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actividad humana"
Las singularidades de Fuerteventura
Fuerteventura es la isla del paisaje del alma, la isla del silencio y del dormir bien. Los canarios tenemos la inmensa fortuna de haber nacido en unas Islas sin duda privilegiadas, pero entre todos, los majoreros han sido de los más afortunados.
Sin embargo, es mucho más fácil reparar en el evidente esplendor de las playas de Fuerteventura que en los sutiles cambios que, al atardecer, iluminan los campos del interior componiendo un cuadro etéreo de cálidos tonos cambiantes.
Esta belleza sutil es, posiblemente, mas difícil de percibir que la de otros ambientes característicos de nuestras Islas, pero también es infinitamente más fácil de destruir.
Los malpaíses y los barrancos son elementos muy evidentes de la naturaleza canaria que, poco a poco, vamos aprendiendo a valorar; los paisajes de Fuerteventura, están llenos de singularidades que muchos no han descubierto y quizás ello este influyendo en un progresivo deterioro irreflexivo de uno de los últimos paraísos canarios.
Lo primero que choca de Fuerteventura es su modelado geológico. La antigüedad de su paisaje nos ofrece magníficos ejemplos de morfología volcánica aplanada por un largo proceso erosivo. El paisaje geológico es reforzado por la escasez de vegetación.
En el Macizo de Betancuria aflora el Complejo Basal, las raíces de la Isla. Bajo ese nombre se agrupan rocas sedimentarias, plutónicas, subvolcánicas y volcánicas submarinas. Los materiales sedimentarios pertenecen a la corteza oceánica, asignándoseles unos 100 millones de años, muy anterior al magmatismo canario y coincidente con la apertura del Atlántico. La topografía de suaves lomos redondeados del Complejo Basal está provocada por su antigüedad, lo que implica una mayor exposición a la erosión, y por que estos terrenos formaron parte del lecho marino durante mucho tiempo.
Las primeras coladas que hicieron emerger a Fuerteventura se remontan a 17-20 millones de años. En una primera y dilatada etapa, de unos 5 millones de anos, tuvieron lugar erupciones basálticas fisurales que originaron grandes edificios tabulares, formados por el apilamiento de miles de coladas.
Los res tos de aquellos edificios, desmantelados por la erosión y el tiempo, son los relieves más acusados de la Isla, al sureste y en la Península de Jandia. En esos lugares se pueden observar los apilamientos de coladas formando fuertes escarpes que son suavizados por los taludes.
Tales apilamientos han sido cortados por los antiquísimos barrancos detenidos en el tiempo que dieron lugar a mesas, cuchillos y cerros aislados. Los modelos más típicos son los valles en U. Realmente se trata de grandes barrancos en los que el perfil del fondo ha sido rellenado hace mucho tiempo por los taludes del pie de la ladera.
En algunos casos el perfil en U puede haber sido alterado por la irrupción en el valle de materiales provenientes de erupciones más recientes.
Después de un largo periodo de reposo, la actividad volcánica se reanude en Fuerteventura hace unos 2 millones de años.
Fue la época de la formación de las grandes llanuras pedregosas, de caliches y de suelos arcillosos. Algo más tarde, hace apenas unos pocos miles de años, se registraron las últimas erupciones majoreras, las que originaron los malpaíses que ampliaron la isla hacia el norte e hicieron que Lobos emergiera, las que dieron lugar al malpaís de la Arena, al de Jacomar y El Sobaco, al malpaís Chico y al Grande.
Otro aspecto notable del modelado de Fuerteventura es la abundancia de playas levantadas y rasas (plataformas emergidas), que son un reflejo de las variaciones en el nivel del mar que provocaron avances y retrocesos de la línea de costa.
La existencia de plataformas de abrasión, extensas y poco profundas, facilitan la vida de numerosos organismos cuyos restos son arrastrados por el mar hasta la costa y se convierten en uno de los componentes mayoritarios de las arenas claras. Estas arenas se van acumulando en las playas, donde el viento las seca y empuja tierra adentro depositándolas en campos de dunas. Así se forman los bellos .jables. (del francés sable = arena) de Jandia, Corralejo y El Cotillo.
Los vientos alisios también soplan en Fuerteventura, pero solo en el Pico de la Zarza (con algo mas de 700 metros de altitud) llegan a lamer las cumbres del Macizo llevándose la humedad que portan hacia otros sitios. Ali no hay grandes bosques como en otras Islas, quizás ni en los tiempos en que era Maxorata ni mucho antes; sin embargo, en los paisajes majoreros encontramos las mejores muestras de los hábitats subdesérticos de las zonas bajas.
