"Aspectos geológicos,botánicos y ecosistemas de La Gomera"

Preámbulo

Cabildo de La Gomera La Gomera es una isla pequeña, pero sus 378 kilómetros cuadrados de superficie, apenas 20 de norte a sur, esconden un tesoro ecológico sin precedentes que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y es que pocos lugares del mundo pueden presentar la riqueza natural de La Gomera, acrecentada por su singular carácter prehistórico.

Escarpada, la Isla se lanza bruscamente desde la cumbre del pico Garajonay buscando el Atlántico en una secuencia de montañas y barrancos que forman círculos casi perfectos. Una rica vegetación, reliquia del principio de los tiempos, con especies que casi no existen en ningún otro punto del planeta, desciende, paso a paso, hasta la costa. Barrancos vertiginosos, valles fecundos y zonas agrícolas, donde la mano del hombre extrae trabajosamente el fruto de la tierra, moldean el paisaje.

Mientras, en lo alto, la elevación de las montañas frena las nubes, empujadas por los suaves vientos alisios, hasta que descargan su humedad gota a gota, conformando un fenómeno irrepetible: la lluvia horizontal.

De esta manera, el agua, presente en toda la Isla, se convierte en un velo brumoso extendido sobre la frondosa vegetación que cubre su suelo. Un auténtico bosque pluvial, cuyos árboles, que llegan a alcanzar hasta quince metros de altura con formas caprichosamente retorcidas, dan al paisaje un aspecto mágico y sorprendente.


Descripción geográfica de La Gomera

Pedro Agustín del Castillo [...]

Tiene cerca de la villa un buen puerto en la parte nordeste con 10 brazas de fondo abrigado y defendido de todos los vientos y es de los mejores de estas islas. A la mitad del barranco entre la villa y el puerto está una torre que se fabricó de orden del Rey Felipe II. Es un cañón cuadrado de 36 pies geométricos cada ángulo y lo mismo de altura, tenía tres sobrados con cuatro garitas voladas, asegurando en ella la plata que traían las flotas de América, que hacían escala en este puerto hasta tener aviso de la corte de estar limpios de enemigos los mares.

En el valle de Armigua que es muy ameno de arboledas frutales y fresco con lindas aguas, tiene parroquia con cura y 300 vecinos con un convento del orden de Santo Domingo, que se fundó año de 1613, su advocación San Vicente. Cerca del mar, en su playa, inmediato al lugar de Agulo, en el mes de junio de 1715 arribó y encalló un horrorosa bestia marina de grandeza de 90 pies geométricos y de alto 40 y más, la boca la tenía al medio del cuerpo y tan larga que la quijada era de más de tres varas, tenía 60 dientes en cada quijada, y cada quijada pesaba libra y media y encajaban en los huecos que tenía la quijada de arriba.

Por la boca pudieran entrar un par de bueyes unidos, los dientes que estaban en dos filas estaban separados unos de otros una mano, los ojos que tenía en los hombros eran de la circunferencia del grueso de una pipa, la trompa y cabeza eran de la hechura de la popa de un navío, los aletones de delante serían como el ancho y largo de media vara, y el de la cola braza y media, el cuero muy belludo, su color obscuro, del grueso de dos dedos, de que hicieron suelas de zapatos que duraban más de dos años; para subir a su altura, hacían con hachas escalones en sus costados, y habiéndolo rolado en dos partes, cortaban con hachas sin embarazarse 80 hombres, soltaba por la boca grandes pedazos de baña de cuya manteca llenaron dos pipas, y de su aceite 12 pipas; y por haber encallado muy dentro del mar y no haber dado lugar su creciente, no se aprovechó para haber sacado más de 40 pipas de grasa, llevándose la creciente del mar la mayor parte, no tenía más hueso que el del espinazo, el miembro de la generación de tres varas de largo y del grueso de un barril.

De la especie de este pez ó casi, era uno que cuenta el padre Fr. Luis de Granada salió de la playa de Peniche año de 1575. Siendo muy frecuente al salir a estas playas de nuestras islas diferentes especies de ballenas, se halla que en el año de 1540 salió en una caleta de esta de Canaria una, en cuyo vientre se halló un pan de fino ámbar de más de cuatro arrobas, sobre que se siguió pleito en esta real audiencia, entre los que la hallaron.

Guarnecen y defienden el puerto dos fortalezas: en una están situados nueve cañones; y en otra tres, fabricados y mantenidos á costa del conde señor de la isla (...). Hay en esta isla demás de la villa cuatro iglesias parroquiales con sus curas en los lugares de Hermigua, Alajeró, Valle-Hermoso y Chipude, y en estos lugares 14 ermitas, cógese en toda la isla granos, vinos y mucha seda de que se hace comercio.

En la villa está para su gobierno un alcalde mayor para sentenciar los autos que se apelan para la real audiencia, no conformándose las partes; y un sargento mayor para las cosas de guerra. La gente de ella son de gran valor, y los del lugar de Chipude se han distinguido en las muchas presas, que han hecho de moros, que se han desembarcado en sus cosas (...). (Pedro Agustín del Castillo y Ruiz de Vergara. 1737)

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