Curso: "Estudio de campo en la isla de La Palma"

Las salinas palmeras

Pedro Merino Martín
Licenciado en Geografía e Historia

La isla de La Palma desde mediados del siglo XVIII, al igual que sucede en el resto del Archipiélago, se suma a la “fiebre salinera”. Son conocidas las solicitudes hechas por la aristocracia palmera para la construcción de salinas.

En 1769 lo hace Jerónimo de Guisla y Nicolás Massieu Salgado en 1771; según el profesor Antonio Macias Hernández estas iniciativas no fructificaron hasta que no finiquitó el Antiguo Régimen, …pues en 1800, no consta que existan tales salinas(1). No será hasta principios del siglo XIX cuando se hace realidad el primer ingenio salinero en nuestra Isla, dicho complejo se llevó a cabo en lo que hoy se conoce como las Salinas de Los Cancajos y, más recientemente, en la década de los sesenta del siglo XX, se construyó el último complejo salinero intensivo en Canarias en el municipio de Fuencaliente.

Anteriormente a estas fechas no decimos que no hubiera salinas, estas por lo general, serían una serie de cocederos naturales o construidos, suficientes para el abastecimiento de la población palmera. Cuando esto no sucedía o la demanda se incrementaba, la sal se importaba procedente de las Islas orientales en especial de Lanzarote. Pero de esta Isla no sólo se importa sal, sino que a su vez se importa la tecnología y el modelo salinero, el ejemplo lo tenemos en las salinas de Los Cancajos y Fuencaliente.

Los tres centros salineros de los que existe referencia histórica se sitúan en la vertiente este de nuestra Isla. Ya en 1876 hay constancia de su producción: en la exposición celebrada en Santa Cruz de La Palma, entre otros productos de nuestros pueblos, Puntallana presenta sal. Dicha recolección se producía en la zona denominada Punta Salinas cercana a Puerto Trigo.

Pero es en Breña Baja donde contamos con los vestigios más antiguos de salinas en nuestra isla. En un mismo espacio confluyen diferentes tipologías de salinas, fruto de la evolución en la producción salinera.

No es casualidad a lo largo del tiempo, que algunos de los asentamientos salineros se hicieran en zonas tradicionales de explotación de estos recursos desde época prehispánica; es en este ámbito donde en algunos casos nos sorprenden enigmáticos vestigios prehispánicos.

Por último, en 1967 la familia Hernández Rodríguez se embarca en el proceso salinero en La Palma. Estas salinas deudoras de la técnica lanzaroteña, o de la evolución de la antigua hacia la de barro con forro de piedra, configuran un nuevo espacio de singular belleza.

Las salinas de los Cancajos, la gran desconocida

Las salinas hoy conocidas como de Los Cancajos son fruto de las inquietudes ilustradas del Presbítero don Miguel González Toledo, (1755-1842) nacido en Santa Cruz de La Palma y avecindado en el municipio de Breña Baja; en su hacienda de las Salinas pasó retirado sus últimos días. Dicha finca se extendía en los terrenos que van desde la casa que poseía frente a la ermita de San Antonio hasta la costa.

Según el botánico noruego C. Smith, que visitó la isla de La Palma en 1815 junto a Leopold von Buch, estas salinas estaban ya funcionando en dicho año: ... por delante de la iglesia (de la Concepción, Buenavista). Vi al lado de la costa meridional salinas recientemente establecidas( 2).

Las salinas se asientan sobre un área de malpaís reciente que conforma un acantilado bajo constituido por brazos de coladas, roques y caletas. Aquí concurren los elementos necesarios para la producción salinera; vientos moderados, que permiten acelerar el proceso de secado de la sal y la energía necesaria para el bombeo de agua a través de molinos y la necesaria insolación que permita la precipitación.

Previamente sorribado el terreno, queda perfectamente delimitado el espacio donde se construye el ingenio salinero: un área principal, que comprende el molino secundario de bombeo, los cocederos y salinas como tal, junto a ellas se alza la vivienda y sus anexos. Dicho espacio queda cerrado por un muro de gran espesor en mampostería ordinaria cogida con argamasas de cal, que cierra perimetralmente el área.

El acceso principal al conjunto salinero y la vivienda se hace por el lado este, a través de una ennoblecida portada neoclásica en cantería. La vivienda de planta rectangular y cubierta de teja árabe a dos aguas, sigue el modelo constructivo de la casa alta o sobradada. La planta baja o lonja es el área destinada a servir de almacén o cuarto de aperos y herramientas utilizadas en las labores salineras, mientras que en la planta superior se encuentra la vivienda como tal.

