La isla de Fuerteventura

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La isla de Fuerteventura es la más larga del Archipiélago. Separan Punta de Tiñosa, al Norte, de la de Jandía, en el extremo meridional, 210 kilómetros de distancia. Su superficie es de aproximadamente 1.659,7 kilómetros cuadrados (incluida la Isla de Lobos), por tanto, es la segunda en extensión del Archipiélago, tras Tenerife. Es, asimismo, la más próxima al vecino continente africano, pues distan unas 52 millas marinas entre Punta Entallada y Saquía-el-Hamra en el Sahara Occidental.

El principal rasgo que caracteriza a la isla es el relieve maduro, producto de una continuada erosión que ha incidido y originado profundos y amplios valles en forma de "U", debido al relleno del lecho por glacis poligénicos. Estos valles se encuentran flanqueados por escarpados interfluvios que reciben el nombre genérico de cuchillos. El techo de la isla se halla en Jandía (Pico de la Zarza, 807 metros).

Es muy probable que Fuerteventura en su devenir histórico nunca haya poseído una masa forestal relevante, como sí tuvieron otras islas, por la escasa altura de sus relieves, pero no cabe duda que debió contar con una mayor densidad de matorrales y arbustos propios de zonas costeras como: palmeras, tarajales, acacias, etc., que retenían los suelos de sus estribaciones montañosas y facilitaban la infiltración del agua de la lluvia.

Por otro lado, la mala calidad de las aguas, debido al alto contenido de sales, propicia que las tierras que se riegan de una forma sistemática terminen salitrándose e impidiendo su aprovechamiento por largo tiempo. Esta serie de inconvenientes junto a otros factores favorables, son los que de forma articulada han ido configurando el paisaje de la isla.

La isla cuenta con diez parajes naturales protegidos con un total de 43.725 ha, es decir, el 25% de la superficie de Fuerteventura.

El medio físico

A pesar de la primera apariencia de homogeneidad, Fuerteventura presenta cuatro grandes unidades o macro estructuras diferenciadas, a saber: el Macizo de Jandía, el Macizo de Betancuria, una tercera macro estructura que conforma la zona septentrional y la cuarta y última gran unidad la constituiría el resto del espacio insular, es decir, el sector centro y sureste de la isla. Asimismo también se puede establecer otra clasificación, dividiendo la isla en dos mitades: Norte y Sur. El Norte es menos poblado y dedicado desde el punto de vista agrícola al cultivo de cereales y leguminosas, mientras el Sur ofrece unas densidades de población mayor y es la zona de asentamiento de los cultivos de riego sistemático y de exportación (tomates y alfalfa).

Los principales rasgos geomorfológicos

La isla carece de alturas significativas, la máxima altitud se halla en el Macizo de Jandía (Pico de la Zarza, 807 metros), asimismo, hay toda una serie de estribaciones montañosas en el Macizo de Betancuria cuyas cotas más altas alcanzan los 600 metros.

El resto de la isla es muy llano (llanura litoral nororiental, llanura interior y la llanura costera). Las tres están formadas por multitud de barrancos que se encuentran a su vez divididos por una serie de cuchillos que terminan de compartimentar el suelo de Fuerteventura. Los valles que se forman entre los cuchillos tienen forma de "U", ello se debe a que su lecho se encuentra tapizado por acumulaciones sedimentarias antiguas. Las costas son en su mayoría bajas y arenosas, excepto la parte occidental que es acantilada.

En la formación geológica de la isla diferenciamos los sedimentos mesozoicos (turbiditas) que constituyen el zócalo de la isla. Sobre éstos se asienta el denominado complejo basal (peridotitas, gabros, dioritas, lavas almohadilladas y tobas traquíticas soldadas) que conforman un conjunto muy particular y altamente inyectado por diques. Se superponen a dicha formación geológica las sucesivas series volcánicas, donde destacan por su volumen las series intermedias; y prácticamente testimonial es el vulcanismo reciente (Malpaís de Bayuyo, Malpaís Grande y Chico y Malpaís de Jacomar).

