cursos:
Estudio de los ecosistemas de El Golfo de El Hierro.
La hierba pastel
Notas sobre el cultivo y comercio de la hierba pastel
en canarias durante
los siglos XVI y XVII.
Sergio F. Bonnet Suárez. Instituto de Estudios Canarios
Sabido es, que desde épocas remotas se conoció al Archipiélago Canario por la captura en sus costas de un molusco, el «Murex brandaris» Lin., que servía para teñir de púrpura cierta clase de tejidos, de ahí que recibieran, por lo menos las dos más orientales, de Juba II rey de Mauritania (año 25 a. de C.), el nombre de Islas Purpurarias.
Dicho molusco segrega un liquido viscoso y amarillento que, convenientemente tratado, tiñe de rojo violáceo, esta propiedad la tienen otros univalvos de la misma familia, como los «Murex cornutus», que son los que realmente se encuentran en nuestras Islas y en la vecina costa atlántica africana.
Sin embargo, la moderna investigación científica, al comprobar que el «Murex» citado, sólo se encuentra en Canarias a ciertas profundidades (más de veinte metros), por lo que su recogida se hace difícil, no abundando, por otra parte, lo suficiente para llevar a cabo una recolección copiosa y, por tanto económicamente rentable, sustenta el criterio de que, por lo que respecta a nuestras Islas, lo que buscaban los antiguos (romanos y fenicios), no era el molusco que por otro lado abundaba en las costas mediterráneas, sino la célebre orchilla (1), liquen que se obtiene en las rocas cercanas al mar y que también sirvió durante mucho tiempo para teñir de púrpura costosas telas de seda o lana, su comercio tuvo ¡una importancia enorme en los siglos XV al XVII, decreciendo en el XVIII y desapareciendo totalmente en el XIX.
Las Islas, parece que han estado de siempre bajo el signo de las sustancias tintóreas, primero fueron los moluscos, después la orchilla, más tarde la hierba pastel y, por último, la cochinilla (Coccus cacti), insecto hemíptero que vive sobre los nopales y tiñe de gana, cuyo auge casi ha llegado hasta nosotros.
La hierba pastel
Se ha hablado y escrito mucho sobre todas estas materias orgánicas que servían para colorear y fueron objeto de intenso comercio, pero la hierba pastel o simplemente pastel, es casi una desconocida en la actualidad.
La hierba pastel o Isatis tinctoria, Lin. o también G1astun Bauh., se introdujo en Canarias a raíz de la conquista castellana, posiblemente por pobladores portugueses, pues ya se cultivaba en las Azores y en la Madera donde aún se encuentra presente.
Es una planta de la familia de las crucíferas, bianual, de 50 a 150 cm. de alto, con raíz pivotante bien desarrollada, las hojas de un verde azulado, las más inferiores oblongo-lanceoladas, las superiores lanceoladas, amplexicaules, provistas de dos aurículas agudas, flores pequeñas amarillas numerosas dispuestas en racimos corimbiformes. Los frutos son silículas sostenidos por pedicelos filiformes pendientes que contienen una sola semilla oblongo-aovada. Especie ampliamente difundida por Europa, África septentrional, llegando en Asia hasta la India, no es planta espontánea de 1ª flora canaria (2).
El principio activo de la planta es la «isatina» de donde s obtiene un pigmento azul índigo, que servía para teñir con firmeza ciertos tejidos que se confeccionaban en Inglaterra y en Flandes, a cuyos lugares se exportaba la planta debidamente tratada.
El principio activo de la planta es la «isatina» de donde s obtiene un pigmento azul índigo, que servía para teñir con firmeza ciertos tejidos que se confeccionaban en Inglaterra y en Flandes, a cuyos lugares se exportaba la planta debidamente tratada.
Se cultivó, como ya hemos dicho, desde muy antiguo, en Europa, aunque es rara en el norte del Continente y después se introdujo en diversas partes y regiones, aunque siempre fue de mejor calidad la que se produjo en el sur, como por ejemplo en el Languedoc (3) .
