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Estudio de los ecosistemas de El Golfo de El Hierro.
Espacios protegidos
Medio Ambiente CANARIAS
Revista de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente
Tibataje, la morada del gigante
No hay lugar mejor para vivir. Aquí, la soledad y hermosura que se respira unido a lo infranqueable hacen que esta zona sea el auténtico paraíso del Lagarto Gigante de El Hierro.
El Risco de Tibataje es sublime, inaccesible, sereno. Aquí deambula el lagarto de El Hierro a sus anchas y desde aquí, tal vez se divise la mejor vista de los majestuosos Roques de Salmor, la segunda residencia de estos reptiles únicos en el mundo.
La reserva, de 601 hectáreas, está constituida por una estructura de perfil acantilado de interés geomorfológico y de gran valor paisajístico. Incluye la única localidad actualmente conocida del lagarto gigante de El Hierro, auténtico fósil viviente en peligro de extinción (Gallotia simonyi machadoi). Esta especie se encuentra protegida por los convenios de Berna y CITES, y está incluida también en el catálogo nacional de especies amenazadas R.D. 439/1990. Además, los acantilados costeros constituyen un excepcional refugio para la avifauna marina, donde nidifican varias especies catalogadas como amenazadas e incluidas en convenios internacionales como Berna, Bonn y CITES.
La vegetación varía según los diferentes niveles altitudinales. Así, en la Fuga de Gorreta y los Riscos de Tibajate destacan la tabaiba amarga, tomillo, jaras, y peralillo, como especies más representativas. En la parte meridional del espacio, en el Monte de Finamer, aparece una buena representación de fayal-brezal, con especies de porte arbóreo como laureles, mocanes, palos blancos, etc.
Declaración
Este espacio fue declarado por la Ley 12/1987, de 19 de junio, de Declaración de Espacios Naturales de Canarias, como parte del paraje natural de interés nacional de Gorreta y Salmor, y reclasificado a su actual categoría por la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias.
La reserva es por definición área de sensibilidad ecológica en toda su superficie, a efectos de lo indicado en la Ley 11/1990, de 13 de julio, de Prevención de Impacto Ecológico. Además, este espacio ha sido declarado zona de especial protección para las aves (ZEPA), según lo establecido en la directiva europea 79/409/CEE relativa a la conservación de las aves silvestres.
Parque Rural de Frontera, los sonidos del silencio
Se trata de un paisaje rural de valor agrícola, ganadero y cultural Aquí se respira paz y armonía. Se escucha el silencio, se siente la naturaleza en su más pura definición.
Con una superficie de 12.488 hectáreas, se trata de una de los paisajes más significativos de la Isla de El Hierro y donde concurren áreas naturales en buen estado de conservación, con otras de explotación agrícola y ganadera -a veces de tipo comunal, como sucede en La Dehesa.
En numerosos puntos del parque pueden detectarse áreas de gran interés conservacionista, bien por albergar especies en peligro de la fauna y la flora (aves como charrenes Sterna spp., Aguila pescadora, Pandion haliaetus; plantas como Androcymbium hierrense y la faya herreña -Myrica rivas-martinezii), como por presentar estructuras geomorfológicas relevantes (El Lajial, El Verodal) o albergar muestras significativas y representativas de los hábitats naturales más característicos (pinares, tabaibales, etc.).
El sabinar de La Dehesa es probablemente el mejor en su tipo de todo el archipiélago canario. Ciertas zonas concretas de la costa de La Restinga y La Dehesa ejercen una función vital para determinadas especies amenazadas, al ser áreas de edificación. en el parque En este espacio se localiza asimismo la mayor parte de la masa vegetal arbórea de la isla, con su consiguiente importancia en la recarga del acuífero subterráneo.
Desde el punto de vista paisajístico sobresale el semicirco de El Golfo, cuyo sector central y suroriental queda englobado, aunque resultan igualmente destacabas por su armonía y calidad intrínseca los paisajes de la ladera de El Julan, o los extensos campos y pastizales de la meseta central. Contiene además áreas de yacimientos paleontológicos de interés científico (Arenas Blancas, Juaclo de la Molera).