En cuanto a las series volcánicas, destaca la Serie basáltica, que comprende todo el Macizo de Jandía, y buena parte del subsuelo de la vertiente oriental; asimismo, aflora al Norte del municipio de Puerto del Rosario y alrededores de La Oliva. Son coladas de escaso espesor que se superponen (plateaux), y parten de una fisura que generalmente sigue la dirección NE-SO. Al final de esta serie hay un período de volcanismo explosivo y puntual en algunas zonas de la isla que da paso, tras un período de erosión, a la Serie basáltica II, con los característicos volcanes en escudos que originan coladas espesas y extensas, recubriendo buena parte de los antiguos materiales y, sobre todo, ganado terreno al mar.

De igual manera, en esta serie hay todo un conjunto de conos de piroclastos y lavas escoriáceas que conformaron numerosos malpaíses, hoy altamente alterados por la erosión. Por su parte, a la Serie basáltica III corresponden las erupciones habidas en el Pleistoceno, destacando los edificios de Montaña Escafranga, Montaña Roja, la Caldera de Fimapaire y Montaña de los Apartaderos. Estos conos están relativamente bien conservados. Por último, la Serie basáltica IV son los edificios y conos mejor conservados, y prácticamente no ha transcurrido suficiente tiempo para que la erosión los modifique, al menos de forma sustancial.

No obstante, la actual configuración de la isla no sólo obedece a la litología y a la propia evolución geológica, sino que, igualmente, es necesario tener presente la acción del clima.

En efecto, la formación de las amplias llanuras, los valles en "U" y los cuchillos, sólo se explican por la existencia de unas condiciones climáticas diferentes a las actuales, sobre todo, de mayores y más regulares precipitaciones. En cualquier caso, la aridez es un hecho, asimismo, constatable en el clima pretérito de Fuerteventura, pues estas condiciones son las únicas que pueden explicar la formación de numerosos glacis y tableros que se reparten por la isla. Estos, debido a la dinámica climática actual, se encuentran altamente seccionados y compartimentados, ofreciendo un paisaje similar al bad lands.

Los rasgos climáticos

La isla de Fuerteventura puede englobarse dentro de los climas áridos con la particularidad de que es auténticamente desértico en la costa y buena parte del interior, y estepario en las zonas de mayores alturas.

Se caracteriza, en líneas generales, por las escasas e irregulares precipitaciones y por unas altas temperaturas a lo largo de todo el año, lo cual deriva en una igualmente fuerte evaporación y evapotranspiración potencial que condiciona altamente la vida vegetal y animal de la isla.

A diferencia del resto de las islas del Archipiélago, no se puede establecer en Fuerteventura una dicotomía barlovento-sotavento, por la escasa envergadura del relieve.

Sin embargo, la presencia de estribaciones montañosas que superan los 500 metros de altitud nos permite señalar una serie de pisos climáticos en particular y biogeográficos en general, dentro del conjunto de la isla.

A lo largo del año se registran una temperatura y humedad relativa bastante uniformes. Las lluvias son escasas, siendo más habituales de septiembre a mayo. Los vientos dominantes son del NE o del N, suaves durante el otoño y el invierno y algo fuertes en primavera y verano. La temperatura media anual oscila entre los 19,6º C y los 18,8º C, y la humedad relativa entre el 19% y el 38%. El grado de insolación es bastante elevado, siendo la media anual de 2.800 horas de sol. La temperatura del agua oscila entre los 17º C y los 23º C en superficie, siendo enero y febrero los meses más fríos y agosto y septiembre los más cálidos. Las corrientes de agua son intensas en el lado de Sotavento, y discurren la mayor parte del tiempo en dirección NE-SO, paralelas a los flancos de la isla.

A grosso modo, el clima de la isla se puede dividir en el existente en la zona costera, desértico; el comprendido entre los 400-500 metros de altitud que se suaviza y se convierte en estepario y, por último, en las altas cotas de los principales macizos montañosos podemos encontrar un clima templado.