Las referencias más antiguas que tenemos, las debemos a César y Pomponio Mela, Plinio el Naturalista, habla de este vegetal como cosa particular de las Galias y le da el nombre de glastum, asegurando que, los antiguos bretones se servían de él para «pintarse la cara y aún todo el cuerpo». También se empleó en medicina, como diurético y astringente.
Tuvo fama la que se cultivó en el sureste de Francia, hasta el punto de que el célebre ministro del rey Luis XIV, Juan Bautista Colbert, dictó, en 18 de marzo de 1671, una «Instrucción General para manufacturas y tintes», en la que se regula, entre otras cosas, el modo de preparar, cultivar y obtener el mejor colorante de la hierba pastel, con toda minuciosidad.
La manera de proceder para obtener la materia prima, era la siguiente: hecha la plantación, por febrero, la primera cosecha de hojas ya maduras o que comienzan a amarillear, se efectúa por el mes de junio, obteniéndose, según las zonas y condiciones climáticas, cuatro o cinco recolecciones en total; aquí en Canarias, o por lo menos en El Hierro, sólo se obtenían tres cosechas.
Después de recogidas las hojas se las deja marchitar algunos días antes de molerlas, esta última operación se efectuaba en unos molinos de piedra parecidos a los aceiteros, o sea que consistían en una muela colocada verticalmente que da vueltas alrededor de un eje perpendicular, sobre una especie de pilón también de piedra, tan hondo como se requiere para que no se salga lo que se muele en él. (4)
Reducidas a pasta las hojas, se saca de molino y se apila en montones bien apretados al objeto de producir una fermentación, pasados diez o quince días, se saca de nuevo, se mezcla muy bien la masa y se van haciendo bolas del tamaño de una libra, o en forma panes y se ponen a secar a la sombra, una vez seco el producto se reduce a polvo y se amasa humedeciéndolo ligeramente, pasado cierto tiempo y ya bien seco, se halla el pastel en condiciones de embalarlo y exportarlo para su empleo por los tintoreros.
En la Península también se cultivó de antiguo la hierba pastel, especialmente en Jaén y su término y consta que en las Ordenanzas Generales de dicha ciudad, redactadas en 1457, se incluía un apartado por el que se prohibía extraer de su término el pastel, así como el zumaque, hasta que constase haberse provisto los tintoreros de toda la materia prima que necesitaren.
Como anécdota curiosa diremos que, el célebre Gaston III de Foix-Bearn nacido hacia 1331 y que desarrolló su actividad en la segunda mitad del siglo XIV, conocido por Gaston-Febus, fue propicio a atesorar grandes riquezas, obteniéndolas por diferentes medios: rescates de prisioneros,
intereses
de préstamos hipotecarios seguros, estipendios a base de protección
militar y también el comercio. Gaston y sus hombres monopolizaron en la
ruta Touluse-Bayona la exportación de glastum o pastel, a Inglaterra y
Flandes, luego, de estos países se importaban paños y tejidos de
lujo que, desembarcados en Bayona, se distribuían luego por la cuenca del
Ebro (5).
Grabado que representa la hierba pastel, reproducido del «Dictionnaire
Universel d’Agriculture», escrito por M. L’Abbé Rozier,
tomo 7.°, pág. 400. Paris, 1783. Explicación de las letras que
figuran en el mismo: A—Raíz en forma de nabo. B.—Flor de cuatro
pétalos. C.— Cáliz de cuatro hojas dispuestas en cruz. D.—.
Pétalos ovales. E.—Estambres. F.—Fruto. G.— Ventallas
que encierran la simiente. H.—Semillas oval— alargadas.
La hierba pastel en canarias
La noticia más antigua que tenemos del cultivo y preparación del pastel en las islas, la debemos a nuestra antigua y buena amiga la Dra. Manuela Marrero, en un trabajo que publicó en el «Anuario de Estudios Atlánticos» —año 1977, Patronato de la Casa de Colón.— Madrid-Las Palmas (6). En el aspecto que nos interesa dice textualmente: «Se dan tierras para plantar una hierba tintórea, el pastel. Esta hierba, junto con la orchilla, un liquen que se da en las rocas cercanas al mar, son productos muy buscados por los mercaderes para ser usados como colorantes.
