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Las salinas del río

Las Salinas y FamaraLas Salinas del Río, del Bajo del Risco o de Gusa se sitúan en el extremo norte de Lanzarote, al pie del Risco de Famara, frente a La Graciosa. Están consideradas las más antiguas de Canarias, ya que las primeras referencias documentales que conocemos se remiten al siglo XV, al ser acondicionadas en tiempos de Sancho de Herrera, primer Señor de Lanzarote. En 1520 se reseñan unas construcciones en ellas. En 1605 en una "Real Cédula dirigida a la Audiencia de Canarias para que informe sobre la situación, producción y pertenencia de las salinas existentes en las islas, para su posterior incorporación a la Corona" se recoge la información de Ruy Díaz de Rojas, velador y contador de la gente de mera de las islas, el cual expone que:

"... en la dicha ysla de Lanzarote, junto a la ysla de La Graciosa ... ay unas salinas en la costa dado se hacen hasta quatrocientos cayces de sal de doce fanegas cada caiz, un año con otro, que se cuaja de la creciente y la menguante de las aguas vivas, y dicen los testigos que es sal de mucho provecho y que sala más una fanega que fanega y media de otra ..." y prosigue "... la causa por la que en las dichas salinas de Lanzarote no se hace más sal que los dichos cuatrocientos caizes es por no beneficiarla como se podrá, abriendo un callao por donde pueda entrar el agua de la mar a dar en la caldera y los tajos, y que con esto y alartar la caldera y multiplicar los tajos se harán más de mil cayzes cada año, y algunos testigos dizen más de mil quinientos, y que esto se haría con mil ducados de costa por tener al pie de las salinas la cal y la piedra ...".

Sobre el origen de las Salinas Macías Hernández nos informa que:

"... De ella (de la Real Cédula) se desprende que con anterioridad a mediados del XVI se recogía ya sal en el rico cocedero natural ubicado a los pies del denominado Acantilado del Río, acondicionado probablemente en tiempos de Sancho de Herrera (1442-1534), primer señor de Lanzarote, pues en 1545 Agustín de Herrera y Rojas, su nieto y sucesor en el señorío, heredó nueve partes de estas salinas, recayendo probablemente las cinco restantes en su otro nieto Diego Sarmiento".

La producción en este inicio del siglo XVII es ya elevada y se sitúa en unas 4.800 fanegadas (334 toneladas en caso de que la medida utilizada fuera la fanega de áridos de Gran Canaria, con una capacidad de 65,892 litros, que pesarían unos 69,5 kilogramos). Ya se habla de la división del ingenio en "caldera y tajos", lo que indica que el antiguo cocedero natural ha sido transformado. Por esta Cédula sabemos que estas Salinas son las únicas con entidad del Archipiélago. Esta condición se mantienen hasta 1760, en que empiezan a desarrollarse las salinas en Gran Canaria para abastecer a la creciente flota pesquera canaria que faena en el Banco Sahariano.

En 1764, George Glass en su "Descripción de las Islas Canarias, describe a las Salinas:

"Esta parte de Lanzarote, frente al abrigo de El Río, es un risco extremadamente escarpado, desde cuyo pie al abrigo o costa hay una distancia aproximada de un tiro de mosquete. El terreno en este lugar es bajo, y se encuentra una salina (o salinas), que consisten en un espacio cuadrado de tierra nivelada, y dividido por zanjas de unas dos pulgadas de profundidad; queda en estas el agua del mar, la cual, gracias al calor del sol y a la naturaleza del suelo, pronto se convierte en sal".

En 1776, el autor anónimo del "Comprendió Brebe y Fasmosso ... Incluye en su obra una referencia a las salinas:

"... y en esta distancia abatida o costa están situadas las salinas de esta Ysla que son las mejores de las Canarias, y a su frente está la Ysleta de La Graziosa ...; en dichas Salinas ay una cassa o hávitazión para un vezino".