Las tahonas, molinos y molinas nos conectan con la época en que Fuerteventura era el granero de Canarias y poseía una importantísima cabaña ganadera, que continua siendo de las más numerosas del Archipiélago. El declive de estos sectores económicos ha posibilitado la lenta recuperación de un territorio profundamente transformado. Hoy vemos un paisaje dinámico que evoluciona hacia formas próximas a las originales, se conservaron solo en lugares inaccesibles y escasamente productivos.
Las tabaibas y los cardones son vestigios de los matorrales que se suponen originales. Hay tabaibales en las laderas de algunos malpaises, lomadas, taludes y escarpes, siempre en sitios bajo la influencia directa de la brisa marina. Los cardonales están mas restringidos a Jandia, donde se encuentra la especie común a todo el Archipiélago (Euphorbia canariensis) y un endemismo local (E. handiensis) con un territorio muy restringido y que no se halla en ningún otro lugar del mundo.
Las palmeras y tarajales son casi los únicos representantes arbóreos de la vegetación autóctona. Se encuentran en el cauce de los barrancos, en el fondo de los valles y, especialmente, en los bordes de antiguas gavias. Estas terrazas de cultivo son un ingenioso invento majorero que optimiza el use del suelo y el agua evitando pérdidas de unos recursos tremendamente escasos.
En los cauces de los barrancos por los que discurre un hilillo de agua crece un denso matorral dominado por los matosmoros. Esta especie también interviene en los saladares, un ambiente mucho más rico que encontramos en las áreas de trasplaya, en las zonas que periódicamente son inundadas por la marea.
El saladar del Matorral, en Morro Jable, es el mejor de la Isla y del Archipiélago; allí hay matosmoros, salados, saladillos, matos, tebetes y otras muchas especies de plantas, sin embargo la importancia de estos ambientes no es solo botánica, esta mucho mas relacionada con su carácter de zona húmeda. y, por tanto, con las aves.
Cerca de los saladares se suelen encontrar las zonas por las que se produce la entrada de arenas que originan los jables. La tremenda aridez, la fricción producida por el movimiento de la arena, la elevada insolación y la salinidad son factores que limitan el establecimiento de la vida en el jable. Las uvas de mar y los grandes balancones coronando las dunas ancladas en la trasplaya dan paso tierra adentro a un matorral disperso de plantas muy especializadas, como los corazoncillos, la algahuera, el salado blanco, el saladillo, la trufa, la melosa o el cebollín.
El paisaje vegetal de Fuerteventura es poco perceptible. Algunos tesoros se encuentran refugiados en las partes más altas de Jandia, con especies endémicas y vestigiales del monteverde (joraos, magarzas, tajinastes enanos, acebuches). Otros recubren las piedras con un tapiz multicolor, son parte de una naturaleza casi escondida que es la principal protagonista en los amplios pedregales que se extienden por llanos, lomadas y taludes y en uno de los ambientes mas identificativos de nuestras Islas, los malpaíses.
Fuerteventura es una isla de tierras que se tiñen con el ocaso y de sufridas plantas que parecen esconderse, pero también es isla de aves. Las costas vírgenes de Fuerteventura y las escasas salinas y presas sirven de parada y fonda., a muchas especies de aves migratorias que surcan el cielo de la Isla en sus grandes vuelos estacionales.
Los majoreros disfrutan de la mayor riqueza de aves nidificantes, muchas endémicas, de todo el Archipiélago. En los llanos viven las Huaraz, el corredor, los alcaravanes, el alcaudón real, la abubilla, el tabobo y los cernícalos; la terrera marismeña, la tarabilla canaria y el herrerillo son habitantes de los barrancos, mientras que sobre cuchillos y cerros vuelan los guirres y las aguilillas. Entre las aves marinas destaca el guincho que, como las pardelas, nidifica en los cuchillos y acantilados costeros.
Uno de los santuarios majoreros de aves nidificantes y migratorias es Lobos. La perla de Fuerteventura. Lobos y el resto del Archipiélago Chinijo son lo mejor de lo mejor. Bajo el mar que les une a Lanzarote y Fuerteventura se encuentran los fondos más ricos de Canarias.
*Texto modificado de FUERTEVENTURA (GRAFICAS 7 REVUELTAS)