curso: El Jardín Viera y Clavijo y la Cueva Pintada como recursos didácticos en la enseñanza secundaria y bachillerato

El Cenobio de Valerón

Si hay en Canarias un yacimiento que merezca el calificativo de espectacular ese es "El Cenobio" del barranco de Valerón. Interpretado desde hace siglos como "cenobio" o "convento" donde se encerraban a las llamadas "harimaguadas", y sin perjuicio de que el estamento religioso de la sociedad canaria aborigen haya tenido algo que ver con el lugar, hoy se reconoce como un enorme granero colectivo, ejemplo evidente de la significación de la actividad agrícola de los canarios, y del poder de los grupos de esta sociedad de las castas dirigentes.

Localizado en la margen izquierda del Barranco del Calabozo, en un alto escarpe de la Montaña del Gallego, casi colgando sobre la carretera C-810 (más conocida como la Cuesta de Silva) que permite el acceso a este singular conjunto arqueológico, bajo un arco natural de 30 metros de ancho por 25 de alto, y a unos 300 metros sobre el nivel del mar, aparece este extraordinario conjunto de más de 350 cuevas, cámaras, oquedades y silos dispuestas en varios niveles, destinados al almacenamiento de los cereales proporcionados por la agricultura (cebada y trigo) así como otros alimentos y materias primas. Tres elementos, pues, configuran la elección del emplazamiento: la toba, fácil de labrar; lo escondido, para que no atraiga las miradas desde el mar; y lo escarpado, que permite una defensa cómoda ante eventuales ataques.

Las Crónicas de la Conquista hablan ya de la existencia de estos lugares, haciendo alusión a que los canarios: "... tenían pocitos, onde encerraban cevada i cosas de comer, i era de los frutos como diesmos que daban en aquel depósito para los años faltos i hazer repartimientos del mismo. Tenían silos en los riscos i se conservaba el grano muchos años sin dañarse, lo cual aora no puede conseguirse sin que se pique de gorgojo..."

Pero también podían guardarse otros útiles necesarios para el mantenimiento: "... había prevención en ellos, por si acaso hubiese guerras, de bastimentos, cosas de todo género que usaban y tostadores, casolones de barro i tahonillas de mano, llamados molinillos, cevada, higos, manteca, cebo, carnes saladas i otras cosas necesarias".

La boca de estos cubículos se cerraba con una pequeña puerta de madera o lajas de piedra, encajándose ésta en las ranuras excavadas en los silos y sellándose luego herméticamente con barro.

Muy posiblemente estos silos serían objeto de acondicionamiento antes ser utilizados (sellado de grietas, revestimiento del interior para garantizar su impermeabilidad, etc.) a fin de mantenerlos en óptimas condiciones para el propósito a que estaban destinados.

Se ha propuesto, en el mismo sentido, que este granero por su cercanía a Gáldar, y sus enormes dimensiones, serviría como lugar de almacenamiento del tributo que los "vasallos" debían entregar periódicamente al segmento dirigente de esta sociedad, y que en las referencias etno-históricas se denomina con el término de "diezmo". Este hecho viene a confirmar, por otro lado, la importancia de la actividad agrícola para los canarios, no sólo para su sustento, sino también para el mantenimiento de la propia organización sociopolítica.

El Cenobio de Valerón ha sido objeto de muchos estudios y de referencias en distintas publicaciones. Ya en 1880 el insigne historiador Agustín Millares Torres se hace eco de la singularidad e importancia del yacimiento como una estancia en la que habitaban las harimaguadas, jóvenes que permanecían confinadas en el denominado Cenobio hasta el momento de contraer matrimonio.

Trabajos más recientes apuntan a que estos silos pertenecían a diversas familias, siendo, por tanto, un granero colectivo, pero donde cada grupo de parentesco tenía uno o varios silos. Para marcar la titularidad se utilizarían pintaderas de barro. Estas piezas de alfarería servían entonces como sellos, que asociaban la reserva con una familia o grupo de parentesco.

En 1974 se realizaron por primera vez obras de acondicionamiento para visitas en el entorno del yacimiento, lo que permitió el acceso al recinto. En la actualidad, por razones de conservación, los itinerarios están definidos, sin entrar dentro de los silos y cuevas.

En 1978 este yacimiento fue declarado Bien de interés Cultural (BIC) por la singularidad y entidad de este conjunto.

En febrero de 2007, se reabrió el yacimiento arqueológico ,tras las diversas obras de mejora conjuntas realizadas durante un año por el Ayuntamiento de Santa María de Guía, el Cabildo Insular y la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico para un mejor aprovechamiento y disfrute de todos.

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