cursos: Estudio del Medio Natural y Arqueólogico en Lanzarote y Archipiélago Chinijo.

Varamientos en masa de zifios en Canarias

Vidal Martín Martel. Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario
Medio Ambiente CANARIAS. Revista de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente

Octubre de 1999. Navegamos frente al Faro de La Entallada, en la costa sureste de Fuerteventura, durante el desarrollo de un estudio sobre el delfín mular (Tursiops truncatus), en un escenario donde varios años atrás tuvo lugar una serie de enigmáticos varamientos en masa de los mamíferos marinos más raros que existen.

Decidimos adentrarnos en aguas más profundas, dada la elevada posibilidad de un encuentro con una de estas criaturas, favorecida por un mar inusualmente calmo. No transcurre mucho tiempo hasta que los lomos de seis zifios asoman fugazmente en la superficie para desaparecer después. Tras una infructuosa espera abandonamos. Ese día se repiten los encuentros, pero todos finalizan de la misma manera. Y es que los zifios llevan una existencia oculta a la mirada humana, en el insondable medio oceánico que habitan. No sospechaba entonces que, en el mismo lugar, tres años más tarde, nos encontraríamos de nuevo con animales similares, pero esta vez varados sobre la costa.

La Familia Ziphiidae consta de 5 géneros y 22 especies, la mayoría de ellas mal conocidas para la ciencia. No en vano veinte (el 40 %) han sido descritas a partir del siglo XX y cuatro en los últimos veinte años: el zifio de Logman, Mesoplodon pacíficus (1968); el zifio enano, M. peruvianus (1991), el de Travers, M. traversii (2002) y el de Perrin, M. perrini (2002). Una especie "Mesoplodon A" ha sido observada en el océano Pacífico tropical oriental, pero hasta que un cadáver aparezca en la costa, la ciencia no podrá describirla.

En la actualidad, el taxón más raro es el zifio de Travers, el cual sólo se conoce a partir de dos cráneos incompletos, una mandíbula y un diente. Este desbancó en rareza al zifio de Logman que, hasta que apareció varada una hembra de 6,5 metros, el 26 de julio de 2002 en la prefectura japonesa de Kagoshima-ken, era conocido por unos pocos cráneos hallados en la costa.

En 1999, el investigador Robert R. Pitman, del Southwest Fisheries Center de California, publicó junto a varios colegas, un trabajo que recogía numerosos avistamientos de un zifio calderón tropical desconocido hasta el momento, en el desarrollo de campañas oceanográficas en el Pacífico e Índico, describiendo lo que ellos creían se trataba del enigmático zifio de Logman. La aparición del ejemplar de Kagoshima- ken confirmó esa hipótesis.

Unos años antes, en 1958, el mar japonés ya había ofrecido una nueva sorpresa cetológica: el zifio de diente de Ginko, M. ginkodens, bautizado así por la forma de su diente, similar a la hoja del árbol del Ginko. Los zifios medran en los océanos desde principios y mediados del Mioceno. El registro fósil indica que esta familia llegó a contar con un elevado número de especies en ese periodo. Sin embargo, los restos fósiles corresponden en su mayoría a la porción rostral del cráneo, lo que ha limitado la comprensión de su evolución.

La mayoría de la información referente a su historia natural proviene del estudio de un escaso número de especímenes varados, lo que sólo permite hacerse con una vaga impresión de su biología. Una excepción es el zifio calderón en el Atlántico y el zifio de Baird en el pacífico noroccidental, que, en el pasado, fueron capturados con fines comerciales.

Los factores que han contribuido a este desconocimiento son varios. Habitan un medio oceánico, que tradicionalmente ha estado fuera del alcance de los investigadores. Poseen hábitos crípticos y un comportamiento tímido con las embarcaciones, siendo por lo tanto difíciles como objetivo de cualquier investigación. Además, presentan una similitud morfológica entre sí que los hace extraordinariamente difíciles de identificar, que se ve exacerbada en los encuentros en el mar.Por este motivo en algunos taxones es necesario examinar el cráneo para llegar a su correcta identificación.

En ocasiones esto no es suficiente y, de hecho, no son infrecuentes los errores de determinación en la literatura científica. Un ejemplo de esta situación, es que durante años el recientemente descrito zifio de Perrin fue confundido con el zifio de Héctor, M. hectori, con el que filogenéticamente está poco relacionado.