Este espacio fue declarado por la Ley 12/1987, de 19 de junio, de Declaración de Espacios Naturales de Canarias, como parque natural del Hierro, y reclasificado a su actual categoría por la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias.
Cuenta también en su interior con parte del monte de utilidad pública nº 48 «Pinar de los Reyes» y con la integridad del monte de utilidad pública nº 47 «Pinar del Salvador». Con la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias, en el sector meridional del Parque, al sur del estrangulamiento que se produce en los límites a la altura del Roque Grande, se estableció un área de sensibilidad ecológica.
Este espacio ha sido declarado zona de especial protección
para las aves (ZEPA), según lo establecido en la directiva europea
79/409/CEE relativa a la Conservación de las Aves Silvestres.
Incluye en su interior la reserva natural integral de Mencáfete. Está constituida
por los materiales más antiguos de la Isla, de aproximadamente 1 millón
de años, que se disponen en una ladera de fuerte pendiente que en algunos
puntos es una pared casi vertical.
El espacio aparece dominado por el sabinar, más denso en las zonas menos accidentadas del terreno, intercalándose con formaciones de fayal-brezal. El sabinar presenta aquí una de las mejores muestras de sabinar húmedo de las Canarias. En los lugares de mayor pendiente se instalan comunidades rupícolas y numerosos endemismos raros y amenazados.
La alta diversidad del monteverde determina asimismo que aquí se encuentren elementos amenazados de la fauna, como las palomas de Laurisilva y numerosos invertebrados.
Declaración
Aprobado el plan rector de uso y gestión del Parque Rural de Frontera ( 6/6/2006 ), el documento permitirá conservar y potenciar la gran riqueza natural y cultural de esta parque que recoge gran parte del territorio de la isla
La Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias ha aprobado definitivamente el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Rural de Frontera, en El Hierro, tal y como aparece publicado hoy en el Boletín Oficial de Canarias.
Una noticia acogida con gran satisfacción en la isla debido “a la importancia que tiene el que podamos contar, después de una década de trámites, con este documento que nos permitirá conservar y potenciar la gran riqueza natural y cultural de esta parque que recoge gran parte del territorio de la isla”, afirma el director de Área de Medio Ambiente del Cabildo de El Hierro, Javier Armas.
“Un documento director –explica-que aclara sus usos y potencia actividades que pueden generar actividad económica en las poblaciones circundantes”.
El Parque Rural de Frontera, con una superficie de 12.488 hectáreas, representa el 46,4% de la superficie insular y se encuentra situado en la parte occidental de El Hierro, pertenecientes a los municipios de La Frontera (el 97,16% de su superficie) y Valverde (el 2, 8%).
Este parque se caracteriza por carecer de núcleos poblacionales en su interior. El carácter altamente natural de algunas zonas, junto con prácticas ganaderas y agrícolas que se desarrollan en su interior, lo convierten en un espacio de excepcionales valores naturales y culturales.
Dentro de este parque se localiza la Reserva Natural Integral de Mencáfete, cuyo plan específico de uso y gestión también se aprobó recientemente y se publicó en el día de ayer en el Boletín Oficial de Canarias. Este territorio está definido como “área de sensibilidad ecológica”.
El Cabildo de El Hierro ha construido dos centros de interpretación, uno en su cabecera Sur (en el antiguo Casino de El Pinar) y otro en su cabecera Norte (antigua Casa del Aguardiente) para divulgar las excelencias de este parque rural.
Las finalidades básicas de protección de este parque son “la protección, conservación y mejora de sus recursos naturales y de los procesos ecológicos esenciales que en él tienen lugar, el mantenimiento y restauración del paisaje y la armonización de esa protección y conservación con las necesidades de la población bajo parámetros de desarrollo sostenible”.
Armas recuerda que en este parque existen hábitats naturales de la importancia de la laurisilva en sus cumbres, tabaibales en las zonas bajas, el sabinar húmedo de La Dehesa y el sabinar xérico de El Julán, además de hábitats rupícolas y costeros.
