curso: El Jardín Viera y Clavijo y la Cueva Pintada como recursos didácticos en la enseñanza secundaria y bachillerato

La Cueva Pintada

El descubrimiento de la Cueva Pintada

Aunque probablemente la realización en 1862 de una serie de trabajos agrícolas relacionados con el cultivo de las tuneras para la cría de la cochinilla propiciaron el hallazgo fortuito de la Cueva Pintada, no es hasta 1873 cuando se fecha su descubrimiento oficial.

Fue en ese año cuando José Ramos Orihuela accedió a la cámara por una estrecha abertura en el techo. Observó en sus paredes una serie de pinturas geométricas y esta circunstancia motivó la denominación popular de "Cueva Pintada", nombre que hizo fortuna y ha perdurado hasta la actualidad .

Desde ese momento, la denominada Cueva Pintada se convirtió en lugar de obligada visita para todos los eruditos e investigadores interesados en el pasado prehispánico de la isla.

En 1876, Chil y Naranjo incluyó una somera alusión a este acontecimiento en sus "Estudios". Por su parte, en 1884 Diego Ripoche aportó detalles de gran interés acerca de los hallazgos al señalar en sus escritos: Encontrándose en su interior algunos cadáveres, vasijas y otros objetos que adquirieron algunos aficionados. También en 1884, Olivia Stone visitó el recinto e insistió en que el monumento fuese adquirido por el Ayuntamiento para proceder a su limpieza y permitir el acceso al público.

En 1887, fue el antropólogo francés René Verneau quien visitó la cámara y realizó una descripción minuciosa en la que señalaba la singularidad y la cuidada ejecución de cada uno de los paneles polícromos.

Es justo señalar que desde finales del siglo XIX se produjo una temprana toma de conciencia de ciertos sectores de la sociedad que alzaron sus voces para recalcar la extraordinaria relevancia de este hallazgo y defender su conservación.

Así, el cronista Batllori y Lorenzo, a través de las columnas de la revista El Museo Canario, lanzó una llamada desesperada para la protección de la Cueva Pintada bajo el lapidario título de "Mi última tentativa".

A lo largo del siglo XX continuaron las críticas a la desidia institucional, pero es sobre todo a partir del año 1967 cuando se inició una campaña de prensa en favor de la recuperación de este enclave, en especial de la mano de los historiadores como Celso Martín de Guzmán y Elías Serra Ráfols.

Ante el progresivo deterioro de las pinturas, la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas emprendió en 1970 las obras de protección y aislamiento de las humedades que estaban afectando a los dibujos. Se iniciaron así las labores de limpieza y desescombro que dejaron al descubierto un grupo de cuevas que, rodeando a la cámara decorada, formaban un conjunto único.

La escasa información que se tenía entonces del tipo de poblados prehispánicos, unido a la falta de previsión y nula reacción ante los hallazgos que se fueron produciendo durante los trabajos, provocaron la destrucción de una parte importante de este complejo, del que sólo se pudieron recuperar escasos restos materiales gracias a algunos vecinos que los rescataban de los escombros.

Esta intervención se complementó con la construcción de un cierre arquitectónico que pretendía proteger la cueva y, en última instancia, abrirla al público. En el año 1972 se declaró Monumento Histórico Artístico.

A Antonio Beltrán y José Miguel Alzola se debe el primer trabajo de investigación sistemático sobre el conjunto, publicado en 1974. Este estudio incluyó las primeras fotos a color y los dibujos más exactos realizados hasta esa fecha, contribuyendo sin duda a la difusión del yacimiento entre los especialistas.

Los primeros indicios del deterioro de las pinturas se observaron apenas ocho años después de la apertura al público en 1972. El regadío de las fincas del entorno, el inadecuado cierre arquitectónico y la nula planificación de las visitas provocaron una excesiva humedad ambiental y el aumento de la temperatura en el interior de la cámara.

A pesar de algunas reformas que mejoraron la ventilación del recinto, el mayor problema seguía siendo las continuas filtraciones del agua de riego y la agresión de los abonos químicos disueltos en ella.

