curso: “Estudio Científico de Islandia: tectónica atlántica, volcanes, géiseres, glaciares y desiertos”

Población

Islandia posee una población de 290.490 habitantes (diciembre de 2003), de los que 182.000 viven en el área metropolitana de Reykjavík, centro neurálgico, económico y político del país, lo que sin embargo no debe contundir al visitante porque en apariencia, la capital islandesa tiene el aspecto de una pequeña ciudad provinciana.

Las demás poblaciones, incluyendo las más notorias, como Egilsstaóir o Akureyri, tienen unas dimensiones aún más reducidas y, por descontado, un censo de vecinos netamente inferior. De hecho, la mayoría de las aldeas o pueblos islandeses cuentan con una media de 200 habitantes, mientras que en las aisladas y diseminadas granjas suelen convivir núcleos familiares de entre 4 y 10 personas.

No obstante, los islandeses en su conjunto gozan de un altísimo nivel de vida, que se manifiesta, entre otras, en una esperanza de vida de 76 años para los hombres y 80 para las mujeres. Siendo un país con una densidad de habitantes tan baja, el gobierno anima y fomenta la natalidad, cuyo índice se sitúa en 16 alumbramientos por cada mil mujeres.

Especialmente notoria resulta la permisividad social imperante en la isla, traducida en la enorme cantidad de parejas de hecho y madres solteras del país, que por lo general suelen tener sus primeros hijos mucho antes de contraer matrimonio sin que esto suponga ninguna lacra en su vecindad.

Por lo demás, el pueblo islandés es objeto de una curiosa contradicción, y es que si bien su tradición, lengua y costumbres son antiquísimas y se remontan a los usos y maneras de los antiguos vikingos que inmigraron en la isla a partir del siglo IX, la pureza de sangre escandinava es bajísima, ya que desde los orígenes de la nación los habitantes primeros se mezclaron con otros colonos celtas de cuya unión desciende la población actual. Del mismo modo, la primera sensación de frialdad que por sistema se percibirá en los contactos iniciales con los islandeses, pronto cambiará de improviso a una calidez inusitada, en cuanto se rompe el hielo que una tradición térrea obliga a mantener antes de mostrar confianza.

Religión

Tras poco más de un siglo de fidelidad a los viejos dioses escandinavos, los colonos históricos islandeses abrazaron el cristianismo en un fecha debatida por los investigadores que oscila entre los años 999 y 1000.

Desde entonces, la defensa y mantenimiento de su fe ha sido especialmente notoria durante el periodo de la Era de la Adversidad en que la corona danesa trató de imponer en Islandia la Reforma Luterana sobre los obispados ya presentes en la isla. No obstante, y tras posteriores avatares, Islandia en la actualidad, al igual que el resto de los países nórdicos, pertenece de modo oficial a la Iglesia Evangélica Luterana. El número de católicos apenas supera las cinco mil personas.

Sin embargo, la permisividad religiosa es absoluta, manteniéndose totalmente separados los sentimientos espirituales y los meramente sociales, como demuestra el alto índice de madres solteras que existe en la nación.

Otro aspecto religioso muy llamativo en Islandia es el creciente número de fieles que está volviendo a adoptar el paganismo antiguo como fórmula de contacto con los dioses, también milenarios, del viejo panteón escandinavo. Esta recuperación de las creencias ancestrales ha surgido con fuerza a partir de 1970 bajo el nombre de Asatrú o «fe en los Aesir o deidades nórdicas», tales como Odín, padre de los dioses; Thor, custodio del trueno y divino vengador; Freya, diosa del amor y la fertilidad; Tyr, sancionador de la justicia; etc.

Se estima que alrededor del 5% de los islandeses profesan esta relectura de la antigua religión escandinava, en la que es necesario efectuar ciertos rituales específicos, como sacrificios materializados en forma de abluciones con cerveza o aguamiel, u hogueras consagradas en honor de ciertos seres superiores.

El paganismo entronca y explica algunos cataclismos naturales de forma poética, como por ejemplo, las erupciones o afloramientos de magma a través de fisuras en el terreno, que un practicante del Asatrú contempla como las candentes chispas que saltan de la fragua de Thor cuando golpea con su martillo mágico contra un yunque en el interior de la tierra. La magia también constituye una creencia habitual en esta concepción mística, que al mismo tiempo también está regida por “Nueve Nobles Virtudes” que debe respetar todo adepto: autoconfianza; autodisciplina; perseverancia; laboriosidad; hospitalidad; honorabilidad; lealtad; coraje y sinceridad.

