curso: El Jardín Viera y Clavijo y la Cueva Pintada como recursos didácticos en la enseñanza secundaria y bachillerato
Alfredo Herrera Piqué
El Jardín Canario “Viera y Clavijo” es uno de los lugares más hermosos y pintorescos, de entre los muchos que adornan la isla de Gran Canaria. Es un trozo de la naturaleza isleña en el que crece espontáneamente la flora insular. Pero, además ,la mano del científico ha ido introduciendo allí casi todas las especies de plantas de las Islas Canarias y también muchas de los otros archipiélagos de la Macaronesia (Azores, Madeira, Salvajes y Cabo Verde, además de las propias Afortunadas).
Precisamente, “macaronesia’ es un vocablo griego que designa a las islas que desde la Antigüedad se conocieron como “Afortunadas “, en esta parte del Atlántico. Principio del Jardín Canario ha sido desde su fundación y lo sigue siendo en la actualidad, el presentar las plantas vivas en su medio natural; de acuerdo con este criterio, hay bastantes especies que crecen y se reproducen espontáneamente en este margen del barranco Guiniguada en donde halla enclavado aquél, a siete kilómetros de Las Palmas; otro gran número de plantas se han traído, como hemos indicado, de otras zonas de Gran Canaria y de las restantes islas, pero se han situado en su medio natural, de forma que puedan reproducirse normalmente.
Puesto que la superficie que ocupa el Jardín se extiende por terrenos de diferentes características, ha sido más fácil encontrar el medio propio para cada planta, ya sea en la parte llana o en la exótica pared rocosa del barranco. Pero, además, se han adecuado dentro del recinto zonas para las plantas que requieren mayor humedad y lugares para las especies propias de las costas isleñas El Jardín es, por consiguiente, un pequeño continente botánico en el que se distribuyen las plantas de diferentes latitudes y altitudes.
De esta forma, y como resultado de este respeto a lo espontáneo, el visitante se encuentra en plena naturaleza, sin tener en ningún momento la sensación de hallarse en un Jardín clasificado y sistematizado, con parterres matemáticamente medidos, según la idea previa que podría tenerse de un jardín botánico. Al recorrer el pequeño bosque de la laurisilva sentiremos una sensación de humedad y de frescor; allí brota con fuerza la naturaleza y en esta parte del Jardín todo es césped y verdura; es el resultado de la atracción de humedad y lluvia que ejerce la arboleda de estas especies ,que ocupan una hectárea con hermosísimos ejemplares.
Saliendo del bosque, la sensación es completamente diferente; el medio y el clima han cambiado, ya no gozamos de aquel frescor y nos acercamos a una zona más árida y mucho menos frondosa que culminará en la pequeña charca de agua salada que conserva especies de la antigua charca de Maspalomas, en la costa sur de G Canaria.
El recorrido por el Jardín Ofrece muchos atractivos y nos lleva hasta bellos rincones. Pero, antes de continuarlo hagamos un poco de historia. La investigación botánica de las Islas Canarias cuenta con dos siglos de tradición. Ya Linneo había clasificado especies de la flora isleña El propio nombre del Jardín recuerda al eximio historiador canario del siglo XVIII don José de Viera y Clavijo, que, entre otras obras, fue autor de un “Diccionario de Historia Natural”, en el que se ocupa de la clasificación botánica.
Botánicos ingleses, franceses, alemanes estudiaron ampliamente la flora canaria a lo largo del siglo pasado, en cuyo transcurso se publicaron obras tan destacadas como la monumental “Historia Natural de las Islas Canarias”, de Webb y Berthelot.
En homenaje a estos dos científicos y a otros botánicos posteriores existe un monumento en la pared rocosa del Jardín, que reproduce varios retratos de aquéllos.
La investigación y el estudio se continuaron en el presente siglo merced a la inquietud de eminentes botánicos. Uno de los más destacados fue Erich Sventenius, director del Jardín Canario desde la fundación de éste por el Cabildo Insular de Gran Canaria en el año 1952. Sventenius realizó una valiosa labor a la hora de ir formando el Jardín y su gran colección de plantas vivas de Canarias. Paralelamente, desarrolló un importante trabajo de clasificación de las especies endémicas insulares.