En 1505 hay un concierto entre dos mercaderes y un labrador para sembrar pastel, en las tierras que este último tiene en Tacoronte y, al año siguiente (1506), los mismos mercaderes toman a soldada a un portugués, vecino de Tenerife, para que les ayude en todas las labores propias de una tierra de pastel, esto es: escardar, coger y moler el pastel y «embollarlo», además aserrará toda la madera necesaria para las casas de ingenio». (Archivo Histórico, Provincial, Escribano Sebastián Páez, años 1505-1506, folios 168 y 169 vto).
Lo trascrito prueba que el pastel se introdujo en Tenerife a pocos años de su incorporación a la Corona de Castilla, por personas que ya conocían su cultivo y preparación para la exportación.
Otra escritura ante el mismo escribano Paez de fecha 9 de diciembre de 1505(7), cuya nota debemos también a la amabilidad de la Dra. Marrero, nos da noticia de un contrato celebrado entre Juan Franco, vecino, y Diego de San Martín, también vecino de la Isla, por e que hacen compañía para sembrar unas tierras que Franco tiene en El Realejo, por encima de su casa, que son unas 50 fanegas, por romper (roturar), la compañía durará tres años, las tierras se sembrarán de pastel y se hará un ingenio para molerlo.
Los gastos serán a medias, y lo que se coja, se partirá también por mitad. Se comenzará a sembrar en la primera sementera del año siguiente (1506). Al acabar el con trato se devolverán a Juan Franco las tierras y el ingenio con todos sus aparejos, pero éste deberá pagar a San Martín la mitad el costo o gastos efectuados. Si Franco quisiera vender la heredad antes de acabar el plazo fijado, viene obligado a notificarlo a San Martín, su socio, quien tendrá preferencia para la compra, por el mismo precio.
En otra escritura de 1517 ante el
escribano Alonso de Llerena(8) figura
una donación en virtud de la cual, Hernán Guerra, vecino y escribano
público, manifiesta que tiene con Fernando Esteban un pedazo de tierra
en el Pastel, que es parte del que tiene Guillén Castellano la mitad; y
como no tiene necesidad de él, lo cede al citado Fernando Esteban (Guerra
?), el que
suponemos pudiera ser su pariente, tronco de linaje Guerra o de la Guerra
en Tenerife.
Más tarde, en los protocolos del escribano de La Laguna Alonso Gutiérrez, 152O-1521 (9) nos encontramos con un contrato de fecha 8 de octubre de 1520, por el que Juan Núñez, vende al bachiller Diego de Funes, cincuenta fanegas de tierra de sequero «en el lugar cuando se va para Taoro, pasando el Agua de García, a mano izquierda del camino de arriba.., frontero de donde se sembró el pastel».
En los protocolos del mismo escribano correspondientes al periodo de 1522-1525’(10), consta un testamento de fecha 6 de marzo de 1523, que otorga Gaspar Rodríguez Cachera, vecino de la villa de Sesimbra en Portugal, maestre de la carabela llamada «Santa María del Cabo» surta y cargada en el puerto de Santa Cruz y, entre sus múltiples disposiciones declara que «debe a Juan Pinto, vecino de la isla de San Miguel, 4.000 maravedíes de buena moneda, de cierto pastel que recibió»...
El mismo escribano, registra un contrato en 30 de agosto de 1 523 por el que, Ruy Gómez, vecino, vende a Antonio Fonte, mercader, 45 fanegadas de tierra de sembradura que tiene en Tenerife, en «las tierras del pastel, cerca del Agua García... lindantes con el barranco de García, por la parte de arriba con camino que va a Taoro».
