Monumentos histórico-artísticos y arqueológicos

Por Rubén Naranjo

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Regla (Pájara)

“La iglesia parroquial, dedicada a Nuestra Señora de la « Regla, es de segundo ascenso y la sirve un párroco de nombramiento ad nutum del Prelado, con sacristán y sochantre nombrados por el mismo, y dos monaguillos que lo son por aquél; el templo es de dos naves y de buena arquitectura, con la suficiente capacidad para sus habitantes.”

Así describe Madoz: en su célebre
Diccionario la iglesia parroquial de Pájara.

Según Millares Torres, fue la primera parroquia que se segregó en 1711 de la primitiva de Betancuria.

De los dos cuerpos del templo, el primero se trazó antes del año 1687, según figura en uno de los tirantes de la armadura del presbiterio.

Posteriormente, en las Sinodales del obispo Dávila y Cárdenas, el prelado afirma: “Estábase haciendo una nave más en dicha, por no ser la que tenía capaz de su fe que se ha aumentado. En este presente año se ha concluido y queda muy decente”

.
Ocurría esto en la tercera década del siglo XVIII. Su interior es similar al de toda la arquitectura religiosa de las islas; pero lo que realmente llama la atención es la portada de la nave principal.

Su esquema es clasicista, con su frontón triangular, enmarcando un rosetón, sobre pilastras Sin embargo, a este marco se han añadido motivos decorativos de clara inspiración azteca. Hay elementos geométricos: rombos, triángulos, círculos. Otros son de tipo figurativo: serpientes que se muerden la cola, encerrando en su interior el sol y la luna, florones, animales, dos caras de indios con penachos, aves, una llave, cruces, etc.

Estimada la fecha de esta obra en el siglo XVII, existe controversia sobre su origen. El profesor Marco Dorta ha señalado que pudiera hallarse en la Nova iconología de Cesare Ripa. Los autores del libro Las Islas Canarias, editado por Espasa Calpe en 1982, escriben: “... su fachada de piedra labrada, construida en el siglo XVIII siguiendo las indicaciones de un sacerdote que, por haber residido en Méjico, quiso que se ornamentara con motivos aztecas.”

Lo cierto es que constituye una hermosa obra, digna de contemplarse, que provoca la admiración de los que visitan la isla.

Bibliografía
:
FRAGA GONZALEZ, María del Carmen. (1977). La arquitectura mudéjar en Canarias. Aula de Cultura de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife.- LOPEZ GARCIA, Juan S. (1982). Arte del Renacimiento, en Historia del Arte en Canarias. Edirca. Las Palmas de Gran Canaria.

Iglesia parroquial de Santa María de Betancuria (Betancuria)

Al borde de un extenso y profundo barranco, que lleva su nombre, dominado por elevadas montañas y en el mismo sitio donde se había levantado el castillo de Valtarajal, se encuentra Betancuria, hermosa villa majorera fundada por Juan de Béthencourt.

Describiéndola, escribe Millares Torres: “Su templo constituyó la primera parroquia de la isla, en cuya fuente bautismal se dice que recibieron el agua santa los dos reyes que había en la isla (...). Hasta el año 1711 la parroquia que allí existía era la Única de la isla.”

Ya desde el momento de su fundación a principios del siglo XV, en Betancuria se levanta una pequeña capilla donde poder celebrar el culto; pronto, hacia 1410, el conquistador Juan de Béthencourt ordena que se haga un templo más digno, que debió resultar una iglesia de nave única o de tres cuerpos muy cortos, marcada por un estilo gótico, de donde procedían los que la construyeron.

1593 fue un año que ha quedado en la memoria de Betancuria con un trágico recuerdo. Las hordas piráticas de Xabán Arráez la arrasaron e incendiaron, llevándose muchos prisioneros. Entre los edificios que perecieron figuraba la iglesia parroquial.
Se comenzó entonces la reconstrucción del templo, que en 1424 el Papa Martín V había erigido en catedral. Las obras avanzaron muy lentamente; el obispo Murga, en sus Sinodales, confirma que en 1629 aún no se había acabado.

Finalizada su reconstrucción, podemos contemplar esta hermosa iglesia de tres naves, en la que sobresale la torre construida por Pedro de Párraga, según reza una inscripción, en1691.En su interior se encuentra el bello retablo barroco de su altar mayor, realizado en el siglo XVII y dorado en la centuria siguiente, así como varias piezas de orfebrería muy hermosas, tales como una custodia de plata sobredorada, que data de finales del XVI, regalada por el capitán Lorenzo en 1629; y otra donada por Jacinto Ruiz, el famoso orfebre, en 1747.

En un recorrido por Fuerteventura, el paso por Betancuria supone un paréntesis en el tiempo, en el que se encierran joyas del ayer, como esta hermosa iglesia parroquial.

Bibliografia
:
FRAGA GONZALEZ, María del Carmen. (1977). La arquitectura mudéjar en Canarias. Aula de Cultura de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife.

Pared de Jandía

Situada en el istmo al que da nombre, y que une la meridional península de Jandía con el resto de Fuerteventura, la Pared sirve de divisoria entre estas dos partes de la isla recorriendo, a lo largo de unos seis kilómetros, el espacio que va desde la costa de Barlovento a la de Sotavento.

Elías Serra Ráfols señala de la misma: “Es aquella una obra modesta,… pero característica: un muro de poco más de 1,50 metros sobre el terreno ..., apoyado en poco cimiento, o ninguno si la roca asoma en superficie, y de un grosor que excede poco el medio metro; muy sólido..., sin argamasas..., sin ripios que acuñen las piedras como tienen los muros posteriores a La conquista...”

Adosadas a la Pared y en diversos puntos de su extensión, existen varias construcciones, igualmente aborígenes, de di versa tipología y tamaño. En la actualidad, el muro ha desaparecido en amplios sectores, donde apenas es perceptible su trazado.

Se plantea la discusión sobre su carácter considerándose como más verosímil la posibilidad de que fuera un amojonamiento para evitar disputas a propósito de pastos y ganados. Cabe señalar que Jandía cuenta con unas particulares condiciones ecológicas, más favorables, en una isla donde los recursos acuíferos son escasos, lo que se vería acentuado en épocas de sequía. Esta Pared no debió separar los cantones de Guise y Ayose, denominación que recibían los dos reinos en que estaba dividida la isla y que respondían así mismo, a los dos jefes que los controlaban. Como deja entrever un acuerdo del Cabildo majorero, posterior a la conquista, esta delimitación fronteriza habría que situarla más al centro de la isla, entre el barranco de la Torre y el Puerto de la Peña, quedando la parle norte bajo jurisdicción de Guise y la sur, de Ayose.

Por otra parte cabe apuntar la hipótesis manejada por algunos autores y rechazada por otros, que señalan en la Pared la explicación del nombre que tenía la isla entre los indígenas majoreros: Erbania, siguiendo lo recogido en Le Canarien. Según G. Marcy, ello derivaría de bani, «muro» en bereber.


Bibliografía
:

Cabrera, J.C. (1988): Organizaciones políticas de los aborígenes de Fuerteventura’, en Tebeto II. Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura. Excmo. Cabildo Insular de Fuerteventura.
Tejera, A. et al. (1987): Las culturas aborígenes canarias. Ed. Interinsular Canaria, Sta. Cruz de Tenerife.

Fichas Canarias Monumental. Canarias 7.