales en el archipiélago de Cabo Verde.
Especies |
Distribución interinsular |
Petrel gon-gon (Pterodroma feae) |
ST?, F, SA, SN |
Petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii) |
IR, R |
Pardela cenicienta de Edwards (Calonectris edwardsii) |
ST, BR, SA, SV? B, R, SN, S, BV? |
Pardela chica de Cabo Verde (Puffinus assimilis boydi) |
ST, F, BR, IR, SA, SV?, B, R, SN, BV? |
Paíño pechialbo (Pelagodroma marina) |
IR, B, BV, M |
Paíño de Madeira (Oceanodroma castro) |
IR, B, R, BV?, M? |
Rabijunco etéreo (Phaethon aethereus mesonauta) |
ST, BR, IR, SA, R, S, BV |
Piquero pardo (Sula leucogaster leucogaster) |
ST, BR, IR, SA?, SV?, R, S?, BV |
Rabihorcado magnífico (Fregata magnificens) |
BV |
Garceta común (Egretta garzetta garzetta) |
Probablemente todas las islas |
Garza real (Ardea cinerea cinerea) |
SA |
Garza imperial de Cabo Verde (Ardea purpurea bournei) |
ST |
Milano negro (Milvus migrans migrans) |
ST?, BV |
Milano real de Cabo Verde (Milvus milvus fasciicauda) |
SA, BV? |
Alimoche común (Neophron percnopterus) |
ST, F?, BR?, SA, SV?, SN, S?, BV, M |
Busardo ratonero de Cabo Verde (Buteo buteo bannermani) |
ST, SA |
Águila pescadora (Pandion haliaetus haliaetus) |
ST, SA, SV, SL, B, R, SN, S, BV, M |
Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus alexandri) |
ST, F, BR, IR, S, BV, M |
Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus neglectus) |
SA, SV, SL, B, R, SN |
Halcón peregrino de Cabo Verde (Falco peregrinus madens) |
Probablemente todas las islas |
Codorniz común (Coturnix coturnix) |
ST, F, BR, SA, SV, SN, S, BV, M |
Pintada común (Numida meleagris)* |
ST, F, SN, BV, M |
Cigüeñuela común (Himantopus himantopus himantopus) |
S, BV?, M? |
Corredor sahariano (Cursorius cursor) |
ST, SA?, SV, SL?, SN?, S, BV, M |
Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus alexandrinus) |
ST, SV, S, BV, M |
Paloma bravia (Columba libia) |
ST, F?, SN (aves silvestres) |
Lechuza común de Cabo Verde (Tyto alba detorta) |
ST, F?, BR, IR, SA, SV?, B, R, S N, BV, M |
Vencejo de Cabo Verde (Apus alexandri) |
ST, F, BR, IR?, SA, SV?, SN |
Alción cabeciblanco (Halcyon leucocephala) |
ST, F, BR |
Alondra negrita (Eremopterix nigriceps nigriceps) |
ST, F, B R?, SV?, R?, S N?, S?, BV, M |
Terrera colinegra (Ammomanes cincturus cincturus) |
ST, F, BR?, SN, S, BV, M |
Alondra ibis (Alaemon alaudipes) |
S, BV, M |
Alondra de Raso (Alauda razae) |
R |
Avión común (Delichon urbica) |
BV |
Carricero de Cabo Verde (Acrocephalus brevipennis) |
ST, BR?, SN |
Curruca tomillera (Sylvia conspicillata) |
ST, F, BR, SA, SV, SN, BV, M |
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) |
ST, F, BR, SA, SV?, SN, BV? |
Cuervo desertícola (Corvus ruficollis ruficollis) |
Todas las islas |
Gorrión común (Passer domesticus domesticus)* |
SV |
Gorrión moruno (Passer hispaniolensis hispaniolensis) |
ST, F, BR?, SA?, SV?, SN, S?, BV, M |
Gorrión grande o gorrión de Cabo Verde (Passer iagoensis) |
Todas las islas |
Pico de coral (Estrildaastrild)* |
ST, SV? |
Simbología empleada en la tabla: ST= Santiago, F= Fogo, BR= Brava, IR= Ilhéus Rombos, SA= Santo Antáo, SV= Sáo Vicente, SL= Santa Luzia, B= Branco, R= Raso, SN= Sáo Nicolau, S-- Sal, BV= Boavista, M= Maio.
Se hace constar las subespecies cuando la gran mayoría de los autores están de acuerdo al respecto, y se obvian en el caso de las especies monotípicas.
Las interrogaciones plantean dudas en cuanto al estatus de una determinada especie como reproductora actual en una isla dada.
Las especies introducidas han sido señaladas con asterisco (*).
Se han excluido dos especies, Hirundo rustica y Ploceus cucullantus, que han sido citadas como nidificantes pero que en nuestra opinión deben ser confirmadas.
Fuentes para la elaboración de la tabla: Hazevoet (1995) y otras referencias más recientes citadas en la bibliografía de este artículo.