¿Entonces qué motivo se halla detrás del extremo parecido morfológico entre estas especies?. Probablemente un fenómeno de convergencia, fruto de estar sometidas a similares presiones selectivas en el medio oceánico que habitan. En la actualidad, el desarrollo de técnicas moleculares está permitiendo conocer con mayor precisión la relación evolutiva de la familia, así como la determinación y confirmación de nuevos taxones, como en el caso descrito arriba o el del zifio de Travers.

En peor situación se encuentran los estudios en el mar. Sólo en los últimos años se están desarrollando investigaciones de campo, con el fin de conocer aspectos de estas especies, tales como la estructura social, el comportamiento o el uso del hábitat entre otros objetivos. Sin embargo, estas investigaciones se hayan restringidas a unas pocas especies y localizaciones geográficas. Entre estos estudios cabe destacar los realizados sobre el zifio calderón en el cañón del Gully, Nueva Escocia; el zifio de Blainville en Bahamas y Canarias o el zifio de Cuvier en Grecia y el Golfo de Vizcaya.

Lo más notable de esta familia es su especialización para realizar grandes inmersiones. Y es que la rutina de los zifios los lleva a pasar de la claridad de la superficie a la oscuridad de las profundidades en un patrón que todavía nos es desconocido. Sí sabemos que sólo una pequeña parte de sus vidas discurre en la superficie.

Los datos disponibles, obtenidos de un zifio calderón, indican que este tiempo es de alrededor del 15%. Esta información se obtuvo gracias a un dispositivo electrónico que se fija en el lomo de los cetáceos a través de una ventosa y permite medir el tiempo y la profundidad a la que se sumergen.

Los resultados reflejaron que el ejemplar realizó inmersiones de entre 800 y 1.420 metros de profundidad, llegando a permanecer hasta 70 minutos sumergido. Lo más sorprendente, es que pueden realizar dos inmersiones consecutivas tras sólo un breve periodo de ventilación en la superficie. El avance tecnológico aplicado a la investigación es un poderoso aliado para desentrañar los secretos de la vida de estas inaccesibles criaturas.

Sólo el cachalote y las dos especies de elefantes marinos, son capaces de realizar inmersiones tan profundas. Pero, ¿qué lleva a los zifios a adentrarse en profundidades donde existe una enorme presión (excede los 150 Kg. Medio Ambiente Canarias nº 25 por cm2) y reina el frío y la oscuridad?. La respuesta es la disponibilidad de recursos de que alimentarse. De hecho, los zifios, con los cachalotes y unos pocos delfínidos como los calderones, son los únicos cetáceos que se han especializado en explotar los recursos de profundidad y esta especialización se refleja en su morfología.

Los zifios ostentan un tamaño medio dentro de los cetáceos con dientes u odontocetos, con un rango de longitudes comprendidas entre los 3,5 metros del zifio enano, M. peruvianus y los 12,5 metros del zifio de Baird, B. bairdii. El peso oscila entre, menos de 1.000 Kg. a 15.000 Kg. respectivamente. Poseen cuerpos esbeltos y comprimidos lateralmente, con un tórax y abdomen proporcionalmente largos y una cabeza y pedúnculo caudal cortos.

El morro es más o menos alargado en función a las especies y sin transición con el melón, a excepción del zifio calderón, donde existe una clara demarcación entre ambos. El espiráculo es ancho, con forma de media luna.

La aleta dorsal es pequeña y retrasada, hallándose generalmente a 2/3 del extremo del rostro.

La aleta caudal es bastante ancha, con una gran superficie y no posee escotadura central. Los miembros de esta familia poseen una poderosa musculatura que, junto a las características descritas arriba, les confiere un cuerpo preparado para la velocidad, aunque con escasa maniobrabilidad.

De ahí el pequeño tamaño de las aletas pectorales que son cortas, estrechas y emplazadas en la parte baja de los costados. Éstas se encuentran normalmente engastadas en depresiones de los flancos para no romper la línea hidrodinámica. Con casi total seguridad, la velocidad es una ventaja durante los primeros metros de inmersión, hasta que la inercia y el empuje de la presión se encargan de adentrar en el abismo con el menor esfuerzo y, por consiguiente, coste energético posible a estos animales.