Idioma

El islandés, idioma oficial de Islandia, es una lengua viejísima que tiene su origen en el nórdico antiguo y por lo tanto pertenece al grupo de las lenguas germánicas. Pero al contrario que el propio alemán, el danés, el sueco o el noruego, el islandés ha permanecido casi inalterado a lo largo de los siglos debido al aislamiento insular del territorio en que se ha mantenido vigente. Algo similar ha sucedido con el faroés, el idioma de las islas homónimas, que es el más parecido desde el punto de vista lingüístico al que se habla en Islandia.

Esto no impide que los restantes nativos nórdicos sean capaces de comprender palabras o reconocer el contexto de una conversación mantenida por dos habitantes de Reykjavík, sin embargo, sólo estos últimos serán capaces de leer casi de corrido alguna de sus sagas medievales puesto que su lengua ha sobrevivido inalterable al paso del tiempo.

Para alguien nacido en el entorno mediterráneo, el islandés es un idioma de difícil aprendizaje y complicado dominio debido sobre todo a su costosa gramática, a su especialísimo modo de pronunciación y a la existencia en su alfabeto de caracteres y signos de puntuación que carecen de paralelismos en lengua española.

Es absolutamente indescifrable, tanto en forma oral como escrita. Además, su gramática es muy complicada, por cuanto todos sus nombres, comunes y propios, se declinan para formar frases. Por otro lado, la pronunciación resulta difícil y requiere experiencia, lo que constituye una de las frustraciones mayores que padecen los extranjeros, ya que tras un periplo por la isla, son habitualmente incapaces de recordar ni un sólo nombre de los lugares que han visitado.

No obstante, los eficaces planes de educación gubernamentales imprimen un énfasis especial en la enseñanza escolar de otros idiomas más internacionales, primando por origen cultural el danés y el alemán, que son ampliamente hablados en Islandia.

Del mismo modo, será prácticamente imposible encontrar un islandés que no se exprese correcta o perfecta mente en inglés, una vez más la lengua estandarizada de conversación más usual en todo el planeta. El francés también es conocido por una parte importante de la población y lo mismo sucede con el español, que cada día es hablado por un número mayor de personas.

Huelga aclarar que todas las plantillas de las oficinas turísticas, así como los empleados de restaurantes, hoteles, albergues, etc., dominan al menos tres o cuatro idiomas con total soltura e indiferencia.

Nombres Islandeses

En sus continuos empeños por perpetuar la idiosincrasia islandesa intacta, el Alping mantiene una interesante prerrogativa en lo concerniente a los nombres de los ciudadanos nacionales, referente a la obligatoriedad de que todos ellos mantengan la fórmula del patronímico en lugar del apellido común utilizado en la mayoría de los países.

Esto implica que los islandeses poseen un nombre propio, por lo general cristiano, más el nombre del padre, o si acaso de la madre, con un sufijo diferenciador para hombres y mujeres, a saber, -son y -dóttir. Así, un hijo del señor o la señora Erlings tendrá por apellido Erlingsson, mientras que el de una hija será Erlirigsdóttir.

Esta norma conlleva que existan muchas coincidencias en los patronímicos, lo que solventa de dos formas: a nivel coloquial y de tratamiento, refiriéndose a las personas siempre por su nombre de pila (Magnuss, Jón, Vigdís, Ólafur, etc.); y en los censos oficiales, como por ejemplo el listín telefónico, ordenando alfabéticamente el mismo por idéntico procedimiento, esto es, por el nombre propio y nunca por el apellido.

La excepción a lo anterior la constituye un pequeño porcentaje de población que aún mantiene nombres antiguos que no han variado desde que sus ancestros llegados a la isla durante la colonización trajeron consigo. Sin embargo, cualquier persona extranjera que en el presente decidiera nacionalizarse islandés tendría, entre otros requisitos, que cambiar su nombre para ajustarse a las costumbres locales, con el fin de no interferir en la tradición del país. Por todo ello, sólo se consiente que los turistas y residentes temporales puedan alardear de un apellido no patronímico durante su estancia en Islandia.

Educacíon

El sistema de educación en Islandia, es uno de los más reputados del mundo, gracias a su cubrimiento y alto nivel de formación. Casi 100% de la población está alfabetizada. Toda la educación en Islandia es gratuita. Varios centros de investigación e instituciones experimentales trabajan en cooperación con la Universidad. La Biblioteca Universitaria es la segunda en importancia del país, después de la Biblioteca Nacional.