Falleció en 1 973, atropellado por automóvil. Sus restos yacen en el Jardín de sus amores, en la tierra, bajo una gran piedra que él en vida había elegido para su tumba, Aún con tristeza , podemos decir que aquélla se halla en el lugar que a uno le gustaría tener para el reposo final, El Jardín Canario conserva delicadamente su memoria.
Puede afirmarse que hasta Sventenius el estudio de la flora canaria ha sido fundamentalmente de exploración y clasificación. A partir de ahora se ha iniciado el estudio científico, Esta nueva etapa ha correspondido a David J. Bramwell, del Departamento ‘de Botánica de la Universidad de Reading (Gran Bretaña) que es director del Jardín Canario desde el otoño de 1974.
E1 Dr, Bramwell había trabajado durante un año, aproximadamente, con el profesor Sventenius y tiene varias publicaciones sobre la flora de estas Islas. El cambio de la etapa de exploración de la flora a una fase de estudio científico de ésta se produjo en Europa de treinta años a esta parte; es decir que es una fase que se ha iniciado recientemente y que ahora trata de desarrollarse aquí, en el estudio de la flora isleña.
La flora de Canarias tiene un elevado número de especies endémicas; aproximadamente, cuatrocientas cincuenta. Es una variedad muy notable de plantas nativas, que constituyen el cincuenta por ciento de todas las especies de plantas que crecen hoy en Canarias. Un porcentaje muy alto. En la colección de plantas vivas del Jardín Canario están representadas más del sesenta por ciento de las especies endémicas,
Entre éstas, el visitante puede contemplar varios ejemplares de dragos que han ido creciendo en el Jardín; el drago es un árbol muy exótico de Canarias, que tiene su primera inflorescencias a los catorce años de su vida; a partir de entonces comienza a desarrollar las ramificaciones que le dan su característico aspecto. Es un árbol de larga vida, que puede alcanzar centenares de años como el drago de Icod y otros viejos hermosos ejemplares que viven en el Ayuntamiento de Gáldar, en el antiguo Seminario de La Laguna y en el Juzgado de Telde.
Los aborígenes canarios usaban la “sangre” de drago con una finalidad balsámica y también se servían de su tronco para la construcción de ataúdes funerarios; es, por consiguiente, una especie que encierra una especial relación con la población isleña prehistórica.
También podemos contemplar la esbelta silueta del pino canario, especie igualmente típica de estas Islas de la que existe una magnífica muestra en el Jardín, así como otros ejemplares todavía muy jóvenes que formarán un pequeiio bosque de estos árboles. Asimismo, grandes viñátigos, árboles de los que quedan muy pocos en Gran Canaria pero que abundan en El Cedro (isla de la Gomera) y que son muy adecuados para la repoblación.
Para esta finalidad lo es., también, la laurisilva que, como apuntábamos, tiene una sensible influencia en la ecología del Jardín, en el que se reúnen casi todas sus especies arb6reas endémicas, con su estrato herbáceo, que le proporciona una verde alfombra. La comunidad de la laurisilva encierra unas cincuenta especies diferentes. Es la laurisilva un residuo de un tipo de vegetación que existi6 en la cuenca mediterránea hasta hace quince o veinte mil años: se han encontrado fósiles de laurisilva en Cataluña en el sur de Francia y en Hungría; representa, pues, una conexión con la historia natural europea.
La flora de Canarias tiene, además y aparte de las naturales coincidencias y afinidades con el resto de la flora macaronésica singularmente relaciones con la del continente africano, especialmente con especies del África oriental. Por ejemplo, el cardoncillo o mataperros (“Ceropegia dichotoma”), una planta crasa de tallos verdes y pequeñas flores amarillas, tiene afinidades con especies de la isla de Socotora y regiones del África del Este.
La relación de la flora canaria con la de Kenia o Etiopía posee un gran interés fitogeográfico; su explicación se fundamenta en la existencia de una antigua flora africana, extendida entre el Indico y el Atlántico que, al desecarse el Sahara, quedó más allá de los extremos del desierto, tanto en la parte occidental —en el caso concreto de las Islas. Canarias— como en la oriental.
