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actividad humana"

El Parque Natural de Jandía

Miguel Ángel Peña Estévez. Biólogo (Viceconsejería de Medio Ambiente)

 

La Dehesa comprende una extensión que no bajará de treinta y cinco kilómetros de largo, desde la Pared hasta la punta del Faro, y de ancho podrá tener por el centro cosa de diez kilómetros, disminuyendo hacia uno y otro extremo, pero mucho más hacia la Punta que no hacia la Pared. El terreno es en gran parte fragoso y escarpado, lleno de valles y de lomas por la parte del Sotavento".

Así se expresaba en 1868 Justo Villalba en la "Descripción de la Dehesa de Jandía", que hacía para su propietario, el Conde de Santa Coloma y de Cifuente, Marqués de Lanzarote.
El Parque Natural de Jandía ocupa la mayor parte de la península de Jandía, al sur de la isla de Fuerteventura. Se extiende desde el límite norte del jable de El Istmo o de La Pared, hasta el extremo occidental de la isla, en la punta de Jandía, exceptuando una banda al levante y al sur, de forma que abarca 14.318,5 hectáreas.

Este territorio fue declarado Parque Natural en 1987, por la derogada Ley de Declaración de los Espacios Naturales de Canarias, y reclasificado con la misma categoría por la vigente Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias.

Patrimonio natural

El Parque tiene dos zonas claramente relacionadas pero ambientalmente diferentes, las zonas de jable al nordeste (el de La Pared) y a poniente (el del Cotillo), y la cadena montañosa central que alcanza su vértice en el Pico de La Zarza, que con sus 807 metros de altura es la máxima cota de Fuerteventura. Al norte y sur de esta barrera natural de 16 millones de años se pueden apreciar ciertas diferencias climáticas.

Mientras que al norte, en Cofete, el clima es más fresco y ventoso, en las vertientes meridionales se imponen los días despejados, lo que permite una mayor incidencia de la actividad solar y que la temperatura media sea más elevada. Esta diferencia climática se manifiesta con especial intensidad cuando soplan los vientos alisios a poca altitud, de manera que las cumbres actúan como pantallas que frenan las nubes y retienen parte de su humedad.

Uno de los principales valores naturales de Jandía es el paisajístico. La actividad humana continuada y el medio natural han dando lagar a la formación de fenosistemas con distintos grados de transformación. En el Parque Natural de Jandía se pone de manifiesto el dominio del paisaje natural en la totalidad del espacio, con insignificante presencia del paisaje humano e incluso del humanizado. El alcance visual detectado es grande y las cuencas visuales dominadas, amplias, apareciendo, tierra adentro, como único horizonte, la línea de cumbres, mientras que el mar es un continuo referente.

La topografía del paisaje natural se caracteriza por una cuerda o línea de cumbres que divide el espacio en dos vertientes. La orientada al sudeste tiene una importante red de barrancos que proporciona contrastes de luz y sombra. La escasa vegetación que se asienta sobre ella es de porte bajo y no modifica ni enmascara las formas. Los cambios estacionales son poco acentuados y el colorido dominante es el oscuro de los materiales volcánicos.

La vertiente norte carece de barrancos notables y su ladera es continua, con pendientes mucho mayores que el lado sur, especialmente en los cien metros de mayor altitud del arco de Cofete, donde cae en riscos verticales. Estos abruptos farallones rocosos conforman, junto con el fuerte oleaje de la zona costera, un paisaje espectacular y de salvaje belleza.

La vegetación, escasa en general, está compuesta por restos de bosque termófilo en las zonas más inaccesibles de las cotas altas, y en las zonas de menor altitud está caracterizada por el verde oscuro de los cardones, que contrasta con los tonos de los materiales volcánicos sobre los que se asientan.

Los jables que se extienden en los extremos nororiental y sur occidental del Parque son amplios paisajes llanos o suavemente ondulados, con predominio de colores claros debido a la arena organógena. Su vegetación puede ser densa en lugares favorables de arenas profundas y consolidadas, adquiriendo entonces el paisaje un aspecto verde grisáceo. En el período inmediatamente posterior a las lluvias invernales, el color de los jables cambia circunstancialmente y adquiere un verde generalizado.

El paisaje humanizado en el interior del Parque es prácticamente inexistente. En la vertiente sur está limitado al Puerto de la Cruz conformando un núcleo de viviendas unifamiliares entre medianeras, mientras que las zonas utilizadas como residencia de turistas y residentes extranjeros están conformadas por viviendas aisladas, o bien pareadas, con jardín o terreno alrededor. Aún se mantiene un tercer tipo de vivienda, la que denominamos rústica, caracterizada por estar asociada a las antiguas explotaciones rurales del Parque, hoy en desuso.