La primera inscripción de las Salinas en el Registro de la Propiedad data de octubre de 1871, que aparece con el número 334:

"Finca Rústica o sea unas Salinas situadas en la orilla del mar por debajo del Risco de Máguez jurisdicción del pueblo de Haría lindando por el poniente con el mar y por las otras tres partes con el término de Guza".

Entre 1875 y 1880 se publica en Londres el libro de D. Ramón de Silva Ferro, ingeniero industrial:

"Estudios económicos, industriales y científicos... para servir de precedentes al proyecto de establecer una factoría de pesca y preparación de pescado de la Isla Graciosa",

En él se cita que:

"si se decidiera fundar una factoría en la Isla de la Graciosa, las salinas de Lanzarote, sobre la costa que recorre el canal, abastecerían a los pescadores con toda la sal necesaria a sus preparaciones".

Es en esta época, a finales del siglo XIX, con el auge de las pesquerías en el banco canariosahariano, cuando la producción de sal para salazones da un impulso definitivo a la expansión de las salinas canarias. En el caso de las Salinas del Río, obtienen su dimensión actual, en esta época probablemente en relación con el establecimiento hacia 1880 de una factoría de transformación de productos pesqueros en La Graciosa, propiedad de las "Pesquerías Canario- Africanas, S.A.", sociedad promovida por el ya citado D. Ramón de Silva Ferro. La factoría cierra a la muerte de su promotor en 1884, por lo que su actividad es escasa.

En 1926 se menciona en el Registro de la Propiedad, al inscribirse una transmisión hereditaria, a que se ha construido:

"un gran almacén para depositar la sal y una casa de habitación de las salinas"y a " existir antes otro almacén y casitas con igual objeto, habiéndose ampliado también los tajos y cocederos", lo que da idea de la expansión que se registra en estos años.

Es en este momento cuando comienza la decadencia definitiva de Las Salinas del Río porque la expansión de la demanda posibilita crear otras salinas que, aunque menos económicas, se sitúan en mejor posición para abastecer a las nuevas necesidades. Las Salinas del Río son las únicas de Lanzarote hasta que a finales del siglo XIX. Con la liberalización de la economía y el auge de las pesquerías en el Banco Sahariano comienza la construcción de nuevos ingenios en la isla. En los años cincuenta de este siglo ya existen en la isla unas cincuenta salinas, todas ellas en funcionamiento.

Las SalinasCon la aparición de las técnicas de conservación en frío decae la importancia de la sal y comienza el declive de las salinas de Lanzarote. La paralización de los ingenios se inicia hacia 1970 quedando en la actualidad sólo unas salinas parcialmente en activo: los Agujeros y con carácter testimonial Janubio. El declive de Las Salinas del Río es prematuro y ya en la década de los cincuenta las dificultades para sacar por mar la sal la hacen poco rentable frente a la competencia de otras salinas mejor situadas. No obstante, siguen funcionando, aunque a un ritmo de producción inferior al de décadas anteriores, hasta 1971 ó 1972 en que fueron definitivamente abandonadas.

Inicialmente, la explotación aprovecha de forma natural el fango impermeable del salador natural que existe donde confluyen las mareas y las escorrentías naturales del Risco. Se construye con el barro de la laguna o saladar natural. Su trazado a la vez que se va ampliando y adaptando a la orografía del terreno, lo que le confiere características de estrecha implicación y acomodo en el terreno.

El trazado salinero se encuentra por debajo del nivel máximo de las mareas llenas. Este hecho le proporciona un llenado natural por lo que consigue que, aparentemente se encuentre en funcionamiento, a pesar de que hace más de veinte años permanecen abandonadas. Como hemos señalado, la ubicación en relación a la línea de costa y al nivel del mar del terreno además de la adaptación y orografía, hacen que tres tomaderos lleven el agua hasta los cuatro grandes cocederos que posee.

