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Modo de obtención del tinte
Agustín Pallarés Padilla
Publicado por A. D. Pallarés Lasso 3/12/06 en www.revistadeaguitur.wordpress.com
La orchilla, como ya se dijo, no se procesó prácticamente en Lanzarote como planta tintórea. Todo lo más que aquí se hizo fue recogerla y enviarla al extranjero sin ninguna preparación especial, en donde era sometida al tratamiento extractivo de la púrpura, proceso que por lo visto era muy laborioso y complicado para hacerlo de forma artesanal familiar.
El liquen tintóreo que fue objeto de cierto uso aquí en Lanzarote por la gente del pueblo fue el llamado popularmente ‘escán’, sin duda un guanchismo, una especie perteneciente a distinta familia de la orchilla cuyo nombre científico es Ramalina bourgeana, de hojuelas anchas y recurvadas verde-amarillosas y consistencia también coriácea. Abunda bastante en la isla y suele crecer asimismo sobre los roquedales e incluso sobre piedras sueltas.
Se empleó para estos fines tintóreos hasta no hace muchos años. Yo mismo llegué a ver la operación de teñido de las ‘jenas’ con él, nombre que se da a unas bolsas grandes hechas con el pellejo enterizo de una cabra que luego de ponerle unas asas de cuerda se llevan colgadas a la espalda a modo de morral para portar la captura hecha durante la pesca.
Dicha operación, al contrario de la requerida para la orchilla, era relativamente fácil de realizar. Se reducía a preparar un recipiente de suficiente capacidad en el que se vertía el agua necesaria, en la cual se echaban unos buenos puñados de ‘escán’, más o menos cantidad según la intensidad del color que se quisiera obtener, metiendo en él a continuación el cuero que se iba a teñir y dejándolo a remojo unos cuantos días a temperatura normal con una piedra encima para que quedara bien hundido, debiéndose remover el contenido al menos un par de veces al día para que el efecto del teñido fuera lo más uniforme posible.
Una vez cogido el color, que era por lo general de un ocre rosáceo, se escurría el cuero bien y se rellenaba de paja para que se ensanchara y cogiera forma, poniéndolo luego a secar en lugar sombreado. Con este tratamiento no sólo se lograba el teñido de la pieza sino que además se conseguía que el cuero se ‘amorosara’, es decir, se suavizara, que ese es el significado de este canarismo de origen portugués.
Además de este empleo más extendido tengo noticias de que el ‘escán’ se usó también por los años 30 del siglo pasado para teñir una suerte de zapatillas artesanales que se hacían en Haría con pita. Volviendo a la orchilla digamos que el proceso al que se sometió este liquen para la extracción del tinte parece que era bastante complicado. Lo que sí fue fundamental e imprescindible en dicho proceso es agregarle amoniaco a la preparación correspondiente para que la misma surtiera el debido efecto.
En los tiempos en que aún no se conocía el amoniaco como producto industrial se empleaban en su lugar los orines humanos por su alto contenido en este compuesto químico. Se sabe por ejemplo que los tintoreros londinenses utilizaban para tal fin los orines que se recogían en las alcantarillas de aquella urbe. Viera y Clavijo nos ha trasmitido en su Diccionario de historia natural ya citado las siguientes instrucciones mediante las cuales se obtenía el colorante en su tiempo:
“Redúcese esta preciosa yerba a pasta moliéndola, cerniéndola y colocándola en un vasija de vidrio, donde se humedece con orina ya corrompida a la que se le añade un poco de cal apagada. Revuélvase cada dos horas y se tiene cuidado de cubrir siempre la vasija con alguna tapa. Esta operación de humedecerla, ponerle cal y revolverla se practica durante tres días consecutivos, al cabo de los cuales ya empieza a tomar la pasta algún colorcito purpúreo, hasta que a los ocho se pone de un rojo violado, que se va avivando por grados y sirve para tintes. Para usar de esta pasta se procura disolverla en agua tibia y se le va aumentando el calor. Luego que hierve se mete la estofa en el baño, sin ninguna preparación, o si se quiere, preparada con alumbre y cristal de tártaro. El color natural que comunica la orchilla es de flor de lino, tirando a violada; pero si se tiñe antes de la misma estofa de un azul más o menos claro sacará un color como de flor de romero, de pensamiento o de amaranto. Preparada la estofa con zumo de limón, recibe de la orchilla un hermoso color azul. Igualmente tiene la pasta de nuestra orchilla, desleída en agua fría, la propiedad de que, tiñendo con ella el mármol blanco, le comunica unas bellas vetas de un azul más o menos claro, según las más o menos veces que se le aplica”.