Comunidades vegetales

Las diferentes zonas climáticas permiten el asentamiento y desarrollo de varias comunidades vegetales que dan carácter al acerbo florístico más rico de la isla. Si ascendiéramos desde el mar hacia la cumbre nos encontraríamos con un cinturón de vegetación halófila entre la que cabe destacar los saladares, con su máxima representación en la desembocadura del valluelo del Salmo.

De importancia son también las colonias de Limonium papillatum y Pulicaria buchardii (poner vulgar entre estos paréntesis), que viven en pocos metros cuadrados de la costa rocosa.
Algo más arriba, sobre un sustrato arenoso y con moderada influencia de la maresía, encontramos la vegetación psammófila, ampliamente extendida por los jables y por las playas de Barlovento, Sotavento y Cofete. Aquí podemos observar las mejores colonias de chaparros (Convolvulus caput-medusae) del Archipiélago y las únicas de Fuerteventura, así como especies poco frecuentes como Salsola marujae y Zygophyllum gaetulum (nombre vulgar entre estos paréntesis), o elementos tan representativos de los arenales como los balancones (Traganum moquinii).

Desde el límite de las arenas y hasta los 300 metros de altitud encontramos un matorral de quenopodiáceas que aprovecha los suelos encalichados y los terrenos perdidos por la vegetación de cardones y tabaibas. En sus dominios aparecen las únicas poblaciones conocidas de uno de los más escasos endemismos del Parque, el cardo de Jandía (Onopordon nogalesii), declarada especie prioritaria por la Directiva Hábitat.

Allí donde la actividad agraria se lo ha permitido resisten los cardenales y tabaibales; la tabaiba dulce, la amarga y el cardón, aparecen como hitos en el paisaje, singularizando el territorio y dando protección con sus espinas a otras especies incapaces de defenderse de las cabras y ovejas. Pero sin lugar a dudas, la especie más emblemática es el cardón de Jandía (Euphorbia handiensis), símbolo de Fuerteventura, y también declarada especie prioritaria por la Directiva Hábitat. Un endemismo exclusivo del Parque Natural y su Área de Sensibilidad anexa que ha estado sometido durante mucho tiempo al expolio de sus poblaciones silvestres para ser utilizado en jardinería.

Continuando nuestro viaje llegamos a los 500 metros de altitud cuando nos encontramos con el matorral de jorao (Nauplius sericeus), una compuesta que es despreciada por el ganado gracias a lo cual ha mantenido una población sana, que incluso ha aprovechado la regresión de su vecino el bosque termófilo, para adentrarse en sus dominios.

Su papel en la ecología del Parque es determinante. Por una parte, contribuye a fijar el rico suelo a pesar de las fuertes pendientes imperantes; de otra, contribuye al mantenimiento de la humedad edáfica y favorece la precipitación horizontal de la humedad. Sus cortezas desprendidas y sus macizos de hojas secas constituyen un excelente refugio para la fauna invertebrada del Parque.
Arriba, en los "picos", aparecen un conjunto de elementos florísticos comunes con las cumbres de Famara, en Lanzarote. Entre ellas cabe destacar, por su singularidad, las especies Bupleurum handiense y Sideritis pumila.

En los andenes inaccesibles entre el Pico de La Zarza y el Pico del Mocán, encuentran refugio la mayoría de las especies endémicas de Fuerteventura: el tajinaste de Jandía (Echium handiense), de hermosas flores azules; la pelotilla (Aichryson bethencourtianum), que con sus hojas crasas adorna los cantiles; la margarita o magarza de Winter (Argyranthemum winteri), siempre a la espera de las lluvias para recuperar sus hojas y llenar de color los andenes..., y los últimos testimonios del bosque termófilo: adernos, guaydiles, peralillos, acebuches, olivillos, lentiscos, espineros, mocanes, y hasta un marmulán, el último ejemplar de la isla. Todos víctimas de la actividad desmedida del hombre, que la ha dejado reducida a testimonios refugiados en paredones inalcanzables.

Fauna vertebrada e invertebrada

La fauna no va a la zaga en cuanto a singularidad de las especies. Mientras en los jables vive una de las mejores poblaciones de hubaras (Chlamydotis undulata fuerteventurae), símbolo de la isla y orgullo del Parque, por sus paisajes subdesérticos se pasean y vuelan alcaravanes y corredores, ortegas y tarabillas. La cumbre de la pirámide trófica está ocupada por la última pareja nidificante de Fuerteventura de Halcón de Berbería y la omnipresencia del guirre.

