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Malpaís de la Arena: Última erupción volcánica de Fuerteventura

Juan Miguel Torres Cabrera
Doctor en Ciencias Biológicas
Profesor de Biología y Geología I.E.S. Gran Tarajal

Hace algo más de 50.000 años la línea norte de costa se extendía desde la zona de El Cotillo, hasta El Guriame, pasando por Lajares. En ese momento a nivel mundial se producía un periodo muy frío motivado por la glaciación Würm I, en el cual un volumen importante del agua de la tierra formaba parte del hielo que cubría el norte de Europa. Esa situación motivaba en la isla de Fuerteventura un clima frío y ventoso y que el nivel del mar se encontrase entre 60 y 100 metros por debajo del nivel actual.

El descenso del nivel del mar dejó al descubierto importantes bancos de arena submarinos. Los fuertes vientos que soplaban de componente noreste se encargaban de enviar las arenas hacia el interior del territorio dando lugar a formaciones arenosas como la Cañada de Melián o Los Jablitos.

En ese momento entró en erupción la cadena de volcanes que dieron lugar al Malpaís de Mascona, del Bayuyo y formaron la Isla de Lobos. Esa cadena de volcanes está alineada en dirección noreste, lo que indica como fue la fractura de la corteza que dio lugar a esta gran erupción. La isla se amplió en 112 kilómetros cuadrados y la costa norte de Fuerteventura quedó más próxima a Lanzarote.

Los jables antes comentados quedaron aislados y la entrada de arenas continuó por la nueva costa norte dando lugar a las Dunas de Corralejo.

El paisaje del norte de Fuerteventura quedó así establecido durante miles de años sin presentar modificaciones importantes hasta la erupción de Montaña de La Arena.

Con una edad inferior a los 10.000 años, Montaña de la Arena corresponde al último episodio eruptivo acaecido en la isla de Fuerteventura. Se trata de un edificio volcánico de unos 120 metros de altitud respecto a su base y de 420 metros de altitud respecto al nivel del mar.
Montaña de la Arena está formada por varios cráteres, a través de los cuales se produjeron las emisiones de materiales piroclásticos, y por varios salideros de lava situados principalmente en la base del edificio.

Las coladas discurrieron en dirección a La Oliva y Lajares formando un malpaís de unos 12 kilómetros cuadrados. En un principio se emitieron lavas muy fluidas que dieron lugar a numerosos tubos volcánicos y jameos, de pequeño tamaño en su mayor parte. Parte de estas lavas fueron posteriormente cubiertas por coladas de carácter escoriáceo. Los salideros de lavas más importantes se encuentran en el lado norte de la base del edificio.

En estas lavas emitidas desde Montaña de la Arena se pueden distinguir varios hornitos. Los hornitos son pequeños huecos existentes en la colada por los que se produjo una liberación de gases y, en algunos casos, algo de lava.

En los huecos producidos por los hornitos se formaron varias cuevas de escasas dimensiones: la Cueva de los Picos, la Cueva del Diablo y la Cueva de Las Burras. Todas ellas tienen en su boca una caída vertical de varios metros de altura que hacen dificultosa su entrada. Pero ello no impide que sean visitadas por otros animales como las aves.

Las lechuzas o «corujas» y las pardelas son los «inquilinos» más habituales de estas cuevas. Las lechuzas, debido a sus hábitos nocturnos, buscan lugares oscuros como grietas y cuevas en los que ocultarse durante el día. Las pardelas, en cambio, visitan estas cuevas en los meses de mayo a septiembre, durante los cuales se acercan a tierra para realizar la reproducción en cuevas y huecos del terreno.

Las cuevas del Malpaís de la  Arena albergaron durante otros periodos a otro tipo de pardela que actualmente está extinguida: Puffinus olsoni. La fecha de su extinción parece ser reciente ya que sus huesos presentan señas de haber sido utilizadas para consumo humano. Los motivos de su extinción aún no están claros pero parecen estar asociados a  la  llegada de los seres humanos a las islas.

Junto a los restos de esta pardela fósil se han encontrado huesos de musaraña y de otro roedor actualmente extinguido en la isla de Fuerteventura: Malpaisomys insularis. Todo ello indica que las cuevas presentan unas condiciones apropiadas para el estudio de la fauna fósil de la isla y que su conservación y protección son necesarias para que esta fuente de información natural no desaparezca.