Sin embargo, John Mercer, autor del libro Canary Islands-Fuerteventura, editado en 1973, quien dice haber poseído un taller de hilado y tejidos en el que solamente usaba tintes vegetales, declara que tal operación no era tan sencilla de realizar como la presenta Viera, y confiesa que nunca pudo encontrar una fórmula para teñir con la orchilla que resultara efectiva, hecho que achaca a que las mismas han sido escritas por historiadores y no por expertos en tintorería. No obstante el escepticismo mostrado por Mercer sobre el particular merece ser conocida la siguiente fórmula moderna utilizada para el tratamiento de la extracción del colorante de la orchilla dada por Lázaro Sánchez Pinto, miembro del Museo Insular de Ciencias Naturales de Santa Cruz de Tenerife, en la revista Aguayro nº122 de abril de 1980, que difiere en algunos puntos importantes de la de Viera y Clavijo y es más extensa y detallada:
“Se lavan cuidadosamente las orchillas recolectadas. Se limpian de tierra e impurezas y se dejan secar al sol. Se trituran y se pasan por sucesivos tamices hasta obtener un fino polvo. Este polvo se coloca en una vasija o recipiente de vidrio. Se humedece con amoniaco algo diluido en agua y se le añade un poco de sosa o potasa. Después se cierra herméticamente. Con cierta frecuencia (2 ó 3 horas) se abre el recipiente y se revuelve bien, de tal modo que la masa pastosa entre totalmente en contacto con el oxígeno atmosférico. Esta operación de humedecer con amoniaco, añadir sosa o potasa y revolver cada 2-3 horas se realiza durante tres o cuatro días consecutivos, al cabo de los cuales la pasta empieza a tomar un colorcito purpúreo, hasta que a los ocho días se pone de un rojo violado intenso. Si la pasta queda muy diluida se le puede añadir un poco de yeso o tiza pulverizada para darle mayor consistencia. Una vez obtenida la pasta, ya está lista para teñir, pero hay que tener en cuenta que sólo tiñe fibras de origen animal, como la seda y la lana, no así el algodón y otras fibras vegetales o lanas sintéticas. Para teñir se diluye la pasta en agua tibia y se le va aumentando el color hasta que llega a la ebullición. Entonces se añade la seda o lana y se deja por espacio de una hora más o menos. La intensidad del color depende de la cantidad de pasta que se ponga. Si se quiere obtener una gama de azules se sigue el mismo procedimiento, pero previamente se humedece la lana o la seda en jugo de limón. Aplicada la pasta en frío sobre mármol le confiere a éste unas vetas de color azul más o menos claro, según las veces que se aplique”.
Esto es cuanto he podido recopilar sobre tan interesante liquen. Ello es suficiente, sin embargo, para que el curioso de nuestras cosas del pasado pueda hacerse una idea bastante aproximada de cómo era la orchilla, del papel que jugó en la economía de la isla a lo largo del devenir histórico y de las ambiciones que su ventajoso comercio despertó entre los más altos estamentos de la sociedad isleña, así como tener conocimiento de las particulares prácticas a que su recogida dio lugar. En la actualidad todo lo que en torno a este preciado liquen se desarrolló en la isla ha quedado reducido a un simple recuerdo que se va difuminando cada vez más en las brumas de la memoria popular, salvándolo de la desaparición definitiva las referencias alusivas a su uso conservadas en algunos escritos y obras del pasado de nuestras islas.