Curso: "Estudio Científico de Islandia: tectónica atlántica, volcanes, géiseres, glaciares y desiertos"

Información General

Guía azul de Islandia. Ed. Gaesa

Datos Geográficos

Islandia es una isla que se encuentra en el límite mismo del Círculo Polar Ártico, en el extremo noroeste del océano Atlántico entre los 63°30’ y 66°30’ de latitud norte y los 14° y 25° de longitud oeste. Dista 800 km del límite septentrional de Escocia, 970 km de la costa occidental de Noruega y 290 km de la región oriental de Groenlandia. Tan sólo la pequeña isla de Grímsey, en el norte islandés, sobrepasa y forma parte del territorio perteneciente al Círculo Polar.
Los poco más de 103.000 km² (2.750 km² agua) de Islandia (Portugal tiene 91.982 km2) de los cuales corresponden a unas dimensiones máximas de 500 km de este a oeste y 300 km de norte a sur, que comprimen diversos accidentes geográficos entre los que prevalecen las llanuras desérticas, que superan la mitad del territorio nacional, y que se complementan con campos de lava, glaciares y terrenos de sandur, o deltas arenosos que se depositan en las costas del sur como resultado de la formidable erosión de los casquetes de hielo en su avance desde los valles montanos.

Mapa

El punto más alto de Islandia es la montaña Hvanna dalshnúkur, cuyo impronunciable pico se yergue a 2.119 metros sobre el nivel del mar, bajo los hielos del glaciar Ormfajükull. La altitud media de la isla se sitúa en torno a los 400 m, y debido a los enormes afloramientos magmáticos del país y a la abundancia de derrubios estériles piroclásticos, tan sólo una quinta parte de las tierras de Islandia es relativamente apta para la agricultura y la sedentarización de la población, que se con centra principalmente en el extremo sudoccidental de Islandia, soportando la capital, Reykjavík, cerca del 50% del censo total de los islandeses.
De los territorios insulares adscritos a la nación, el más importante es Vestmannaeyjar, un archipiélago localizado frente a la pequeña población de Skógar, ante la costa del sudoeste, cuyo islote principal, Heimaey, surgió del océano debido a la intensa actividad volcánica hace menos de 10.000 años. De hecho, la isla de Surtsey, a 18 km de la anterior, se formó en apenas unos meses nada menos que en 1963.

Geología

Islandia se enclava en el tercio septentrional de la enorme dorsal oceánica de más de 18.000 km de longitud que, con un eje norte-sur, disecciona y al mismo tiempo sirve de límite unilateral a las placas continentales americana y eurasiática.

La enorme actividad magmática a lo largo de este grandioso accidente geológico se manifiesta mediante potentes erupciones submarinas bajo el Atlántico y en forma de afloramientos insulares de naturaleza volcánica. Como consecuencia de esta violenta fuerza telúrica, el territorio formado por una buena par te de los fiordos occidentales así como una amplia extensión de la franja oriental de Islandia surgieron del mar hace apenas 16 millones de años, por lo que desde el punto de vista geológico, la isla es una de las masas terrestres más jóvenes del planeta. No obstante, en los fiordos de occidente también quedan abundantes restos de la antigua masa emergida que hace 50 millones de años formaba la meseta de Thule, a todos los efectos un puente de tierra entre Europa y Groenlandia hoy desaparecido bajo las aguas del océano.

Sin embargo, la mayor parte de la restante superficie insular es mucho más reciente, por cuanto la ubicación de Islandia sobre la mismísima dorsal atlántica y la consecuente partición de su tierra emergida en dos mitades pertenecientes a cada una de las mencionadas placas tectónicas, origina que los cataclismos y las erupciones volcánicas se manifiestencontinua mente, hasta el punto de haberse estimado que la tercera parte de todas las coladas de lava surgidas en el globo en último milenio se han generado en la inestable Tierra de Hielo.

En la actualidad, Islandia posee un elevado número de volcanes activos, como Eldfell, Ór Kat Hek y Grimsvótn. Del mismo modo, la terrible fisura volcánica de Krafla, en las inmediaciones del lago MÇ’vatn, ha experimentado en el último cuarto de siglo notables afloramientos de lava que continúan enfriándose en la actualidad, por lo gran parte de la región cruzada por la falla mantiene a nivel de suelo una temperaturas altísimas palpables por simple tacto y notorias por la peculiaridad de que diversos cultivos de tubérculos locales tuvieron que ser abandonados al madurar cocidos directamente por el gran calor latente en el subsuelo.