El acceso a esta segunda planta se hace a través de una escalera exterior de madera. En la parte posterior se sitúan las construcciones auxiliares de la vivienda, tales como la cocina, el aljibe, pileta, o el cuarto para encerrar el camello.

La segunda comprende el área más cercana al cantil costero. En este espacio nos encontramos con las salinas primitivas, el tomadero, molino principal, la noria y el salero o almacén de la sal de los que haremos referencia más adelante.

De los ritos propiciatorios a la extracción de sal

Sobre un plano inclinado en el borde mismo del cantil costero llama la atención un conjunto de al menos 50 cazoletas de diferentes tamaños, horadadas sobre el basalto. El Dr. F. J. Pais Pais ha sabido hacernos ver la posible relación con otros conjuntos prehispánicos documentados en nuestro Archipiélago.

Al decir de este arqueólogo, tendrían en el mundo benahorita un carácter ritual propiciatorio para la caída de lluvia(3). Esto nos lleva a plantear la hipótesis de la continuidad en la explotación de esta área costera desde época prehispánica hasta épocas recientes de nuestra historia. La pesca, marisqueo y recolección de la sal serían recursos apreciados por los antiguos benahoritas pobladores de esta zona.

No extraña entonces la concurrencia de antiguas formas de explotación salinera. Lo que en el pasado pudieron ser simples cocederos naturales sobre roca, donde recoger la sal de forma natural, sin apenas intervención de la mano del hombre, con el tiempo se transformaron en espacios salineros con una producción más o menos intensiva.

Aquí coexisten, en el mismo área, restos de diferentes tipos de salinas que se diferencian bien, sea por la forma de captación del agua del mar, bien por los materiales empleados en la construcción de los tajos. Así como por las diferentes variantes en la extracción de la sal, que van desde el simple charco o cocedero natural, a la producción intensiva, caso de las salinas antiguas de mortero de cal o a las llamadas sobre roca o de rebosadero. Queremos resaltar por todo ello, la importancia de esta área para el estudio de los diferentes tipos de salinas que concurren en un mismo espacio.

Salina primitiva

La salina primitiva está a mitad de camino entre la salina primitiva sobre roca y la excavada sobre roca. Estaríamos entonces sobre la primitiva área de extracción de sal. Junto a esta se encuentra además la salina de rebosadero. Estos modelos de salinas se han considerado como los más antiguos en la producción intensiva de sal, constituyendo un endemismo etnográfico, por su tecnología, modelo de asentarse y forma de explotación(4).

La característica, al margen de los materiales empleados, fueran estos cal o barro, en la construcción de los diferentes tajos o cristalizadores que las define, es su irregularidad, siempre adaptadas al terreno donde se asienta, buscando en todo momento las zonas mas o menos planas del bajío. De ahí que las formas de los tajos o cristalizadores vengan dados por la morfología del terreno donde se construyen, circulares, trapezoidales, etc., lo que facilitaría una producción salinera intensiva.

Pero sin duda, lo que más llama la atención es la singular forma de captación, fuera esta por reboso o a través de un bufadero, donde el agua del mar al introducirse en el tubo sale expelida por el extremo superior, recogida a través de canales excavados parcialmente, aprovechando las hendiduras de la roca basáltica, se conduce hasta los antiguos tajos o maretas.

Sal y cal, una arquitectura singular

La salina antigua de mortero de cal se puede considerar como una de las obras constructivas de ingeniería más refinada de cuantas salinas conocemos hoy en la península y en el Archipiélago canario. Este aserto queda reflejado tanto en su trazado como en la técnica constructiva, trabajo de cantería así como en los diferentes ingenios de captación y elevación del agua, enlazando con la tradición romana y singularizándose con respecto a otros modelos de explotación salinera intensiva. En cuanto a los elementos que la individualiza destacan:

- Captación:

Al estar los cocederos y los tajos a una altura mayor sobre el nivel de mar, el llenado de los cocederos se realiza por medio de dos molinos de bombeo movidos por el viento y apoyados por una noria de sangre por si la fuerza eólica falla.

La captación se hace en sendas caletas a modo de tomadero, en la que la roca basáltica es cincelada en parte, a modo de canalización con el fin de abastecer al molino principal. Estas fábricas hidráulicas se construyen en mampostería basáltica y con un gran desarrollo en altura y una cierta complejidad técnica.

