cursos: Estudio del Medio Natural y Arqueólogico en Lanzarote y Archipiélago Chinijo.
Monumentos naturales
La Graciosa
Rubén Naranjo
La mayor de las islas que componen el primer Parque Natural marítimo-terrestre declarado por el Gobierno de Canarias, el Archipiélago Chinijo, tiene una extensión superficial de 27 kilómetros cuadrados, con un censo de 637 habitantes( Instituto Nacional de Estadística 2005) . La población se concentra en Caleta del Sebo, siendo el otro núcleo construido Pedro Barba.

Situada al norte de Lanzarote, queda separada por el estrecho de El Río.A diferencia de los otros islotes del conjunto, La Graciosa presenta una superficie más llana, con playas en sus costas y sobresaliendo varios conos volcánicos. Su máxima altitud es la montaña de Pedro Barba. Este cono forma conjunto con otros edificios volcánicos, entre los que destacan Las Agujas Grandes y Las Agujas Chicas. Aquí es claramente perceptible la incidencia de la erosión, que ha labrado una amplia serie de surcos en sus vertientes. Separado de este conjunto, está la montaña de El Mojón (168 metros). En el extremo septentrional, junto a la playa de Las Conchas, y contrastando con el color de sus arenas, el cono de Montaña Bermeja, que derramó sus coladas lávicas hacia el norte.
Marcando el sur insular, la Montaña Amarilla, es un edificio afectado por la erosión marina, y claro ejemplo de un fenómeno de hidrovolcanisrno. La disposición del relieve y las amplias llanuras existentes, determinan la facilidad que tienen las arenas para circular movidas por el viento. Así, amplias extensiones lávicas aparecen total o parcialmente cubiertas de jable. Precisamente en es tas áreas se desarrollan comunidades de plantas psamófilas.
En estas amplias extensiones de arena se encuentran infinidad de moluscos terrestres fósiles, caracoles, que señalan la existencia de un clima más húmedo en el pasado. La alternancia de malpaíses y jables determinan una especial distribución de la vegetación. En ocasiones, las plantas se refugian en algunos pequeños amontonamientos de lava, caso de las comunidades de cuernúas (Caralluma burchardi,).
La presencia humana constante, ha determinado que el interés faunístico de la isla sea inferior al de los otros islotes del conjunto, aunque en todo caso, destacado. En la actualidad, la economía insular está ligada al mar, pues las parcelas de cultivo de secano existentes, se hayan prácticamente abandonadas.
Alegranza
La isleta de Alegranza, con una superficie de unos 10 kilómetros cuadrados, supone el punto más septentrional del Archipiélago. Situada al norte de Lanzarote, su máxima altitud se encuentra en la Caldera, de unos 298 metros.
El relieve de la isla viene definido en buena parte por la Caldera, considerada una de las más completas del Archipiélago. Se trata de un amplio edificio de origen hidrovolcánico, de unos 1.300 metros de diámetro y unos 250 de profundidad. En la vertiente oeste, la erosión marina ha labrado un gran acantilado, que descubre su estructura interior.

Separados por la plataforma central, al este se encuentran alineados otros tres conos volcánicos, asimismo recortados por el mar: Montaña de Lobos (220 metros), Morro de las Atalayas (130 metros) y Morro de la Rapadura (130 metros). Las coladas lávicas emitidas desde dichos conos, recubren buena parte de esta meseta. Entre los malpaises y otros aparatos volcánicos menores, aparecen algunas pequeñas cuencas endorreicas, donde se acumula una arcilla salitrosa. Ya en el sector norte, aparece una zona llamada El Jablillo, ocupada por las finas y blancas arenas lanzadas por el mar y el viento hacia el interior.
La cubierta vegetal es la propia del piso basal canario, con abundante presencia de comunidades halófilas. Las tabaibas desarrollan unas formas espectaculares, en aquellos sectores de fuerte viento. En las áreas de cultivos abandonados, crecen profusamente las aulagas y, sobre todo, una planta introducida: el bobo o tabaco moro (Nicotiana glauca)
Alegranza es lugar de refugio y nidificación de numerosas aves. Destacan las rapaces, caso del guincho (Pandion haliaetus) con dos o tres parejas, y el escaso halcón de Eleonor (Falcon eleonorae). Pero son, sobre todo, las aves marinas las más abundantes. Sobresale una numerosa colonia de pardelas (Calonectris diomedea), de las que se conservan restos de no muy lejanas matanzas, cuando esta especie suponía un elemento importante dentro de la economía insular. La colonia actual de pardela cenicienta, es una de las mayores de la Macaronesia, y asciende a unas 10.000 parejas.
Montaña Clara
Es la más pequeña en extensión (1 kilómetro cuadrado) de las tres pequeñas islas que conforman el archipiélago menor. Se sitúa al norte de Lanzarote, entre La Graciosa y Alegranza. Su máxima altitud es La Mariana, de 256 metros.
Resulta evidente el origen de su nombre, si tenemos en cuenta los tonos claros del cono volcánico que ocupa buena par te de su superficie. Su cráter, abierto al norte, está ocupado en su fondo por el mar, formando una pequeña ensenada.