Todos Ios años las costas de este Parque ofrecen descanso y alimento a muchas especies de aves migratorias en su viaje hacia África. Esto lo ha hecho merecedor de diversos reconocimientos (Internacional Bird Area, Ramsar nacional) y una amplia superficie ha sido declarada Zona Especial para la Protección de las Aves (ZEPA), según las determinaciones de la Directiva Aves. Es de prever que, en cumplimiento de las determinaciones de la Directiva Hábitat, una parte sustancial del Parque se integre en la red Natura 2000, que acogerá a lo más granado de los espacios naturales de Europa.

Su fauna invertebrada, menos conspicua, es rica en endemismos; como el de la babosa (Parmacella susannae), o los escarabajos (Paradromius amplius y Oreomelasma oromii) y un largo etcétera, exclusivos en su mayoría de las cumbres de Jandía.

Este Parque Natural está entre los Espacios Naturales Protegidos de Canarias que más kilómetros de costa posee. En correspondencia a ello y a las características naturales de sus ecosistemas marinos, el litoral del Parque posee una magnífica fauna marina. Baste citar a título de ejemplo la abundancia de mejillones que le ha valido ser propuestas por el Avance del Plan Insular de Ordenación del Territorio de Fuerteventura como Zona de Interés Marisquero.

Si nos referimos a los vertebrados cabe destacar, además de las ya citadas agregaciones de aves, que es el único punto conocido en la Unión Europea donde nidifica la protegida tortuga laúd, y que los tres últimos avistamientos realizados en el Archipiélago de la escasa foca monje se han producido en sus costas. Algo más alejado del litoral, aunque a pocas millas de la costa y ya fuera del Parque Natural, existe una importante colonia de cetáceos.

Patrimonio cultural

La presencia del hombre en Jandía no está datada con exactitud, pero cabe suponer que fue sincrónica con el resto del poblamiento de Fuerteventura. La actividad principal de los aborígenes en esta península fue fundamentalmente el pastoreo, además de la recolección de marisco, posiblemente la pesca por embrosque (anestesiando a los peces con savia de cardón) en las lagunas de la playa de Sotavento y los grandes charcos de Cofete, así como la actividad mágica/religiosa, tal como lo atestigua el centenar de yacimientos arqueológicos censados.

Destaca de entre todos ellos por su singularidad la estructura de La Pared, al nordeste del jable del Istmo y en su mayoría fuera de los límites del Parque.

En realidad se trata de un conjunto de yacimientos de variada naturaleza y dimensiones que se articulan por una estructura común que es La Pared propiamente dicha. Su significado es muy discutido, mientras unos defienden su misión de división territorial, marcando la frontera entre los dos reinos de la isla, Jandía y Maxorata; otros apuntan la imposibilidad de tal función, dado que la división se producía más al norte, cerca del barranco de La Torre y abogan por su papel como linde de una zona de pastoreo común que permitía afrontar los años de sequía y por ende con escasez de pastos.

La presencia de la cabra en el paisaje de Jandía es consustancial con la presencia del hombre, a la vez que le imprime carácter y afecta de manera significativa a la vegetación. Las plantas de la flora canaria no están dotadas de mecanismos que le permitan defenderse de los grandes herbívoros que las devoran, y cuando las cabras aparecen en las Islas, hace unos 2.000 años, sus consecuencias fueron devastadoras. Téngase en cuenta que durante el siglo XVI se repartían por los campos majoreros 70.000 cabezas de ganado. Esta cabaña ganadera estaba compuesta de camellos (en realidad, dromedarios), burros, caballos, cabras, ovejas y cerdos. A tal punto llegó la presión del ganado que se organizaron batidas para la caza de burros.

Sin embargo, la eliminación de la cubierta vegetal no se debe en exclusiva al ganado. Durante el siglo XVII, la floreciente industria de la cal requirió grandes cantidades de combustible que salieron de las aulagas, chaparros, tarajales y todo lo que pudiera arder. En definitiva, a la acción de los animales introducidos en la isla se sumó la directa de expoliación de la vegetación para su uso como combustible, aperos agrícolas, construcción, etc., que obligó al Cabildo Insular a la adopción de fuertes medidas proteccionistas.

Historia, tradiciones, leyendas

Jandía fue desde la época de la conquista propiedad señorial. En ella, como en el resto de la isla, el señor era el dueño de las tierras, bienes y personas y ostentaba los poderes legislativo, ejecutivo y jurisdiccional. A partir de 1675, se produce una fragmentación de la propiedad del suelo y, desde esta fecha hasta 1833, el Coronel de Milicias era el cargo mas importante en la isla. Sin embargo, Jandía, debido a su lejanía y despoblamiento, escapó tanto a la división de la propiedad como al afán acaparador de los coroneles.