Las manifestaciones geotermales acordes a la naturaleza de la isla constituyen uno de sus principales alicientes, en forma de fumarolas, solfataras, pozas de barros hirvientes, géiseres y manantiales en grado de ebullición. La topografía islandesa, del mismo modo, es abundante en cráteres, calderas y lagos volcánicos, destacando a nivel geológico los grandes depósitos de escoria, lava, riolita (lava ácida) y tefra en general (materiales varios expulsados durante una erupción).

Como formaciones naturales de origen magmático, las columnas basálticas constituyen sin género de dudas la variante más espectacular, debido a sus curiosos diseños geométricos, tal y como pueden contemplarse en Svartifoss (Parque Nacional de Skattafell) y en el Parque de Jókulsárgljúfur, generados a raíz de la súbita contracción del material magmático al con tacto con el aíre.

Flora

Entre los muchos motivos por los que Islandia sorprende al viajero, uno de los más llamativos es que se trata de un país sin árboles. A los pocos días de estancia en la isla, el visitante se da cuenta de que los paisajes a su alrededor son yermos, carentes de vegetación y más aún de bosques.

Según los primeros relatos pertenecientes a la era de la colonización, Ultima Thule contaba con gran número de arboledas, si bien es de suponer que en las latitudes en que se encuentra Islandia no creciesen más que pequeñas especies de sauces, que debieron ser muy pronto aprovechadas por las primeras comunidades de inmigrantes como combustible para los hogares que debían arder permanentemente durante el duro invierno.

La posterior introducción del ganado ovino, devorador incansable de brotes frescos de nuevas regeneraciones boscosas, así como los campos de lava y las erupciones volcánicas debieron arrasar las últimas zonas verdes que todavía pudieran quedar.

En el presente, varias zonas de Islandia han sido reconvertidas en viveros con el fin de poblar nuevamente a la isla de sus desaparecidos árboles. Mientras esta operación prospera hacia buen término, aquellos interesados en botánica sólo disfrutarán en la Tierra de Hielo de su codiciado musgo, que crece entre las coladas de escoria y otros materiales.

Fauna

La fauna islandesa es aún más exigua que su flora, siendo el zorro ártico el único mamífero endémico de la isla. Tiempo atrás, el oso polar compartió ocasionalmente este honor, debido al arribo de pequeños grupos de estos animales a bordo de témpanos de hielo procedentes de otras regiones norteñas. Sin embargo, los colonos islandeses siempre han mantenido una guerra abierta contra los plantígrados, exterminando por sistema cualquier ejemplar que hubiese llegado hasta sus dominios.

Al margen de los ya mencionados, hoy en día se podrán encontrar otros animales en Islandia como la oveja, el caballo, la vaca y el reno, si bien estas especies domésticas han sido introducidas por el hombre para la explotación ganadera.

Los mamíferos marinos, en cambio, son mucho más abundantes en las aguas jurisdiccionales islandesas: foca gris y casi una veintena de especies de ballenas. También en el océano abundan grandes bancos de peces, siendo los más numerosos de bacalao, halibut, arenque y lenguado. Entre los crustáceos, la gamba y la cigala (a la que localmente se denomina langosta) son los más comunes.

Pero es en el capitulo de las aves donde Islandia posee una variedad más amplia, hasta el punto de que muchos ornitólogos dedicados a la investigación de especies árticas marinas encuentran en este confín del Atlántico una suerte de paraíso terrenal. Entre las grandes colonias de aves que anidan en la isla destacan los pájaros bobos, las alcas, las gaviotas, los alcatraces, los petreles y las golondrinas árticas. Mención aparte merecen los frailecillos (lundi en islandés), que alcanzan poblaciones medias superiores a los 10 millones repartidos entre los distintos acantilados de la isla, así como los eiders, los conocidos ánades cuyas plumas son codiciadísimas para la confección de los casi homónimos edredones. Entre las especies en peligro de extinción islandeses cabe mencionar el águila de cola blanca y el falárope gris.

