Curso: "Estudio de campo en la isla de La Palma"

Puntallana

José Guillermo Rodríguez Escudero

Un pueblo escribe su historia cuando la tiene y se siente orgulloso de ella, leerla, nos acerca a nuestra inteligencia, la lucha de los que nos sucedieron, que con su sudor labraron para estas tierras dulces promesas de brillante porvenir, que hoy son casi realidad, al estar despertando los recursos que siempre ha tenido Puntallana.
Lourdes Cabrera Rodríguez.

Aspectos generales.

Antes de la Conquista formaba parte del señorío de Tenagua, séptimo reino de la isla. Su último rey, Atabara, influido posiblemente por incursiones sufridas en su cantón durante los últimos tiempos, decidió acogerse a la protección prometida por la Corona de Castilla.

De esa forma convirtió Tenagua en uno de los bandos de paz que encontró el Conquistador en su recorrido por las tierras palmeras. Así nos lo relata don Manuel Garrido Abolafia, en su completo estudio sobre el “municipio de las nueve montañas”.

Esto, unido a su privilegiada climatología, a su excelente tierra, a la abundancia de manantiales, a la proximidad al principal núcleo poblacional, y al reparto de tierras que hizo el Adelantado, sirvió para que rápidamente esta zona se colonizase.

Este pequeño trozo del Este de La Palma, de algo más de 35 km2, fue importante por su dedicación al cultivo del trigo y el grano, de aquí el nombre de uno de sus barrios: El Granel. Gracias al cúmulo de condiciones favorables que se daban en esta vertiente insular, los pastores ascendían hacia la cumbre buscando los bosques de pinos a lo largo de dos rutas principales, ambas con origen en la costa. Todo ello proporcionó a sus moradores excelentes vinos, carnes y frutas.

La localidad se extiende de mar a cumbre en un triángulo de tierras fértiles bendecida por los vientos alisios que transportan las nubes, alimentando el importante acuífero y manantiales de las que hacen gala sus habitantes.

Las zonas de Piedra Llana y Cotillón eran los núcleos pastoriles más importantes de la comarca. Gran cantidad de pastores se asentaron allí atraídos por un amplio campo de visión y control de pastizales y también por la cercanía a dos fuentes: “Vizcaína” y “Mejorana”. Una extraordinaria área por contar con tres yacimientos religiosos compuestos, al menos, como nos dice don Felipe Pais, por tres estaciones de grabados, otras tantas aras de sacrificio y numerosos abrigos pastoriles.

Estamos ante una zona surcada por unos profundos y bellos barrancos como el Seco, el de Santa Lucía, el de Nogales, que ofrece al visitante paisajes de singular belleza para la contemplación de la naturaleza. Después de cruzar este último se llega a La Galga, espectacular paraje con abundante agua y arboleda.

Frutuoso decía que se llamaba así “por ser un sitio redondo como una galga que echan a rodar por una ladera”.
La tierra es tan profunda y arcillosa que por mucho agua que llueva, todo lo embebe y por eso se llama Tenagua, o porque hay entorno cuatro o cinco fuentes (Gaspar Frutuoso).
También existen algunos hermosos rincones rurales en donde parece haberse detenido el tiempo, como los aledaños de la preciosa ermita de Santa Lucía. Se trata, en realidad, de una gran hacienda que fue instituida como mayorazgo. La más amplia extensión de este terreno fue ocupada por Juan Fernández de Lugo Señorino, Gobernador, Juez y Repartidor de tierras y aguas de la isla, recibida en pago a su participación en la conquista por su tío, el Adelantado de Canarias don Alonso Fernández de Lugo.

Población.

En cuanto a su población, en 1991, por ejemplo, tenía 2249 habitantes de derecho, una densidad de 64 habitantes por kilómetro cuadrado, curiosamente la misma que en 2001. El primer censo que se conoce data de 1587 y fue confeccionado por el Obispo de Canarias. En esta fecha había sesenta vecinos, aunque muchos de los propietarios no residían en la zona.      Algunos de ellos eran herreros, tejeros, carpinteros, en definitiva, artesanos. Entre los primeros propietarios de la zona, destacamos a Martín Luis, Polo Rizo, Margarita Henríquez y Juan Hernández de Lamego. Además de la célebre y rica familia Monteverde, otras importantes sagas tuvieron tierras en El Granel y también las pusieron en régimen de tributo, cesión o venta. Ya en 1820 se promulga la ley desamortizadora y desvinculadora de tierras y los grandes propietarios van cediendo tierras, pudiéndose decir que hoy en día la propiedad está muy atomizada y repartida entre numerosos vecinos en las dispares entidades de Tenagua, Santa Lucía, El Pueblo, El Granel y La Galga. La distancia a Santa Cruz de La Palma es de tan sólo 9 kms.
Precisamente fue muy célebre un hecho ocurrido en La Galga en 1912, cuando la Casa Cabrera de la capital –apoderada de los mayores propietarios de la zona– decidió poner los terrenos en venta. Los vecinos no tenían dinero y gracias a un emigrante retornado, don José Hernández Hernández – que se había erigido como avalista del pueblo depositando una fianza de 15.000 ptas.-, finalmente pudo constituirse una sociedad y afrontar la venta. Gracias a la generosidad del indiano, actualmente La Galga se halla repartida entre muchos vecinos del pago. Una población que tiene aproximadamente 2300 habitantes hoy en día.