Este cultivo de pastel en Tacoronte, perfectamente localizado, ha dado lugar a un topónimo que se ha perpetuado hasta la actualidad, en la misma zona a la que se refiere el anterior documento, o sea por debajo del Camino Real, a caballo entre los límites actuales de los términos de Tacoronte y El Sauzal y que se conoce con el nombre de Montaña del Pastel.
Visto el terreno desde arriba, o sea desde el citado camino, no es tal montaña, es más bien una depresión del terreno en dirección norte descendente, un pequeño valle que luego sube ligeramente hacia una reducida de unos 700 metros de altitud sobre el nivel del mar, cuya vertiente vuelve a bajar, esta vez más bruscamente hacia unos llanos, los que hace que vista desde abajo parece una pequeña montaña de unos 80 a 100 m. de altura.
Pues bien, en el valle descrito, fue donde se cultivó el pastel; respecto al ingenio de moler la hierba, por el momento no tenemos más noticias que las citadas, pero es posible que sí funcionara, aunque no sabemos por cuanto tiempo.
Hasta no hace muchos años, se conservó en un ángulo de la plaza de Santa Catalina, en Tacoronte, lindando con el final de la calle del Marañón, una descomunal y un tanto extraña piedra de molino, que los expertos aseguraban que no era de las comunes empleadas en los molinos de «gofio» o harina, en cuyo centro se había puesto, desde antiguo, una cruz de tea, dicha piedra de gran diámetro, hoy desaparecida, pudiera ser una de las del ingenio de la hierba pastel.
Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios, en su Crónica del reinado de los Reyes Católicos”(11); dedica varios capítulos, a partir del LXIV, a las Islas Canarias y a su conquista, en el primero de ellos que acabamos de citar, al hablar de La Palma, nos dice: «La Palma es luego, e es tierra de mucho pan e azúcar e aguas dulces, de la calidad de La Gomera. Ay en ella pastel. ay en todas estas islas orchilla. Está cuatro leguas adelante de La Gomera. No hay pastel sino en ella»..
Esta noticia confirma la existencia de cultivos de pastel en La Palma, pero la última afirmación del cronista Bernáldez, en el sentido de que sólo en ella había pastel, sabemos que no es cierta, se obtuvo dicha planta tintórea, por lo menos en cuatro de nuestras islas.
Lo que pudiera suceder es que fuera la primera en la que se introdujo su cultivo, debido quizás al gran porcentaje de pobladores de origen portugués que se establecieron en ella, si admitimos, como parece deducirse de los datos manejados, que los introductores y conocedores del cultivo y tratamiento de la Isatis tincloria en Canarias, fueron portugueses y muy posiblemente de La Madera.
Nuestro insigne polígrafo Viera y Clavijo, en su «Diccionario de
Historia Natura» (12), nos describe la «Yerba Pastel» desde
el punto de vista botánico y nos habla de su utilización como planta
tintórea, para dar color azul a los tejidos, afirmando que se cultivó en
nuestras Islas durante él siglo XVII, pero ya hemos visto como en realidad
lo fue desde los primeros años del
XVI.
Nos asegura Viera y Clavijo que tenía constancia de su cultivo, en Tenerife, La Palma y Canaria, conservándose algunos parajes con este nombre de pastel. Pero «donde quedan monumentos y memoria de este cultivo y comercio es en la isla del Hierro». A este respecto dice nuestro historiador, que en su tiempo, aún se veía en «Tejequeta» una gran piedra de molino, perteneciente a un ingenio que hubo en la zona, otra molienda se localiza en unos llanos, a la izquierda de los llamados charcos de «Tifirabe». cuyo sitio se llama el pastel y, señala una tercera localización en «Bentegice», más arriba del sitio que ocupó el «árbol santo».