La red hidrográfica de la isla está formada por numerosos barrancos. Son de destacar los barrancos de Jarubio, Molinos, Vega de Santa Inés y Río Palmas, en la parte más occidental de la isla. Merecen citarse, por el Sureste, los de Pozo Negro y Gran Tarajal, entre otros.

Flora y Fauna

Flora

Fuerteventura es la cuarta región natural a nivel mundial en cuanto a endemismos florísticos se refiere, donde perviven plantas de la Era Terciaria que han desaparecido de la mayor parte del planeta. Debido a la baja altitud de la isla, los vientos alisios no descargan su humedad, por lo que no existen en Fuerteventura bosques como en las islas más altas. La formación vegetal que ocupa una mayor superficie en la isla es el matorral espinoso, que se extiende por llanos y lomadas. La aulaga es una de las especies más comunes, además de espinos, matamoros y rama. El verode, las tabaibas y los cardones representan los elementos más puros de la que se supone fue la formación original.

Las palmeras y tarajales, casi los únicos representantes arbóreos de la vegetación autóctona, están ligados al cauce de los barrancos y el fondo de los valles. En áreas de trasplayas, inundadas periódicamente por la marea, aparece una comunidad denominada saladar. En este hábitat, junto con otras especies, se halla presente un matorral denso denominado matamoros.

Fuerteventura dispone de las mejores representaciones de saladar del Archipiélago (Saladar del Matorral en Morro Jable). Estas zonas húmedas tienen una gran importancia debido a su vinculación con la avifauna. También en la costa, y generalmente cerca de los saladares, se encuentra el jable. Los campos de dunas se extienden hacia el interior a favor de los vientos dominantes. Destacan en estas zonas la uva de mar y los balancones. Tierra adentro, el arenal contiene una rica vegetación representada por corazoncillos, algahuera, salado blanco, saladillo, trufa, melosa, cebolla, etc.

En la isla existen zonas declaradas de interés ecológico protegidas por la Ley 12/1987 de 19 de junio de la Red de Espacios Naturales de Canarias. Bajo la denominación de Parajes Naturales de Interés Nacional se encuentran la Montaña de Tindaya, la Ladera de Vallebrón, la Montaña Cardón, el Malpaís de la Arena, El Saladar y la Caldera de Gairía; como Parques Naturales están las Dunas de Corralejo y Lobos, el Pozo Negro, Jandía y Betancuria.

Fauna

En cuanto a la fauna, los invertebrados, y entre éstos los insectos, son el grupo faunístico más representado en Fuerteventura. Especial interés tiene la cochinilla, insecto que vive y se desarrolla sobre las hojas de la tunera, que llegó a estar protegido por una ley de 1827. Frente a la abundancia de invertebrados, Fuerteventura no destaca por la presencia de vertebrados; las aves son los únicos representantes (con un número importante de especies, especialmente las nidificantes muchas endémicas y migratorias). Las costas vírgenes de Fuerteventura y las escasas salinas y presas sirven de parada a estas especies, concentrándose en ellas una comunidad cuyos componentes varían estacionalmente.

Las aves más representativas de los llanos tanto arenosos como terrosos son la hubara canaria o avutarda, el corredor, el alcaraván, el alcaudón real, el cernícalo y la abubilla. En los barrancos se encuentran la terrera marismeña, la tarabilla canaria, el herrerillo, el gorrión moruno, etc. En las áreas montañosas abundan el guirre, la aguililla, el camachuelo trompetero, el águila pescadora, la lechuza común, etc. Tanto el águila pescadora como el guirre están en inminente peligro de extinción. De entre las aves marinas destacan la pardela como ave nidificante y el chorlitejo grande, el chorlitejo gris, el correlimos, la garcela, etc. como aves migratorias.

Quedan escasos ejemplares de charranes comunes de la numerosa colonia existente anteriormente. En la Isla de Lobos, la avifauna está compuesta por el petrel, la pardela chica y cenicienta y el paíño común. Las diferencias de salinidad y temperatura de las aguas, debido a las corrientes marinas, permiten la presencia de especies pertenecientes a regiones diversas.