Aunque en 1811 las Cortes de Cádiz abolieron el derecho medieval de los señores, ese mismo año el Consejo de Castilla reconoció el Señorío de la Península de Jandía a los marqueses de Lanzarote, condes de Santa Coloma y Cifuentes, Grandes de España. El propietario de Jandía nunca visitó sus tierras, y para ejercer su dominio nombró un administrador en Canarias, que a su vez designó a un arrendatario en Jandía. Esta situación permanece hasta el comienzo de la guerra civil, en que con la muerte del titular, la propiedad pasa a diferentes herederos.

En 1941, una sociedad anónima volvió a reunificar la propiedad, teniendo como administrador a un súbdito alemán llamado Gustav Winter. A partir de 1965 hay una disgregación de la finca matriz y se procede a la división de la propiedad entre los diferentes accionistas de la sociedad propietaria, configurando la estructura de las actuales grandes propiedades.

La fragmentación parcelaria se ha ido acrecentando en los últimos años y es más notoria conforme nos acercamos a los núcleos urbanos (costa de sotavento). Por el contrario, en las zonas menos pobladas de las cumbres, Cofete y la mitad occidental de la península, permanecen las grandes parcelas en manos de unos pocos propietarios, algunas superiores a las 2.000 ha

En la actualidad residen en el interior del Parque Natural unas doscientas personas. En Morro Jable, fuera del Espacio Natural Protegido, hay censados unos dos mil quinientos habitantes y en las costas de sotavento se ubican varias urbanizaciones turísticas con una capacidad de alojamiento para veinte mil visitantes.

Jandía es depositaria de un conjunto de tradiciones y leyendas, que con la alteración del estilo de vida están a punto de perderse. Las marcas de ganado, las apañadas y delanteras, la elaboración artesanal de los productos derivados del ganado cabrío (queso, leche mecida, pieles, ...), la pesca artesanal, la elaboración de "pilas" para destiladeras, etc., son prácticas en peligro de perderse con la actual generación.

Escasa representación tienen los Bienes de Interés Cultural declarados, dado que sólo los petroglifos se encuentran catalogados. Mención especial merecen algunas construcciones como los hornos de cal de Cofete, el Camino de los Presos, que atraviesa el jable del Istmo por la costa norte, y que fue construido por presos políticos durante la Guerra Civil española, el faro de Jandía, o el caserío de Cofete, edificado por Gustav Winter como residencia particular y que pone escala y referencia al paisaje.

La conservación

El artículo 30 de la ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias, dicta que los objetivos de conservación y desarrollo sostenible previstos en la citada ley para los Parques se instrumentarán a través de los Planes Rectores de Uso y Gestión, de acuerdo con lo que establezcan los futuros Planes de Ordenación de los Recursos Naturales. Se convierte pues el Plan Rector en la luz y guía para cualquier actuación en el ámbito del Parque.

En la ya referida ley 12/1994 se marcan además unos objetivos genéricos para los Parques Naturales y unos usos prohibidos en todos los Espacios Naturales Protegidos de Canarias, de manera que este ha sido el punto de partida para la elaboración del actual Plan Rector de Uso y Gestión que se está terminando de redactar.

Este instrumento de planeamiento mayor tiene, además, concreción en el territorio y pretende aportar elementos no sólo para la protección y conservación de los valores del Parque, sino para la restauración de algunos elementos claves en el funcionamiento del ecosistema del Espacio Natural Protegido. En este sentido cabe destacar el apoyo a los planes de recuperación de las especies en peligro de extinción y a la restauración del bosque termófilo de las cumbres, que contribuirá a detener la erosión fijando el suelo, favoreciendo la captación de lluvias y actuando como refugio y alimento para la fauna, así como a evitar la pérdida de la biodiversidad.

Otro de los objetivos del Plan Rector será facilitar la contemplación e interpretación de los elementos naturales y culturales del Parque, de forma que no suponga un perjuicio para la conservación de sus valores.

Para ello se incide en el desarrollo de una infraestructura adecuada que mediante, la instalación de la señalización, puntos de información, centros de interpretación, el uso de aulas de la Naturaleza, senderos autoguiados, ruta de jeep safari, etc., permitan un mejor aprovechamiento para el uso público de este Espacio Natural Protegido, máxime si tenemos en cuenta el gran número de turistas que lo visitan cada año y la escasez de recursos didácticos en torno a la Naturaleza al que tiene acceso la población de Fuerteventura.

No menos importante será la contribución al mantenimiento del paisaje armónico de tipo rural y natural con su mejora y restauración en los casos que sea preciso, al tiempo que se promueve el desarrollo sustentable de la población residente y se contribuye a la mejora de sus condiciones de vida, propiciando mejoras sociales, rentas complementarias e infraestructuras idóneas.

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