Aspectos insólitos y enigmáticos de Fuerteventura

Por José Gregorio González
Colección Canarias Mágica.Volúmenes: III, VI y VIII

Amerindios en Pájara

La primera vez que contemplamos los curiosos motivos amerindios de la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de Regla no podíamos salir de nuestro asombro. A pesar de haber estado varias veces en Fuerteventura indagando en temas misteriosos y tradicionales, y de recorrer diversos rincones del municipio de Pájara, el descubrimiento de ese portal repleto de símbolos aztecas se produjo mientras veíamos un documental en televisión. La cámara recorrió fugazmente el exterior del templo dejando entrever unas curiosas formas que poco después pudimos contemplar con mayor detalle en algunas fotografías. Por fin durante el verano de 2001 pudimos estar nuevamente en la isla y cumplir con una cita que por culpa del destino se había ido paulatinamente atrasando. Esperamos que nuestra experiencia le sirva al lector para no dejar pasar la oportunidad de visitar este templo durante su visita a Fuerteventura.

En el casco urbano de este municipio sembrado de playas se encuentra el templo y parroquia dedicado a la Virgen de Regla, cuya nave más antigua se acabó de construir en el año 1687 levantándose la segunda hacia 1733. Al margen de sus singularidades artísticas lo más interesante para el lector de ésta guía será la fachada de piedra de la nave más antigua, la izquierda, que el lector verá coronada por la torre-campanario y ampliamente decorada con serpientes que se muerden la cola, discos solares y lunares, cabezas humanas con penachos indígenas aztecas, leones, o figuras geométricas que recuerdan vivamente la decoración de pintaderas, cerámicas y tejidos tanto de los antiguos canarios como de las culturas precolombinas.

Sin duda al contemplarla al lector le resultará fácil imaginarse por un momento frente a los majestuosos templos aztecas de México, y aunque el contenido esotérico y cosmogónico de muchos de los símbolos es evidente, no parece que en este caso hayan sido reproducidos conscientemente con una función “oculta”. Al menos eso aseguran los expertos canarios en arte, para quienes estamos ante una de las obras de arte del siglo XVII más importantes de las islas, posiblemente vinculada con la Nova Iconología de Cesare Ripa.

No obstante no podemos dejar de observar la presencia de unos símbolos con un fuerte contenido esotérico. Ese es el caso por ejemplo de las dos Ouroboros o serpientes que se muerden la cola que destacan en una posición central sobre el arco, y que curiosamente concentran en su interior al menos una serpiente algo más pequeña y un disco solar cada una. Estamos ante un símbolo presente en el antiguo Egipto y Grecia, que Nietzsche definió acertadamente como “el eterno retorno”, una representación que expresa la idea cíclica del tiempo y la vida, de la vuelta al origen. Se trata de un símbolo muy importante para los gnósticos, el círculo cerrado, y también para los alquimistas, con un significado creador importante.

Ruedas solares, animales

Sobre ellas presidiendo la fachada tenemos una gran rueda solar con ocho brazos presente en edificaciones templarias y neotemplarias, símbolo a su vez con múltiples variaciones como la esvástica o la rueda de la religión de los budistas. Por encima y coronando el conjunto vemos lo que parece un nuevo disco solar del que surge un ave, quizá un ser alado con una corona de plumas, de la cual culminando toda la fachada surge una cruz en lo más alto. A ambos lados de ésta figura alada, que recuerda sugerentemente a las representaciones de la divinidad del zoroatrismo Ahura-Mazda, tenemos dos cabezas humanas tocadas con un penacho de plumas que parecen amerindios, completando el bloque sendos mamíferos de perfil y boca abierta. Quizá se trate de leones, que también son animales solares ligados al poder y la realeza al menos desde el antiguo Egipto.

Iglesia de PájaraDesde nuestro punto de vista, esta fachada es un libro abierto con infinidad de lecturas simbólicas, aunque reconocemos que tal vez todo sea el fruto de una tendencia artística que los artífices del templo siguieron sin ninguna razón esotérica, sino meramente decorativa. Es bastante probable, pero teniendo en cuenta que los constructores son un gremio de poder, tan odiado como adorado, que desde antaño ha tenido sus códigos y cierto grado de autonomía, nos resulta altamente sugerente la idea de que existiese una intencionalidad hermética en los símbolos grabados en la parroquia de Pájara.

 

Los ídolos más extraños y pozo negro

Nuestro recorrido por las planicies de Fuerteventura requieren de al menos tres paradas arqueológicas más, que espero le resulten entretenidas al visitante. La primera de ellas es en el municipio de Betancuria, la segunda en el de Antigua, y la tercera en la zona de Pozo Negro, también en este último municipio aunque no en su centro neurálgico.