El perfecto trazado reticular en el que se disponen las salinas contrasta con la adaptación irregular en el que se sitúan los cocederos y la cabecera de la trama de las pocetas. Éstas se encajonan en el terreno bajo la pleamar por lo que dispone dos muros cortavientos. Con respecto a la propiedad, tenemos que la Real Cédula de 1605 ya citada, aporta datos sobre las primeras propiedades las salinas, según ésta:

"en 1545 D. Agustín de Herrera y Rojas, nieto y sucesor en el señorío de Lanzarote de Sancho Herrera, heredó nueve partes de estas salinas, recayendo probablemente las cinco restantes en su otro nieto. Diego Sarmiento. En 1570 el nuevo señor, Agustín de Herrera, cedió siete de sus partes al Capitán Juan Martel Peraza de Ayala y a María de Ayala; finalmente, en 1598, el mayor propietario de la salina es el matrimonio Pedro Westerling y su esposa Juana Mendoza y Rojas, hija del mencionado Diego Sarmiento la cual poseía por su dote las cinco partes en que se habían dividido las salinas en 1545, adquiriendo además al citado Juan Martel sus siete partes".

Se carecen de datos posteriores hasta 1775, cuando:

"... el gobernador de las armas de Lanzarote, el coronel Manuel de Armas Scorcio Bethencourt, solicitó la real aprobación para abrir unas salinas en tierras propias, en el lugar llamado Charco de San Ginés "..., pero la oposición señorial, expresada en memorial presentado a la corte de octubre de 1775, impidió su construcción, lo cual revela que la primitiva Salina del Río se había incorporado al señorío de Lanzarote".

El 30 de abril de 1871 al efectuar la primera inscripción en el Registro de la Propiedad de las salinas, D. Juan Bautista de Queralt y Bucarelli, Marqués de Vallehermoso de Valdecarzana, Conde de Santa Coloma de Cifúente y otros títulos, vecino de la Villa y Corte de Madrid, manifiesta que su padre adquirió dicha finca como sucesor en el título del Marqués de Lanzarote. La inscripción comienza de la siguiente forma:

"Finca Rústica o sea unas Salinas situadas en la orilla del mar por debajo del Risco de Máguez jurisdicción del pueblo de Haría lindando en la actualidad por el Naciente con el mar y por las otras tres partes con el término montuno o herial adyacente tenía de cabida superficial ciento cincuenta y ocho fanegadas medida del país, y en la actualidad se la regula la de veinte y cuatro fanegadas o sean treinta y dos hectáreas, ochenta y un áreas, noventa y siete centiáreas, novecientos sesenta y cuatro centímetros cuadrados".

A través de las sucesivas herencias, la propiedad de las salinas se va disgregando hasta que en el año 1941 se producen dos operaciones de concentración de la propiedad en manos de dos personas; por una parte D. Ángel Fiat y Paúl, que adquiere el 25,898 por ciento del valor de las salinas y el usufructo de catorce enteros y setecientas setenta y ocho milésimas partes, y de D. Alfonso de Queralt y Gil-Delgado, Conde de Gerena, que incorpora a la parte que por herencia le corresponde el resto de la propiedad hasta un total de 73,776 por ciento del valor de las salinas, sin que exista una división de propiedad entre ambos.

En la actualidad, la propiedad de la parcela en que se enclavan las Salinas la ostenta Dña. Marta de Queralt y Bauza, Condesa de Gerena y a las personas herederas del citado D. Ángel Paúl.

La producción de sal ha sufrido frecuentes y considerables oscilaciones a lo largo de sus cinco siglos de funcionamiento. Las primeras referencias históricas evalúan su producción en 4.800 fanegadas en 1605.