Los molinos salineros participan de la tipología que se ha dado en llamar base en cubo. Son construcciones que denotan una gran solidez al tener que soportar la estructura de la torre y su maquinaria; cuatro patas o columnas de tea de forma troncocónica, sobre la que asentar el soporte de las aspas y los elementos que las permiten girar, coronan la fábrica a modo de estandarte salinero.

La noria por su parte es movida por la fuerza de un camello, lo que permitía elevar el agua desde una altura considerable. Dicha noria se asienta sobre lo que los lugareños conocen como La caleta de la rueda, haciendo referencia a la rueda de grandes dimensiones que facilitaba el alumbramiento del agua hacia los cocederos, a través de los cangilones.

- Salinas:

Este tipo de salinas tiene su reflejo y evolución constructiva en las antiguas salinas de barro, sustituyendo el barro por cal, deudora en parte de la técnica lanzaroteña. En ellas llama nuestra atención, la riqueza constructiva de las diferentes secciones, los materiales empleados, medidas, tipologías, etc.; donde la cal se constituye en elemento esencial que define y singulariza estas salinas.

La cal hidráulica es utilizada en el enlucido y solados, lo que permite impermeabilizar paredes y fondos de los tajos, cocederos, canalizaciones, etc. Por su parte, la piedra juega un papel fundamental, en que destaca la labra y maestría del cantero, pudiendo sacar de un solo bloque piezas en forma de “U” utilizadas en la canalización, en forma de “L” para conformar la escuadra de algunos de los tajos, lo que denota la pericia técnica de dichos maestros canteros.

En los tajos, la cristalización o precipitación obra de manera singularizada en función de variantes tales como altura, tamaño, orientación, insolación; esta variedad permite rendimientos y calidades diferentes de las sales que allí se recojan.

- Salero o almacén de sal
:

A modo de atalaya se levanta el lugar donde recoger la zafra. Una vez que se extrae la sal de los diferentes tajos o cristalizadores ésta pasa un tiempo aireándose y escurriendo en el bache y posteriormente se amontona en este edificio.

De planta cuadrada sin cubierta, de trazas similares a la de Punta Mujeres en Lanzarote, se construye en mampostería ordinaria cogida con argamasa de cal. Donde las paredes se ven reforzadas por contrafuertes, con la finalidad de evitar que estas se abran por el empuje y presión que ejerce la sal almacenada en su interior.

Estamos ante un singular espacio salinero, donde concurren arcaicos sistemas de recolección con avanzadas técnicas intensivas en la producción de sal, que nos permite hacer un rastreo de las diferentes tipos de salinas en nuestra Isla y que se actualizan en las de Fuencaliente.

Las salinas de Fuencaliente, no sólo sal

Estas salinas se asientan sobre uno de los parajes más bellos de nuestra Isla. Un manto de piroclastos y el discurrir de las coladas nos recuerdan las recientes erupciones. Sobre estos terrenos se construye el último complejo salinero de Canarias.

Si la distorsión de la fábrica es mínima, el contraste es extremo, el cegador blancor de la sal dispuesta en los balaches, las rosáceas charcas y tajos, la gama de verdes a modo de pequeñas pinceladas, todo ello se plasma a modo de un gran lienzo de fondo negro, fruto de la caprichosa naturaleza. El cantil costero nos marca el límite y conjunción de los diferentes elementos naturales para que obre la transformación.

Las salinas fuencalenteras suponen el esfuerzo para la pervivencia y la constancia de mantener un legado. Esta labor, la de producir sal de forma tradicional, no exento de cierto romanticismo, se da en la familia Hernández Villalba. Una empresa que se inicia allá en la década de los sesenta por parte del padre del actual propietario.

Después de sopesar diferentes emplazamientos más idóneos para la producción salinera, se decide su construcción en el paraje conocido como Punta de Fuencaliente, cercano al faro, en dicho lugar confluyen todos y cada uno de los elementos necesarios en la producción salinera, un régimen de vientos moderados, una pluviometría escasa, un número de horas de insolación suficiente.

En cuanto a las características técnicas de construcción y producción sigue para ello el modelo lanzaroteño, máxime cuando su promotor procedía de dicha Isla. Llegado a este punto, es importante reseñar el flujo comercial entre la isla de La Palma y la de Lanzarote, aún no lo suficientemente estudiado.

De nuestra Isla se exportaba principalmente madera, mientras que de Lanzarote se importaba, sal, cal, legumbres, pescado “salpreso” y vivo en los llamados barcos viveros, e incluso hasta algún que otro dromedario. No es por ello extraño que el tipo de salina que se implante, aunque con variantes, en nuestra isla sea el lanzaroteño.

