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El paraíso de todas las generaciones

El Cubo de La Galga se mantiene gracias al respeto que han sentido los vecinos del barrio

Adentrarse en el Cubo de La Galga es entrar en contacto con la naturaleza virgen. Este milenario bosque de laurisilva se encuentra en el norte de La Galga, en el municipio de Puntallana, y es una de las grandes bellezas paisajísticas de la Isla. Una excursión a su interior sumerge de lleno al visitante en este minúsculo paraíso dentro del mundo real. Las fuentes y manantiales que se hallan dispersos por todo el barranco de El Cubo proporcionan agua a todo el ecosistema.

El gran interés de este paraje se debe a esta riqueza de agua que proporcionan la cantidad necesaria para un sector, el agrícola, que es el principal medio de subsistencia en la isla de La Palma. Su abundancia en agua se debe principalmente a la continua aportación que hace de ella la exuberante vegetación que allí se encuentra. Por eso resulta imprescindible conservar el ecosistema que se sigue manteniendo en este bosque.

Desde tiempos remotos, El Cubo de La Galga ha sido un ejemplo de conservación del medio ambiente por parte de los ciudadanos. Desde antaño, los galgueros crearon la Comunidad de Aguas de La Galga, que desde un primer momento se preocupó de hacer un buen uso de la riqueza natural del barrio.

Debido a la modernización de la agricultura, que hacia los años sesenta se volvió intensiva, esta comunidad que aún hoy sigue vigente, se vio en la necesidad de crear una galería en El Cubo de La Galga. La comunidad, dueña de gran parte de El Cubo, excavó dicha galería que hoy tiene unos 2.350 metros de longitud y sirve de suministro a prácticamente todos los habitantes de este barrio puntallanero.

El 24 de julio de 1913 más de treinta vecinos compraron las tierras y casas que formaban La Galga, así como las aguas de las fuentes y manantiales situados por todo El Cubo. Lo que siempre había sido propiedad de una sola persona pasó a ser de todos. Resulta sorprendente cómo desde entonces se estableció el extremado cuidado por los bosques de la zona, además se creó La Comunidad de Aguas de La Galga, que protegía y distribuía las aguas adquiridas.

El agua de los manantiales y fuentes de El Cubo siempre tuvo un importante aprovechamiento por parte de los galgueros en lo que se refiere a sus labores agrícolas y ganaderas de subsistencia. Más tarde, hacia los años sesenta, se fue avanzando hacia una agricultura intensiva lo que suponía la necesidad de una mayor cantidad de agua. Los dueños de los manantiales se plantearon entonces el proyecto de construir una galería.

Galería

Prácticamente todo El Cubo ha pertenecido siempre a la Comunidad de Aguas de La Galga. Sus socios, que motivados por la insuficiencia de agua, excavaron una galería que hoy cuenta con 2.350 metros de longitud y abastece a todo el barrio.

Lo particular de esta galería es su modo de organización, puesto que no se trata de una explotación especulativa, como sucede con muchas de la Isla, sino que ha sido repartida entre los comuneros dueños de las aguas de los manantiales y, a su vez, de las tierras de La Galga. Esto ha ayudado a su conservación, al no ser lo primordial el rendimiento económico, sino su duración.

Por ello se ha intentado extraer sólo el agua necesaria para el riego y aprovecharla lo máximo posible mediante su canalización y a través de un tranque para retener el agua en los meses de invierno, cuando las continuas lluvias riegan de forma natural los cultivos.

El Cubo, gracias a su abundancia en agua, ayuda a los agricultores de barrio, pero este bosque tranquilo y milenario ofrece a sus invitados mucho más. No es difícil encontrar por los caminos de La Galga a caminantes que buscan la entrada de este pequeño paraíso.

El excursionista se encuentra de pronto en medio de una masa verde de altos árboles que lo desconectan por completo del exterior. Las cabocas que allí se encuentran son algunas de las más impresionantes de la Isla. Por ellas fluye abundante agua durante todo el año, lo que hace posible la existencia de numerosas especies botánicas y faunísticas que sólo tienen posibilidad de vivir en estos sitios tan húmedos. Las características de El Cubo son cada vez más escasas en la Isla.

Emma Pérez  (Puntallana)
Diario de Avisos 17/8/05