Clima

A pesar de su localización junto al limite del Circulo Polar Ártico y su consecuentemente latitud, el clima en Islandia resulta en términos general mucho más templado de lo que cabría imaginar, debido sobre todo a la influencia de la cálida Corriente del Golfo y los vientos de componente suroccidental que llegan hasta la isla procedentes de las zonas tropicales del océano Atlántico.

Sin embargo, aunque Islandia goza de unas temperaturas estivales relativamente agradables y el país no está regido por un “gran frío polar”, la influencia de su proximidad hace que los rigores del clima nórdico afecten cotidianamente a la isla dando lugar a curiosos y repentinos cambios climáticos que se resumen de una manera simple: en Islandia se pueden experimentar características de las cuatro estaciones en apenas un par de horas. De este modo, un día soleado con una temperatura cercana a los 25°, puede transformarse en una jornada borrascosa, con un fuerte viento y unos chubascos de auténtico diluvio en apenas veinte minutos, para acto seguido volver a lucir el sol, y media hora después encapotarse otra vez el cielo para descargar una nevada importante, cuyos restos pueden ser barridos en pocos minutos por un repentino huracán que surja de la nada levantando grandiosas nubes de arena cuyos granos pueden golpear los rostros de las personas con tanta violencia como si se tratase de perdigones.

Lógicamente, el verano nórdico, o más concretamente, el periodo comprendido entre junio y septiembre, es el más benigno en cuanto a temperatura se refiere, situándose la media nacional en julio alrededor de los 15° C. Sin embargo, las zonas más soleadas durante estos meses son el norte y el este de la isla, ya que el resto de la misma puede permanecer cubierta de nubes tormentosas y con lluvia previsible a pesar de la llegada del estío. También es durante este periodo cuando tiene lugar el fenómeno ártico del sol de medianoche.

Con todo, siempre hará más frío que calor en Islandia, hasta el punto de que como consecuencia de la influencia polar, aun que el termómetro sobrepase con creces los 20° C, los vientos procedentes del Ártico harán que cualquier valor resulte fresco y hasta desapacible.

El invierno islandés es muy riguroso en toda la isla. La nieve suele hacer su aparición a partir de noviembre, siendo habitual que la mayor parte del país quede enterrada bajo un espeso manto blanco que a menudo origina el aislamiento de un buen número de poblaciones. Así y todo, la temperatura media en enero en Reykjavík se mantiene en 1° C, lo que no evita que los índices bajo cero sean cotidianos. Al contrario que en verano, el invierno es también el momento en que el sol nunca aparece en el horizonte durante varias semanas, por lo queIslandia subsiste en una perpetua penumbra similar a la de un atardecer nublado que sume a la población local en un estado semiletárgico y melancólico. Durante los fríos y largos meses previos a la llegada de la primavera la vida en la isla se ralentiza y la afluencia turística desaparece por completo.

El sol de medianoche

Por encima de los 66° 30’ de latitud norte y sur, la inclinación del eje terrestre hace que las regiones polares comprendidas en los respectivos Círculos Ártico y Antártico se encaren permanentemente al sol durante sus solsticios de verano. Este fenómeno tiene lugar en el hemisferio norte entre mayo y finales de julio, y en el sur entre noviembre y enero, originando que el astro rey no llegue a ocultarse tras el horizonte al llegar la tarde, lo que implica que la oscuridad de la noche no existe en beneficio de un atardecer luminoso en el que se puede leer tranquilamente un periódico en mitad del campo, sin luz artificial, durante la medianoche.

En invierno sucede exactamente lo contrario, esto es, los territorios integrantes de los Círculos Polares nunca reciben los rayos del sol, por lo que la noche se prolonga durante semanas sin que tenga lugar un nuevo amanecer cada 24 horas.

Aunque Islandia está situada inmediatamente por debajo del Círculo Polar Ártico, el sol de medianoche afecta a la isla entre mediados de mayo y la primera semana de agosto, fenómeno que se manifiesta en mayor medida en el norte del país, en torno al lago Mivatn. Allí se puede contemplar mejor que en ningún otro lado cómo el sol desciende hasta la línea del horizonte sin llegar a ocultarse, impidiendo que las estrellas sean visibles durante casi dos meses al año. Este periodo se caracteriza por la hiperactividad de los islandeses, quienes aprovechan los meses de verano para celebrar un gran número de festividades y beneficiarse del prolongado número de horas de luz natural, que compensa la perenne oscuridad invernal durante un tiempo idéntico.