En 1631 dicha producción se eleva hasta 6.000 fanegadas y a partir de ese momento registra un descenso que culmina en 1670 en que la producción no se completa hasta 1691 en que asciende a 5.273 fanegadas, coincidiendo con el primer auge de las pesquerías en el Banco Sahariano; la inmediata competencia de las salinas de Gran Canaria que inician una pujante expansión condiciona una nueva contracción de la producción que alcanza un nuevo mínimo histórico en 1736 en que se producen sólo 600 fanegadas. Una nueva recuperación se registra a principios del siglo XIX en que se alcanzan las 5.200 fanegadas en 1802 y las 5.527 en 1806.

La primera estimación sobre la producción de sal en el Archipiélago es de 1780 y se encuentra en un informe elaborado por el administrador de rentas de Canarias, José de Iriarte. Según éste, la producción de sal en el Archipiélago en esta época es de 14.100 fanegadas, correspondiendo a las Salinas del Río 3.000 fanegadas, es decir poco más del 20 por ciento; el precio en este momento de la sal de Lanzarote es el más bajo del Archipiélago: 9-11 reales la fanega, frente a los 12-13 reales que cuesta la sal de Gran Canaria.

El porcentaje de producción se mantiene en las décadas siguientes ya que en los primeros años del siglo XIX producen 5.500 fanegadas de las 27.560 de media recogidas en el quinquenio 1800-04 según la estadística de Escolar.

La denominada Guerra Civil española supone un considerable parón en la producción y, tras ella, gran parte de los tajos se abandonan. En las décadas siguientes la inestabilidad productiva prosigue en la misma línea de los siglos anteriores. Según el testimonio de los antiguos trabajadores, unos años vienen muchos barcos a cargar sal y otros muy pocos, sin que sepan muy bien las causas.

La sal producida en estas Salinas es muy apreciada por su calidad, finura y obtiene fama de ser la mejor de las islas, según quienes la conocieron.

Las Salinas son del tipo antiguo de barro. Este tipo se encuentran en costas bajas, dispuestas tras barreras de callaos y bajo la cota de la pleamar, lo que facilita el llenado natural de los cocederos sin necesidad de ingenios accesorios como el molino. En principio son simplemente un cocedero natural en el que el agua estancada cristaliza naturalmente. Para aumentar su rendimiento se fue creando recipientes de dimensiones más reducidas y fondo impermeable que permiten cristalizar sal en mayor cantidad y calidad por unidad de superficie.

Dado que no se utiliza ningún sistema de impulsión, cocederos y tajos han de permanecer siempre bajo el nivel de la pleamar, lo que ha obligado a excavarlos en la llanura aluvial, buscando las zonas más favorables. Ello modela su forma, alargada y paralela a la costa y permite utilizar para su fabricación las arcillas existentes en el mismo lugar en que se excava, sin tener que "importar" materias primas.

La Salina consta de cinco cocederos de gran tamaño conectados entre sí. Los dos situados más al norte parecen ser los más antiguos y se encuentran delimitados por muros de piedra o de piedra y mortero de cal según las zonas. Éstos permanecen con un volumen de agua estable durante todo el año. Los otros dos cocederos están delimitados por terraplenes forrados con piedra de pequeño tamaño, que no llegan nunca a funcionar y permanecen habitualmente secos.

En su interior se ha desarrollado una vegetación con cierta entidad. El motivo de que no llegaran a funcionar es que en ellos el agua se filtra. Al parecer, se producen filtraciones de agua de mar que con la marea llena levantan el piso de los cocederos agrietándolo. Con la marea baja el agua contenida se escapa por las grietas.

Existen tres tomaderos y excavados en la barrera de "callaos"; sus paredes son un muro de cantos rodados cuya estabilidad a lo largo de los años es un auténtico prodigio ya que no ha cedido prácticamente en ningún lugar y los cantos están colocados "a hueso", sin ningún material aglomerante entre ellos. En la actualidad los tomaderos se encuentran completamente obturados por toneladas de cantos, pese a lo cual el agua sigue entrando a los cocederos más antiguos.