En las escribanías públicas de El Hierro, afirma que se hallaban testamentos y compraventas en relación con estas moliendas o ingenios de pastel, existiendo en aquella fecha, in instrumento público del año 1604, otorgado por Diego de Espinosa, gobernador de la Isla, por el que se obliga a dar al inglés Guillermo Krochrer, toda la hierba pastel de aquellos ingenios, durante cinco años, perteneciente a las tres recolecciones que se hacían en cada año, por el precio de diez y siete reales y medio cada quintal, «un tercio en dinero y dos tercios en efectos (13) Los ingleses, como siempre, forzando a tomar sus productos manufacturados, lo que les producía una doble ganancia.
Termina Viera afirmando que, estas cosechas, ingenios y comercio, habían desaparecido en su tiempo. Concluye el manuscrito de su última gran obra: el «Diccionario de Historia Natural», en 1799 y señala como causa del abandono del cultivo del pastel, la introducción del añil americano el índigo, «de modo que hasta el conocimiento de la yerba pastel se ha borrado de entre los canarios».
Para tratar de refrescar la memoria de sus paisano Viera y Clavijo, espíritu inquieto y amante de todo progreso cultural, industrial o agrícola, promovió en el seno de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, la idea de resucitar el cultivo del pastel, así en la junta del 15 de marzo de 1786, don Lope de la Guerra exhibió el «esqueleto» de la Isatis tinctoria, o hierba pastel, tallo, etc. «y unas semillas que había enviado don José de Viera (y Clavijo).
Estas semillas fueron repartidas entre los socios para que las plantasen y expresaran sus resultados. Se acordó agradecer a Viera el obsequio» (14) No hay constancia documental del resultado de dicha experiencia, si es que llegó a efectuarse, pues las actas de la Real Sociedad nada dicen al respecto.
Al dejar de cultivarse esta planta, parecida a la col común, se fue extinguiendo en todas las islas en las que se daba, menos en la del Hierro (15), donde aún se encuentran algunos ejemplares aislados, contribuyendo a ello el ser pasto preferido del ganado. Debo al malogrado entomólogo y recordado amigo don José María Fernández López, bibliografía sobre dicha planta y una diapositiva de un buen ejemplar que localizó en la zona de Guarazoca (El Hierro).
Siguiendo esta pista, me dirigí a una excelente persona natural de dicha isla y precisamente del caserío de Guarazoca, funcionario del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, don Luis García Morales, rogándole que en alguna de sus visitas a su tierra natal, tratara de localizar algún ejemplar de la hierba pastel, se prestó con el mayor interés y precisamente en el verano de 1981, al regresar de sus vacaciones, nos trajo una muestra de dicho vegetal y algunas semillas, le expresamos desde aquí nuestro agradecimiento.
El lugar de localización fue precisamente la zona de Guarazoca, en el barranco de Las Montañetas. También, me informó el buen amigo García Morales, que aún quedan en El Hierro dos piedras de molino de pastel, una en el lugar llamado Cruz del Calvario y la otra que estaba sobre Valverde, cerca del lugar que ocupó «El Garoe» y q ha sido trasladada recientemente al sitio denomina do Las Albercas.
A medida que se vaya ampliando el conocimiento de los fondos documentales que se custodian en nuestros archivos, se podrá tener un conocimiento más exacto de la importancia que tuvo en las Islas Canarias el cultivo del pastel y sus repercusiones económicas en cuanto a la comercialización y exportación del producto tintóreo elaborado.
Actualmente se está produciendo una corriente favorable al nuevo empleo de los colorantes naturales y el abandono de los químicos o sintéticos, por ser nocivos para la salud, tal es el caso de la «cochinilla» en Lanzarote. Por tal motivo, es posible que en un futuro más o menos próximo, pudiera ser interesante para Canarias, el volver a cultivar la Isatis tinctoria y a su transformación industrial, con medios más modernos, estudiado científicamente, para su óptimo empleo en la industria textil.
1-Lázaro Sánchez-Pinto, «Las orchillas de Canarias»,
en Revista «Aguayro», n.° 121 y 122, abril y mayo de 1980.— Las
Palmas de Gran Canaria.
