curso:
“Itinerarios Naturales en el Suroeste
de Tenerife"
Itinerario Ifonche-Adeje
Jesús González Remón,
Óscar Díaz Sánchez y
Juan José Hernández Rodríguez
Extraído de Itinerarios de la Naturaleza I. Paraísos Olvidados.
CEP Valle de la Orotava.
La excursión, con una duración aproximada de cinco horas, comienza en Ifonche, barrio de Adeje situado a 1060 metros sobre el nivel del mar, con unas características geomorfológicas y económicas similares a las de su vecino municipio de Vilaflor del que está separado por el barranco del Rey.
Los cultivos en jable hacen de esta localidad una zona productora de papas y
viñas con pequeñas parcelas de regadío; sin embargo, como
todos los barrios altos de Adeje, ha perdido población. En 1655 tenía
7 vecinos (unos 29 habitantes), en 1799 había 39 habitantes, siendo su
máximo poblacional de 125 habitantes en 1950. Para tener una idea de las
condiciones de vida en 1779; se puede decir que cuatro de ellas se dedicaban a
la labranza y de las otras tres sólo se señalaba que eran muy pobres.
Los medios de vida totales eran 17 fanegas de pan a medias, 3 yuntas, 1 yegua, 1 mulo, 70 cabras, 10 castrados, 20 ovejas y 4 corderos. La vegetación natural (escobones, juagarzos y pinos) coloniza los antiguos campos de cultivo de cereales, quedando algunas higueras y castaños como testigos de los frutales de medianías. Llegaremos a Benítez, donde desde una era podremos contemplar una espléndida vista del Barranco del Infierno, que a esta altura se llama de La Fuente.
A nuestra izquierda veremos el Roque Carrasco, por donde baja un precioso camino; en la ladera derecha el roque de Abinque, cerca del cual se encuentran Ajesque, Ajache y la cueva de Chimoca, y al fondo el casco de Adeje. Por estar expuesta a los vientos del oeste, la ladera izquierda destaca por su riqueza botánica, en comparación con la de sotavento.
Aquí
observamos el dominio de la tabaiba roja (Euphorbia atropurpurea) en
las laderas húmedas de barlovento y su ausencia en la otra ladera, como
ocurre en todos los barrancos del oeste de la isla. Por debajo de la cota de 1000
metros, que está perfectamente delimitada por potentes coladas sálicas
que alcanzaron un notable espesor por la escasa pendiente del terreno, suponemos
que existió un monte termófilo con sabinas (Juniperus phoenicea),
almácigos (Pistacia atlantica), dragos (Dracaena drago),
acebuches (Olea europea), mocaneras (Visnea mocanera),
madroños (Arbutus canariensis), peralillos (Maytenus canariensis)
y otras especies.
La arboleda de esta zona se consumió en el ingenio de la Casa Fuerte, por lo que quedan pocos ejemplares, de los que veremos alguno. El terreno talado se dedicó al cultivo de cereales y frutales, de los que vivían de forma muy precaria los medianeros de los señores. Su sustento dependía de las condiciones climáticas (sembraban si llovía) y de los caprichos de los señores, que podían asignar las tierras a otros.
Siguiendo el camino cruzaremos el barranco, que más abajo llaman del Infierno, y es en esta parte del recorrido donde hay que tener más cuidado. El fondo es una galería de sauces (Salix canariensis) y por el camino veremos algún madroño, aunque la especie dominante hasta Boca del Paso es el pino. Desviándonos un poco del camino podemos ver un caboco que debería tener agua en esta época del año. A esta altura del barranco solamente hay pequeñas fuentes.
Más abajo existen varios nacientes de los que aflora el agua que discurre
por este espectacular
cañón, cuya flora y fauna han sido machacadas
por el paso de un turismo masivo y sin control. Esos nacientes se dan entre series
basálticas antiguas, de unos 5 millones de años, por lo que forman
capas mucho más impermeables que las coladas sálicas por las que
transitamos.
Después de cruzar el pinar llegamos a un claro donde están ubicadas las casas de El Aserradero. Creemos que la construcción de esta hacienda se debió a la existencia de tres manantiales que posibilitaron el regadío y todavía hoy puede contemplarse un canal excavado en la roca, que conducía el agua hasta un sifón a partir del cual continuaba entubada. Este topónimo de El Aserradero hace alusión a la antigua explotación maderera de la zona; aquí se cortaban los troncos que, por medio de carretas, eran llevados hasta el Morro de los Ratiños, desde donde eran lanzados hasta la llanura de Chavor.
En un documento de 1746, un vecino de Adeje declaraba ante el párroco de la villa “… que estando un año, donde dicen El Paso, estirando leña para el ingenio de la Casa de Adeje, vio que estando Joseph Betancor, vecino de Chasna, cerca de la fuga del risco, vinieron tres palos y dándole lo llevaron a la fuga del risco...”. Por otra parte, el asentamiento en aquella época de un número importante de vecinos en este lugar se explica más por la extracción de madera que por la agricultura y ganadería. Así, en 1655, había 13 vecinos en El Aserradero, muchos más que los 7 vecinos de una zona con más tierras cultivables como Ifonche.
Otra de las actividades de estas gentes era la obtención de brea, ya
que cerca se encuentran las ruinas de dos hornos, uno junto al camino de Chasna,
ruta hoy casi perdida que comunicaba Taucho con Vilaflor, y otro por encima de
los llanos de Chimoche. Estos hornos posiblemente fueron construidos clandestinamente,
debido a las prohibiciones dictadas por las autoridades. Se han encontrado restos
de hornos en sitios alejados de las rutas y caminos, debajo de los roques de Chavao
a unos 1900 metros.