En lo que se refiere a los "tajos" encontramos dos áreas bien diferenciadas; una de trazado orgánico, muy adaptada a la topografía del suelo y otra de trazado ortogonal, realizada con más medios y que define una forma geométrica muy definida en el contorno sur de la Salina. Sin duda, el trazado orgánico corresponde a la fase más antigua de construcción de las salinas y probablemente se lleva a cabo sobre la primitiva laguna, por lo que aún se inunda periódicamente con las mareas vivas.

Los tajos tienen formas redondeadas u ovoides que facilitan su limpieza pero reducen la superficie útil de evaporación con respecto a otras salinas más modernas. La impermeabilidad de los fondos probablemente se deba a la naturaleza de las arcillas y limos del fondo de la primitiva laguna, donde las fermentaciones anaeróbicas crean una capa de barro plástico e impermeable, muy apropiado para fabricar los recipientes.

El sistema de riego, con entradas desde los distintos cocederos va abasteciendo linealmente a dos tajos, uno a cada lado y, en ocasiones a uno sólo. Este sistema se encuentra totalmente obturado y no presenta ningún grado de funcionamiento lo que permite distinguir claramente las áreas que se inundan naturalmente, de las que han sido excavadas con posterioridad.

En estas últimas ha llegado incluso a regenerarse la vegetación, ganando terreno al ingenio artificial. Como en toda salina, la estación hábil de producción es de marzo a octubre hasta la llegada de las primeras lluvias. En estos meses se trabaja la sal y se utiliza la temporada baja para las labores de mantenimiento y ampliación.

El agua penetra al cocedero situado más al norte a través de dos tomaderos con la marea llena; la entrada se regula despejando los canales cuando se desea llenar el cocedero y levantando muros de "callaos y matos" para impedir su entrada.

Una vez sometida a un primer proceso de calentamiento, pasa al segundo cocedero a través de un orificio practicado en la pared que los separa. Tras sufrir un segundo proceso de calentamiento y adquirir el grado de salinidad adecuado, el agua pasa a los tajos donde se precipita la sal. La estancia del agua en los cocederos se prolonga entre los diez y los veinte días, dependiendo de las condiciones hasta alcanzar su punto.

Las SalinasPara "regar" las Salinas se abren los tapones de los cocederos y mediante los caños o tajeas se lleva el agua a los tajos, donde es preciso ir abriendo y cerrando el orificio de acceso. Esta operación en una salina de tamaño mediano se realiza durante dos días. Los tajos o pocetas con un palmo de profundidad precipitan sal cada diez o quince días, y según su tamaño se recogen entre 100 y 400 kilogramos.

También en estas salinas "se bate la sal con el rastrillo, operación que acelera el proceso y hace que el cristal de la sal sea más pequeño y con ello de mayor calidad. A diferencia de otras salinas posteriores, esta operación no se realiza en momentos concretos del día, sino aleatoriamente.

La sal precipitada en el fondo de los tajos se va retirando con el rastrillo y acumulando en los baches en pequeños montones, donde acaba de "purgar" el agua y el resto de los componentes innecesarios de la sal. En la salina antigua es común recoger dos calidades de sal. La primera, la de arriba, tiene menos tierra y la segunda, de abajo, es algo más oscura. Al cabo de una o dos semanas la sal del montón se envasa en sacos de 50 kilos directamente en el tajo y se lleva al almacén.

Para mantener un nivel óptimo de producción es preciso tener en condiciones los fondos de tajos y cocederos. Al ser de barro con el uso se va acumulando en el fondo una capa de sal y tierra, que en algunas salinas se le denomina "sal negra" y que disminuye la capacidad y la eficacia de la precipitación.

De enero a marzo se procede a la limpieza de los tajos retirando la capa de tierra y sal que los cubre, teniendo mucho cuidado de no afectar a "la costra", el fondo impermeable de los tajos, que no debe sufrir daño alguno. En esta época se procede también a construir nuevos tajos para ampliar las Salinas. Una vez acabadas estas labores se cierra el ciclo, regándose nuevamente los tajos.