Para el caso que nos ocupa, se trataría de una salina intensiva “nueva” de barro con forro de piedra. A diferencia de las situadas en Los Cancajos, el barro es el elemento esencial en su construcción, tanto en el trazado de los diferentes elementos que la componen, cocederos, tajos, etc., como en los fondos. El barro por tanto, es de vital importancia en este tipo de salinas, ya que no sólo sirve como elemento de unión, sino también como aislante e impermeabilizante. A decir de don Manuel, ofrecería una mejor respuesta aventajando al empleo de la cal.

Estas salinas mantienen las características clásicas de que se componen los ingenios salineros: tomadero, cocedero o charcas, tajos, salero, y vivienda.

En cuanto al tomadero o área de captación del agua, esta se hace desde el mismo borde del cantil costero, que a su vez es elevada a los cocederos por medio de propulsión mecánica.

Los cocederos se construyen a diferente nivel, esto facilita el trasiego de unos a otros y a su vez el riego de los tajos por gravedad. Estos cocederos se adaptan al terreno donde se construyen, de dimensiones variables y funcionalidad diferenciada.

En cuanto a los tajos o salinas propiamente dichas, es el lugar donde se produce la saturación del agua hasta convertirse en sal. La modernidad de este tipo de salina viene definida, por la división que se hace del espacio, es el llamado “tajo compuesto”, y la disposición que se hace de los escuadres de los tajos; en estas salinas se opta por el más moderno en serpentín donde las pareditas en “T” se van apoyando alternativamente en el talud contrario(5).

En la actualidad su propietario, en su afán de mejora y encontrar alternativas que permitan seguir con esta labor ancestral, está ensayando la posibilidad de diversificar el producto, como es el caso de la elaboración de la denominada sal de espuma o flor de sal, siendo esta la sal de mayor calidad y apreciada, por ser la recogida en superficie a modo de escamas.

Estas salinas poseen además un alto valor etnográfico y paisajístico. Lugar privilegiado para muchas aves, en especial limícolas, desde el pequeño chorlitejo patinegro hasta el majestuoso flamenco, así hasta más de quince especies, que encuentran en este espacio alimentación, descanso y zona de nidificación; en dicho entorno encontramos ejemplos de vegetación asociada a la franja costera, tales como la lechuga de mar (Astydamia latifolia), el salado blanco (Schizogyne sericea), la vinagrera (Rumex lunaria), la siempreviva de la mar (Limonium pectinatum), el tomillo marino (Frankenia ericifolia) y un poco más arriba, en los afloramientos antiguos de los roques de Teneguía, especies como el cabezón (Cheirolophus junonianus) y la cerraja (Sonchus hierrensis).

La importancia de las salinas palmeras

La actividad salinera no solo generó un determinado espacio productivo. Constituyen actualmente espacios de alto interés, como arqueología preindustrial que nos permite rastrear la evolución tecnológica en aspectos tales como la utilización de la energía eólica para el bombeo de agua de mar hacia los cocederos.

Son importantes además porque nos permiten rastrear en oficios desaparecidos o en vías de desaparición, tales como los mareteros, salineros, canteros, caleros, etc., datar y recuperar aspectos tecnológicos, naturales, arquitectónicos, en muchos casos degradados, desaparecidos o simplemente olvidados. Por último no olvidemos que han sido reconocidos por la UNESCO como espacios a proteger por su alto valor ecológico.

Este artículo se enmarca dentro de un estudio más amplio en las actuaciones contempladas en el Plan de Calidad Turística de Breña Baja, entre las que se ha establecido la rehabilitación y recuperación de las antiguas Salinas de Los Cancajos.

Notas
1.- MACÍAS HERNÁNDEZ, Antonio M: “Un artículo “vital” para la economía canaria: producción y precios de la sal (c. 1500-1836)”. Anuario de Estudios Atlánticos, nº 35. Las Palmas, 1989.
2.- SMITH, C.: Diario del viaje a Canarias en 1815. Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia. Materiales de Historia de la Ciencia. Nº8. La Orotava, 2005.
3.- PAIS PAIS, F. Jorge: El Bando Prehispánico de Tigalate-Mazo. Tenerife, 1998.
4.- GONZÁLEZ NAVARRO, José: Salinas tradicionales en Gran Canaria. Las Palmas, 1996.
5.- LUENGO, A. y MARÍN, C.: El jardín de la sal. Tenerife, 1994.