Paisaje.

Una de las principales características de su paisaje, la constituyen el conjunto de conos de piroclastos y sus lomas, desde donde se dominan los cultivos de secano y sus verdes montes de pinar canario y laurisilva, surcados por profundos y numerosos barrancos, como los del Agua y Nogales. La humedad aportada por los vientos alisios ha permitido el afloramiento de numerosas fuentes y manantiales.

Desde el Barranco Seco hasta el Barranco de La Galga, Puntallana recorre innumerables rincones que han marcado su historia, con una ubicación privilegiada que hizo que zonas como la llamada Siete Cejos se convirtiese en una auténtica referencia insular, cuando los puntallaneros avisaban con bucios de las incursiones piratas a los habitantes de Santa Cruz de La Palma (Leonardo Fajardo Muñoz).

Sus excelentes tierras, donde antiguamente se cultivaban diferentes cereales, hicieron que en el pasado se considerara a este término como el granero de la isla, como queda recogido en la toponimia: Puerto Paja, el Granel, Puerto Trigo. En la actualidad, su economía se basa en el cultivo de la vid, plátano, hortalizas y frutales. Asimismo, se debe destacar el desarrollo y auge que está adquiriendo en la zona el turismo rural.

Penalidades.

Curioso y digno de mención es el informe elaborado por la Agencia de Extensión Agraria de San Andrés y Sauces, a la que pertenecía Puntallana (Actas del 21.04.1971) donde se hacía un repaso a la situación de La Galga: “los ingresos principales los obtienen de la horticultura de la que cultivan casi 20 Ha., además de plataneras (15 Ha.) y también cada familia cría 4-6 cabras, y 1-2 vacas, además de animales de corral (gallinas, conejos, cerdos), destinando casi todos estos productos al autoconsumo y sólo obtienen unos pocos ingresos de las hortalizas y la platanera, pero que en pocos casos superan las150000 ptas brutas al año. Son gentes de economía muy modesta (…)”.

Efectivamente, a lo largo de toda su historia, y así es como se recoge en numerosas actas, escritos, estudios… los puntallaneros han sufrido numerosos apuros económicos hasta la actualidad.

El agrimensor don Manuel de la Cruz González, encargado de realizar un plano de la isla, presentó en 1876 una memoria en la que decía: “Se halla este pueblo, situado al Este de la Isla, contiguo a la jurisdicción de la Ciudad, muy atrasado en el cultivo por la desidia de sus moradores, pues siendo el más propio para toda clase de árboles es el único que se ha mirado con un lamentable abandono (…)”.

El periódico El Time (julio de 1865) se hacía eco de la gran escasez de carbón, lo que repercutiría en las herrerías puntallaneras. En 1885, en las Actas municipales se mencionaba “la notable escasez de metálico que se advierte en esta localidad (…)”.

En 1889 el Ayuntamiento, intentando evitar un nuevo aumento en el impuesto del consumo, se pronunciaba: “considerando que es del todo punto imposible la realización de dicha cantidad por el estado de miseria a que se haya reducida esta población (...)”.

Seguía diciendo que “el principal alimento era un grosero pan que se confecciona con harina de la raíz de helecho silvestre”.

En un escrito al Marqués de Comillas, se le pedía que “recurrimos a su nunca desmentido patriotismo rogándole que salve nuestra mísera situación, pues faltándonos los ingresos de plátanos, tomates, almendras y patatas enviadas a Inglaterra y a Francia (…)”.

En 1962 un Oficio de la Alcaldía acerca de la indigencia en el municipio recogía que eran seis familias las que habitaban en cuevas o chabolas.

La emigración.