Alimentación

Las presas de los zifios son cefalópodos, crustáceos y peces mesopelágicos y batipelágicos, cuya proporción en la dieta varía de una especie a otra. Sin duda los cefalópodos son la parte más importante de su dieta y en sus estómagos aparece representada una gran diversidad de especies pertenecientes a varias familias, la mayoría de los cuales generan luz biológica o bioluminiscencia.

En el proceloso reino de las profundidades, las estrategias de atracción de presas y evitación de predadores, giran en torno a un uso ingenioso y sorprendente de la bioluminiscencia, producida por infinidad de seres de extrañas apariencias y vidas secretas. A pesar de que el biosónar constituye probablemente la principal herramienta de los zifios para la localización de éstas, sus pequeños ojos están adaptados para detectar sus destellos bioluminiscentes.

La mayoría de estos organismos integran la conocida como "capa profunda de reflexión", una miríada de criaturas que pululan entre los 400 y los 800 metros de profundidad, muchas de las cuales, realizan migraciones verticales, aproximándose a la superficie durante las horas nocturnas y regresando a las profundidades durante el día. El interés de semejante agregación de vida, radica en que favorece la presencia en Canarias de una amplia amalgama de predadores marinos, entre los que se cuentan varias especies de cetáceos.

Las estrategias para capturar a sus presas es otro de los misterios que rodea la historia natural de estos mamíferos marinos. La aparente falta de maniobrabilidad de los zifios no es precisamente una ventaja para aprehender a organismos móviles, a no ser que éstos sean relativamente lentos. Una posibilidad es que sean atraídos mediante alguna forma de bioluminiscencia originada por diatomeas parásitas que cubren su piel o por elementos claros de la coloración.

Asimismo, es posible que las aturdan, e incluso maten, mediante la emisión de pulsos sónicos de alta intensidad. Todas estas estrategias han sido teorizadas para el cachalote. Por el contrario, sí sabemos que la ingestión, así como las capturas a escasa distancia, son ejecutadas a través de un mecanismo de succión.Mediante este sistema, la lengua actúa como un pistón al ser retraída súbitamente, creando un vacío que facilita la aspiración de la presa.

Este efecto se ve potenciado por una pequeña comisura bucal y por la existencia de dos surcos divergentes en la garganta, que forman una V cuyo extremo confluye, sin llegar a unirse, cerca del mentón. No me cuesta pensar en una de estas masas corporales atravesando una densa y nutritiva horda de grandes camarones, succionando uno detrás de otro, mientras me pregunto si algún día contaremos con medios para poder observar este comportamiento. Me temo que tendremos que conformarnos con la imaginación.

La aparición con relativa frecuencia en el estómago del zifio de Cuvier de otros invertebrados bentónicos que no forman parte de su dieta, además de diversos objetos como plásticos y pequeñas rocas, puede indicar que éste se alimenta cerca del lecho marino. Una característica única de esta familia es la reducción extrema de la dentición. A excepción de los géneros Tasmacetus y Berardius, los zifios poseen un único par de dientes en la mandíbula, siendo sólo visibles en los machos adultos a partir de la madurez sexual y permaneciendo bajo las encías en los jóvenes y en las hembras adultas.

El tamaño, la forma y su disposición en la comisura bucal, varía de una especie a otra, convirtiéndose en un excelente carácter diágnostico para su identificación. Éstos ostentan una doble función: por un lado, indican a las hembras si un macho pertenece o no a su especie y por otro son utilizados como armas en el transcurso de enfrentamientos con otros coespecíficos por el acceso a las hembras receptivas.

Por este motivo, sus dorsos y costados exhiben multitud de cicatrices lineales. Posiblemente, la densidad de estas cicatrices, proporcionan a potenciales contrincantes un buen indicativo visual de la "calidad" de su oponente, disminuyendo las probabilidades de los encuentros agresivos y, por ende, la posibilidad de provocar lesiones que comprometan la supervivencia de los individuos.

En el zifio calderón el dimorfismo sexual es aparente en un mayor desarrollo del melón, un órgano de tejido graso que confiere la característica apariencia abultada de la cabeza de estas especies. Sus dientes no son grandes, por lo que en este caso, los combates tienen lugar mediante embestidas, pudiendo servir el grado de desarrollo del melón, como elemento disuasorio para otro rival. Estos enfrentamientos y la necesidad de reforzar el rostro, son responsables de la extraordinaria densidad de los huesos que conforman esta región, más densos que el de cualquier otro vertebrado, gracias a un proceso de osificación extrema, conocido como paquiostosis.