Al oeste, la erosión marina ha desmantelado buena parte de este edificio,
dejando un acantilado de unos 200 metros de altitud. En un abigarrado conjunto
de colores, es posible re construir las fases de formación del mismo, con
la presencia de diques, chimeneas y estratos de piroclastos. A lo largo del perfil
costero, el mar ha excavado una serie de grutas y piscinas naturales, sin que
pueda hablarse de auténticas playas. El Llano del Aljibe, situado al sur,
es la parte más llana de la pequeña isla. Aunque nunca ha estado
habitada de forma permanente, no por ello ha dejado de conocer la incidencia de
la actividad humana, produciendo sensibles transformaciones. A. Millares Torres
cita en su Historia de las islas, una publicación de R. Silva Ferro en
la que se apunta:
«un pequeño manantial que corre en dicho islote, atraía en otro tiempo una multitud de canarios; pero los pescadores incendiaron la maleza que crecía en los contornos y estos hermosos pájaros han desaparecido.»
Sin embargo, y a pesar de su reducida superficie, Montaña Clara sigue siendo un importante refugio faunístico, sobre todo de aves. El halcón de Eleonor nidifica en sus cantiles, aprovechando el abundante alimento que suponen las especies migratorias que por aquí pasan. El guincho o águila pescadora está también presente.
Las aves marinas son las más abundantes, caso de las pardelas, con la presencia, asimismo, de especies escasas dentro y fuera del Archipiélago: paiño pechialbo (Pelagodroma marina), paiño común (Hydrobates pelagicus), paiño de Madeira (Oceanodroma castro), etc. Otro habitante de este islote, con una presencia bastante común, es la diminuta musaraña canaria (Crocidura canariensis).
Roque del Oeste o del Infierno
«No es posible imaginarlo sin verlo; ni comprenderlo en toda su grandeza trágica sin haberlo, con angustia en el alma, alguna vez temido. Más que una isla, es un enor me peñón, un bloque de granito surgiendo, como una infernal aparición, del seno turbulento de las aguas en aquellos mares salvajes».
De esta forma describe el escritor de Teguise, José Bethencourt Cabrera, más conocido por su seudónimo de Ángel Cabrera, el diminuto Roque del Oeste. Precisamente lo hará protagonista, en su novela La Lapa, del naufragio de El Corneta, un barquillo velero que estaba al servicio de los faros de las Islas.
Este
roque, conocido también como del Infierno, sirvió para inspirar
algunas de las más bellas páginas de la literatura canaria de principios
de este siglo. Es el de menores dimensiones del conjunto de los islotes del Norte
de Lanzarote, con una superficie de proyección de 6 hectáreas. Su
largo alcanza los 225 metros, con una altura máxima de 41 metros. Prácticamente
inaccesible, es un monolito de roca que sobresale del mar, resto de un cono volcánico,
de materiales basálticos, desmantelado por la erosión. Situado al
noreste de Montaña Clara, de la que lo separan menos de 1 .000 metros,
es precisamente desde esta isla, donde se le puede apreciar mejor.
A pesar de sus reducidas dimensiones, se ha observado la presencia de algunas especies vegetales, caso de la uvilla de mar (Zygophyllurn fontanesil) o la tabaiba dulce (Euphorbia balsarnifera), no siendo posible precisar el de las especies animales. Los fondos que rodean el Roque, así como las bajas cercanas, presentan una interesante ictiofauna. Señalar al respecto la presencia del Abae Capitán (Mycteroperca rubra), de pigmentación amarilla, o el Romero Capitán (Labrus bergylta), raro de localizar en otras zonas del Archipiélago. Precisamente la riqueza marina ha llevado a plantear la consideración del área como Reserva Marina Integral.
Roque del Este
La erosión marina ha desmantelado este edificio, dejando solamente los restos de los materiales piroclásticos que formaban un doble cono volcánico. De construcción reciente, cabe situar su origen en el conjunto de episodios eruptivos que dieron lugar a los diferentes islotes del norte de Lanzarote.
Situado a unos doce kilómetros al este de dicha isla, supone el punto más oriental del Archipiélago Canario. Presenta una forma de L invertida, y de su escasa superficie, sobre las siete hectáreas, destacan dos alturas, situadas en ambos extremos. La mayor, al norte, supone los 84 metros, mientras que al sur, sólo se alcanzan los 63 metros.
Uno
de los elementos singulares de su relieve es El Campanario, una curiosa forma
de la roca, labrada de forma natural, en un dique que aflora en su sector noreste.
Precisamente en su base se encuentra uno de los elementos más característicos
del islote: un túnel rectilíneo, con una longitud de 100 me tros,
que lo atraviesa de norte a sur. Esta cueva submarina posee un diámetro
que oscila entre los 5 y 10 metros, presentando unas paredes de superficie uniforme.
La riqueza biológica de estos fondos, así como de la cercana baja,
situada hacia el noreste, han llevado al planteamiento de la necesaria protección
de las aguas que rodean al islote, como Reserva Marina Integral.
A pesar de la reducida extensión, donde apenas se alcanzan los 575 metros de longitud, y lo escarpado de su superficie, ello no impide la existencia de algunas escasas plantas, aun que quizá el elemento más destacado sea un lagarto (Gallotía atlántica), considerado como una posible subespecie de este reducido espacio.
Las propias condiciones naturales de su hábitat, así como otros factores, hacen que se encuentre seriamente amenazado. Asimismo, es constatable la presencia, como nidificante, de una docena de parejas de Halcón de Eleonor (Falco eleonorae). Otra especie que cuenta con una colonia reproductora es la gaviota argentea (Larus ar gentatus). Lo escarpado del roque lo hace casi inaccesible, salvo en tiempos de bonanza, existiendo un desembarcadero en la zona conocida por La Cueva.