Las Salinas del Río tienen una superficie total de 106.431 metros cuadrados de los que 41.022 metros corresponden a los cocederos y 65.409 metros a tajos. Junto a ellas se levantan las ruinas de las antiguas edificaciones anejas: la casa de la sal y una vivienda para un guardián o medianero del ingenio. Las características constructivas de los elementos que las conforman son los siguientes:

Sistema de Captación.

Restringido al empleo de tomaderos naturales, cuyo paso se excava en la barrera de callaos con una sección trapezoidal invertida, más ancha en el lado superior que en el inferior. Los taludes se encuentran contenidos con muros de cantos rodados cogidos en seco de altura variable entre 0,50 y 3 metros de alto.

A fin de cortar el paso del agua se levantan diques con "callaos y matos". Los tomaderos son una especie de canales o zanjas de corto recorrido a través de los cuales el agua pasa con fluidez al interior de los cocederos. Un canal que discurre por el borde interior de la barrera de "callaos", con trayectoria paralela a la línea de costa, recoge las infiltraciones que se producen a través de la barrera, protegiendo así la salina del agua "fresca" del mar. Este canal desemboca en el cocedero norte y hace la función de un tomadero más.

Su sección, rectangular, está limitada por un muro del mismo tipo que el descrito para el borde de los tomaderos y de un alto aproximado de un metro. La otra pared del canal, construida con cantos rodados y cal posee una altura similar; el ancho es variable, oscilando en torno a los 0,80-1 metros.

Los Cocederos

Son balsas o estanques de gran superficie donde se efectúa la primera concentración salina. Se disponen junto al mar, en forma longitudinal y con un trazado triangular que luego se subdivide en trapecios y triángulos de menor dimensión, hasta un total de cinco cocederos.

Los más antiguos son los situados al norte de la salina limitados por muretes de piedra seca en los lados que dan hacia la barrera de callaos y hacia el interior y por un muro de mampostería, con mortero de cal en los dos muros transversales a la costa, uno de los cuales divide los dos cocederos y otro los separa de la tajería. El piso parece ser el natural de la primitiva charca, sin mayores transformaciones. La altura de llenado es, variable dado que existen puntos donde casi no hay agua y otros en los que podría alcanzar un metro.

Los otros tres, los cocederos nuevos, se limitan por taludes de barro recubiertos por piedra volcánica porosa de pequeño tamaño. El piso de estos cocederos y los taludes de delimitación están realizados en barro amasado con las arcillas extraídas del lugar. Su altura de llenado es más uniforme, oscilando tomo a 40-60 cms y el piso llano.

El Sistema de Riego

Los cocederos están unidos entre sí por un canal o caño principal del que parten otros secundarios que riegan las líneas de tajos.

El caño principal está construido en piedra cogida con mortero de cal y su interior se encuentra a su vez enfoscado con una capa de mortero del mismo material.

Los caños secundarios están construidos con piedras y barro al igual que los tajos entre los que circulan y a los que riegan. No se conservan los sistemas de regulación del paso del agua que son redondos de madera y piedras encajadas en los huecos de paso.

La Tajería

En los tajos se produce la cristalización de la sal. Están realizados en barro y acogen una altura de agua de unos 20 cms. Como se ha señalado, existen dos tipos de tajo; uno irregular, inscrito en un trazado orgánico y adaptado al terreno y otro regular, inscrito en un trazado ortogonal, de dimensión y forma constante. En ambos casos es frecuente el recurrir las formas redondeadas, circulares y ovoidales, a diferencia de la generalidad de las salinas cuyos tajos son rectangulares.