Destaca el excelente estado de conservación
de hábitas amenazados
como el del Monteverde
o los sabinares, el importante número de especies animales y vegetales
sensibles y la elevada biodiversidad de amplios sectores del parque,
con elementos endémicos y especies que requieren de una protección
especial (como la paloma turqué, el águila pescadora y un gran
número de
invertebrados y vertebrados).
También se pueden apreciar estructuras geomorfológicos (El Golfo, los lajiales, islas bajas) y formaciones especiales (erupción de Lomo Negro, Arco de la Tosca, cavidades volcánicas, entre otros) en buen estado de conservación.
Así como la presencia de elementos paisajísticos singulares como las laderas del Julan, los volcanes de Orchilla, el risco de Bascos y La Dehesa, entre otros.
Por último, en el parque se encuentran yacimientos arqueológicos de destacado interés como el tagoror y los letreros de El Julan.
Este documento zonifica el espacio del Parque, lo que permite ordenar sus usos y actividades.
Roques de Salmor
Situados más allá de la Punta de Salmor, constituyen el ex tremo nororiental de la espectacular depresión semicircular de El Golfo. Representan un testigo de la intensa labor erosiva del mar, que ha dejado aislados una serie de roques, aunque solamente dos tengan cierta entidad. De ellos destaca, por sus dimensiones, el Roque Grande de Salmor, con unas 4 hectáreas de superficie y una altura de 90 metros sobre el nivel del mar.
Si bien se han planteado otras hipótesis sobre su origen, en realidad suponen una continuación de las coladas lávicas de carácter sálico, presentes en la pared del amplio escarpe que forma El Golfo. La emisión de estos materiales volcánicos, constituye un hecho puntual dentro de la primera fase de formación de la isla (Serie Antigua), en la que predominan los productos basálticos.
El nombre de estos roques, se asocia al de los lagartos gigantes, descubiertos para la ciencia en las últimas décadas del pasado siglo, en el Roque Chico de Salmor, por dos naturalistas austriacos: Simony y Schneider. Posteriormente, la intervención humana contribuyó a la desaparición de dichos animales, considerándoseles extintos. Sería en los años setenta, cuando se detectó la existencia de una subespecie diferente de estos lagartos gigantes (Gallotia simonyi macha doi), en este caso, en la isla de El Hierro, en los inaccesibles riscos de la Fuga de Gorreta (El Golfo).
Abundantes en otros tiempos, como lo reflejan algunas crónicas de la época de la conquista, esta especie endémica es objeto de un plan de recuperación, con el fin de garantizar su amenazada supervivencia.
Las aves, en concreto
las marinas, hacen que éste sea un enclave sumamente
importante. Se cita la presencia del guincho (Pandion haliaetus), así como
de importantes colonias, en el Roque Grande, de especies tan raras en
las Islas como el paiño común (Hydrobates pelagicus),
o el paiño de Madeira (Oceanodroma Castro).
Los fondos marinos son asimismo de un alto valor, presentando bloques y grandes paredes, que pueden alcanzar, en el caso de las bajas próximas, los 100 metros de profundidad. Su interés natural ha determinado la propuesta de inclusión como Reserva Marina.
Rubén Naranjo.
Declaración
La reserva es por definición área de sensibilidad ecológica en toda su superficie, a efectos de lo indicado en la Ley 11/1990, de 13 de julio, de Prevención de Impacto Ecológico. Además, este espacio ha sido declarado zona de especial protección para las aves (ZEPA), según lo establecido en la directiva europea 79/409/CEE relativa a la Conservación de las Aves Silvestres.
Las Playas
Al sureste de El Hierro, se presenta este amplio escarpe semicircular, que recuerda al de El Golfo, aunque con unas dimensiones más reducidas: unos 8 kilómetros de perímetro y 1 .075 metros de desnivel máximo, en el Risco de Los Herreros
La formación de ambos escarpes se encuentra en relación con las directrices predominantes en la isla, a partir de las cuales se han desarrollado los principales episodios eruptivos: Noreste-Suroeste, Noroeste-Sureste y Norte-Sur. Estas pautas estructurales, han servido para guiar la erosión, que ha tenido su mayor incidencia en las zonas con menor presencia de erupciones.