La zona de barlovento, azotada por el mar de fondo, más rica en plancton y algo más fría, presenta más variedad y abundancia de especies. Por familias predominan los espáridos (bogas, salemas, sargos, chopas, galanas, roqueras, samas, brecas, bocinegros, besugos, etc.). Los túnidos y similares están representados principalmente por especies de bonitos, patudos, rabiles y sierras, además de ubicuas y caballas. Entre los pelágicos están los siguientes: agujas, voladores, dorados, pejerreyes, peces espada, sardinas y picuíllos. Las más importantes especies de cangrejos son las siguientes: santorra, centolla (que se coge con frecuencia en las nasas caladas a poca profundidad), cangrejos blanco y colorado, camarones, langostas canarias (muy abundantes en las cuevas del mar del norte), percebes (popularmente llamados "patas de cabra" y localizados en los lugares umbríos de los rompientes del Mar de Norte). Los moluscos más abundantes son los mejillones, los burgados, las cañaíllas y las lapas. Entre los cefalópodos abundan en especial los pulpos, calamares, chocos y potas.

En alta mar son frecuentes las tortugas careta o bobas, al igual que las tortugas laúd, que anidan en algunas playas de la isla. Los mamíferos marinos más frecuentes son las toninas (delfines), ruasos y algunas ballenas, habiéndose constatado recientemente la presencia ocasional de focas monjes. Los anfibios están representados por la rana común; los reptiles más significativos son los lagartos, la lisa majorera o lisneja y los perenquenes. En cuanto a los mamíferos, todos los que habitan en la isla han sido introducidos por el hombre (a excepción de los murciélagos). En esta clase se engloban los perros (siendo el bardino una raza autóctona), la cabra, el cerdo, la oveja, el caballo, el dromedario, el burro, el gato, etc. Entre los mamíferos no domesticados se encuentran el erizo, la musaraña, el murciélago, el conejo, la rata, el ratón y la ardilla moruna (especie esta última introducida recientemente en la isla desde África).

Rasgos característicos de la población

La población es escasa en comparación con la superficie y, sobre todo, con respecto a otras áreas del Archipiélago. Estos bajos efectivos poblacionales hay que entenderlos por la importante emigración y no por un escaso crecimiento natural. En efecto, en la isla hubo importantes crisis carenciales, relacionadas con la pertinaz sequía, que derivaron en hambre, y por consiguiente motivaron importantes éxodos de población, constituyendo ésto un hecho casi estructural en la isla. Dichas salidas se efectúan fundamentalmente a Gran Canaria y Tenerife, y en menor medida a ultramar (América).

La demografía insular ha experimentado un aumento regular acelerado en el último decenio en la capital, Puerto del Rosario (con cerca de 19.000 habitantes), que contrasta con su ancestral estancamiento. La densidad demográfica continúa siendo muy baja. La población de la isla en 1999 ascendía a 53.903 habitantes. Un rasgo característico de la población majorera es su peculiar forma de poblamiento. Son núcleos concentrados y de escasa entidad, quedando, por consiguiente, extensas áreas deshabitadas en el conjunto del espacio insular.

Esta tendencia hacia la concentración de sus efectivos poblacionales se ha incrementado de forma paulatina, acelerándose en el mencionado proceso en los últimos años.

Economía

La actividad económica majorera, hoy día, se sustenta en tres pilares, dos de ellos han tenido tradicional representación en el espacio majorero (agricultura y ganadería), mientras el tercero es de reciente instalación (turismo).

Ganadería

La ganadería apenas ha sufrido variación en los últimos tiempos, pues se mantienen los tradicionales sistemas de explotación y pastoreo extensivo con bajos índices de capitalización. Hoy día, la situación comienza a cambiar con la instalación de queserías para la elaboración de productos lácteos. Esta mejora es incluso extensible al proceso productivo con la introducción de ordeñadoras mecánicas por parte de algunas explotaciones.