Las Edificaciones

El almacén es una construcción de unos 35 por 5 metros construida con gruesos muros de cantos rodados cogidos con barro y cal y con contrafuertes de cantería; algunas piezas singulares como las puertas están realizadas en cantería. La cubierta plana es de madera y consta de noventa y nueve grandes vigas de tea, que sostienen una torta de ladrillo y cal. Tras el abandono de las salinas la cubierta es retirada y la edificación entra en un proceso de deterioro que la ha llevado a un estado de ruina irreversible.

La Corrección de Escorrentías

Las Salinas se encuentran en una pequeña llanura al pie de un gran desnivel profusamente abarrancado. El agua de escorrentía que baja por esos barrancos presentan un peligro para las salinas por lo que se disponen de dos cauces artificiales que van cortando todos los barrancos que desembocan en la llanura y desvían sus aguas lejos del ingenio. Además el borde Este del ingenio, se protege por un talud de tierra, el "trastón o teste", que impide las posibles inundaciones.

Existen determinados materiales, como la madera y el ladrillo, presentes en las salinas que no se encuentran en la zona por lo que se traen de otros puntos de la isla. La cal, se obtiene de un homo situado al norte de la salina, próximo a la costa; la piedra de la barrera es de cantos rodados que el mar ha acumulado en la orilla y el barro, del fondo de la primitiva laguna.

El proceso de construcción comienza con la delimitación de los cocederos viejos y con la excavación de las plataformas donde van situados los tajos, ampliando la superficie situada bajo la cota de la pleamar media. Las arcillas procedentes de la excavación se aprovechan para amasar el barro. Por otro lado, se excavan también en la barrera de callaos los canales de los tomaderos fijando sus laterales con un muro de callaos grandes, colocados a hueso.

En el caso de los cocederos nuevos el piso va recubierto de barro que después de apisonado coge unos diez centímetros de espesor. El acabado se le da a base de pisón.

El embarrado del tajo suele hacerse por tres hombres, uno para el fondo y los otros dos para las dos esquinas de los baches, cubriendo el barro la trama de piedras del interior de la salina. El fondo del tajo con unos cuatro o cinco centímetros de barro se apisona igualmente, así como los baches y el interior de los caños.

El agujero que se deja en el caño para la entrada del agua al tajo, se tapa con un poco de barro y se abre cada vez que es necesario con la ayuda de un palo.

Para el amasado del barro se hace un gran montón con la tierra virgen y un poco de arena, formándose una pequeña hondonada en el centro donde se le va echando el agua. Varios hombres amasan el barro con los pies y van formando con ayuda del azadón pequeños trazos que cargados a hombros, se transporta para hacer los fondos de cocederos y tajos. Se hace cantidad de barro para utilizar durante una o dos semanas.

La humedad se mantiene con sacos mojados que se riegan varias veces al día. Se apisona normalmente con ayuda del pisón de madera. En Lanzarote a finales del siglo XIX se introduce el rolín de piedra molinera, para aliviar esta labor.

Las Salinas del Río se sitúan en la Reserva Natural Integral de Los Islotes, en una zona de especial interés por la exclusividad de su flora y fauna. La abrupta geomorfología de los Riscos ha condicionado la accesibilidad por lo que esta zona presenta el mayor índice de endemismos por kilómetro cuadrado de toda la Macaronesia. Posee doce endemismos exclusivos.

Muchos de estos endemismos se encuentran en peligro de extinción o son altamente vulnerables. Además este abrupto relieve posee condiciones inmejorables para el refugio de la fauna, especialmente aves marinas y rapaces que, aunque poco estudiadas, tienen sin duda un gran valor. Por ello, la zona ha sido considerada como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) para la CEE, con el número 002 de los 64 enclaves con esta categoría existentes en Canarias, según lo establecido en la Directiva 79/409/CEE, relativa a la conservación de las Aves Silvestres.

Nos encontramos ante un espacio altamente valioso y sensible. Cualquier acción a emprender merece un estudio previo con el nivel de detalle que permita discernir el impacto previsible y sirva de orientación sobre dónde, cómo y cuándo y en qué medida actuar.