2 -Diccionario de Agricultura, Zootecnia y Veterinaria—Salvat Editores,
Barcelona 1939. Y tam «Dictionaire Universal d’Agriculture» pour
M. L’Abbé Rozier, ton4o séptimo. parís, 178
3-Vid. «Flora Europaea». —Lycopodiaceae to Platanaceae—. Cambrige niversitY Press, 1964, Vol. 1, pág. 268-269. Editada por T. G. Tutin, V. H. Heywood, N. A. Burges, D. H. Valentine, S. M. Walters, y D. A. Webb, con la asistencia de P. W. Ball y A. O. Charter
4-«Memorias instructivas y curiosas, obre Agricultura, Comercio, Industria, Economía, Chymica, Botánica, Historia Natural, etc.». acadas de las obras que hasta hoy han publicado va rios autores extranjeros y, señaladamente de\ las Reales Academias y Sociedades de Francia, In glaterra, Alemania, Prusia y Suecia, por don l Gerónimo Suárez, Archivero de la Real Jun ta de Comercio, Moneda y Minas, Individuo, de Mérito de la Real Sociedad Económica de Ami gos del País en esta Corte, ...Tomo 1.—Madrid, 1778. (Memoria X.— Modo de cultivar y preparar el Pastel para la tintura en la Provincia de Languedoc».— Pág. 295 y sig.
5-Pierre Tucco-Chala, Universidad de Pau, «Gaston-Febus, un grand prince d’Occident au XIV eme.siécle».Pau, 1976.
6-Vid, trabajo citado, en Anuario n.° 23, pág. 373 siguientes, titulado: «Algunas considera ciones sobre Tenerife en el primer tercio del siglo XVI»
7-Protocolo de Sebastián Páez, año 1505, fol. 25, vt.° Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife.
8-Protocolo de Alonso de Llerena, año 1517, fol. 622, sin expresar día ni mes. Archivo His tórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife.
9-Extractos de Manuel Lobo. Colección «Fontes Rerum Canariarum», del instituto de Estudios Canarios, La Laguna, 1979, n.° XXII.
10-Extractos de Maria 1. Coello Gómez, Margarita Rodríguez González y Avelino Parrilla López. Colección «Fontes Rerum Canariarum», Aula de Cultura del Cabildo Insular de Tenerife e Instituto de Estudios Canarios, n.° XXIV. Santa Cruz de Tenerife, 1980.
11-«Historia de los Reyes Católicos don Femando y doña
Ysabel», escrita por el Bachiller Andrés Bernáldez, cura
de Los Palacios. En «Crónicas de los reyes de Castilla», Biblioteca
de autores Españoles, ton III, pág. 612 y sig., M. Rivadeneyra,
editor, Madrid, 1878.
También en «C Crónicas de su Conquista» por Francisco
Morales Padrón catedrático de la Universidad de Sevilla. Edición
del Ayuntamiento de Las Palmas-Museo Canario, Sevilla, 1978.
12-«Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias» por don José de Viera y Clavijo, edición de 1942, Santa Cruz de Tenerife.
13-Según el profesor Dr. Antonio Domínguez Ortiz, que colabora en la «Historia de España» que viene editando «Cambio 16», en un artículo que se inserta en el volumen 7°, titulado:«Coyuntura internacional y política interior» , nos dice que mediante un cálculo aproximado, sin el menor rigor científico, del valor en pesetas de 1981, de las principales monedas castellanas del siglo XVII, un real de vellón equivaldría a 136 ptas., con lo que l quintal de pastel se pagaría a unas 2.380 ptas. de ahora.
14-Enrique Romeu Palazuelos: «La Económica a través de us actas». Años 1776 a 1800.— Publicaciones de la Real Sociedad Económica de Amigos del Pais de Tenerife. La Laguna, 1970. Pág. 58.
15-0. Ericksson, A. Hansen, P. Sunding: «Flora of Macaronesia» —Checklist of Vascular Planis—. 2.° revised edition. Oslo, 1979. Parte l. pág. 26. La Isatis tinctoria se da como presente en la actualida1 en las islas de Madera y El Hierro.