En esta familia, las hembras son ligeramente más grandes que los machos, algo que solo ocurre en los cetáceos entre los rorcuales (Familia Balaenoptera). Se sabe más bien poco acerca de su estructura social, aunque las evidencias disponibles, inferidas a partir de las escasas observaciones en el mar, indican que probablemente son poco gregarias, integrando manadas que raramente exceden los 7 animales.

La competencia por el acceso a las hembras receptivas es una característica de los mamíferos con estructuras sociales poligámicas, ofreciéndonos pistas acerca de la naturaleza de sus sociedades. Ésta podría ser parecida a la de los cachalotes, con los grupos más numerosos formados por hembras con su progenie y animales inmaduros, a las que se les asociaría temporalmente un macho adulto en la época reproductora.

Estas especies son, por lo general, tímidas con las embarcaciones. Sin embargo, en algunas ocasiones pueden aproximarse a ellas y tolerar su presencia durante algún tiempo. Un caso aparte es el del zifio calderón, que puede llegar a ser extremadamente curioso, comportamiento que en el pasado aprovechaban los balleneros para capturarlo.

No se sabe virtualmente nada del comportamiento acústico de los zifios, que poseen un diseño diferenciado del resto de los odontocetos en lo que a la disposición de los sacos nasales y otros elementos anatómicos del cráneo y el sistema auditivo se refiere.

Estos sacos son un conjunto de divertículos que se hallan entre las aberturas craneales y el orificio respiratorio, siendo responsables de la generación acústica del biosonar. Las mandíbulas son extraordinariamente delgadas y delicadas. Los odontocetos las utilizan como una "ventana acústica" que registra las vibraciones y las envía al sistema auditivo gracias a su inervación y a la existencia de un tejido graso especial.

La composición y el peso molecular de este tejido, así como el que compone el melón, es diferente a la del resto de los cetáceos. Disponemos de escasos registros acústicos, que han sido obtenidos de unas pocas especies en libertad o de ejemplares varados y mantenidos por poco tiempo en cautividad. Una excepción es el zifio calderón, que ha sido relativamente bien estudiado en su medio. Éste emite sonidos de naturaleza pulsante, semejantes a silbidos, de hasta 4 kHz, barridos de chirridos de 3 a 16 kHz y una duración de 115 a 850 milisegundos, así como zumbidos modulados.

Los trenes de eco localización pueden contener de 3 a 50 pulsos cada uno, y la duración de éstos oscila entre 2 y 17 milisegundos. En cualquier caso, las evidencias disponibles apuntan en la dirección de que estos animales son menos "vocales" que otros grupos de cetáceos.

Detrás de los hábitos crípticos y el comportamiento tímido se esconde probablemente una estrategia para pasar desapercibidos a los ojos de potenciales predadores en la inmensidad del océano. Además, la posibilidad de realizar inmersiones profundas representa una excelente fórmula de escape. Curiosamente, el único ser capaz de atacar de manera periódica a estos colosos, es un pequeño tiburón de profundidad, conocido como tiburón cigarro (Isistius brasiliensis), que apenas excede los 50 cm de longitud.

Éste es bioluminiscente y la disposición en su cuerpo de sus órganos luminosos, le confiere apariencia de cefalópodo. Según una interesante hipótesis, los des Medio Ambiente Canarias nº 25 tellos luminosos de este tiburón pueden atraer hacia sí a predadores de cefalópodos como túnidos, peces espada, otros condríctios y cetáceos. Ayudado de su pequeño tamaño, el tiburón maniobra y el atacante es atacado, mordiendo y arrancando un taco de piel, grasa y musculatura.

El resultado es una herida que al cicatrizar posee una característica forma oval. De ahí otro de los nombres con el que es conocido este animal: tiburón galleta. El cuerpo de algunos zifios está repleto de estas cicatrices fruto de años de exposición a los ataques de esta criatura. Las heridas probablemente no tienen mayores consecuencias para la salud del cetáceo, motivo que ha llevado a algunos autores a considerar a este seláceo como un parásito.