Agricultura

La agricultura ha tenido un importante proceso de reconversión, tanto por la mayor penetración de capital y el consiguiente desarrollo de las fuerzas productivas, como por la sucesión de cultivos. En efecto, en tiempos pasados dominaron los cereales, cultivados sobre gavias, y algunas leguminosas y frutales, todos ellos en secano. En cambio, a partir de los años treinta se introduce el tomate, ya en regadío, primero por el tradicional sistema de inundación y posteriormente con formas de riego localizado (aspersión y, sobre todo, goteo). Asimismo, el suelo se recubre con lapilli (arenado) reportando una serie de beneficios a la planta, pues permite un mayor ahorro de agua, gracias al efecto higroscópico del picón.

De igual manera, la planta crece sin excesivas alteraciones de temperatura del suelo. El picón impide, asimismo, la escorrentía de las aguas superficiales y consiguientemente la pérdida de suelo.

En cualquier caso, el regadío se utiliza en la isla sólo para los cultivos del tomate y la alfalfa, ambos altamente resistentes a las aguas de gran contenido en sales.

Turismo

El turismo es una actividad reciente, aunque por su espectacular crecimiento constituye el principal eje de la actividad económica majorera. Este fenómeno se ha desarrollado en dos zonas principalmente: Corralejo, en el Norte, donde predominan las instalaciones hoteleras; y Jandía, en el Sur, con una mayor importancia de las residencias extrahoteleras (bungalows y apartamentos). Otro núcleo de turismo y ocio es la costa de Antigua (Caleta de Fuste), aunque con un número muy inferior de camas.

El turismo es mayoritariamente comunitario, destacando los de nacionalidad alemana, y seguidos a distancia por otros países comunitarios (Holanda, Reino Unido y Francia). Asimismo, y sobre todo en los últimos años el turismo procedente de la Península Ibérica, en los meses de estío, ha cobrado un gran auge.

Administración y Gobierno

La isla de Fuerteventura es uno de los siete territorios insulares que integran la Comunidad Autónoma de Canarias. Administrativamente la isla se encuentra dividida en seis municipios, que son:

  1. Antigua: situado en una franja de terreno del centro-este de Fuerteventura, con una superficie de 250,56 km2. La crestería de la Cumbre de Maninubre delimita su término con el de Betancuria, mientras que su lindero norte con Puerto del Rosario sigue el trazo de una línea irregular y arbitraria, a través de llanos y alineaciones montañosas. Morros, malpaíses y cuchillos costeros establecen su frontera sur con Tuineje, quedando abierto al Atlántico por el lado este.

  2. Betancuria: topónimo derivado del nombre del conquistador de la isla, Jean de Bethencourt, fue capital insular hasta el siglo XIX. Localizado en el centro-oeste de la isla, es el más pequeño con una extensión de 103,63 km2. Los distintos episodios volcánicos formaron con el tiempo el rasgo principal del municipio el Macizo de Betancuria, cuyo pico más alto es el Pico de la Atalaya con 724 m.

  3. La Oliva: es el municipio situado más al norte de la isla, tradicionalmente la economía municipal, al igual que en el resto de la isla, era predominantemente la ganadería y la pesca, así como una agricultura muy localizada, hasta que en los años setenta el desarrollo turístico se convierte en el nuevo motor de la economía municipal. La Oliva, junto con el municipio de Pájara, es donde la actividad turística, y por tanto inmobiliaria, se han consolidado de forma más clara. A 23 km de Puerto del Rosario, tiene una rica historia, desde los petroglifos prehispánicos de la Montaña de Tindaya (Paraje natural de Interés Nacional) al monumento a Miguel de Unamuno, desterrado aquí por Primo de Rivera. También destaca la casa de los Coroneles (siglo XVIII). Población (según estimaciones para 1995), 6.789 habitantes.

  4. Pájara: a 42 km al suroeste de Puerto del Rosario. Su economía se basa en la agricultura (tomates, cereales y alfalfa), la pesca, el turismo y la artesanía de palma. Entre sus monumentos destacan la iglesia de la Virgen de la Regla (siglo XVIII) y la ermita de Nuestra Señora de la Peña. Población (según estimaciones para 1995), 5.345 habitantes.