Desde el mirador de Las Playas, en El Pinar, se tiene una completa perspectiva de todo el conjunto. Precisamente son los pinos (Pinus canariensis), junto con los brezos (Erica arbórea), los que coronan estos riscos. En ocasiones crecen prácticamente colgados de las paredes, como ocurre con algunos ejemplares aislados de sabinas (Juniperus phoenicea).
Los materiales arrancados por la erosión, en este antiguo acantilado, han dado lugar a amplios depósitos de pie de vertiente, que suavizan la fuerte pendiente del escarpe, llegando hasta la misma costa. Estas acumulaciones, resultan de gran interés para el estudio de la evolución paleoclimática de la isla. Incidiendo todo el conjunto, aparecen una serie de barrancos que confluyen en el interior de la depresión, en su recorrido hacia el mar.
La vegetación que cubre estas superficies se compone fundamentalmente de matorrales de sustitución, formados por especies colonizadoras de espacios afectados por la actividad humana. Es el caso de la vinagrera o calcosa (Rumex lunaria), el salado (Schizogyne sericea), o el tabaco moro (Nicotiana glauca). Así mismo, se presentan interesantes comunidades de cardonales (Euphorbia canariensis).
La línea costera queda definida por una playa, hecho que en definitiva ha servido para dar nombre a todo este amplio sector de la isla. Dicha playa queda claramente delimitada en los dos extremos que cierran esta depresión. En el límite norte se encuentra el singular Roque de la Bonanza, un fragmento del antiguo acantilado, que ha quedado aislado por la erosión marina.
Rubén Naranjo.
Declaración
Este espacio fue declarado por Ley 12/1987,
de 19 de junio, de Declaración
de Espacios Naturales de Canarias, como paraje natural de interés
nacional de Las Playas, y reclasificado a su actual categoría por la Ley
12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias.
El monumento es por definición área de sensibilidad ecológica
en toda su superficie, a efectos de lo indicado en la Ley
11/1990, de 13 de julio, de Prevención de Impacto Ecológico.
Además, la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios
Naturales de Canarias,
estableció un área de sensibilidad ecológica en el sector
de costa desde la playa de Los Cardones hasta la punta de Amaro.
Timijiraque
Este área protegida, localizada al NE de la isla, ocupa un sector de la ladera de Azofa, que se extiende paralela a la costa con dirección NE-SO, entre la Playa del Varadero y la Bahía de Timijiraque, abarca una pequeña extensión de unas 383 hectáreas.
Se trata de un conjunto de barrancos excavados en materiales volcánicos antiguos que pertenecen a la primera serie geo-cronológica (serie antigua) establecida para El Hierro. Sobre estos materiales y como resultado de intensos procesos morfogenéticos acaecidos en condiciones ambientales diferentes a las actuales, se ha labrado la red de drenaje más jerarquizada de la isla.
La topografía resultante es muy accidentada, configurando un paisaje agreste en el que combinan barrancos encajados con interfluvios en rampa que progresan hacia cuchillos afilados. El perfil costero es acantilado como resultado de la acción marina y de las transgresiones cuaternarias que han modelado el frente.
En este espacio se asientan los mejores cardonales
de la isla, que se combinan con tabaibas
(E. obtusifolia y E. Balsamifera), cornicales (Periploca laevigata),
verodes (Kleinia neriifolia)y una larga serie de especies acompañantes.
La flora del lugar cuenta con al menos dos elementos raros, la lengua
de pájaro( Polycarpaea smithii )y una forma
de magarza de posición taxonómica incierta que algunos autores consideran
como Argyranthemum frutescens succulentum.
Dado lo abrupto de este pequeño reducto, los usos son escasos, únicamente algo de ganadería y, en la costa, el derivado del paso de la carretera que une el puerto de La Estaca con Las Playas.