Localización en las islas

La primera referencia que hace mención a un zifio en Canarias aparece en la "Histoire Naturelle des iles Canaries" (tomo II, pág.11), de Barker- Webb y Sabin Berthelot. Éstos describen un gran delfín desdentado encallado cerca de la Cruz Santa (Santa Cruz de Tenerife) en 1830. Los mencionados autores enviaron un dibujo del cetáceo al insigne naturalista Valenciennes, miembro del Real Gabinete de Las Ciencias de París, quien no supo determinar la especie.

En el Archipiélago Canario se han citado cinco miembros de esta Familia: el zifio de Cuvier, Z. cavirostris; el zifio de Gervais, M. europaeus; el zifio de Blainville, M. densirostris; el zifio de True, M. mirus y el zifio calderón septentrional, Hyperoodon ampullaus. Una síntesis de los datos disponibles, refleja que las Islas Canarias son unos de los lugares del planeta con mayor diversidad y frecuencia de este grupo, dando fe de ello más de 80 especímenes varados en los últimos 30 años, así como numerosos avistamientos en el mar.

Del zifio de Gervais existen dos avistamientos constatados en el Atlántico (la especie sólo se distribuye en este océano) y los dos han sido realizados en aguas Canarias. Con respecto al zifio de Cuvier, es interesante mencionar que es la región con más varamientos de esta especie del planeta, pero sus avistamientos en el mar son más bien escasos.

En cualquier caso, es un hecho que no se han realizado estudios en áreas en las cuales tenemos evidencias de que la especie puede ser relativamente frecuente, como la costa sureste de Fuerteventura, el canal Anaga-Agaete o las aguas de El Hierro.

El zifio de Blainville es observado con relativa frecuencia a lo largo de todo el año en la costa suroeste de Tenerife y La Gomera. En cambio, del zifio de True y del zifio calderón sólo existe una cita. Algunos puntos del Archipiélago Canario, como la costa oriental de Fuerteventura y Lanzarote, o las costas sur occidentales de Tenerife y La Gomera parecen representar hábitats importantes para estas especies.

Varamientos

La mañana del día 24 de septiembre de 2002 se produjo un varamiento en masa de zifios en las islas de Fuerteventura y Lanzarote mientras se celebraba en las proximidades los ejercicios navales NEOTAPON. Debido a las circunstancias, al número de animales implicados y a las especiales dificultades, este fenómeno superó la capacidad de respuesta de los operativos diseñados para atender a animales varados.

Por este motivo, diversas personas e instituciones como el Cabildo Insular de Fuerteventura y los Ayuntamientos de Pájara y Tuineje en Fuerteventura, así como el de Teguise en Lanzarote, pusieron en marcha un operativo para hacer frente al evento, que fue coordinado por la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias.

La prioridad fue ayudar a reflotar a los animales vivos, localizar y preservar los cadáveres en la costa con el fin de realizar las necropsias para determinar, en la medida de lo posible, las causas de la muerte así como la obtención de información biológica. En este varamiento se vieron implicados al menos 14 animales, de los cuales 5 fueron hallados muertos sobre la costa, 3 aparecieron todavía vivos pero murieron posteriormente y 6 fueron devueltos al mar. En total, entre los días 24 y 27 de septiembre, se recuperaron 11 cadáveres de 9 zifios de Cuvier, un zifio de Blainville y un zifio de Gervais.

Estos eventos ya habían ocurrido anteriormente en las Islas Canarias, el primero de los cuales tuvo lugar en febrero de 1985, repitiéndose posteriormente durante los años 1986, 1987, 1988, 1989 y 1teventura y Lanzarote, a excepción de uno acaecido en la isla de La Palma en 1991. Su análisis en conjunto reúne una serie de elementos comunes en cuanto a las circunstancias, las especies implicadas y el posible origen.

De éstos, la mayoría fueron coincidentes con ejercicios navales, aunque tal relación se está investigando en la actualidad. De estos varamientos, cuatro fueron en masa y dos en parejas. Asimismo, en cuatro de ellos participaron de 2 a 3 especies.

Todos ellas pertenecientes a la Familia Ziphiidae, a excepción de una pareja de cachalotes pigmeos (Kogia breviceps) varada en el evento de 1988. En todas las ocasiones tuvimos dificultad para conocer el número y la composición exacta de los animales varados debido a una combinación de circunstancias. Un factor determinante fue que los cetáceos quedaron varados en calas y tramos de costa deshabitados, otros fueron devueltos al mar y aparecieron posteriormente en otras partes del litoral, lo que contribuyó a la confusión.

