Betancuria

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Superficie: 103,63 kilómetros cuadrados (6,24% de la superficie de Fuerteventura).
Altitud: 395 m (capital municipal), 290 m (Vega de Río Palmas).
Distancia por carretera: 28 kilómetros de la capital de la isla.

Situado hacia el centro de la isla, abierto por el oeste al mar, en una costa acantilada, supone uno de los municipios majoreros de más accidentada topografía, así como el de menor extensión superficial. El barranco de los Mozos, sirve de límite norteño con Puerto del Rosario, mientras que al sur linda con Pájara por el barranco de Ajuy; para seguir luego una línea hasta la cumbre de la Gran Montaña, donde también llega el vértice superior de Tuineje. Al este, la cumbre de Maninubre, es la divisoria con Antigua.

Ocupa el Macizo de Betancuria la parte central de toda un área en los que aparecen los materiales que constituyen el Complejo Basal, y que en su conjunto lleva el nombre del municipio. Esta formación geológica, la más antigua de la isla, presenta un aspecto de lomos redondeados, debido a la prolongada actividad erosiva que la ha ido modelando. En contados puntos, la actividad eruptiva ha dejado su impronta, con la presencia de series basálticas posteriores.
Sin embargo, es el complejo basal el elemento más destacado, donde es posible apreciar sedimentos que forman parte de la corteza oceánica. La datación de estos materiales por su microfauna ha dado una edad de 100 millones de años. Además aparecen formaciones volcánicas submarinas, intrusiones plutónicas y también sieníticas. Estas últimas, definen áreas como Risco Blanco y Las Peñas, con un roquedo de coloración característica, a menudo confundido por su aspecto con el granito.

La Villa, la capital municipal, se asienta en la cabecera del barranco del mismo nombre, canal que pasa a denominarse de Río Palmas en su recorrido por esta localidad, donde se encuentra la mayor concentración poblacional del término. Es lugar de cultivo en gavias, donde abundan las palmeras y los tarajales.

El relieve determina que el clima de Betancuria sea más húmedo que en el resto de la isla. Las lluvias, escasas pero casi siempre torrenciales, y la desprotección del suelo, conducen a una fuerte erosión, que en poco tiempo colmaría de tierra la presa de Las Peñitas.

La villa de Santa María de Betancuria fue fundada en 1404 por los conquistadores Gadifer de la Salle y Juan de Bethencourt. En 1405 fue incorporada a la Corona de Castilla. Desde su fundación se convirtió en capital y centro rector de la isla y en ella radicaron históricamente los órganos de administración y gobierno insulares. Fue sede del Cabildo Insular, Parroquia insular, Juzgado de primera instancia, residencia de los señores territoriales y de las autoridades militares, civiles y religiosas. Deja de ser capital insular en 1834, quedando constituida como ayuntamiento independiente en 1812.

A lo largo de sus años de existencia Betancuria se ha visto arrasada en varias ocasiones por los ataques piráticos provenientes en su mayoría de la vecina costa africana.

Toda la villa ha sido declarada Conjunto Histórico Artístico con justicia y un recorrido por ella constituye un disfrute artístico.

La iglesia-catedral de Santa María de Betancuria, edificada originariamente en estilo gótico-normando, fue destruida en 1593 por las hordas berberiscas de Xaban Arraez, que arrasó prácticamente todas la Villa. En el siglo XVII se realiza la reconstrucción de Betancuria y su Iglesia, en la que aún se conservan restos de la primera edificación en la torre del campanario y parte de las columnas. En su interior destacan por su belleza el coro, el Baptisterio, el retablo, de la primera mitad del siglo XVIII, de estilo barroco y el rico artesonado mudéjar, especialmente el de la Sacristía.En el suelo llama la atención la disposición de los antiguos enterramientos.

Mención aparte merecen la Ermita de San Diego y la Iglesia Conventual, en cuyo lateral se puede aún observar los cimientos del que fuera primer convento franciscano de las Islas Canarias en las primeras décadas del siglo XV, en el cual se cuenta que residió San Diego de Alcalá.
Cuenta además la villa con un Museo Etnográfico en el que se guardan piezas históricas. Este centro es uno de los museos más completos para todos los que deseen profundizar en el conocimiento de la isla. Posee varias salas temáticas donde se exponen elementos paleontológicos, etnográficos y arqueológicos. Desde mapas y láminas explicativas de la conquista de la isla en el siglo XV, hasta restos humanos de los mahos (habitantes aborígenes de Fuerteventura), elementos que recrean el mundo mágico-religioso al que rendían culto, y mucho más.

También son de interés las ermitas del Valle de Santa Inés y, sobre todo, la de la Virgen de La Peña, patrona de la isla, en Vega de Río Palmas.

La actividad fundamental del municipio es la agricultura y la ganadería. La población se concentra en los dos barrancos principales: El Valle y Betancuria-Río Palmas; el fondo de estos dos barrancos y sus vaguadas aparecen cubiertos de gavias en las que se ha practicado una agricultura de regadío de considerable importancia, gracias a los pozos de la zona. Todavía hoy se cultiva papas, millo y, sobre todo alfalfa.

Los terrenos de secano se extienden por las partes más altas del barranco, las vaguadas y, antiguamente, por la lomas de poca pendiente con suelo suficiente para las tareas agrícolas.

La ganadería se centra en montañas y majadas; en ellas, los pastores intentan conservar las tuneras existentes para que sirvan de alimento al ganado.

No tiene actividad pesquera, ya que sus costas no permiten asentamientos marineros. El turismo no es residente, sino que se limita a visitar sobre todo el casco antiguo, a fin de admirar sus bellezas.

Prácticamente todo el término está incluido en el Parque Natural de Betancuria. La singularidad de la formación geológica aquí existente determina su catalogación, junto con su valor paisajístico.

En pocos lugares del mundo es posible contemplar, por ejemplo, materiales correspondientes a la corteza oceánica, caso del área del Puerto de La Peña.

brujula