curso: “Estudio Científico de Islandia: tectónica atlántica, volcanes, géiseres, glaciares y desiertos”
Gobierno
Islandia se rige bajo el régimen de una república parlamentaria encabezada por un presidente elegido por sufragio universal por periodos de cuatro años.
El poder legislativo lo ejerce el Alping Parlamento o Asamblea Nacional, compuesto por 63 representantes, mientras que el poder ejecutivo recae sobre el primer ministro y su gabinete de gobierno. Entre los principales grupos políticos del país destacan el mayoritario
Sjalfstaedisflokkurinn o Partido Independentista, de corte conservador, el Framsáknarflokkurinn o Partido Progresista, de centro, el Althduflokkurínn o Partido Social Demócrata, y el Althjdubandalag o Alianza Popular, que a pesar de su nombre tiene una ideología socialista.
Desde 1980 hasta 1996 Islandia estuvo presidida por Vigdis Finnbogadóttir, quien al acceder a su cargo se convirtió en la primera mujer líder de estado de un país democrático. En la actualidad, y desde 1996, la presidencia del país recae sobre Olafur Ragnar Grímsson.
Jefe
de Estado: Presidente Ólafur Ragnar Grímsson (desde el 1 de
agosto de 1996, reelecto en 1999 y 2000)
Jefe de gobierno: Primer Ministro Geir Haarde (desde el 15 de junio de
2006)
Resultados de las elecciones, partido por porcentaje de votos:
Partido de la
Independencia: 33,7%,
Alianza Socialdemócrata: 31,0%,
Partido Progresista: 17,7%,
Alianza Izquierda-Verde: 8,8%,
Partido Liberal: 7,4%.
Asientos por partido:
Partido de la Independencia: 22,
Alianza Socialdemócrata: 20, Partido Progresista: 20
Alianza Izquierda-Verde: 5,
Partido Liberal: 4.
Elecciones: las últimas fueron celebradas el 10 de mayo de 2003, las próximas
serán en mayo de 2007.
Partidos y líderes:
Sjálfstæðisflokkurinn (Partido de
la Independencia)- centro derecha- Geir Haarde
Samfylkingin (Alianza Socialdemócrata) - social demócrata Ingibjörg
Sólrún Gísladóttir
Framsóknarflokkurinn (Partido Progresista) – liberal- Halldór Ásgrímsson
Vinstri hreyfingin Grænt Framboð (Alianza Izquierda-Verde) - socialista
- Steingrímur J. Sigfússon
Frjálslyndi Flokkurinn (Partido Liberal) - centro – Guðjón
Kristjánsson
División Administrativa
Islandia está dividida en 23 sýslur
o condados, que en conjunto, aúnan 200 hreppur o distritos rurales.
Al frente de cada condado se sitúa una capital oficiosa o ciudad de primer
orden denominada genéricamente kaupstadur.
Condados (sýslur - singular: sýsla):
Árnessýsla
Austur-Barðastrandarsýsla
Austur-Hunavatnssýsla
Austur-Skaftafellssýsla
Borgarfjarðarsýsla
Dalasýsla
Eyjafjarðarsýsla
Gullbringusýsla
Kjósarsýsla
Mýrasýsla
Norður-Ísafjarðarsýsla
Norður-Múlasýsla
Norður-Þingeyjarsýsla
Rangárvallasýsla
Skagafjarðarsýsla
Snæfellsnes-ogHnappadalssýsla
Strandasýsla
Suður-Mulasýsla
Suður-Þingeyjarsýsla
Vestur-Barðastrandarsýsla
Vestur-Húnavatnssýsla
Vestur-Ísafjarðarsýsla
Vestur-Skaftafellssýsla
Ciudades de primer orden (kaupstaðir - singular: kaupstaður):
Akranes, Akureyri, Hafnarfjörður, Húsavík, Ísafjörður,
Keflavík, Kópavogur, Neskaupstaður, Ólafsfjörður,
Reykjavík, Sauðárkrókur, Seyðisfjörður,
Siglufjörður,
Vesttmannaeyjar.
Economía
La economía tipo escandinava de Islandia es básicamente capitalista, pero con una amplia asistencia social, bajo desempleo y una extraordinaria equidad en la distribución de ingresos. En la ausencia de recursos naturales (excepto por la abundante energía hidroeléctrica y geotérmica), la economía depende principalmente de la industria pesquera, dando lugar al 70% del producto interior bruto del país.
Las capturas en los ricos caladeros de las aguas jurisdiccionales de la isla se destinan casi totalmente a la exportación, tanto en su estado fresco como procesado, bien por congelación o en salazones y empleando al 12% de la fuerza laboral. Otro número importante de la misma trabaja en las plantas geotermales, en las que, debido al vulcanismo que subyace en Islandia, se canalizan los manantiales de aguas hirvientes y vapor para generar calefacción y otras fuentes de energía que, por lo general, son gratuitas para los islandeses.
La economía no sólo es muy sensible a las disminuciones en la cantidad de peces sino también a las bajas en los precios mundiales de sus principales productos de exportación: pescado y los productos relacionados de esta actividad, aluminio y ferrosilicio. El gobierno de centro-derecha tiene planes de continuar con su política de reducir el presupuesto y el déficit por cuenta corriente, al limitar los préstamos extranjeros, contener la inflación, revisar las políticas de pesca y agricultura, diversificar la economía y privatizar las industrias estatales.
El gobierno de Islandia se opone a un ingreso en la Unión Europea, en principio por el temor de los islandeses de perder el control sobre sus recursos pesqueros.
La economía islandesa se ha estado diversificando por los últimos años en las industrias manufactureras y de servicios. Nuevos desarrollos en la producción de software, biotecnología, y servicios financieros también están creciendo. El sector turístico también está expandiendo con las recientes tendencias en ecoturismo y observación de ballenas.
Hoy en día, la afluencia de visitantes está originando que gran parte de los presupuestos estatales se orienten hacia la creación de infraestructuras hoteleras, que a su vez son respaldadas por la iniciativa privada en el sector, que en términos absolutos puede considerarse abrumada por el interés turístico que en los últimos años está desarrollando su país.
El crecimiento ha sido bastante estable durante el período 1996-2001 con un crecimiento que rondó los 3 a 5% anual. En 2002, sin embargo, hubo un declive en un ambiente de recesión generalizado. En 2003 el crecimiento volvió a repuntar y la inflación cayó del 5% al 2%.
En lo concerniente al capítulo de la inflación, siempre se ha mantenido alta debido a la necesidad continua de importar productos desde Europa continental. Sin embargo, cuando su índice comenzaba a mejorar a mediados de los noventa, Islandia también comenzó a padecer la curiosa crisis económica del continente que, a pesar de su supuesta regularización monetaria en aras de conseguir la unidad y estabilidad de gran parte de las naciones europeas, enmascara sus avances en economía bajo importantes transacciones interesadas en las que la privatización se ha convertido en el arma predilecta para justificar las maniobras lucrativas gubernamentales.
En consecuencia, a y pesar del orgulloso sentido de independencia del que alardean los islandeses, los vaivenes del euro y las inversiones les arrastran igualmente que a los demás paisanos del viejo continente.