  5. Tuineje: a 33 km al suroeste del Puerto del Rosario. El tomate es su principal producción. En este municipio se encuentra parte del Parque natural Pozo Negro y parte del Paraje natural de Interés Nacional Caldera de Gairía. Entre sus monumentos artísticos destacan su castillo (siglo XV) y la ermita de San Miguel. Población (según estimaciones para 1995), 7.735 habitantes.

  6. Puerto del Rosario: municipio capitalino, es el núcleo urbano que más población concentra, y donde el crecimiento ha sido mayor. La población del municipio ha crecido de forma constante en las últimas décadas. Casi concentra el 50 por ciento del total de la isla. Como capital de la isla es el centro de gestión y administración, por lo que concentra todas las funciones. En su economía destaca la actividad pesquera, además de la agricultura y ganadería caprina (antes se llamó Puerto Cabras). Entre sus lugares de interés turístico destaca el turismo de playa: Puerto Lajas y Playa Blanca y la iglesia de estilo colonial.

El órgano de gobierno y administración insular es el Cabildo, que tiene autonomía plena en los términos que establece la Constitución (REC 1978/2836) y su legislación específica conforme al artículo 32 del Estatuto de Autonomía de Canarias (aprobado por Ley Orgánica de 10 de agosto de 1982), que es su norma institucional básica.

Historia

El primer nombre que se conoce de la Isla es el de Herbania, refiriéndose a la muralla que dividía en dos el territorio, separando a dos tribus indígenas. La muralla estaba situada en el Istmo de la Pared, quedando al norte los seguidores de Ayoze y al sur los de Guise. Más tarde, y refiriéndose a las cuevas que sirvieron de morada los indígenas "majos" o "mohod", se deriva la forma arcaica mahorero o majorero, nombre que se les dio a los habitantes de la Isla; y también Mahorato o Maxorata, invención culta y latinizante de la misma raíz, inventada por los cronistas para designar la tierra de los majoreros.

Fue en 1339, en un mapa de Angelino Dulcet, donde aparece ya aplicado el nombre de Forte Ventura.

La Conquista

Parece que los árabes andalusíes estuvieron durante la Edad Media alguna vez en Canarias, pero si nos referimos a Fuerteventura, fueron los mallorquines, los catalanes, los andalusíes, los vascos, los portugueses, en asociación con genoveses, florentinos, venecianos y otros navegantes y comerciantes de la península Italiana, los que efectuaron las expediciones previas a la conquista propiamente dicha.

Expediciones que partieron principalmente de los puertos peninsulares. Antes de las expediciones de los mallorquines en 1342, es evidente que se sabía de la existencia de las Islas, pues están en el mapa de Dulcet, cartógrafo balear de 1339

En 1352 se organizó la expedición de Arnau Roger con carácter misionero, auspiciada por el rey de Aragón. Los misioneros que vinieron a la Isla eran catalanes y también lo eran los comerciantes, como Bernat Merman y Pere d'Estarda. Este impulso catalán hacia Las Islas fue de corta duración, no más allá de 1387, año de la muerte de Pedro el Ceremonioso.A partir de ese momento, y hasta la iniciación de la conquista por Bethencourt y de La Salle, las noticias se hacen aún más confusas y enrevesadas.

Entre 1391 y 1393, las relaciones entre Castilla y Génova se agriarán debido a la competencia naviera y mercantil sobre el norte de África y las Canarias. En 1393 se realiza otra empresa totalmente andalusí-castellana, y como resultado de ésta se dio la codicia a muchas caballeros para pedir la conquista al rey de Castilla, Enrique III. Precisamente uno de estos caballeros iba a ser Jean de Bethencourt que se uniría a otro caballero francés llamado Gadifer de La Salle, primeros conquistadores reales de la Isla.

Jean de Bethencourt llega la las islas orientales con veintitrés normandos y cuarenta andaluces en 1402, entrando en Fuerteventura por el Puerto de la Peña (Ajuy); no sólo viene a la Isla en busca de esclavos, sino que está dispuesto a asentarse en la Isla y dominarla militarmente, para lo que contrata a Gadifer de La Salle.