En ocasiones, las autoridades habían enterrado los especímenes antes de que éstos pudieran ser examinados. La inexistencia de un programa de estudio de cetáceos varados, así como la falta de sensibilización pública acerca de su valor científico imperante en aquellos años, jugó un papel decisivo en esta situación. El resultado: nunca conoceremos cuántos animales aparecieron realmente varados en las costas.

Los varamientos en masa de zifios son infrecuentes si se comparan a los protagonizados por otras especies de cetáceos. Desde el siglo XIX se tiene constancia de aproximadamente medio centenar de casos. El número de animales implicado en los mismos no suele ser elevado, con un máximo de 28 ejemplares, en un varamiento protagonizado por el zifio de Gray, M. grayi, en Nueva Zelanda en 1875.

El primer varamiento multiespecífico tuvo lugar en las islas Midway, Pacífico Central, en abril de 1961, con dos zifios de Blainville y un zifio de Cuvier. Estos eventos han sido denominados varamientos en masa atípicos, ya que suelen compartir una serie de elementos comunes. Ocurren con mayor frecuencia en islas que en las costas continentales.

Los animales suelen aparecer de forma aislada, repartidos a lo largo de una extensión de costa de varios kilómetros, e incluso, en varias islas. El zifio de Cuvier es la especie que con mayor frecuencia está presente en los eventos multiespecíficos.

Los últimos casos han tenido lugar en Grecia, entre el 12 y 13 de mayo de 1996 con 12 animales varados; en Madeira, en mayo de 2000, con 3 animales muertos y en Bahamas, entre el 15 y 16 de marzo de 2000, con 17 animales varados.

Este último es el que presenta una mayor afinidad con el ocurrido, recientemente, en Canarias, implicando a 9 zifios de Cuvier, 3 zifios de Blainville, 2 zifios no identificados, un delfín moteado Atlántico (Stenella frontalis) y 2 rorcuales aliblancos (Balaenoptera acutorostrata). La llegada de los cetáceos a la costa transcurrió en un periodo de 36 horas y en 3 islas diferentes, coincidiendo con los ejercicios navales de la flota norteamericana.

La influencias de los sonares

Parece tomar fuerza la hipótesis de que los zifios pueden verse afectados por los sonares de frecuencias medias y altas, utilizados para detectar a los submarinos durante el desarrollo de los ejercicios navales. La publicación en la prestigiosa revista Nature, en 1998, de un artículo acerca de la relación de los ejercicios navales de la OTAN con el varamiento de zifios en Grecia, generó controversia y catalizó la creciente preocupación internacional en la comunidad científica y en la opinión pública sobre las repercusiones de la contaminación acústica en los cetáceos.

Esta circunstancia llevó a la OTAN, a través del SACLANTCENT (Undersea Resarch Centre), a organizar un workshop técnico entre el 15 y el 17 de junio de 1988 en La Spezia (Italia), con los mejores especialistas en la materia. Sin embargo, en aquel momento se disponía de escasa información acerca de las habilidades sensoriales de los zifios y de cómo podía afectarles las fuentes de sonido intensas. Otro problema es que en el evento de Grecia, al igual que en el resto de casos anteriores, no se realizó un estudio patológico de los cetáceos, lo que impidió la determinación precisa de las causas de sus muertes.

Esta situación experimentó un cambio a raíz del varamiento de Bahamas, donde la administración norteamericana realizó una exhaustiva investigación para conocer el posible origen del mismo. En base a las necropsias, se determinó de forma preliminar, que los zifios experimentaron un trauma acústico que propició el varamiento y la posterior muerte. Basándose en el hecho de que el varamiento coincidió en el tiempo y en el espacio con la realización de ejercicios navales, que utilizaban sonares tácticos con frecuencias medias y altas, y dada la ausencia de cualquier otra fuente acústica, el equipo investigador concluyó que los sonares tácticos de los buques de la armada norteamericana fueron la fuente más plausible de trauma acústico.