En 1525 se denunció el grave deterioro de los pinares, debido a la utilización de la tea para los hornos de pez. Después, en 1542, sólo se autorizaron en tres lugares: uno en Daute, dos en Agache y otro en Abona. A pesar de las prohibiciones, las infracciones continuaron, de forma que en 1552 tan sólo en Agache existían 10 hornos.
Una vez visitado el ruinoso y abandonado caserío de El Aserradero, bajaremos hasta Boca del Paso, donde podremos contemplar, además de un empedrado en buen estado, una magnífica vista de Adeje con el roque del Conde (Ahiyo en guanche) al frente. Este lugar es el único punto por donde se puede atravesar el frente de la potente colada sálica que configuró el relieve de todo nuestro recorrido.
Esta colada ha sido cortada por barrancos como
el de la
Fuente o del Infierno y el de Macayonse. Debajo se encuentra la llanura
de Chavor, donde
quedan vestigios de lo que sin duda fue un denso pinar. Algunos ejemplares llegan
a ser
centenarios como el pino de Chavor, descansadero ideal por su sombra para bestias
y
personas. Al pasar por esta zona veremos un almácigo con la típica
forma redondeada que
adquieren estos árboles en el sur.
En la descripción hecha en 1764 por el marino inglés George Glass, se describen estos parajes como “montañas cubiertas de majestuosos pinos y que son de fácil acceso”. Relata, además, que los habitantes de La Gomera vienen hasta aquí a buscar “madera que usan en la construcción, ya que los bosques de su isla son de acceso más difícil”. No obstante, el motivo del desplazamiento de los gomeros bien pudo ser la tea; pues su isla, más adecuada para la laurisilva o el fayal-brezal, carece de montes de pinos.
En esta última bajada podemos
observar un cambio en la composición
geológica; aparecen basaltos y en muchas
ocasiones el camino es una mezcla de
rocas sálicas y básicas (claras y oscuras).
El descenso se hace bastante difícil por el
sol y por el desnivel (de los 1000 metros
de Boca del Paso llegaremos a los 350 metros del comienzo del sendero
del barranco del
Infierno). El camino por el que bajamos, llamado camino real o camino
de Taucho, fue
utilizado hasta fechas no muy lejanas por los vecinos de Adeje
que se dirigían a la cumbre, para regresar con sus bestias
cargadas de pinocha, carbón, leña o pastos.
Por último, al terminar la planicie de Chavor, cerca del
veril del barranco del Infierno, existe un lugar llamado el
Bailadero de las Brujas.
En 1875, don Juan Bethencourt Alfonso encontró evidencias de un santuario guanche con unas construcciones que llamó pireos. Cada una de ellas era descrita del siguiente modo: “Era de piedra seca y tenía forma de cono truncado. Medía un metro de altura por otro de diámetro en su cara superior. Disponía de un hoyo que, a modo de asadero, se situaba en el centro de esta construcción y medía medio metro de profundidad.
Cuando se descubrió, aún se conservaban cenizas, restos de leña y algunos huesos calcinados de cabritos...” El lugar se llamaba Franchoja y estaba ubicado por encima de la Casa Fuerte, a orillas del barranco del Infierno. Bien podría corresponder este sitio al actual Bailadero de las Brujas, ya que la tradición popular ha denominado así a los lugares sagrados guanches.
Adeje
Aspectos geográficos
El término de Adeje está localizado
en el suroeste de la isla; el barranco de Erques, al
noroeste, sirve de divisoria con Guía de Isora. En el noreste, linda con
La Orotava, mientras
que al sureste, el barranco del Rey es el límite con Vilaflor y Arona. Aparecen
en Adeje
materiales geológicos antiguos (7 millones de años). Allí, la
intensa actividad erosiva ha
dejado al descubierto espectaculares roques, o ha labrado profundos tajos, ya reseñados
en la
descripción general.
Resumen histórico
Su historia está unida a tierras de señorío, a ingenios de azúcar y a esclavos negros. Era uno de los reinos que constituían la antigua organización de Tenerife en tiempos prehispánico s. Su mencey, Pelinor, se caracterizó por su fidelidad al primer Adelantado de Canarias, el conquistador castellano don Alonso Fernández de Lugo; consiguió el tratamiento de don y se bautizó con el nombre de Diego, más tarde conocido como don Diego de Adexe. Su autoridad se vio sustituida por la de los Marqueses de Adeje, que desde el siglo XVII se vieron convertidos en los auténticos dueños. Los Ponte, familia que detentaba el marquesado, fueron, además, condes de La Gomera y señores de parte de la isla de El Hierro. Obtuvieron por Cédula de 2 de mayo de 1555, autorización para construir una casa fuerte, aunque su petición de convertir Adeje en señorío jurisdiccional no llegó hasta 1655.
Aspectos arquitectónicos
Aparte
de los yacimientos arqueológicos, es de gran interés la
original parroquia de Santa Úrsula,
comenzada a principios del siglo XVI, de
dos naves y que conserva unos tapices
considerados únicos en el patrimonio
devocional de Canarias; allí se conserva
el facsímil más antiguo de la Virgen de
Candelaria y un San Juan de factura
montañesa. La iglesia del antiguo
convento de los franciscanos, fundado en
el siglo XVII, junto con la Casa Fuerte -
pregonera y detentora de un señoríoconstituyen
dos puntos por los que pasar en un recorrido por Adeje.
