Unamuno en Fuerteventura

Por Juan Luis Calbarro.

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1924: Unamuno en Puerto de Cabras

El 20 de febrero de 1924 el dictador Primo de Rivera decreta la suspensión de la cátedra de griego que don Miguel de Unamuno y Jugo ejerce en Salamanca, así como su destitución como rector de aquella universidad y su destierro a Fuerteventura. Con Unamuno va a compartir exilio el político y periodista republicano Rodrigo Soriano.

Lo que en un principio parece arduo destino se convierte en el caso del escritor y pensador vasco, dado su particular discurso vital y filosófico, en gozoso motivo de reflexión y enamoramiento. Llegado a la Isla el 12 de marzo siguiente, el autor de Niebla va a ahondar aquí en su visión de una España quijotesca y esencial; lo adusto del malpaís, la fauna y la flora, la mar omnipresente serán elementos universales, integrados en su pensamiento estético y metafísico. Pasarán años tras su huida a París, el 9 de julio del mismo año, y todavía sus escritos reflejarán la honda huella que el paisaje y el paisanaje majoreros causaron en su ánimo.

Don Miguel fija su residencia en Puerto de Cabras, alojado en el decimonónico Hotel Fuerteventura que regenta don Paco Medina, a quien da en llamar “su posadero”. Pronto polariza un grupo de amigos majoreros, canarios y peninsulares: el funcionario don Francisco López, el joven pescador Antonio Hormiga, el párroco don Víctor San Martín. Entre ellos el más cercano ha de ser don Ramón Castañeyra, un personaje siempre relacionado con lo más destacado del mundillo literario de nuestra ciudad que va a compartir su biblioteca con el desterrado.

A la entrada de la vivienda de don Ramón se reunirá el grupo en animada tertulia, para seguir denostando el régimen militar y contemplar cómo las sombras de la tarde se adueñan del océano. Tras la partida de Unamuno y Soriano en el bergantín-goleta L’Aiglon, rebautizado Libertad para la ocasión, el bilbaíno y Castañeyra mantendrán una cariñosa correspondencia.
Recorre el escritor los pueblos del interior, prueba el gofio y el queso. Lee o relee a los autores canarios. Escribe sin cesar artículos que publicarán las prensas española (bajo censura), francesa y americana. Inicia la serie de sonetos que aparecerá en De Fuerteventura a París, ya en la capital francesa. Pasea por Playa Blanca y disfruta de la naturaleza y de la tranquilidad. “El clima ardiente de Fuerteventura”, dirá después, “pone en la naturaleza un gesto sediento, pero grato y sano”.

En

“Este nuestro clima”
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publicado en mayo del 24 en el madrileño Nuevo Mundo, asegura del clima majorero:
“¡Es una bendición, una verdadera bendición! En mi vida he dormido mejor. ¡En mi vida he digerido mejor mis íntimas inquietudes! Estoy digiriendo el gofio de nuestra historia [...]. Aquí se funden y se derriten en el lecho del alma las parábolas, las metáforas y las paradojas evangélicas”. De la evangélica pobreza de Fuerteventura saca el filósofo argumentos para amar la Isla y a su capital, sin resistirse al juego de palabras a que se presta su nombre: “en Puerto de Cabras, aquí, hay cabras –y en su mar, cabrillas–, que lamen las piedras y se mantienen”.

Muchos años después de la muerte de un desengañado Unamuno en la Salamanca anegada por la guerra, en Puerto del Rosario se lo homenajea. En 1964, en el Casino “El Porvenir”, Ramón Castañeyra da su testimonio sobre la estancia del escritor en la ciudad y Sebastián de la Nuez diserta sobre su figura literaria. En 1980 se inaugura en Montaña Quemada el monumento con que el Ayuntamiento de Puerto del Rosario, el Cabildo Insular y otras instituciones quieren dar fe de su estima y admiración por el escritor, con homenajes paralelos en Salamanca, La Laguna, Las Palmas y Puerto del Rosario. En 1983 el Cabildo adquiere el edificio del antiguo Hotel Fuerteventura y en 1995, tras doce años de trámites, se inaugura por fin la Casa-Museo Unamuno en el centro de la ciudad.

La Casa-Museo

El edificio que de marzo a julio de 1924 fuera provisional residencia del escritor desterrado alberga desde 1995 la Casa-Museo Unamuno, dependiente del Cabildo Insular. En sus dependencias se encuentran muebles, fotografías, alguna vajilla y otros recuerdos personales de lo que fuera la estancia del vasco en Puerto de Cabras. Las distintas habitaciones recrean la atmósfera de aquella época y, sobre el escritorio que Ramón Castañeyra cedió al desterrado, algunas pajaritas de papel dan testimonio de la afición de éste a la papiroflexia o, como él quiso llamarla, elevándola al rango de ciencia, a la cocotología. Numerosos paneles informativos completan la visita.

Ésa no es hoy la única utilidad del viejo Hotel Fuerteventura. En su interior se encuentra también el aula de la Cátedra Cultural Miguel de Unamuno, inaugurada en marzo de 1998 por convenio entre el Cabildo y la Universidad de La Laguna y que coordina desde entonces Marcial Morera Pérez. En el seno de la Cátedra Unamuno se han celebrado conferencias, exposiciones y significativas reediciones con motivo del centenario del 98 y del 75º aniversario de la llegada de Unamuno a Fuerteventura. Además, desde febrero de 1999, tienen lugar en el museo unas jornadas universitarias sobre Unamuno y su obra. La asistencia al museo se había estabilizado en 2000 en torno a los cinco mil visitantes al año.

Página web: Unamuno en Puerto de Cabras