El varamiento del 24 de septiembre de 2002 en Canarias, ofreció la oportunidad de estudiar una serie de animales frescos y realizar la investigación más profunda y completa que se haya llevado a cabo en este tipo de sucesos. Aunque las investigaciones continúan en la actualidad, el informe patológico preliminar de la Facultad de Veterinaria de Las Palmas de Gran Canaria encontró lesiones similares a las halladas en los cetáceos de Bahamas, concluyendo que: "las lesiones descritas establecen que el único diagnóstico que hasta el momento no puede ser descartado como causa de las lesiones encontradas en estos animales, es el inducido por una señal acústica intensa". Investigación de las causas

Sin embargo, queda por contestar varias preguntas como ¿cuál es el mecanismo específico que está detrás de este tipo de lesiones? y ¿ por qué afecta sólo a los zifios y no a otros cetáceos ?. Con el fin de discutir este asunto, la administración norteamericana organizó una reunión técnica "resonancia acústica como origen de trauma en los tejidos de los cetáceos" en noviembre de 2002.

Los investigadores analizaron dos hipótesis: a) fenómenos de resonancia en las cavidades aéreas por la exposición a frecuencias medias y altas y b) activación acústica de las burbujas de nitrógeno en tejidos supersaturados con este elemento tras las inmersiones.

Desafortunadamente, en el primero de los casos, los estudios teóricos y experimentales no sustentan esta hipótesis y, en el segundo caso, la falta de información detallada de la fisiología y las habilidades sensoriales de estos animales, imposibilita llegar a una conclusión satisfactoria.

Así que inevitablemente es necesario realizar más investigaciones al respecto. Ahora bien, en otras regiones se han realizado ejercicios navales y no se han producido varamientos de este tipo. Es posible que en las Islas Canarias y en las regiones donde éstos han ocurrido, se haya dado una conjunción fatal de coincidencias como tratarse de un área de agregación de zifios, circunstancias ambientales propicias y la realización de ejercicios navales.

Para investigar este fenómeno, la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias ha constituído una comisión integrada por especialistas e instituciones de las islas y la armada española, cuya finalidad es investigar en todas las direcciones con el fin de esclarecer las causas de este varamiento.

La conservación de los cetáceos está condicionada a menudo por la falta de información científica básica de las poblaciones implicadas, hecho exacerbado en los cetáceos oceánicos. Estas especies tienden a pasar desapercibidas tanto en los censos visuales como acústicos, por lo que su distribución y abundancia tiende a ser frecuentemente infraestimada.

Los pocos datos disponibles, aún a pesar del significativo esfuerzo de investigación realizado durante estos últimos años, hacen muy difícil conocer el estatus de estas especies. Todos los varamientos en masa de zifios Canarias han tenido lugar en las costas orientales de las islas de Fuerteventura y Lanzarote.

Sin embargo, los más numerosos en términos de especies y ejemplares implicados han tenido lugar en la costa sureste de Fuerteventura. El área comprendida entre la Punta de Jandía y el faro de La Entallada, representa un enclave importante para varias especies de cetáceos, incluidos los zifios.

El motivo de esta riqueza parece residir en una combinación de características físicas y biológicas que probablemente atrae a estas especies. En la costa, los fondos arenosos caen bruscamente a una milla del litoral, formando un abrupto veril que alcanza los 1.000 m. de profundidad, a partir del cual la profundidad sigue cayendo suavemente hasta los 1.700 m. En el área existe multitud de pequeños cañones o "surcos" que se aproximan a la costa.

Las islas oceánicas pueden ser importantes para estas especies debido a que suelen estar asociadas a un aumento de la productividad local y a que presentan características topográficas que contribuyen a la agregación de presas potenciales, favoreciendo la aproximación de los zifios y otros cetáceos como cachalotes.

La mayor parte de las áreas marinas protegidas para mamíferos marinos se hallan en zonas costeras o sobre la plataforma continental (hasta los 200 m de profundidad). Sin embargo, en los últimos años se ha puesto de relieve el extremo interés de los hábitats marinos profundos por ser el hábitat de especies de cetáceos oceánicos. Un caso similar lo podemos hallar en el Gully, en Nueva Escocia costa este canadiense o en Kalikuera en Nueva Zelanda. Resulta crucial determinar qué zonas son importantes para estas especies en las Islas Canarias.

Quizás este caso pueda proporcionar la clave para evitar que los varamientos en masa de zifios vuelvan a repetirse en el futuro. Lo que sí parece claro, es que será necesario tomar decisiones en materia de conservación, aún a partir de datos escasos y fragmentarios, con el fin de compatibilizar los usos en el medio marino con la presencia de tan singulares representantes de la biodiversidad canaria.