El espectáculo que ofrece la salida de los buques de esta matrícula para la isla de Cuba, no sólo es capaz de causar una penosa impresión en la esfera del sentimiento, sino que despierta también serias reflexiones en toda persona que estima algo la suerte de sus hermanos y anhela los adelantos y prosperidad de esta isla (...).
«Emigración a América», El Time, 7.1.1867.

El estado de necesidad al que se vieron abocados numerosos habitantes de Puntallana propició la búsqueda de fortuna en América durante el siglo XIX y principios del XX, sobre todo a Cuba y Venezuela.

En este municipio, la emigración afectó prácticamente a todas las familias. Garrido Abolafia nos informaba de que, a efectos del sorteo para ejercer el servicio militar, “durante los años comprendidos entre 1883 y 1891 fueron sorteados un total de 135 jóvenes de 19 años, de los cuales 74 se encontraban en Cuba (…)”. Un año de gran actividad migratoria fue 1888, sin duda motivada por las malas cosechas. Numerosos testimonios de las personas más ancianas del lugar cuentan cómo en la posguerra era frecuente consumir la harina hecha con raíz de una planta conocida como “norsa” (Tamus Edulis).

Un dicho popular rezaba que algo “es más duro que la norsa”. Otro dicho picaresco conocido por todos era “Puntallana, donde te venden el palo dos veces”, fruto de la sabiduría popular que otorga la escasez de medios.

Era casi un motivo de fiesta la bajada hasta la costa puntallanera donde los lugareños se aprovisionaban con los frutos gratis del Atlántico: lapas, sal, burgados, pescado. Sólo era posible este aprovisionamiento cuando el mal estaba en calma o casi, puesto que las corrientes costeras de la zona obligaban a extremar la precaución.

Muchas fiestas, o tal vez no tantas, para un pueblo trabajador como el de Puntallana. Pueblo agrícola y orgulloso que ha conocido a lo largo de su historia la carencia de medios, sequías, hambre, emigración, plagas… Un pueblo curtido que, con esfuerzo y tesón, ha ido labrando un porvenir cada vez más digno.

Visitas obligadas.

Se destacan, entre otros muchos, estos lugares de interés:

- La ermita y mirador de San Bartolomé

 En ella se venera al santo mártir (efigie del siglo XVI-XVII); también se encuentran, entre otras tallas, la Piedad (gótica), una bella pintura de San Isidro Labrador (XVIII); todos ellos elementos entronizados en un hermoso y pequeño retablo barroco confeccionado por Bernabé Fernández en 1705.

- El impresionante cardonal de Martín Luis

 Un interesante núcleo de este endemismo canario, que está incluido entre los espacios protegidos por el Gobierno de Canarias. Se sitúa entre Tenagua y San Juan, en un tramo de tres kilómetros conocido también como Sitio de Interés Científico del Barranco del Agua, donde estas plantas xerófilas endémicas canarias, como el cardón, la tabaiba, la retama, el cornical… tienen uno de los lugares de congregación más llamativos de La Palma. Estos han colonizado grandes extensiones de laderas volcánicas de aproximadamente unas 74,6 Has.

- El famoso Cubo de La Galga

 Uuna de las mejores muestras de laurisilva de Canarias-; la carencia o abundancia del agua potable en una zona agrícola como ésta marcaba la riqueza o pobreza del lugar. En él se encuentran gigantescos helechos, fayas, viñátigos, laureles, acebiños, tilos… que componen esta gran formación vegetal de notable interés botánico. Estrechos cabocos se crearon por la erosión del agua al discurrir por sus entrañas. Las palomas rabiche y turqué se oyen revolotear buscando bayas en la densidad del húmedo monteverde.

- La ermita de Santa Lucía

Erigida antes de 1530 junto a un hermoso palmeral –aunque muchos ejemplares fueron talados para la ampliación de la plaza- y a la montaña centinela de Tenagua, atalaya natural donde los aborígenes vigilaban el horizonte del mar. Destacan: la imagen titular de la mártir -preciosa obra flamenca de principios del XVI, entronizada en un retablo neoclásico-; el púlpito traído de la desacralizada ermita capitalina de San Francisco Javier; una pila de agua con una pintura de la santa; su espadaña de 1705; numerosos exvotos de plata, oro y cera completan el ajuar del pequeño templo.

