"Aspectos geológicos,botánicos y ecosistemas de La Gomera"

Hermigua: La magia de La Gomera

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La Villa de Hermigua es el primer pueblo que el viajero se encuentra hacia el norte de La Gomera por la carretera TF-711. De forma triangular y con 41 kilómetros cuadrados de extensión limita al norte con Agulo y al sur con San Sebastián de La Gomera, habiéndose formado junto al cauce del barranco del mismo nombre. En la actualidad su población supera los 2.000 habitantes que se distribuyen en más de 19 barrios que van desde el Cedro y Los Aceviños, en la zona de influencia del Parque Nacional de Garajonay a 800 metros de altura sobre el nivel del mar, hasta Santa Catalina y Los Pedacitos en la costa.

El Convento es un conjunto histórico que cuenta con la Iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán, fundada en 1611 y fue un antiguo convento bajo la advocación de San Pedro Mártir y perteneciente a la Orden de los Dominicos. En su interior se pueden admirar algunos retablos barrocos, con posible fecha en el último tercio del siglo XVIII, presenta un buen trabajo en el tratamiento de la talla de balaustres y frisos, y un artesonado Mudéjar. El clima, bajo la influencia de los vientos alisios, supone uno de los grandes atractivos del municipio con mínimas que rara vez bajan de los 18º C en invierno y que pocas veces superan los 27º en verano. De ahí que fuera conocida a principios de siglo pasado por “tener el mejor clima del mundo”, según un estudio desarrollado por meteorólogos ingleses, belgas y alemanes.

La vida económica de Hermigua gira en torno a la agricultura y un incipiente turismo rural. Primero fue la caña de azúcar, después la cochinilla, la vid y por último el plátano, cultivo fundamental en la vida agrícola del municipio y que genera buena parte de la riqueza económica del pueblo. Uno de los sectores más pujantes en la actualidad es el turismo rural, una actividad que en Hermigua acoge más del 40 por ciento de la oferta de toda la isla. Una cuidada red de alojamientos en un entorno privilegiado y natural es uno de los mejores reclamos con que cuenta el municipio para atraer visitantes.

Para conocer Hermigua es conveniente adentrarse en sus pequeñas calles, conversar con sus gentes de la vida, y adivinar el profundo amor de los gomeros por su pequeña tierra, donde los volcanes y malpaíses han desaparecido para formar profundos e inaccesibles barrancos. Es aquí donde el silbo gomero –nacido en el paraje de la Cruz de Tierno y el Roque Blanco– cobra todo su significado, pudiendo hablar mediante este curioso sistema, de un barranco a otro y aún con toda la isla, haciendo correr los mensajes entre los riscos. Hermigua, el valle encantado de La Gomera, es todo un mundo para quien busca el encanto de lo pequeño, de lo místico de sus roques y la afabilidad de sus gentes.

Hermigua en la Historia

Podríamos decir que Cristóbal Colón llegó a La Gomera por una desgracia acaecida en la Playa de Hermigua sobre el año 1480. Muy cerca del pescante, en la Playa de Santa Catalina, en tiempos de la conquista, fue asesinado Juan Rejón, el conquistador de Gran Canaria, a manos de los mercenarios de Hernán Peraza, el joven, un tiranuelo avasallador que sometió durante años a la isla de La Gomera hasta que los nativos del Cantón de Mulagua (Hermigua) guiados por Hupalupa –un anciano muy respetado en todo el cantón– y Hautacuperche, un valeroso guerrero, acabaron con su reinado de opresión y arbitrariedad. Corría el año 1488 cuando el joven guerrero nativo dio muerte a Peraza con un dardo, en la cueva de Guahedun, mientras éste tenía una cita con la joven princesa Iballa.

Antes de su muerte y tras asesinar a Rejón, Peraza el Joven fue llamado a la corte de los Reyes Católicos para ser amonestado, aunque la influencias de su familia impidieron cualquier castigo, salvo el de casarse con Beatriz de Bobadilla, que se decía era amante de Don Fernando. Esta mujer, de misteriosa belleza, fue la atracción de Cristóbal Colón hacia la isla pues cuenta la historia que esta señora era además amante del genovés, lo que da una idea de las frecuentes “aguadas” que este intrépido navegante realizó en La Gomera.