“Madagascar”

Introducción

Para confeccionar este pequeño dossier he escaneado de la guía Lonely Planet de Madagascar todo lo relacionado con nuestro recorrido y lo he ido intercalando en el programa del viaje que nos ha enviado la agencia para que, si lo desean, no tengan que cargar con ninguna guía de viaje ya que prácticamente todo lo importante del recorrido está extraído en estos apuntes.

También he rebuscado información  en  Internet y advertirán que alguna información sobre los diferentes Parques Nacionales se repite (están sacadas de fuentes diferentes) para que tengan una información más íntegra sobre los mismos.

Dicho esto, comentarles que muchos de los asociados de la A.C.E.C. “Viera y Clavijo”   teníamos una gran ilusión y sonábamos con conocer estas lejanas tierras y desde hace más de un año, en una asamblea de asociados se decide y comienza a elaborar un programa que nos permita hacer realidad un viaje a Madagascar
Madagascar es la isla más grande de África y la cuarta más grande del mundo después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo.

Se encuentra situada en el Océano Índico, frente a las costas de Mozambique. Incluye algunas islas más pequeñas.
Tiene una cadena central de montañas altas, el Hauts Plateaux, que ocupa más de la  mitad de la isla y es responsable de marcadas diferencias: climáticas , étnicas y paisajísticas, entre la costa oriental y la occidental.
El norte del país, con el macizo de Tsaratanani que alcanza los 2.876m de altitud, es la región más elevada. El oeste está dominado por una meseta que ve descendiendo hacia el mar. El este de la isla está dominado por el macizo de Tsaratanana que llega a 2.886m en el monte Maromokotro. En el centro y sur las elevaciones principales son las del Ankaratra y Andrigitia.

Los ríos, en el este son cortos y torrenciales, mientras qBrazos de la vidaue en la parte occidental son más largos aunque sin capacidad para la navegación.

El clima tiene bastantes variaciones en función de la altitud y de su relación con el mar. Así, la zona costera en el este tiene un clima con abundantes precipitaciones, mientras que la costa del oeste tiene una larga estación seca. En el sur y suroeste se da un clima semiárido y con escasas precipitaciones, en tanto que en el noroeste las lluvias pueden legar a los 3000 mm anuales. En muchas zonas del interior predomina un clima tropical suavizado por la altitud.

La franja estrecha de tierras bajas en la costa oriental, fue poblada en el siglo sexto por marineros de la Polinesia, está principalmente cubierto por bosque húmedo denso, mientras que el paisaje de la costa occidental más ancho, una vez cubierto por bosques de árboles de hoja caduca de clima seco, es ahora principalmente sabana. La costa oriental recibe el monzón y, en ambas costas, el clima es más húmedo hacia el norte. El extremo sur de la isla es semi -desierto, con grandes bosques de cactus.

La capital, Antananarivo, está situada en el Hauts Plateaux cerca del centro de la isla.
Mucha de la flora y fauna  de Madagascar es única. Hay 3000 especies endémicas de mariposa; muchas especies endémicas de lémures y otras variedades de animales como el racoons, los monos, marmotas, el perezoso e incluso (aunque esta variante está ahora extinta) los osos; hay una diversidad similar de reptiles, anfibios y pájaros (sobre todo los patos), y también una gran variedad de plantas autóctonas.

Madagascar es, entre otras muchas cosas, el país de los baobabs. Cierto que la isla posee una fauna única, en la que destacan los divertidos lémures, unas tierras altas que embrujan con sus colinas verdes y sus campos de arroz de reminiscencias asiáticas y unas playas de arena y palmeras que provocan el asombro del viajero, pero son probablemente los baobabs, unos árboles enormes, antiguos y misteriosos, lo que más impresiona de la isla africana.

El baobab es, en cierto modo, la memoria de África, ya que algunos tienen más de 3.000 años. De ellos se aprovecha todo: la corteza para hacer cuerdas, las hojas para las infusiones y el fruto como caramelo. Quizá por eso muchos poblados se levantan alredEn El principito, de Saint-Exupéry, las raíces de los baobabs pueden hacer estallar un pequeño planeta.edor del más viejo de los baobabs, sobre los que se propagan numerosas leyendas; una de ellas asegura que Dios lo plantó al revés después de que se quejara de la humedad de la selva y del frío de las montañas. Esto explicaría el porqué de su inmenso tronco en comparación con la menudencia de sus ramas, que parecen raíces al viento.

Otra asegura que los baobabs son brazos de guerreros enterrados que pugnan por volver a la batalla. Las ramas serían como dedos crispados, una imagen que enlaza con el nombre de la especie más común de baobabs: Adansonia digitata; Adansonia por el botánico francés de origen sueco Michel Adanson (1727-1806), que fue quien los catalogó, y digitata por la similitud de sus ramas con dedos.

En El principito, de Saint-Exupéry, las raíces de los baobabs pueden hacer
estallar un pequeño planeta.

   
«Es cuestión de disciplina», me decía más tarde el principito. «Cuando uno termina de arreglarse por la mañana debe hacer cuidadosamente la limpieza del planeta. Hay que dedicarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue entre los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. Es un trabajo muy aburrido, pero muy fácil. »
Y un día me aconsejó que me aplicara a lograr un hermoso dibujo, para que entrara bien en la cabeza de los niños de mi tierra. «Si algún día viajan —me decía—, podrá serles útil. A veces no hay inconveniente en dejar el trabajo para más tarde Pero, si se trata de los baobabs, es siempre una catástrofe. Conocí un planeta habitado por un perezoso. Descuidó tres arbustos. . . » Y, según las indicaciones del principito, dibujé aquel planeta. No me gusta mucho adoptar tono de moralista. Pero el peligro de los baobabs es tan poco conocido y los riesgos corridos por quien se extravía en un asteroide son tan importantes, que, por una vez, salgo de mi reserva. Y digo: « ¡Niños! ¡Cuidado con los baobabs! » Para prevenir a mis amigos de un peligro que desde hace tiempo los acecha, como a mí mismo, sin conocerlo, he trabajado tanto en este dibujo. La lección que doy es digna de tenerse en cuenta. Quizás os preguntaréis: ¿Por qué no hay, en este libro, otros dibujos tan grandiosos como el dibujo de los baobabs? La respuesta es bien simple: He intentado hacerlos, pero sin éxito. Cuando dibujé los baobabs me impulsó el sentido de la urgencia.

Dicho esto y visto lo visto, les presento el programa que después de mucho negociar, lidiar y batallar con muchas agencias de viaje hemos conseguido que nos oferten.
Espero que sepan engalanarlo con bastante ilusión e imaginación ya que como decía nuestro gran cineasta Buñuel: “La realidad sin la imaginación es la mitad de la realidad”.

brujula
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