De tal forma, esta conexión con la flora del este de África —que también poseen otras especies isleñas como la “Canarina” y las euforbias, igualmente representadas en el Jardín— es probablemente producto de una relación muy antigua, anterior a la desecación del Sahara.
También tiene la flora isleña afinidades con la de la parte más cercana del continente africano, desde Marruecos hasta el Senegal. Un ejemplo: la “serraja” de Famara tiene relaciones con la especie existente en Marruecos: en Agadir hay una zona de plantas macaronésicas, con tabaibas y un tipo de cardón similar al de Canarias.
Las plantas canarias tienen, además, sus variedades y sus diferencias según las islas en que crecen. No todas las especies endémicas forman parte de la flora de cada una de las islas.
Especies propias de Tenerife no se encuentran en la Gomera y plantas de Gran Canaria están ausentes de la flora majorera, y viceversa. Naturalmente, las plantas se dan, además, en diferentes medios y altitudes de cada isla, desde la “Atractylis Preauxiana”, —especie de la costa de Arinaga en peligro de extinción (conservada en el Jardín)— hasta la violeta del Teide.
Una de las especies más raras de Canarias, que crece en el Jardín, es el cardón de Fuerteventura, que sólo existe hoy en un barranco de dicha isla; también tiene interés el tajinaste de Jandía, clasificado por Sventenius, que forma parte de la rica y variada flora de la península majorera, la cual, paradójicamente, tiene semejanzas con la de Tenteniguada, en el centro— este de Gran Canaria.
Otra
planta que despierta nuestro interés es la conocida con el nombre
de rejalgadera (“Sola Vespertilio”), un arbusto de flores color lila
extinguido hoy en Gran Canaria, pero
frecuentemente en la península de Anaga (Tenerife), Pertenece a la misma
familia que las papas y los tomates y su polinización es realizada por
las “Esfinges”, una especie de mariposas.
La “Marcetella Moquiniana” que crece en el gran barranco de Guayadeque (Gran Canaria) y en la isla de Tenerife, nos presenta otra curiosidad: al estrujarla en nuestras manos despide una sustancia líquida del color de la sangre; por ello se la llama corrientemente “palo de sangre”.
Pero no recomendamos al visitante llevar a cabo este pequeño experimento: el “Jardín Canario” se encuentra muy bien cuidado y encierra un alto valor en la conservación de nuestra flora, pero la colaboración de todos los amantes de ésta, que son todas las personas, es también necesaria.
En fin, el recorrido por el Jardín nos permitirá familiarizarnos
con otras muchas plantas, árboles y arbustos de la flora de las Islas
Afortunadas como el sauce canario, el olivo canario
—subespecie endémica del olivo europeo—, la amplia colección
de tabaibas, las lindas margaritas o la “Sventenia bupleuroides”,
denominada así en honor del antiguo director del Jardín Canario,
cuyo nombre se piensa recordar en un pequeño jardín “memorial” de
plantas crasas, especialidad ésta en la que ostentaba una gran autoridad.
Uno de los atractivos para el visitante es la hermosa cascada de agua que cae desde lo alto de las paredes rocosas del barranco hasta, ya en el cauce de éste, formar un pequeño riachuelo que muere en la zona de las charcas, al final del Jardín, La falta de agua no ha permitido hacerla correr últimamente, pero se piensa en la instalación de una bomba que recuperaría el agua y haría posible mantener permanentemente el hermoso espectáculo.
Uno de los proyectos para este parque de la flora insular, en el que también se le quiere convertir en centro de estudios botánicos, dotándolo de un laboratorio, biblioteca general de esta materia y otras instalaciones. Actualmente acoge a dos becarios, que realizan tesis y especialización de estudios.
Por otro lado, el Jardín está en permanente transformación: se plantan nuevas especies —se quiere, concretamente, incrementar la colección de plantas vivas macaronésicas— y se amplía su ya considerable superficie, que se extiende entre las dos entradas: la primera, a través de un parque de palmeras—una de las plantas simbólicas de las Islas— y la otra, partiendo desde la pared del barranco, en donde se ha emplazado un busto que recuerda al historiador Viera y Clavijo, también todo un símbolo que se proyecta a los comienzos de la ciencia en Canarias.