Comencemos pues por el pequeño y acogedor Museo Arqueológico de Betancuria, ubicado en la calle principal que nos permite recorrer el pueblo, pasar cerca del Convento de San Diego de Alcalá, la iglesia de Santa María y el templo de la Virgen de La Peña, en Vega de Río Palmas, todos ellos lugares interesantes de visitar como ya hemos señalado. Las vitrinas de este pequeño rincón albergan diversas curiosidades procedentes tanto de yacimientos de la isla, como de otros lugares como el Desierto del Sahara. Tal es el caso de una loza de piedra que se expone en un patio interior y que fragmentada nos muestra motivos zoomorfos trazados con el mismo estilo de los que se hallan en el Tassili argelino. Lo más lógico es pensar que alguien trajo la pieza de un metro de altura de tierras africanas y la depositó en el museo, ya que no existe similar en todo el archipiélago.

Al margen de las muestras de cerámica, industria lítica, y contados elementos óseos, destaca entre todo el material expuesto su variada colección de ídolos. La mayor parte de ellos procede de la conocida como Cueva de los Ídolos, en La Oliva, un enclave mágico con gran tradición brujeril en cuyo entorno se realizaban rituales sexuales propiciatorias de la fertilidad y también ritos de adivinación. Más de uno está tallado en un tipo de piedra que recuerda a los paneles de abejas con sus microceldas, llamando la atención de forma particular un total de tres. El primero es un grabado en arenisca compacta encontrado en la citada cueva, que presenta un motivo de estrella muy atractivo, con una perforación central que hace suponer que formaba parte de otro artilugio. Recuerda a los motivos de algunas pintaderas del Museo Canario de Gran Canaria, así como a simbología similar de México y otros lugares del mundo.

La segunda pieza a destacar es un pequeño bloque que aparenta ser de barro endurecido, en el que han sido grabados en relieve seis figuras humanas posiblemente también una séptima deteriorada, que representan lo que parecen monjes o caballeros, —tal vez las dos cosas ¿templarios?, ¿normandos conquistadores?— de pie y con las manos cruzadas a la cintura. Sobre esta pieza, que aparece representada incluso en un póster promocional del museo, nadie supo ofrecernos dato alguno. En lo que parece su base de apoyo presenta algunos trazos, que podrían ser letras, y un claro símbolo de lazo o doble hacha en una secuencia de tres, símbolos para cuya interpretación remitimos a los lectores interesados a la obra de Antonio de la Nuez Caballero citada en la bibliografía y ya reseñada cuando nos referimos en el volumen oportuno a la simbología de la Catedral de Santa Ana y otros templos de la isla de Gran Canaria.

Finalmente, de todos ellos llama especialmente la atención la presencia de una pequeña figura de piedra que muestra un rostro humano tocado con una especie de sombrero, gorro o turbante, y lo que parece un pendiente en su lado izquierdo. Aunque los rasgos parecen orientales, y aparenta tener bigote y barba corta, lo cierto es que se sabe muy poco sobre lo que representa y el origen del mismo. En cuanto a su parte trasera es cóncava, presentando una pequeña protuberancia a modo de agarradera. Según el estudioso de la cultural aborigen majorera, Juan Amezcua, la pieza de piedra fue localizada en la costa de sotavento de Fuerteventura por el capitán de infantería José Eustaquio Moyano González en otoño de 1982, y entregada al museo en el que se expone bajo la etiqueta de “origen desconocido”. El lugar del hallazgo permite plantear dos posibilidades a cerca de su paternidad; por un lado que haya sido arrastrada a la costa desde cualquier punto de la costa africana o procedente de algún barco, o bien que su hallazgo se produjera en un entorno arqueológico localizado en la propia costa.

Su tipología no encaja con la de ningún otro ídolo encontrado en la isla, llamando mucho la atención las marcas que presenta en su tocado, que bien podrían ser letras. Para Amezcua dicho tocado puede delatar su origen púnico o ibero-púnico, cuyo paso por Canarias es altamente probable, guardando también cierto parecido formal con una representación humana reproducida por el controvertido James Churchward en su discutido “El continente perdido de MU”, grabada en una de las supuestas 2.500 tabulas de piedra halladas al parecer por el geólogo William Niven en México durante los años setenta. A falta de una explicación satisfactoria, la incógnita sobre esta figurilla nos saluda en Betancuria.

Viaje a Mafasca

Mafasca es una amplia llanura de tierras prácticamente sin cultivar, que separa el núcleo urbano del bello municipio de Antigua al que pertenece, de su zona costera y turística. En el pasado estas tierras suministraban a los vecinos el sustento derivado de la explotación agrícola, pero el avance del turismo las ha relegado casi al olvido, algo que no obstante no ha ocurrido con el misterio que nos ocupa.