Se decidió entonces comenzar los trámites de expropiación de las fincas colindantes para poder retirar los cultivos. Este cúmulo de circunstancias obligó a tomar la decisión de cerrar la cueva al público en octubre de 1982.

El Programa de Investigación

El análisis de la información obtenida en la intervención de 1970 llevó al convencimiento de que la bancalización de estos huertos había respetado los niveles arqueológicos preexistentes.

Esta certeza, junto a la valiosa documentación escrita de los siglos XIV al XVI, en la que se describe el populoso asentamiento de Agaldar, justificó el interés de iniciar un programa pluridisciplinar de documentación, salvaguarda y puesta en valor de este excepcional conjunto.

En el año 1987 se iniciaron los trabajos de excavación bajo la dirección de Celso Martín de Guzmán y Jorge Onrubia Pintado. Desde entonces se han realizado catorce campañas de excavación, que han supuesto la actuación sobre una superficie de más de 6.000 m2.

Fruto de las excavaciones realizadas, la Cueva Pintada se ha transformado en uno de los asentamientos prehispánicos más importantes de Gran Canaria, en el que la aislada cámara decorada aparece ahora rodeada por un poblado prehispánico de más de sesenta casas y cuevas artificiales.

Los distintos sistemas de datación empleados (radiocarbono, paleomagnetismo, termoluminiscencia) han permitido fechar este yacimiento entre los siglos VI al XVI. En efecto, tras la conquista de la isla, el asentamiento indígena pervivió algún tiempo hasta su total abandono.

Ya en el siglo XVIII, este espacio experimentó los primeros acondicionamientos agrícolas. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la labor de bancalización fue la responsable del aspecto con el que esta manzana urbana llegó hasta los años ochenta del pasado siglo, momento en el que se iniciaron los trabajos de excavación.

El Programa de Conservación

Desde que se iniciaron los primeros trabajos en el yacimiento, la principal preocupación fue la preservación de las pinturas. Para ello se diseñó un exhaustivo programa de conservación para la Cueva Pintada que abarca el estudio de los tres elementos que la condicionan: la roca soporte, los pigmentos y las variables climáticas que les afectan, esencialmente los referidos a temperatura, humedad y ventilación.

Por lo que respecta al soporte, se ha efectuado una completa caracterización geológica y geoquímica, analizando la estructura interna de la cámara excavada para observar si hay fisuras, aparentes u ocultas, que puedan poner en peligro la integridad del conjunto rupestre.

Las muestras de los pigmentos y morteros fueron igualmente estudiadas para identificar los componentes empleados, obtenidos a partir de materias minerales como arcillas y caliches, éstos últimos intencionadamente calentados.

Los análisis han revelado igualmente que la roca fue preparada para ser pintada mediante la aplicación de una fina capa de arcilla; sobre ella se dispusieron los colores, obtenidos a partir de materias minerales, principalmente arcillas y caliches.

La medición de las variables climáticas, responsables en última instancia de la conservación de la cueva, se está llevando a cabo empleando tecnología puntera con el objeto de establecer el óptimo climático que asegure el equilibrio ambiental en la cámara decorada.

En el programa de conservación, se han integrado también las casas del poblado, extremadamente frágiles y sensibles a la acción de los agentes físicos externos (lluvia, viento e insolación).

Las actuaciones realizadas a lo largo de los últimos diez años se han destinado a la consolidación de los muros de las casas, tanto de las argamasas que unen las piedras como de los morteros y las pinturas que los decoran.

Una buena parte de los materiales recuperados en el transcurso de las excavaciones arqueológicas han sido restaurados, ya que el abandono y arruinamiento de las casas del poblado provoca la fragmentación y el deterioro de las piezas.

Visitantes ilustres:

Olivia Stone

Escritora británica que relató en su libro "Tenerife y sus seis satélites" el viaje que realizó a las Islas Canarias entre noviembre de 1883 y febrero de 1884. Esta viajera, dedicada a la metódica anotación de la realidad, visitó la Cueva Pintada de Gáldar y realizó unos dibujos de los motivos decorativos. Se dio cuenta de la importancia del hallazgo y ya entonces reclamó la atención de las instituciones para conservar este enclave:
Le sugerí que la ciudad [Gáldar] debería comprar pronto la cueva mientras pudiera hacerse a un bajo precio; que después deberían limpiarla completamente y cerrarla con cancelas por fuera; que si se cobraba una pequeña entrada, digamos, un real (dos peniques y medio), el lugar se podría mantener en buen estado y que se necesitaba alguien que estuviera siempre a mano para que sirviese de guía cuando fuese necesario.