- La histórica Casa Luján

Casa solariega (de principios del XIX)-, máximo exponente de arquitectura tradicional canaria que fue antigua sede del Ayuntamiento. Actualmente es el Museo Etnográfico y centro de promoción y venta de artesanía y productos agroalimentarios locales. Es también sede de la Oficina de Información y Gestión de Turismo Rural, lo que convierte al hermoso lugar en un centro agroturístico de especial interés. Se puede encontrar objetos de artesanía local: cerámica, bordados, cestería, calzados de cuero a medida, frivolité, miniaturas, objetos de mimbre…

- La Playa de Nogales

La más larga playa de arena fina negra de la Isla, situada bajo un impresionante acantilado en la costa del Barrio del Granel- y de oleaje moderado; su longitud es de 450 mts. y su anchura 25 mts. Otras playas son: La Galga (200 mts x 17 mts); Puerto Trigo (30 x 5 mts.), Martín Luis (80 x 5 mts), las tres formadas por arena, grava y en algunos casos bolos.

- El Parque Natural de Las Nieves

(5.094 ha.), compartido por el municipio capitalino y por San Andrés y Sauces. De él forma parte el punto más alto del término, a 2.321 mts., llamado Piedra Llana, que se asienta sobre la crestería del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente. Allí conviven ecosistemas de matorral y pinar y donde las huellas de los benahoaritas están presentes, siendo frecuentes los restos de cabañas, amontonamientos de piedra, fragmentos cerámicos y líticos, grabados rupestres… En sus estribaciones se ubica la obra del artista lanzaroteño César Manrique, dedicado a la unión de los pueblos en el estudio del cosmos.

Las tierras costeras, desde “Costa de Miranda” hasta la “Punta de La Galga”, donde en el siglo XVI se encontraba un astillero en el que se construían navíos. Zona conocida como

“Bajamar”
por los vecinos, se trata de una serie de pequeñas playas, calas, puntas, callaos y puertos...
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Los acantilados de La Galga
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lugar emblemático y espacio natural de máximo interés-, nos recuerdan la leyenda del Salto del Enamorado, evocada en el escudo municipal y en la escultura del Mirador de “San Bartolo”. Se trata de una obra ejecutada en el año 2004 por el escultor Francisco Concepción, inspirada en la trágica y conocida leyenda de los amores de un pastor por una hermosa campesina.

- La iglesia de San Juan Bautista

Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento (Decreto 160/1994)- fue declarada parroquia en 1515 y reedificada en 1719. Estamos ante uno de los primeros templos de La Palma, constatándose su existencia en la primera década del siglo XVI. Es un importante ejemplo del Barroco canario y del arte mudéjar.

Entre sus esculturas más importantes destacan: un alabastro del siglo XV representando a la Virgen con el Niño; San Sebastián (gótico flamenco del XVI); San Pedro y San Pablo (obra de artífices palmeros de influencia Montesina del XVI); Virgen de Candelaria (s. XVI); dos esculturas de San Juan Bautista (la antigua del siglo XVI-XVII; la nueva de 1904, importada de Valencia); San Amaro (1602); San Francisco (1650); San Miguel Arcángel y San Antonio de Papua (Benito de Hita y Castillo, XVIII); Virgen de los Dolores, barroca; Crucifico de XIX. Destaca la figura de Santiago Apóstol, la más antigua estatua ecuestre del Patrón de España en Canarias, añadida al inventario de 1574 y procedente de El Salvador de la capital. Otras imágenes no han llegado a nuestros días, como Santa Clara o San Gonzalo de Amarante.

El impresionante retablo mayor barroco del siglo XVIII es otro de sus tesoros más fotografiados y estudiados. La pila verde bautismal es otra pieza importante. Es de barro vidriado sevillano del XVI. Hasta el siglo XVII se prohibió su uso para evitar su deterioro, siendo sustituida por otra de mármol.

Gracias a la generosidad de varias familias, el templo cuenta con uno de los más interesantes y variados joyeros de La Palma. Algunas de las piezas más antiguas son: un cáliz de plata en su color (1518), otro dorado y una patena de plata (ambas de 1525). Se incluyen juegos de altar (XVIII), objetos preciosos, candelabros (XVIII), incensario, naveta (XVII), lámpara de plata (1711), etc. Excepcional también es su techumbre


BIBLIOGRAFÍA.
GARRIDO ABOLAFIA, Manuel. Puntallana. Historia de un Pueblo Agrícola, CajaCanarias, Ayuntamiento de Puntallana, 2002.
PAIS PAIS, Felipe Jorge. La economía de producción en la prehistoria de la isla de La Palma: la Ganadería, Santa Cruz de Tenerife, 1996.
FRUTOSO, Gaspar. Saudades da Terra, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna, 1964.
LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna- Santa Cruz de La Palma, 1975-1997.
Puntallana (I) y II).

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