Uno de los motivos principales de nuestra visita a Fuerteventura en la primavera de 1998 tenía por objeto indagar lo más posible en éste insólito caso, tarea que nos facilitó en gran medida Zacarías González, Concejal del Cultura del Ayuntamiento de Antigua, aportándonos información y el contacto con algunos testigos directos de la aparición de la luz. Al cabo de unos minutos comprenderíamos la razón de tan estrecha y desinteresada colaboración. La Luz de Mafasca no es ni mucho menos un fenómeno marginal, de origen incierto y testimonios crédulos y cargados de superstición. Por el contrario, se ha convertido con el paso de los años en un auténtico símbolo de Antigua en particular y de Fuerteventura en general. Es parte indiscutible de la cultura de un pueblo que en contacto con la naturaleza y en su lucha constante por vivir en un medio con escasos recursos, podía convivir con el misterio e integrarlo con “normalidad” en su sociedad. Un claro ejemplo de ello lo encontramos en las “marcas” que la luz ha dejado en el municipio y que cualquiera puede comprobar: una de las asociaciones culturales más activas de la isla lleva por nombre “Colectivo Mafasca” en honor al insólito enigma, mientras que por el municipio se encuentran representaciones del fenómeno en murales callejeros. Es destacable también que se haya diseñado un logotipo de la luz que aparece plasmado en numerosos soportes, como es el caso de la cartelería de las diversas ediciones de la Feria Insular de Artesanía, el evento artesanal más importante de Fuerteventura, o en revistas y folletos informativos. Por ello, y por los asombrosos testimonios que recogimos en nuestra investigación, no dudaríamos en calificar a la Luz de Mafasca como un misterio genuino posiblemente único en el mundo.

Sea como sea, la “Luz de Mafasca” se integra en la sociedad majorera a partir de una leyenda que sitúa su origen hacia el siglo XVII. Según cuenta la tradición oral, en esos años existía una adinerada señora en la zona de jandía que tenía entre sus muchas propiedades a dos esclavos, que un buen día se cansaron de la vida que llevaban y se escaparon, huyendo hacia las tierras de adentro, hacia el centro de la isla. El desconocimiento de la zona y la escasez de alimento les hizo sucumbir a una tentación que terminarían pagando muy caro. En su huida encontraron un carnero que inmediatamente mataron con el fin de comérselo, pero ante la falta de leña con la que asarlo, terminaron recurriendo a una cruz de madera para tal fin, acción que de inmediato fue castigada con la pena eterna de sus almas en forma de luz.

Algunas variantes

Una variación de esta leyenda identifica al protagonista del acto sacrílego con un pastor, que acuciado por el hambre quemó igualmente una cruz de madera con el fin de asar un carnero, falleciendo al poco tiempo de una grave enfermedad y vagando su alma en pena en forma de luz. Según la tradición popular, en ocasiones se ha visto también al carnero y se han escuchado sus cadenas y berridos.

Por último, una tercera variante parte de un personaje supuestamente histórico, Marina de Muxica, una sevillana afincada en Canarias que fue acusada de brujería en tiempos de la Inquisición. Según la leyenda histórica, tras un largo peregrinaje en busca de una hija secuestrada por moriscos, viajó a Roma a pedir el perdón por un grave pecado que sólo el mismísimo Papa podía perdonar. Para cumplir la penitencia, nuestra protagonista se fue a vivir a Jandía, donde construyó una casa conocida como “Casa de la Señora”, en la cual trabajaba entre otros, Pedro Arias, quién posteriormente quemaría la cruz para asar un carnero y moriría por ello en un lugar que en su honor pasó a llamarse Cuesta de Pedriales. Esta versión la recoge entre otros Cullén del Castillo, quién además mencionada como la luz pasó, de asustar a camellos y burros, a juguetear entre los coches y camiones. Pero no adelantemos acontecimientos, pues lo importante ahora es observar como la leyenda no parece sino un intento frustrado de explicar la naturaleza de un fenómeno anómalo mediante una historia con argumentos cristianos y moralizadores. Sobre este tipo de mimetismo religioso existen muchos ejemplos a lo largo y ancho de toda la geografía española e internacional.

Llegados a este punto sería conveniente trazar un retrato robot de nuestra protagonista. Básicamente, la Luz de Mafasca podría ser descrita como una pequeña bola de un tamaño no inferior a la luz de un cigarro encendido, y que no sobrepasaría demasiado el de una pelota de tenis al agrandarse. Su luz generalmente no emite destellos ni parpadea y aunque se la ha descrito con tonalidades azules y verdosas, la mayoría de los testimonios señalan el rojo y el naranja como su color habitual. Sus apariciones se producían durante todo el año, según unos con más frecuencia en verano aunque según otros en invierno, y siempre de noche, tanto en las despejadas como en las nubladas.

Su comportamiento inofensivo denota al mismo tiempo inteligencia, toda vez que la misteriosa luz tenía por costumbre aparecer en la lejanía y a gran velocidad desplazarse hasta situarse a pocos metros, en ocasiones centímetros, de los testigos, y acompañarles en su camino a veces durante horas. Así de insólita y desconcertante en la Luz de Mafasca.

brujula