El primer recuento poblacional (entre 1440 y 1450) da un censo de 1.200 personas, situadas básicamente en la villa capitalina y sus alrededores.

Los primeros asentamientos se situaron en el Valle de la Vega de Río Palmas y Bentancuria. A principios del siglo XVI aparecen otros nuevos en el Valle de Santa Inés, los Llanos de La Concepción y posteriormente en Antigua.

La conquista de la Isla duró unos tres años, que no fueron en estado continuo de guerra, sino más bien de acomodo y convivencia pacífica entre los conquistadores y conquistados.

A mediados del siglo XVII se tienen noticias de que la ocupación territorial llega a la zona de El Cotillo, lo que hace suponer que ya era utilizado como refugio pesquero. Asimismo, hay noticias de la existencia de la ermita de Vallebrón.

Las incursiones piratas tienen carácter de aprovisionamiento de agua y carne, y sólo en 1593, capitaneada por Xabán de Arráez, tuvo carácter de invasión. La Isla estuvo bajo dominio berberisco durante seis meses. Al finalizar éste, quedó destruida la capital y sus archivos,

Ante el peligro que suponían estas incursiones se establecen puntos de defensa como el del Barranco de la Torre, el de El Cotillo y la Caleta de Fustes.

Entre los siglos XV y XVI se producen diferentes ventas de los distintos señoríos y es a principios del siglo XVII cuando se consolida el Señorío de Fuerteventura con la casa de Arias y Saavedra.

El gobierno militar pasará, sucesivamente, del Sargento Mayor al Comandante Mayor, Teniente Coronel y por fin al Coronel.

Este irá asumiendo funciones tales como Correos, cobro de los quintos, e irá adquiriendo tierras hasta ser el propietario de casi todo el norte de la Isla.

La ausencia permanente del Señor beneficia al Coronel, que llega a instituirse en un cargo hereditario y en la práctica se instituye como el nuevo Señor de la Isla, dando lugar al Coronelato.

La desaparición del Señorío y del Coronelato comienza con la Constitución de Las Cortes de Cádiz, y su fin real con la constitución de ocho ayuntamientos en la Isla.

Historia Moderna

El despegue económico, tras dos siglos de estéril esfuerzo centrado en la economía cerealista. Se produce al final del siglo XVIII con el inicio del comercio de la barrilla, la cochinilla, la orchilla, la cascarilla y el jicanejo.

La barrilla es una especie vegetal, que al igual que el cosco, se recolectaba y dejaba secar para quemarse después, quedándose convertidas en piedras negras y compactas, llamada "piedra de barrilla". En este estado se exportaba a Inglaterra, donde obtenían la sosa para la fabricación de jabones.

La cochinilla es un insecto que vive y se desarrolla sobre las hojas de la tunera; luego se recoge, con unas cucharillas especiales, en un duro y meticuloso trabajo. De la cochinilla se obtiene un valioso carmín que se emplea para fabricar el lápiz de labios y para teñir telas.

La historia cerealista tiene una notable influencia actual en el paisaje majorero con la presencia de molinos y molinas sembrados a lo largo del territorio.

Durante el XIX se añade el comercio de la cal. Ello se traduce en la proliferación de hornos de cal.

Durante los siglos XVIII y XIX se conocen años de hambruna, provocados por notables sequías en la Isla; esto da lugar e emigraciones importantes: primero hacia Gran Canaria y Tenerife, y posteriormente hacia el continente Americano (Montevideo, Buenos Aires, México, Venezuela y Cuba).

Hasta después de La Guerra Civil siguen roturándose las tierras, realizando cadenas de piedras para evitar la erosión y aterrazando el suelo para cultivar.

Se fomentan las actividades de intercambio comercial, haciendo de Puerto Cabras la capital insular, promoviéndose el desarrollo del norte y la creación del primer puerto mercantil. También se abre el puerto de Gran Tarajal, que favorece la producción y exportación del tomate.

La aparición del fenómeno turístico invierte el sentido demográfico, hecho éste que se traduce en una transformación social importante con el riesgo de la pérdida de la identidad insular. La ocupación tradicional, en el interior se desplaza hacia las costas.