En la costa de Timijiraque podemos encontrar unas salinas que datan de 1650, las cuales poseen un valor patrimonial importante desde el punto de vista etnográfico, por su gran interés paisajístico y cultural
Ventejís
Plan especial de protección paisajística
El Paisaje Protegido de Ventejís está localizado en la vertiente norte de la isla de El Hierro, concretamente en el borde nororiental de la meseta de Nisdafe y rodeado por los principales núcleos de población de este sector de la isla, entre los que se encuentra la capital, Valverde.
Su superficie, unas 1.143 hectáreas, comprende una muestra peculiar del paisaje agropecuario de la meseta de Nisdafe en el que se combina un sector llano, al Oeste, con los suaves perfiles de las lomas en torno al volcán de Ventejís en el sector oriental donde se alcanzan las máximas alturas.
En este sector de topografía más contrastada se ubican las cabeceras de numerosas barranqueras que desaguan hacia el norte y noreste, destacando, por las dimensiones, la cuenca del propio edificio de Ventejís. Las particulares condiciones orográficas y ambientales de esta zona la convierten en un lugar privilegiado en los procesos de captación de nieblas, fenómeno que ha propiciado leyendas y ha sido aprovechado históricamente para el abastecimiento de agua de la población del entorno y los ganados, sobre todo, en épocas difíciles de escasez prolongada.
El espacio se encuentra atravesado de norte a sur por la carretera que conecta las poblaciones del arco de Mocanal-Erese-Guarazoca con el núcleo de San Andrés, todas ellas fuera del espacio aunque la influencia socioeconómica sobre el mismo es clave ya que son los habitantes de esta periferia inmediata los responsables de la actividad agraria que se desarrolla en el espacio y con ello de la peculiar organización paisajística que lo caracteriza.
Las principales características que definen este paisaje provienen de las continuas transformaciones provocadas por la intervención humana, ya que desde muy antiguo ha sido el soporte de intensas actividades agrícolas y sobre todo ganaderas, que ofrecen un escenario rural bien conservado a pesar de que el uso y la sobreexplotación de sus recursos han generado puntualmente algunos conflictos.
En la actualidad, las actividades económicas que perviven tienden al estancamiento y regresión, manteniendo unas características comunes a la agricultura marginal de las medianías canarias, siendo el abandono de los aprovechamientos una amenaza para la conservación del paisaje en la medida que provoca la desaparición de funciones y de contenido del mismo, pérdida de suelos con potencialidad agrícola y lleva aparejado el deterioro de elementos de interés cultural asociado al uso del espacio.
Son valiosos los testimonios de ocupación histórica y formas tradicionales de aprovechamiento representados por elementos arquitectónicos, arqueológicos y de interés etnográfico como son la red de caminos, muros, tipos de cultivos, manejo de ganado, los sistemas almacenamiento de agua, etc.
El estado de conservación es dispar dado que muchos de ellos han perdido su originaria función y con ello el abandono y la falta de mantenimiento provocan un proceso de deterioro. No obstante, constituyen una carga cultural de primer orden y su conservación es un objetivo para perpetuar las características del paisaje. A ello hay que añadir la presencia del mítico enclave del Garoé, que posee una carga patrimonial destacada y constituye un reclamo de frecuente visita que no hace más que confirmar la potencialidad recreativa, cultural y didáctica presente como recurso en el ámbito del paisaje.
En este marco y atendiendo a los fundamentos que justifican la protección del espacio se ha elaborado el Plan Especial de Protección Paisajística para el paisaje cuya finalidad de protección, según dispone el anexo de la Ley 12/94,de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias, está referida al "carácter agropecuario del área libre de edificaciones".
Los objetivos que desde el documento se pretenden alcanzar se resumen en conservar los recursos del espacio y, en la medida de lo posible, evitar las transformaciones que provoquen la pérdida de los valores que fundamentan su protección. Se da al mismo tiempo apoyo y protección a la actividad agrícola y ganadera tradicional por el carácter estratégico en su contribución al mantenimiento de los elementos patrimoniales del espacio y, también, a aquellas acciones encaminadas a la conservación paisajística como es la restauración de elementos claramente antrópicos pero de indudable carga cultural.