Gregorio Chil y Naranjo

(Telde, Gran Canaria, 1831 - Las Palmas de Gran Canaria, 1901)
Médico, antropólogo e historiador, el doctor Chil fue una de las figuras intelectuales más importantes del siglo XIX en las Islas Canarias.

Una vez retirado, inició una obra que, a la postre, se ha convertido en manuscrito de obligada consulta: 'Estudios Históricos, Climatológicos y Patológicos de las Islas Canarias'. La persecución eclesiástica por las ideas de esta obra dificultaría su publicación completa.

Fue también diputado provincial y uno de los fundadores de El Museo Canario, al que legó gran parte de su patrimonio personal. Las referencias a la Cueva Pintada de Gáldar son numerosas y variadas en su obra.

Diego Ripoche Torrens

(Las Palmas de Gran Canaria, 1859 - 1927)
Socio fundador de El Museo Canario (1879), es considerado el primer estudioso de la Cueva Pintada de Gáldar y el que la dio a conocer a la comunidad científica. A él se debe también el conocimiento de la fecha aproximada de su descubrimiento, 1862. En su visita a la cueva en 1882, realizó unos dibujos, hoy extraviados, que posiblemente envió a René Verneau a Francia. Vivió muchos años en París, desde donde prestó valiosos servicios a la institución; también fue divulgador de la cultura canaria entre las instituciones francesas, lo que le valió su nombramiento de socio honorario por parte de El Museo Canario. En su artículo "Carta de París", publicada en El Liberal (1884) aportó detalles de gran interés sobre la Cueva Pintada:
 La cueva pintada, fue descubierta hará poco más o menos veinte años, con ocasión de tratar el dueño de la propiedad en que se halla situada de abrir una acequia, encontrándose en su interior algunos cadáveres, vasijas y otros objetos que adquirieron algunos aficionados.

René Vernau

(Chapelle-sur-Loire, 1852 - París, 1938)
Llegó a las Islas Canarias por primera vez en el año 1877 y, a partir de ese momento, quedó ligado a Canarias toda su vida.

En este primer viaje, permaneció un año en las Islas y realizó un estudio de los restos óseos de la población aborigen que constituye el punto de partida de la antropología física canaria. A su regreso a París, presentó su "Informe sobre una Misión Científica en las Islas Canarias". Posteriormente, volvió entre 1884 y 1887.

En este último viaje visitó la Cueva Pintada y realizó una descripción minuciosa en la que señalaba la singularidad y la cuidad ejecución de cada uno de los paneles polícromos. Del trabajo realizado dejó constancia en su libro Cinco años de estancia en las Islas Canarias , publicado en París en 1891.

Celso Martín de Guzmán

(Gáldar, Gran Canaria, 1946 - 1994)
En 1967 inició junto a otros historiadores una campaña de prensa para concienciar a la opinión pública y a las administraciones sobre el pésimo estado en el que se encontraban las pinturas de la Cueva Pintada.

A partir de 1982 su trabajo de investigación se volcó en el complejo troglodita de la Cueva Pintada, iniciando en 1987 las campañas de excavación que permitieron descubrir el poblado que se ubicaba en torno a la conocida cámara decorada.

En el año 1989 redactó el anteproyecto de Parque Arqueológico, seguido en 1991 de la elaboración del Plan Espacial Cueva Pintada. En 1992 culmina con Javier Feduchi Benlliure el Proyecto de Parque Arqueológico Cueva Pintada.

José Miguel Alzola

(Las Palmas de Gran Canaria, 1913)
Dirigió, con María Dolores Garralda, las actuaciones arqueológicas que se iniciaron en el yacimiento en 1970 con el fin de abrirlo al público. Fruto de estas actuaciones y de su colaboración con Antonio Beltrán, vio la luz en 1974 la obra La Cueva Pintada.

www.cuevapintada.com