El acantilado de Famara está formado por basaltos tubulares de la Serie, tapizados por un complejo coluvial de gran envergadura compuesto por bloques de considerable tamaño y sedimentos de diversa dimensión y forma. Esta serie basáltica tabular se formó por erupciones fisurales que dan lugar a coladas de una gran extensión superficial que conforman un edificio que se extiende considerablemente hacia el Norte. Sobre la rasa marina que se ha formado tras su desmantelamiento por el embate del mar han surgido los islotes de La Graciosa, Alegranza y Montaña Clara. Intercalados con las coladas puedan apreciarse, gracias al desmantelamiento erosivo, conos volcánicos de lapilli y cínder y niveles de almagre.

En la zona de las Salinas se encuentra un complejo arenoso costero, que tapiza la franja litoral de la formación coluvial, que en esta zona adquiere una gran dimensión gracias al abrigo de La Graciosa. Se trata de una "costa baja" en la que se localiza el sistema completo: playa, lago (saladar) alargado en dirección noreste-suroeste y el cordón de dunas litorales. En el extremo sur, las arenas se encuentran tapizando el malpaís, que sufre una colonización progresiva.

Con respecto a la vegetación, la situación relativamente cercana al continente africano y la baja cota que alcanza su relieve volcánico, fuera de la influencia óptima de los alisios, presenta un clima típicamente árido, donde la vegetación viene representada por un matorral bajo, formado principalmente por especies de la familia Chenopodiaceae.

Las condiciones de aridez y proximidad al continente inciden directamente en este tipo de vegetación que manifiesta una fuerte relación con la vegetación Sahariano-Oceánica (Saharo-Síndica). Además existe una pequeña pero interesantísima muestra de vegetación con afinidades mediterráneas.

La vegetación de Los Riscos de Famara constituye un conjunto único y característico centro de diversidad genética de Lanzarote hasta con 10 taxones endémicos de Macaronesia, 24 endémicos de Canarias, 20 endémicos de las islas orientales, Lanzarote y Fuerteventura, y 14 endémicos de Lanzarote e islotes.

De estos 14 taxones últimos, hasta 12 son exclusivos de los Riscos de Famara. Esto supone que existen dos endemismos por cada kilómetro cuadrado. Teniendo en cuenta que para el conjunto de Canarias existe un endemismo por cada 14,28 km2 y que en la Península Ibérica uno por cada 666,66 kilómetros cuadrados, podemos concluir que los Riscos de Famara son, no sólo el centro de diversidad genética de Lanzarote, sino un espacio de especial singularidad por su gran concentración de endemismos.

El relieve abrupto e inaccesible del Risco posee además condiciones inmejorables de refugio para la fauna autóctona especialmente para las aves, representadas por colonias de aves marinas y rapaces. Destacan por su singularidad las poblaciones de pardelas, águila pescadora o guincho y halcón peregrino o tagorote.

Los numerosos manantiales del Risco sirven de bebedero a numerosas especies, tanto nidificantes como migradoras. Las aves de más frecuente observación son los cuervos, cernícalos, gaviotas, paloma bravia, perdiz moruna, y tórtolas, guirres, lechuzas, alcaravanes corredores, el alcaudón real, caminero, currucas, tomillera, cabecinegra, tarabilla canaria, etc.

Entre los vertebrados terrestres tienen especial relevancia los reptiles con gran abundancia del lagarto atlántico y perenquén rugoso. Los mamíferos introducidos: conejos y erizos son abundantes así como los rebaños de cabras, ya en regresión y hasta hace poco, se registraban burros en libertad.

Estas Salinas están incluidas dentro de la Reserva Natural Integral de Los Islotes (reclasificada por la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias), antiguo Parque Natural de los Islotes del Norte de Lanzarote y de los Riscos de Famara (declarado por el Decreto 89/1986, de 9 de mayo.

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