Las características de este espacio suponen un reto para la planificación y para la futura gestión que ha de procurar orientar la utilización del suelo con fines agrícolas, forestales y ganaderos hacia el mantenimiento del potencial biológico y su capacidad productiva del mismo mediante acciones respetuosas con los ecosistemas del entorno.
Normativa y zonificación
Atendiendo a lo dispuesto en el art. 31 de la Ley de Espacios Naturales de Canarias, a las características del espacio, el estado de los recursos y la capacidad para soportar usos y actividades se han diferenciando dos sectores.
Una zona de uso moderado, constituida por la superficie que permite la compatibilidad de su conservación con el desarrollo de actividades educativo-ambientales y recreativas, que ocupa la zona del espacio de relieve más contrastado los lomos y la caldera de Ventejís-, donde se concentran los problemas de erosión más acusados y se localizan los principales reductos de monteverde.
Aquí se ubica además el enclave del Garoé en torno al cual se articula una red de senderos que permiten apreciar en sus variados recorridos los aspectos más relevantes del paisaje en su conjunto.
En esta zona se permite el pastoreo de ganado que se ha venido haciendo tradicionalmente pero están prohibidas las nuevas roturaciones para la puesta en cultivo, las alteraciones de perfiles y desmontes de terrenos así como la apertura de nuevas pistas.
El otro sector diferenciado se corresponde con la zona de uso tradicional que se extiende por la meseta de Nisdafe hacia la periferia meridional del enclave de Las Montañetas, incluyendo los conos volcánicos de Tomillar, la Torre y Tagasaste, igualmente una franja al norte en torno a la Hoya del Barrio hacia el Lomo de la Gotera donde se concentra con cierta intensidad el aprovechamiento agrícola en relación con la cercanía de los núcleos de población próximos.
En esta zona se permiten pequeñas instalaciones agrícolas de apoyo a la actividad, justificadas desde el punto de vista del aprovechamiento así como la construcción de nuevos muros y bancales utilizando técnicas y materiales tradicionales, o si es el caso cerramientos vegetales acordes con las especies de la zona.
Con carácter general, en todo el espacio está prohibida la nueva edificación con fines residenciales y por el contrario sí se permite la restauración, consolidación o rehabilitación de edificaciones existentes siempre que se justifique su vinculación a la actividad agropecuaria o cuando se prevea destinarla total o parcialmente como alojamiento temporal siempre, claro está, acorde con la normativa específica.
Otras prohibiciones con carácter general están referidas a las extracciones áridos y tierras así como llevar a cabo acciones que impliquen degradación o pérdida de elementos con valor tradicional o cultural.
El Plan aporta también una serie de criterios orientativos para las políticas sectoriales que han de contemplarse a la hora de definir y ejecutar programas, proyectos o planes con incidencia en el área. Dichos criterios están referidos a los usos y aprovechamientos agropecuarios favoreciendo el mantenimiento de las actividades tradicionales o técnicas agrícolas alternativas interesantes desde el punto de vista agroambiental.
Entre ellos se indica además la necesidad de realizar estudios específicos y de seguimiento de la actividad ganadera que permita aplicar medidas tendentes a mejorar el manejo y aprovechamiento de los recursos.
También se incluyen criterios para actuaciones urbanísticas referidos a las características a las que han de ajustarse las nuevas instalaciones agrícolas o la rehabilitación de construcciones preexistentes, insistiendo en el respeto de las tipologías tradicionales.
Criterios para actuaciones de repoblación y plantación, destacando la preferencia de la zona de uso moderado y los conos de la meseta a efecto de llevar a cabo actuaciones de revegetación o reforestación que palien los efectos de la erosión. Y, por último, se incorporan criterios sobre instalaciones y mantenimiento de infraestructura, sobre actuaciones turísticorecreativas e informativas y criterios para actuaciones en recursos patrimoniales.